CUESTIÓN DE METAMORFOSIS
por Antonio Quintana Carrandi

Entre los personajes más característicos del complejo y abigarrado mundo de la ciencia-ficción televisiva destacan, por derecho propio, los metamórficos; es decir, los seres capaces de cambiar su apariencia externa a voluntad, convirtiéndose en otra persona o ser. Estos personajes, convenientemente tratados, pueden dar mucho juego a una serie de ciencia-ficción y contribuir notablemente a su éxito. Sin embargo, a la hora de plantear visualmente las metamorfosis realizadas por estas criaturas, tanto los guionistas como los técnicos de efectos especiales suelen cometer errores de bulto, cayendo a menudo en la incongruencia.

Maya (Catherine Schell)
Maya (Catherine Schell)

Tomemos como objetos de nuestro estudio a los dos seres con capacidad metamórfica más famosos de la televisión: la hermosa Maya de Espacio 1999, y el circunspecto Odo, Jefe de Seguridad de Star Trek: Espacio Profundo 9, DS9 en adelante. Empecemos con Maya. Según el argumento-base de Espacio 1999, Maya, originaria del planeta Zykon, puede alterar su estructura molecular, se supone que incluso a nivel subatómico, lo que le permite transformarse prácticamente en cualquier forma de vida. A lo largo de los veinticuatro episodios en los que apareció, hemos visto a la bella alienígena convertirse en perro, león, pantera, ratón, etcétera. Por no mencionar las numerosas ocasiones en que se transformó en distintas especies de aliens. La hermosa zykon es uno de los personajes más recordados y queridos de la serie. A menudo era Maya la que salvaba la situación en el último momento, recurriendo a sus especiales poderes. En LA NUBE BETA, episodio nº 14, es ella la que vence al monstruo alienígena (un sofisticado robot en realidad) que ha invadido la base, convirtiéndose en una avispa e introduciéndose en su cerebro electrónico para cortocircuitarlo. En TODO LO QUE BRILLA, episodio nº 4, adquiere la forma de una extraña roca viviente. En LOS EXILIADOS, episodio nº 2, se convierte en un duplicado de Helena Russell para gastarle una broma al comandante Koenig. Las transformaciones de Maya a lo largo de la serie son numerosas y algunas memorables, pero, a poco que nos fijemos, comprenderemos que tal y como están planteadas resultan imposibles. Y si no, veamos un ejemplo.

NUEVO ADÁN, NUEVA EVA, episodio nº 10. Un enorme simio ataca a la doctora Russell y Maya se transforma en un alien especialmente peligroso para ayudarla. Pasado el peligro, vuelve a ser la hermosa dama extraterrestre de siempre. ¿Dónde está el fallo? os preguntareis. Muy fácil: cuando Maya se transforma, sus ropas, su calzado, el cinturón con el comunicador y la pistola láser desaparecen como por ensalmo. ¿Cómo puede ser esto posible? De acuerdo, los zykon pueden modificar su estructura molecular a voluntad. Pero ¿pueden también alterar la estructura molecular de algo que, como sus ropas y equipo, no forma parte de su propia estructura orgánica? Evidentemente, la respuesta a este interrogante sólo puede ser una: no. Entonces, ¿qué pasa con su uniforme cuando se ha transformado? Otro ejemplo: en EL CEREBRO ELECTRÓNICO, episodio nº 9, Maya, equipada con un traje espacial completo, aunque desprovisto de la escafandra, se convierte en un ratoncito blanco. Koenig lo introduce en su propio traje espacial, abandona la nave en la que se encuentra, que está en la superficie de un planeta de atmósfera venenosa, y se traslada a otra. Una vez allí, Maya se transforma en el difunto capitán de la nave siniestrada, para intentar enloquecer al robot que lo asesinó tiempo atrás. Conseguido este objetivo, vuelve a ser la Maya de siempre… con el traje espacial completo. Excepto por el casco, claro. Estas pifias fueron una constante en la serie. Cuando nuestra querida zykon decide convertirse en un doble de alguno de los miembros de la base, lo hace tan bien que incluso cambia su indumentaria. Así, cuando adquiere el aspecto de Helena en LOS EXILIADOS, su uniforme de manga y cuello rojo, correspondiente a la sección científica, pasa a ser exactamente el mismo que viste la doctora, con predominio del blanco, correspondiente a la sección médica. Y otro tanto ocurre en CUESTIÓN DE EQUILIBRIO, episodio nº 16, cuando suplanta a Shermeen (Lynn Frederick)

Los errores antes mencionados restan mucha credibilidad a los poderes metamórficos de Maya. Lo lógico sería que al transformarse, el uniforme se mantuviera, así como el calzado y los complementos. En el caso de que nuestra heroína decidiera convertirse en algún tipo de monstruo, todas sus ropas, tanto el uniforme propiamente dicho como su ropa interior, debería reventar al contener repentinamente un cuerpo más voluminoso. Y si Maya se metamorfosease en un ratoncito o un insecto, las ropas tendrían que caer al suelo. Más aún, al recobrar su aspecto real, lo lógico sería que apareciera desnuda. Pero nunca ocurre así. La encantadora dama de Zykon parece poseer no sólo la habilidad de transformarse en cualquier clase de forma de vida, si no también la de hacer juegos de magia con su indumentaria. En El increíble Hulk, serie posterior a Espacio 1999, tuvieron más cuidado con estas cosas. Cuando el doctor Banner (Bill Bixby) muta en Hulk (Lou Ferrigno) pantalones, camisa y zapatos revientan… lo que explicaría por qué el protagonista de esa serie vestía como si acabara de comprar media tonelada de trapos de saldo en el rastro.

