BIENVENIDOS A METRO-CENTRE
BIENVENIDOS A METRO-CENTRE J. G. Ballard
Título original: Kingdom Come
Año de publicación: 2006
Editorial: Minotauro
Colección: Bibliotoca de autor Ballard
Traducción: Marcial Souto
Edición: 2008
ISBN:
Precio: 22,50 EUR

Cuando tanto se habla del slipstream como necesario salvador de un género que, supuestamente, está al borde del colapso y la muerte por inanición, da la impresión de que se obvia con sospechosa facilidad a sus más concienzudos cultivadores para que el muerto parezca estar bien muerto, y que realmente no es posible encontrar dentro del género autores capaces de ver el futuro cercano de una forma clarividente mostrando como podría llegar a ser, con la ventaja de que además controlan y conocen las claves, inasibles claves, del género.

Si bien Ballard es universalmente reconocido, y es de los pocos autores a los que se admira casi unánimemente, no es menos cierto que se le olvida con demasiada frecuencia cuando se habla de ese supuesto declive del género. Cierto es que entre mucha space-opera entretenida y hard más o menos plúmbeo, es difícil encontrar ejemplos de obras que, sin preocuparse de encasillamientos, investiguen ese futuro cercano que se nos viene encima, y si el máximo exponente de esa inquietud resulta ser además un reconocido cultivador de la ciencia-ficción, resulta incómodo mencionarlo si de lo que se trata es de despachar el género por anticuado, demodé, falto de ambición y miope ante lo que se le viene encima.

Pues bien, Ballard sigue ahí, aunque a sus ya casi ochenta años es candidato convertirse en el nuevo protagonista del fin de una forma de hacer ciencia-ficción que, paradójicamente, resulta ser la nueva forma de hacer ciencia-ficción si resulta que sale de la pluma de otros autores, con la piel sensible a todo lo que sea relacionarles con las cosas esas del espacio, y que se reivindica como aportación novedosa a ese genero trasnochado etc, etc, etc. Pero claro, al igual que se ignora cordialmente a Ballard también se sufren terribles ataques de amnesia respecto a novelitas pulp como UN MUDO FELIZ o 1984, con más de medio siglo a sus espaldas, y escritas por sesudos intelectuales para nada relacionados con la corriente principal del género. Solo alguien malintencionado o muy ignorante puede pretender que estamos ante algo nuevo. Niños, esto lleva inventado prácticamente desde H. G. Wells, por no hablar de venerables antecedentes como Swift o Voltaire.

Tanto es así, que el problema de BIENVENIDOS A METRO-CENTRE es que resulta complicado clasificarla como ciencia-ficción o especulación sociológica de pasado mañana. En la novela, Ballard bucea en el fenómeno neo fascista que se está gestando de forma sorda en muchos países de Europa. Sin embargo, a Ballard no le interesan los síntomas más vistosos del fenómeno, sino el germen mismo, el sustrato listo para seguir al líder carismático que de forma a un anhelo latente que se percibe cada vez con más intensidad.

Particularmente es algo que llevo notando desde hace tiempo. Gentes a las que la palabra facha les produce sarpullidos, proclaman unas ideas y opiniones francamente alarmantes, desde el socorrido yo no soy racista, solo ordenado hasta la expresión de tendencias de claro corte totalitario. Todo esto desde una posición de miedo y desencanto. Miedo a lo desconocido, miedo a la pérdida de la homogeneidad cultural, inseguridad en el futuro, desconfianza hacia una sociedad que no sabe explicarse a si misma, con acontecimientos magnificados por los medios de comunicación que distorsionan la realidad y crean recelo y rechazo hacia las instituciones, en definitiva, la frustración se hace cada vez más profunda y la solución que se le da a todo es la de la mano dura, con la inmigración, con la delincuencia, con la juventud y con todo lo que se desvíe de la normalidad.

Ballard propone un escenario en el que esta fuerza subterránea se canaliza alrededor del Metro-Centre un gigantesco centro comercial situado en los alrededores del aeropuerto de Heathrow que atrae a todos los habitantes de la zona como un gigantesco faro del consumismo, pero que además proporciona esa sensación de orden y seguridad. Ballard lo imagina como un movimiento espontáneo, desestructurado, sin líderes visibles, sin proclamas ni consignas, articulado alrededor de una serie de eventos deportivos que empiezan con desfiles, cánticos y ondear de las insignias de los equipos, pero terminan con algaradas y ataques a comercios y viviendas de inmigrantes.

El asesinato del padre de Richard Pearson, un publicista en paro, provoca que este se instale en la casa paterna, a pocos kilómetros de Metro-Centre, y se entregue al estudio del fenómeno y a la investigación del confuso incidente que acabó con su padre.

Como siempre, Ballard consigue hipnotizar e inquietar a partes iguales, su capacidad para retratar lo malsano sigue intacta, al igual que la agudeza que siempre ha demostrado para diagnosticar los males de una sociedad contradictoria y las fiebres que la atenazarán dentro de muy poco tiempo. La semana que viene, a más tardar.

© Francisco José Súñer Iglesias, (799 palabras) Créditos