OPUS DOS
OPUS DOS Angélica Gorodischer
Título original: ---
Año de publicación: 1967
Editorial: Ultramar
Colección: Ciencia Ficción nº 111
Traducción: ---
Edición: 1990
ISBN:
Precio: Descatalogado

A veces, lecturas consecutivas proporcionan un interesante contraste de cómo se entiende la escritura y, en este caso la ciencia-ficción. La semana pasada comenté COMPRE JÚPITER, de Isaac Asimov, y de paso todas las virtudes y carencias de este autor a la hora de acometer la creación literaria. En esta ocasión OPUS DOS de Angélica Gorodischer supone enfrentarse a una concepción radicalmente distinta, en algunos aspectos manifiestamente mejor, pero en otros no precisamente satisfactorio.

Por lo pronto el estilo de Angélica Gorodischer es extremadamente depurado, cuidado, sin una palabra de más o de menos. En algunas ocasiones se le ha calificado de barroco, pero no es el caso de OPUS DOS, en el que la autora prefiere un lenguaje esmerado pero alejado de artificios poco resolutivos desde el punto de vista narrativo. Los personajes son complejos, atrapados en sus conflictos personales y llenos de dudas, respecto a sus anhelos y actitudes vitales, manifestándolas a cada paso marcando con ello todas sus miserias humanas.

OPUS DOS transcurre en lo que parece un remoto futuro en los alrededores de lo que una vez fue Buenos Aires, ahora convertido en un campo arqueológico. Algo terrible ocurrió en el pasado, una guerra, una catástrofe de dimensiones planetarias, que casi acaba con la humanidad. De la supremacía blanca no queda nada, ahora son los negros los que lo dominan todo en la sociedad reconstruida. La historia se articula a través de nueve relatos que describen a través del tiempo los conflictos y la evolución de esas sociedad.

No parece que a Gorodischer le interese realmente lo que pudiera ocurrir o no en ese futuro lejano. Los cuentos de la novela no dejan de ser transposiciones de historias muy reales de discriminación y racismo cambiando el blanco por el negro y el negro por el blanco en una línea moralizante. Sin embargo, lo que en su tiempo pudo tener relevancia (hablamos de 1967) hoy en día, y dependiendo del país, ha perdido mucho de su sentido como mensaje ejemplarizante.

No hablo de la clara denuncia del absurdo del racismo, eso queda claro en el mundo especular concebido por la autora, sino por la simplificación de la dicotomía blanco-negro. No solo en los Estados Unidos, donde eran evidentes este tipo de conflictos, ha cambiado la correlación de fuerzas, el blanco contra negro no resulta real, durante estos últimos años la pujanza de los latinoamericanos ha desplazado a los propios negros de su puesto de minoría minoritaria.

En España ocurriría otro tanto, no se puede hablar de un conflicto blanco-negro, blanco-magrebí, blanco-latino (especialmente paradójica esta última) Incluso el blanco-blanco también se convierte asombrosamente en una fuente de conflictos cuando se piensa en la diferente forma de entender la vida de los europeos del este y el oeste, por no hablar de la amarga sensación de muchos sudamericanos, descendientes directos y sin mestizaje de europeos, que al volver a sus orígenes sienten hacia ellos recelo y desconfianza.

Y no nos olvidemos de los orientales. Discretos, laboriosos... y omnipresentes.

Desde ese punto de vista hay que ver OPUS DOS como una estilización y una llamada de atención: los mismos errores, por estúpidos, pueden ser cometidos por cualquiera. Sin distinción de raza, religión o condición.

Esta es la línea general del libro, el plan que lo dirige. Sin embargo las historias que lo componen dejan una extraña sensación de trivialidad, de que por si mismas no tienen grandes expectativas ni aportan nada relevante. Charlas entre catedráticos que desembocan a una mínima revelación, experimentos sin finalidad clara, reflexiones mezquinas en sus objetivos. Pinceladas que, en definitiva, enmarcan una idea de más alto calado, pero que conducen al desconcierto y la desazón.

© Francisco José Súñer Iglesias, (615 palabras) Créditos