Odo (Rene Auberjonois)
Odo (Rene Auberjonois)

Bromas aparte, es evidente que las transformaciones de Maya no resultan demasiado creíbles, aunque cuando emitieron la serie, allá por 1976/77, todos, especialmente los que éramos niños por aquel entonces, nos las creíamos a pies juntillas. Maya y sus simpáticas metamorfosis gozaron de gran popularidad entre los aficionados a la ciencia-ficción televisiva. Tendrían que pasar casi veinte años hasta la aparición de un personaje de similares características, el inefable Odo de DS9.

Odo, aunque dotado de capacidades metamórficas tan asombrosas como las de Maya, era muy diferente de ésta. Maya pertenecía a una especie humanoide, cuyo aspecto físico no se diferenciaba demasiado del nuestro. Odo, por el contrario, era una forma de vida completamente distinta. Mantenía forma humanoide para poder interactuar cómodamente con los bajoranos primero y luego con los miembros de la Flota Estelar. Pero se trataba de un ente orgánico tan diferente de los humanos y humanoides como un ladrillo de una mariposa. Maya sólo podía adquirir la forma de seres orgánicos, de formas de vida. Odo, en cambio, estaba capacitado para replicar casi cualquier cosa. Podía pasar por un ratón o por un cuadro colgado en la pared, por un lingote de oro o por una mesa. Maya alteraba su estructura molecular, adaptándola a la morfología del ser en que quería convertirse. Odo era como una especie de plastilina viviente, por así decirlo, capaz de automoldearse para tomar la forma de cualquier objeto. El personaje, al igual que ocurriera con Maya en Espacio 1999, se convirtió casi en un icono de DS9, y fue la base para la creación de los metamórficos dominion, que pasaron a engrosar la ya extensa lista de enemigos de la Flota Estelar. En 1993, cuando se estrenó DS9, las técnicas de efectos especiales habían avanzado extraordinariamente, y ello se reflejó en el fantástico acabado visual de las transformaciones de Odo. Parecía que por fin la ciencia-ficción televisiva había creado un metamórfico creíble. Pero no era así. Veamos por qué.

Como se ha dicho, las transformaciones de Odo son visualmente impecables. Cuando el entrañable condestable de DS9 adquiere la forma de cualquier objeto, no tiene que preocuparse por la cuestión de las ropas, pues parece ser que, en realidad, no lleva ningunas. El uniforme y el calzado los crea el propio Odo, forman parte de su ser, así que por esa parte no hay problemas, todo lo contrario de lo que ocurría con Maya. ¿Pero y la placa de comunicación? En TNG y series posteriores, incluida DS9, los comunicadores van integrados en placas que se colocan en la pechera de los uniformes, como si fueran pins actuales. La placa de Odo es idéntica a la de Kira Nerys y los otros bajoranos, y representa el símbolo de Bajor, del mismo modo que la de Sisko y su gente representa el emblema de la Flota Estelar. Estas placas, según la tecnología de ficción trek, tienen en su interior una batería de sario-krelido para proporcionarles energía, un grupo emisor-receptor subespacial, un conjunto de circuitos criptográficos y un sensor dérmico diseñado para reconocer la huella digital de su propietario y activar el comunicador sólo cuando reconozca ésta. Un artefacto de lo más futurista y complejo, como puede verse. Pues bien, cuando el amigo Odo decide cambiar de forma, hasta la placa de comunicaciones parece licuarse y fundirse con el resto de la masa orgánica del Condestable. Más tarde, cuando éste recupera su aspecto humanoide habitual, la placa vuelve a estar en su sitio, prendida en el lado derecho de la pechera de su uniforme. ¡Y funciona perfectamente! Nadie en su sano juicio puede creerse que Odo, por muy multiforme que sea, pueda replicar a partir de su propia materia orgánica complejos mecanismos electrónicos como los que forman la placa de comunicación. Este pequeño, pero en absoluto insignificante detalle, hace que las estupendas metamorfosis del jefe de seguridad de DS9 pierdan algo de credibilidad.

Uno, que es un fanático de la ciencia-ficción en todas sus facetas desde siempre, ha disfrutado muchísimo con las aventuras de estos dos extraordinarios personajes del género. Espacio 1999 es mi serie de ciencia-ficción de cabecera, no en vano fue la primera que vi íntegramente. En cuanto a DS9, fue en su momento una excelente secuela de las aventuras iniciadas con TOS y continuadas por TNG. Maya y Odo, cada uno en su época y a su manera, han enriquecido el universo de la ciencia-ficción extraordinariamente. Siempre les recordaré con cariño. Pero es una lástima que los responsables de los efectos especiales de ambas series no mostraran un poco más de cuidado con ciertos detalles referentes a sus transformaciones.

© Antonio Quintana Carrandi, (1.637 palabras) Créditos