VIRICONIUM
Michael John Harrison
CABALLEROS DE VIRICONIUM TORMENTA DE ALAS NOCTURNOS DE VIRICONIUM
Título original: The Pastel City A Storm of Wings In Viriconium
Año de publicación: 1971 1980 1982
Editorial: Bibliópolis
Colección: Bibliópolis Fantástica, Nº 16 Bibliópolis Fantástica, Nº 24 Bibliópolis Fantástica, Nº 31
Traducción: Manuel de los Reyes
Edición: 2004 2005
Páginas: 212 223 218
ISBN: 978-84-96173-
Precio: 18 EUR

VIRICONIUM y su arista biológico-ambiental

Leer sobre las megacatástrofes que se infieren de la trilogía Viriconium de Michael John Harrison, me motivo a una reflexión ambiental, ya que enfrentar dicha gestión del riesgo en la sociedad que hemos construido acosados de contradicciones y de pugnas, implica asumir multiplicidad de factores. Y frente al cúmulo de dificultades a sortear tendemos a flaquear, ya que los enormes retos que plantea tal cometido parecen estar más allá de cualquier esfuerzo, por eso nada mejor que ampararnos en esa frase de Gandhi: La alegría está en la lucha, en el esfuerzo, en el sufrimiento que supone la lucha y no en la victoria, para no suspender la decisión de activar y así realizar procesos destinados a apoyar la toma de conciencia de los ciudadanos, para que no nos ocurra lo que acontece a los habitantes de la postrera urbe del planeta.

El incremento poblacional (a pesar de la disminución de las tasas) y del despliegue creativo que acucia la tecnología, impulsada con frecuencia por el molino de la investigación básica de la ciencia, ejerce un doble impacto sobre la humanidad: mejora el nivel de vida del segmento de altos ingresos la población mundial, y provoca una disminución significativa de quienes reciben bajos salarios. Si agregamos cuestiones referidas a cambio climático, extinción de especies y demolición de ecosistemas terrestres, fluviales y marinos con la derivada pauperización substancial de la biodiversidad, la radical contracción de las reservas de combustibles fósiles, la sobrepoblación, el mantenimiento de apreciables porcentajes de hambre y malnutrición endémica en multitud de países, las enfermedades emergentes y reeemergentes, algunas de las características anotadas son propias de sociedades opulenta y otras de sociedades paupérrimas, junto a un paquete de temas conexos poseen la capacidad para lograr una configuración política y económica importante para las acciones de concienciación, pero también biológica y ambiental. Huellas de esa turbamulta de situaciones encontramos en las 670 páginas de la obra de M. J. Harrison cuando desnuda con cariño pero dureza, a esa urbe esencial devastada y encantadora, que sintetiza evanescente y putrefacta a todas las ciudades que fueron.

Las actividades en gestión del riesgo continúan siendo clave no sólo en el marco de la educación y la comunicación sino en el de la organización ciudadana y comunitaria por lo ambiental, hay que advertir no obstante, que si los máximos daños sobre los ecosistemas planetarios provienen de las tecnologías depredadoras, las elecciones de compra y gasto estimuladas por el patrón comercial y los procesos de destrucción —sean productivos o sociales— ejecutados contra el entorno por el estímulo de una sociedad que apuesta por el hiperconsumo suntuario, el despilfarro egoísta y la irreflexión en las elecciones cotidianas, vicisitudes que continúan imparables motorizadas por la codicia de las transnacionales y las urgencias de la pobreza, contra las mismas debemos elaborar nuestra insurgencia. Tamizados por los acontecimientos asombrosos que nos narra la epopeya brotan datos acerca de problemas similares a los que sufrimos, subyacentes en la estratificada geografía social de Viriconium.

Como emblema de lo que sucede, a la lista de insignes miembros de la fauna mundial por extinguirse cual el tigre de Bengala y el oso polar, se suman graves problemas como la desglaciación (en particular de los nevados tropicales) la licuefacción del Océano Glaciar Ártico, la ruptura de la banquisa de la Antártida, el avance del desierto del Sahara, la pérdida de mantillo por doquier, la extinción de biotipos y biocenosis en cada continente, la contaminación de agua, aire y suelo y tantas otras catástrofes que en cámara lenta se precipitan sobre nosotros, tanto que parecemos caer en el abismo. Aunque aún estamos, quizás con el borde salvador a la vista, así que si estiramos con voluntad nuestras manos y afilamos la conciencia y nos aferramos a la vida aún podemos preservarnos, de allí la necesidad de la lucha diaria por lo ambiental. La descripción de los barrancos pútridos y las estepas radioactivas, que recorren en algún momento los viajeros aventureros de Viriconium sintetizan ese mundo corroído y dañado con que coexistiremos ya mutados, porque ante las condiciones que surgirán de la debacle, nos esfumamos o nos adaptamos.

