LA CIUDAD EN EL LÍMITE DE LA ETERNIDAD
Star Trek TOS: LA CIUDAD EN EL LÍMITE DE LA ETERNIDAD EE. UU., 1967
Título original: Star Trek TOS: The City on the Edge of Forever
Dirección: Joseph Pevney
Guión: Harlan Ellison y Gene Roddenberry
Producción: Gene L Coon
Música: Alexander Courage
Fotografía: Jerry Finnerman
Duración: 50 min.
IMDb:
Reparto: William Shatner (Kirk); Joan Collins (Edith Keeler); Leonard Nimoy (Spock); Deforest Kelley (McCoy); James Doohan (Scott); Nichelle Nichols (Uhura); George Takei (Sulu)
Temporada: 1, Episodio: 28, Emitido:

Sinopsis

Fecha estelar 3134.0. La Enterprise atraviesa una zona del espacio afectada por extrañas ondas temporales. Sulu resulta herido y es tratado por McCoy con cordrazina, una droga estimulante que debe ser empleada sólo en ínfimas dosis. Cuando otra onda temporal se abate sobre la nave, McCoy se inyecta accidentalmente todo el contenido del hipoespray. Enloquecido, convencido de que pretenden asesinarle, consigue huir de la Enterprise, transportándose al planeta desierto en el que parecen originarse las ondas temporales. Kirk se pone al frente de un equipo de descenso y va tras el doctor.

En el planeta encuentran un extraño artefacto milenario, que resulta ser una especie de portal del tiempo, un dispositivo registrador de la historia de la totalidad del universo, controlado por una inteligencia artificial que se llama a sí misma El Guardián. Aunque Kirk y su gente capturan al demente McCoy, en un descuido el doctor escapa a través de ese portal temporal. Poco después, cuando la Enterprise parece haber desaparecido, pues no contesta a sus llamadas, Kirk y Spock concluyen que, de alguna forma, McCoy ha interferido en el desarrollo de los acontecimientos históricos pasados, alterando el presente, por lo que la Federación jamás ha existido. Decididos a intentar encontrar a McCoy y restaurar la línea temporal, el capitán y el primer oficial cruzan el portal, procurando dirigirse a la misma época del pasado que el doctor. Kirk y Spock llegan al siglo XX, a los Estados Unidos de la Gran Depresión, e inician sus pesquisas, en el transcurso de las cuales el capitán conocerá a una mujer que será el gran amor de su vida. Un amor que deberá sacrificar para restaurar la línea temporal e impedir que mueran millones de personas.

El guardían
El guardían

El jueves 6 de abril de 1967 se emitió por vez primera el que, sin duda, es el mejor episodio de la serie clásica. Un fascinante relato de viajes en el tiempo, pero también una hermosa historia aderezada con los elementos típicos del drama, tales como el amor, la muerte y el sacrificio. Y, por encima de todo, con la gran amenaza que, por los actos de McCoy en el pasado, se cierne sobre la historia de la humanidad. Ganador de los premios Hugo y Nébula por su tenso y memorable guión, para mi este episodio no es sólo el más relevante de TOS, sino el más logrado que jamás se haya escrito para cualquier serie Trek.

Estamos ante una historia de personajes. El viaje en el tiempo es una parte imprescindible de la trama, pero lo realmente importante es el lado humano del relato, la relación entre los protagonistas, especialmente entre Kirk y Edith. Por vez primera, Jim se enamora apasionadamente de una mujer, que resultará ser pieza indispensable para solucionar el problema que le ha llevado allí, aunque al principio él no lo sepa. Nuestro idolatrado capitán tendrá numerosos romances a lo largo de los 79 episodios de las tres temporadas, pero sólo serán escarceos casuales unas veces, y otras, las más, maniobras para conseguir la ayuda de la fémina de turno. Pero aquí Jim está literalmente atrapado por sus sentimientos hacia Edith, y eso se nota en cada uno de sus gestos y ademanes, en cada frase que pronuncia y en su forma de mirarla.

