MÉDULA
MÉDULA Robert Reed
Título original: Marrow
Año de publicación: 2000
Editorial: La Factoría de Ideas
Colección: Solaris Ficción nº 85
Traducción: Marta García
Edición: 2007
ISBN:
Precio: 20 EUR

Esta novela de Robert Reed deja un extraño regusto. Por un lado su estilo tosco, áspero, casi primitivo, no termina de funcionar adecuadamente. Parece querer contar una saga nórdica, pero se queda a mitad de camino. Aunque los escenarios son grandiosos, resulta chocante desde las primeras páginas, como si estuviera contando un cuento de gentes extrañas y complejas para niños grandes y un poco torpes.

Porque los personajes de MÉDULA son muy extraños y muy complejos, tanto que a veces Reed no parece capaz de manejarlos. Dejando de lado a los ya de por si inescrutables alienígenas, los humanos que protagonizan la novela son auténticos fenómenos de feria. Manipulada genéticamente incluso antes de que se descubriera la Nave, la humanidad campaba a su anchas por la galaxia aprovechando no solo la inmortalidad que la ciencia le había regalado, sino además otras estupendas capacidades como la regeneración, y la práctica resurrección a poco que la mente hubiera quedado indemne. El descubrimiento de la Gran Nave es casi traumático. Construida en tiempos inmemoriales a partir de un planeta más grande aún que Júpiter nada deja entrever cual es su cometido ni quien la construyó. Únicamente que todo en ella es de dimensiones gigantescas y, misteriosamente, que es posible encontrar hábitats adaptados a la mayor parte de las razas alienígenas conocidas. Tras una serie de altercados y episodios más bien violentos los humanos se hacen cargo definitivamente de la Gran Nave y, en un arranque de genialidad, la convierten en un enorme paquebote turístico, a disposición de todo aquel, humano o alienígena, que quiera y pueda pagar el pasaje.

En su inacabable periplo los tripulantes topan con un planeta aún más sorprendente, Médula, un mundo de hierro en perpetua erupción, con un ecosistema asombrosamente adaptado a unas condiciones ardientes y casi imposibles, y en el que queda abandonada una expedición humana, que acaba sobreviviendo a base de pura voluntad y deseo de venganza, además, claro está, de su genética potenciada.

Pese a que titula la novela, con la introducción de Médula, Reed consigue sorprender a un más a un ya abrumado lector. La acumulación de maravillas y hechos sorprendentes era ya considerable cuando el planeta de hierro entra en escena, y a partir de ahí se multiplica de forma exponencial.

Gigantismos mediante, el problema es que la historia tampoco es excepcionalmente original: un grupo de náufragos queda varado en una isla y el capitán del barco, inmerso en sus ocupaciones, les deja abandonados a su suerte. Por supuesto los náufragos hacen todo lo que está en sus mano, y más, para salir de la isla y vengarse. Entre tanto se producen disensiones, segregaciones, conspiraciones y todas aquellas pequeñas cosas que hacen amena la vida cotidiana.

No hay más, solo decorado, de enormes dimensiones, eso si, pero el argumento se puede reducir con demasiada facilidad al párrafo anterior. La progresiva decadencia de la casta dirigente, los Capitanes, al frente de los que están los Maestros, las luchas por el poder, las conspiraciones, la conversión de los náufragos en una raza excepcional de combatientes (que en estilo y concepción recuerdan demasiado a los fremen) no son más que añadidos más o menos afortunados al núcleo central del relato, en ocasiones funcionan, en otras, las situaciones están mal resueltas y resultan confusas. MÉDULA es una novela, que sin decepcionar completamente, tampoco deja un buen regusto. Quizá, como decía al principio, sea a causa de su peculiar estilo, (siempre hablando de la traducción de Marta García), o por lo confusos que son algunos pasajes, o lo innecesariamente alargados que parecen otros.

Demasiada irregularidad, en resumen, para considerar MÉDULA una gran novela. Entretenida si, excepcional, pese a la parafernalia que muestra, no.

© Francisco José Súñer Iglesias, (614 palabras) Créditos

MÉDULA (MARROW) es la más exitosa novela hasta la fecha de Robert Reed, escritor estadounidense de ciencia-ficción, biólogo de formación, y que atesora 20 años de experiencia como escritor, así como cuatro designaciones para el premio Hugo y una para el Nébula. MÉDULA es una novela que se puede clasificar como space opera, a pesar de que toda la acción transcurre en el interior de una astronave. Claro que no se trata de una astronave cualquiera. La Gran Nave tiene un tamaño comparable al de Júpiter y una masa equivalente a unas 20 Tierras. En su interior hay enormes cámaras equipadas para su ocupación, y debajo de las mismas vastos depósitos de agua, amoniaco, metano y sílice, así como la maquinaria necesaria para sintetizar otros compuestos a partir de los mismos. Más debajo aún hay ingentes tanques de combustible que almacenan océanos de hidrógeno líquido para alimentar las toberas de la nave, cada una del tamaño de un pequeño planeta. Por debajo, roca y un núcleo de hierro. La astronave es también inmensamente antigua; las estimaciones de su edad oscilan en los 6,000-15,000 millones de años, lo que la convierte en un objeto creado en los albores del Universo. Para hacerlo todo más enigmático, esas toberas están ahora apagadas, y en el interior de la nave no hay ningún rastro de los Constructores de la misma, ni indicación del propósito por el que la construyeron.