Muchos de los compañeros de ruta vegetales y animales, paisajes, marcas orográficas e hidrográficas, desaparecerán y ciertos atardeceres, costumbres y emociones dejarán de existir o se transformarán y será nuestra dolorosa responsabilidad cuando al encararnos las generaciones futura nos pregunten a través del tiempo: ¿Porqué no detuvieron la demolición del mundo? Con frecuencia ese mismo tenor interrogativo parece planear sobre los párrafos de la serie: ¿Cómo es posible que hayan negligido tanto? ¿Qué extraviaran la ruta de coexistencia con la naturaleza? ¿Qué llevaran hasta el extremo la explotación de los recursos? ¿Qué envilecieran y corrompieran su existencia a términos inconcebibles? A pesar de la distancia entre los acontecimientos expuestos y la realidad thatcheriana que rodea al autor al autor al momento de escribirla, uno no deja de asomarse desde los eventos a la novela y encontrar con frecuencia vínculos que las atan.

No obstante, hay que trazar con precisión el terreno de esa lucha: desde el compromiso personal de cada cual con un estilo de existencia acorde a la preservación de la biosfera en peligro hasta la asunción de un pacto inteligente con la naturaleza para co-vencer mediante compromisos de sostenibilidad, toma de decisiones colectivas informadas, y mucha solidaridad (sólo tenemos que releer los objetivos del milenio para nutrirla) y organizarnos en esta apuesta que hacemos por Gaia, nuestro planeta viviente. Para lograr avanzar es esa ruta de ofensiva una de las herramientas fundamentales se afinca en los procesos comunicativo y educativo, de allí la importancia de campañas, de emprendimientos colectivos, de publicaciones como la que visitas, de políticas que contemplen la protección y uso racional de nuestros recursos naturales, de la creación de organizaciones que se empeñan en cumplir esas obligaciones respecto a la biosfera, y sobre todo de científicos y tecnólogos dispuestos a participar en la construcción de una alternativa global en respuesta a la codicia del capital. La tecnología en Viriconium, con frecuencia ruinosa y semejante a la magia para muchos de sus usuarios, sirve a los deseos de los protagonistas, pero se cobra con sus almas, casi como ahora, sólo que corregido y aumentado.

Desde la cornucopia tecnológica se derraman imparables sobre la sociedad incontables inventos y artilugios, casi no hay día cuando al abrir las webs informativas científicas y de divulgación tecnológica que alguna noticia o avance de investigación no suscite el asombro, no propulse la imaginación, no promueve la reflexión. Sin embargo, el riesgo de perecer como civilización es alto, para algunos pensadores ya cruzamos el punto de no retorno y en Viriconium encontramos en cierta forma un paradigma de esa tendencia realizada a costa de terribles adaptaciones.

Cuando las protestas descentradas y en red, integradas por multitud de grupos e individuos autónomos, operando sin estructura jerárquica, a través de una coordinación horizontal en tiempo real fueron en expansión durante los 1990, incluyendo lo ambiental, la sociedad de control edificada en torno a la visión imperial (ver por ejemplo a Toni Negri en IMPERIO) reaccionó y para mantenerlo se torno necesaria una legislación antiterrorista que disolviera tales actividades, el 11 de septiembre de 2001 brindó una oportunidad para que el bloque de poder lo lograra, de allí que diversos actores opositores que reivindican la democracia y que van desde Michael Moore hasta Greenpeace y Médicos sin Fronteras se aglutinan tras las banderas de la solidaridad o denuncien una conspiración republicana, que busca comprimir las reivindicaciones esenciales a fruslerías y de paso desarticular un movimiento que empezaba a poner en jaque su jerarquía, por sus características de expresarse de forma muy activa en los terrenos de la microexistencia compleja y caótica de los sucederes cotidianos —ambientales y políticos— (que de alguna manera recogen desde la ciencia las nuevas teorías fractales y sistémicas complejas) Situación caótica segregada tanto por la imprevisibilidad esencial del universo que moramos como por la desintegración a que somete a una realidad oxidada y desvencijada, la fuerza continua del mercado.

Asimismo comprobamos que la trilogía de Viriconium, como es muy probable que acontezca con cualquier otro texto de ciencia-ficción que se compromete con la prospectiva desde la realidad, está imbuido de carga sociológica crítica: en esencia, son tres novelas entrelazadas por medio de representaciones horribles: páramos de herrumbre, terrenos podridos, charcos corrompidos, naufragios variopintos, relictos enfermos y contaminados, plagadas con pasajes cuestionadores de la realidad que nos agobia a través de imágenes desmesuradas reveladores de la plaga que devasta los restos de un planeta herido y acaso moribundo, personajes dramáticos con los cuales empatizamos (basta recordar a Tegeus-Cromis y sus acompañantes) y con cierto halo romántico (ahí tenemos a la reina Methvet Nian, a quien presentimos con sus labios abiertos en mudo llamado para quererla) que nos impregnan de una tristeza tan honda que la reproducimos en nuestras ensoñaciones y nos acompaña a través del tejido de las circunstancias hasta convertirse en un leitmotiv representado por esos seres dolientes que incorporan características de langosta a la de humanos, prefigurando una de las horribles rutas de adaptación a que puede conducirnos la desidia ambiental y la indolencia ecológica.

(se recomienda leer también: Viriconium o Una tierra en sombras)

© Luis Antonio Bolaños de la Cruz, (1.531 palabras) Créditos