La tragedia se plantea cuando Spock descubre que, para restablecer la línea normal del tiempo, Edith Keeler debe morir. En realidad, el vulcano ha descubierto que la mujer es el foco del tiempo hacia el que se verá irremediablemente arrastrado McCoy, igual que lo fueron ellos. Dicho de otro modo: Edith es como una especie de catalizador que puede influir en los cambios en uno u otro sentido de la línea temporal. En lo que a ella se refiere, hay dos líneas posibles: en una, muere en un accidente de tráfico; en la otra, funda, al cabo de unos años, un movimiento pacifista que influirá decisivamente en la política exterior norteamericana. En el primer caso, la muerte de Edith hace que las aguas temporales vuelvan a su cauce y que se restablezca el curso normal de los acontecimientos históricos, tal y como nuestros héroes los conocen. En el otro, el movimiento pacifista creado por la muchacha retrasa la entrada de EE. UU. en la II Guerra Mundial, gracias a lo cual los nazis pueden desarrollar la bomba atómica y acaban conquistando el mundo. Para Spock la cosa está clara: esa mujer debe morir, o morirán millones, decenas de millones de personas que, en nuestra historia normal, no habrían muerto.

En el siglo XX
En el siglo XX

Así pues, Kirk debe elegir entre los sentimientos que le inspira esa maravillosa mujer o su deber para con la Flota y la Federación, o sea, con toda la humanidad. Y mientras nuestro desdichado capitán sufre en silencio por su drama personal, McCoy hace su aparición en esa época. El efecto de la cordrazina se le está pasando y ya es consciente de sus actos, pero está muy débil físicamente. Edith lo recoge en la misión y cuida de él. El viejo médico de pueblo cree que todo lo que ve, ese extraño lugar que se asemeja a la Tierra de principios del siglo XX, es una alucinación, así que se muestra escéptico ante lo que le cuenta la muchacha. Y así seguirá hasta el final, cuando se encuentre con sus compañeros justo antes del accidente que habrá de costarle la vida a Edith.

Ese es el momento culminante del episodio, y Kirk, como era de esperar, toma la decisión acertada, que esta vez es la más dolorosa de su vida. Cuando el camión se precipita sobre Edith, McCoy trata de salvarla, pero Jim se lo impide. Y los espectadores somos conscientes de que, con Edith Keeler, también muere una parte de Jim Kirk. Luego, cuando el Guardián del Tiempo los hace regresar, una vez restablecido el curso de la historia, nuestro admirado Horatio Hornblower del espacio sólo será capaz de pronunciar una frase: Larguémonos de aquí. El legendario capitán Kirk ha cumplido una vez más con su misión. Pero esta vez no puede sentirse totalmente satisfecho del resultado, porque, para cumplir con su deber, ha tenido que dejar morir a la mujer que amaba.

Una de las principales bazas del episodio es el personaje de Edith Keeler, magistralmente interpretado por la bellísima Joan Collins. Aunque dirige una misión destinada a ayudar a los indigentes, no es, como dice uno de los vagabundos a los que socorre, una niña beata. Al contrario, es, para su época, una mujer de ideas muy avanzadas y, sobre todo, una soñadora con la mente siempre abierta. La escena del comedor es muy reveladora al respecto. Cuando se dirige a los necesitados a los que ayuda, no les suelta un sermón religioso o moralista. Les habla de esperanza e ilusión por los días y los años que están por venir, y luego deja volar su imaginación y habla de los prodigiosos descubrimientos que, en años venideros, realizará el hombre, y de los extraordinarios beneficios que éstos supondrán para todo el género humano. Incluso menciona la posibilidad de los viajes espaciales, lo que hace que Kirk la mire con inusitado interés. Decididamente, esa mujer es algo especial, y así lo entiende nuestro capitán, que se enamora casi en el acto de ella.

Edith y Jim
Edith y Jim

La acción del episodio transcurre, en su mayor parte, en el siglo XX, en una ciudad de la que no se dice el nombre, pero que indudablemente es Nueva York, ya que en una escena vemos el inconfundible puente de Brooklyn. El ambiente característico de la época de la Gran Depresión está muy logrado, aunque apenas vemos otra cosa que el comedor de beneficencia que dirige Edith.

Un detalle curioso del episodio es la mención que se hace de la importancia que tuvo EE. UU. en la derrota del nazismo y sus aliados. Es cierto que, sin el concurso americano, ni británicos ni rusos habrían podido resistir el embate alemán, pues la poderosa industria estadounidense proporcionó millones de toneladas de materiales y armamento de todo tipo a éstos, suministros que se revelaron vitales para ganar esa guerra. Según el guión del episodio, el movimiento de Edith retrasó la entrada de su país en la contienda, lo cual nos sugiere que, al menos en esa línea temporal alternativa, el ataque a Pearl Harbor no se produjo. Hemos de suponer, también, que los pacifistas impidieron de algún modo que USA enviase armas, equipo y suministros a ingleses y rusos, facilitando así que Hitler lograra derrotar a esos dos enemigos y ocupar completamente sus territorios. Con las materias primas de los territorios conquistados, el Tercer Reich inició un programa nuclear que culminó con éxito, proporcionando a sus ejércitos el arma definitiva. Con la bomba atómica y sus cohetes V-2 para lanzarla, Alemania fue invencible, y ni siquiera USA, cuando entró en la guerra, pudo derrotarla. Un panorama desolador, que justifica sobradamente la terrible decisión de Jim. Él sabe que la paz es el camino, pero en su justo momento, y no, como pretenden algunos aprendices de brujo de hoy día, en todo momento y situación. Las intenciones de Edith son loables, pero tendrán consecuencias espantosas para toda la humanidad.