Por motivos de cercanía espacial, los primeros en llegar a la Gran Nave cuando ésta se aproxima a la Vía Láctea son humanos. Otras especies intentan hacerse con el control de la nave por supuesto, pero dado que su casco de hiperfibra es capaz de soportar sin inmutarse el impacto de un cometa a velocidades relativistas, no hay forma de conquistarla por la fuerza desde fuera. El control de la nave por parte de los humanos es pues definitivo. Cuando estos analizan la situación, llegan a la conclusión de que dada la inmensa velocidad de la nave es imposible detenerla: los motores de fusión sólo permiten realizar ajustes en el rumbo. Por este motivo, deciden circunvalar la galaxia, y abrir la astronave a cualquier especie que quiera habitar en una de sus cámaras (y pueda pagar el precio para ello) Eventualmente la astronave llega a estar ocupada por cientos de miles de millones de individuos de centenares de especies alienígenas. El control de la nave se mantiene siempre en manos de una jerarquía de capitanes humanos.

A pesar de la continua ocupación y exploración de las diferentes cámaras de la nave, un artefacto de ese tamaño y antigüedad guarda sorpresas. El impacto casual de un cometa contra el casco genera ondas sísmicas que revelan que en el núcleo de la astronave hay una enorme cámara en cuyo interior hay un objeto del tamaño de Marte. Se organiza una misión encubierta con los mejores capitanes de la nave para llegar hasta este mundo oculto que recibe el nombre de MÉDULA. Mientras todos los miembros de la expedición se hallan sobre este planeta interior, un súbito fenómeno de formidable energía —el Incidente— destruye su vía de comunicación y los deja aislados en la superficie. Con la incertidumbre de si el Incidente ha podido eliminar todo rastro de vida en el resto de la nave, los capitanes han de reinventar la civilización en MÉDULA, un mundo de hierro que a pesar de su enorme inestabilidad sísmica y volcánica alberga una flora y fauna de diversidad sin precedentes. El objetivo es retornar a la Gran Nave, y para ello hay que embarcarse en un periplo de cinco milenios, y superar una división entre los miembros de la expedición (y sus descendientes) motivada por el surgimiento de una mitología sobre los Constructores y sus lucha contra unos seres coetáneos de aquellos, los Inhóspitos. La acción y los secretos de la astronave se precipitarán cuando el retorno a la Gran Nave sea un hecho...

El punto de partida de la historia y algunos de los elementos que van surgiendo le dan a la trama un sabor a tiempo profundo y a escala cósmica que la hacen muy atractiva. La novela tiene un buen ritmo y se lee fácilmente, aunque algunos detalles pueden resultar un poco insatisfactorios. Por ejemplo, los humanos proceden de un futuro no muy lejano en el que gracias a la ingeniería genética, la nanotecnología y los cráneos de biocerámica, la inmortalidad es prácticamente un hecho. En esto se podría trazar una analogía con SCHILD’S LADDER de Greg Egan, y como en aquel caso contribuye a que la tensión por la supervivencia de un individuo, y la simpatía por los mismos sea bastante pequeña. No obstante, hay que decir que mientras que en SCHILD’S LADDER los individuos guardaban copias de seguridad remotas de la mente y podían reconstruirse a partir de las mismas en cualquier momento, aquí la reconstrucción requiere la recuperación física del cráneo de biocerámica, por lo que su destrucción es de facto la muerte final. Esto le da algo de fragilidad a los humanos, y se agradece en las situaciones de peligro. Puede también encontrarse alguna similitud en la trama relativa al aislamiento en la superficie de MÉDULA con los acontecimientos de PUSHING ICE de Alastair Reynolds. El cambio de ritmo una vez se rompe dicho aislamiento es brutal, y a partir de ahí el ritmo es mucho más rápido, lo que por una parte se agradece, pero por otra hace pensar que el tramo final podía haberse alargado un poco más. El desenlace final es un tanto ambiguo, en la medida en la que aunque se da una hipótesis consistente sobre el propósito de la nave, no se llega a verificar fehacientemente. Las posibilidades para una secuela son evidentes, y de hecho dicha secuela ya existe: THE WELL OF STARS.

En resumen, MÉDULA es una lectura amena y me ha dejado con ganas de hacerme con la secuela. De 1 a 5, la califico con 3.5 estrellas.

© Carlos Cotta, (997 palabras) Créditos
Publicado originalmente en La singularidad desnuda el 21 de agosto de 2007
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