A este respecto, permítaseme hacer un breve inciso, para recordar a los lectores algo que sabemos los trekkies veteranos, pero que los actuales, envenenados por el wokismo más desnortado, han olvidado por completo: la Federación y la Flota Estelar son pacíficas, pero no pacifistas. Puntualizar este matiz es importante, porque la UFP (United Federation of Planets / Unión Federal de Planetas) jamás empezará una guerra, pero, llegado el caso, combatirá en defensa de sus ideales contra cualquiera que pretenda imponer una tiranía. Y Jim Kirk es la personificación de esos ideales.

Cacharreando
Cacharreando

El guión de Harlan Ellison fue modificado por Gene Roddenberry en algunos puntos. Ellison, irritado, llegó a pedir que se eliminase su nombre de los créditos, sustituyéndolo por algún alias. Está claro que a ningún escritor le gusta que un productor altere sus guiones a capricho, pero en esta ocasión la alteración estaba plenamente justificada.

En la historia original de Ellison, el tripulante que viajaba al pasado era un drogadicto, premisa que ni la NBC ni los trekkies de la época aceptarían. Además, Roddenberry pensaba que, para el siglo XXIII, la humanidad ya se habría librado de la lacra infame de la drogadicción. Pero la parte que menos le gustó al Gran Pájaro de la Galaxia del guión de Ellison, fue el final. En el texto original, Kirk permanecía inmóvil, mirando cómo el camión se abalanzaba sobre Edith, siendo Spock el que impedía que McCoy la salvara. Roddenberry sabía que esto no funcionaría con el público de Star Trek, que los fans no podrían aceptar a Kirk como capitán de la Enterprise si se mostraba incapaz de actuar en una situación límite. No. Kirk tenía que actuar, tenía que demostrar que estaba al mando, reafirmándose en su función de líder, con todas las responsabilidades inherentes a su cargo. Por otra parte, el que sea él quien impide al doctor salvar la vida de la mujer que ama, porque la muerte de ésta beneficia al conjunto de la humanidad, aporta al relato una gran carga de dramatismo.

El Guardián de la Eternidad volvería a aparecer en la serie animada y en alguna novela-franquicia, como por ejemplo en EL HIJO DEL AYER, de A. C. Crispin. En la serie amateur para Internet Star Trek: The News Voyages, en el episodio PRIMERA VICTORIA, también aparece este curioso portal del tiempo, que es a la vez máquina y ser, así como una especie de versión gigante del mismo, por cuyo orificio central puede pasar hasta la mismísima Enterprise.

Algo se muere en el alma...
Algo se muere en el alma...

Los decorados que recrean el planeta del Guardián del tiempo son excelentes, y su aspecto misterioso queda realzado por el incesante ulular del viento. A pesar de su aparente sencillez, son de lo mejorcito que se hizo para TOS. En cuanto al Guardián, es un toroide irregular de unos tres metros de diámetro. Lo más curioso de este portal es su funcionamiento. No se puede seleccionar una fecha concreta a la que se quiera viajar. El Guardián­ proyecta en su orificio central, que actúa a modo de pantalla, imágenes consecutivas de las distintas épocas de la historia, como si fuera una película documental. Para viajar a un tiempo concreto hay que esperar hasta que aparezcan las imágenes de esa época y atravesar el portal en ese preciso momento. Kirk y Spock logran trasladarse a la época a la que huyó McCoy gracias a que el tricorder del vulcano estaba grabando en el momento en que el médico se escabulló al pasado, y de este modo pudieron saber, casi exactamente, en qué instante de la proyección atravesó el portal el bueno de Bones.

Y esto es LA CIUDAD EN EL LÍMITE DE LA ETERNIDAD, nada más y nada menos que el mejor episodio de Star Trek, que no es poco. Aunque no seáis trekkies, no dejéis de verlo, pues es una de las historias más fascinantes y emotivas que nos ha ofrecido la ciencia-ficción catódica. Todo un clásico que merece una revisión.

© Antonio Quintana Carrandi,
(1.898 palabras) Créditos Créditos