Babylon 5: CREYENTES
BABYLON 5: CREYENTES EE. UU., 1994
Título original: Believers (E: 10, OP: 105)
Dirección: Richard Compton
Guión: David Gerrold
Producción: John Copeland
Música: Christopher Franke
Fotografía: John C. Flinn III
Duración: 44 min.
IMDb:
Reparto: Michael O`Hare (Comandante Jeffrey Sinclair); Claudia Christian (Tte. Comandante Susan Ivanova); Jerry Doyle (Jefe De Seguridad Michael Garibaldi); Mira Furlan (Delenn); Richard Biggs (Dr. Stephen Franklin); Andrea Thompson (Talia Winters); Stephen Furst (Vir); Bill Mumy (Lennier); Caitlin Brown (Na´Toth); Andreas Katsulas (G´Kar); Peter Jurasik (Londo); Tricia O´Neil (M´Ola); Stephen Lee (Tharg); Jonathon Charles Kaplan (Shon); Silvana Gallardo (Maya Hernandez); Ardwight Chamberlain (Kosh)

¿Dónde termina la fe religiosa y empieza el fundamentalismo? ¿Es lícito, es moral permitir que un enfermo muera por no recibir el tratamiento adecuado, porque ese tratamiento va en contra de sus creencias religiosas? Estas preguntas, y otras muchas de igual trascendencia, son las que nos plantea este episodio de Babylon 5, posiblemente el mejor de la primera temporada de la serie. El guionista David Gerrold, autor del argumento del celebérrimo episodio LOS TRIBBLES Y SUS TRIBULACIONES, de Star Trek: TOS, nos ofrece en CREYENTES un relato crudo y muy realista, el tipo de historia que ha hecho de esta serie una de las más apreciadas por el público y la crítica.

Todos hemos oído hablar alguna de vez de gente enferma, que se negó a recibir el tratamiento médico que necesitaba porque su religión prohibía esa práctica. El ejemplo más común es el de los miembros de Los Testigos de Jehová, una secta cristiana que rechaza las transfusiones de sangre por considerarlas impuras. Muchos fieles de esa secta, víctimas de accidentes, se opusieron a recibir sangre de otras personas y fallecieron. También muchos Testigos (como les gusta ser llamados) se enfrentaron a procesos judiciales y condenas de prisión por haber permitido, en nombre de su patética fe, que un hijo suyo muriera por la misma absurda razón. En todos los casos, los abogados de esos padres esgrimieron las creencias religiosas de éstos, compartidas obviamente por sus hijos, para tratar de justificar lo injustificable. En EE. UU., país con cientos de miles de Testigos, se han producido casos así en numerosas ocasiones, provocando airados debates en prensa, radio y televisión entre los defensores de la libertad religiosa a ultranza (uno de los pilares básicos sobre los que se asienta la nación norteamericana) y los médicos. Quizás por ello David Gerrold decidió escribir sobre el asunto, pergeñando uno de los guiones más densos, amargos y políticamente incorrectos de toda Babylon 5.

CREYENTES nos presenta a un matrimonio de alienígenas, Tharg y M’ola, que llega a la estación de las Fuerzas de Defensa Terrestres en busca de ayuda médica para su hijo Shon. El chico está gravemente enfermo y los médicos de su planeta no encuentran cura para su dolencia, por lo que sus progenitores acuden en busca del doctor Franklin­, cuya fama parece haberse extendido por todo el cuadrante a velocidad de hiperespacio. Franklin­ y su ayudante, la doctora Maya Hernández, examinan a Shon, descubriendo que su dolencia puede curarse fácilmente mediante cirugía, y así se lo comunican a los padres. Éstos reaccionan muy mal ante la pretensión de Franklin­ de operar a su hijo. La religión que profesan prohibe terminantemente cualquier tipo de cirugía, ya que según sus creencias, el espíritu habita dentro del cuerpo, y si éste es abierto, esa especie de hálito vital que llamamos alma abandonaría dicho cuerpo por la abertura quirúrgica y se perdería para siempre.

La supersticiosa reacción de los padres irrita a la doctora Hernández­, que discute duramente con ellos, preguntándoles qué clase de Dios es ese al que adoran y por el cual están dispuestos a sacrificar la vida de su hijo. Franklin­, mucho más curtido en estas lides, sabe que es contraproducente ir contra las creencias religiosas de un paciente o de sus familiares. Un buen médico trabaja con ellas, y eso es lo que el bueno de Stephen intenta hacer. Convence a los padres de que quizás haya otra manera de curar a su hijo, aunque mucho más lenta e insegura que la cirugía. La pareja de alienígenas acepta esta opción, aunque con reticencias, y dejando claro que no permitirán que se profane el cuerpo y el espíritu de su retoño con diabólicos instrumentos quirúrgicos. Cuando se quedan a solas, Franklin­ explica su plan a su colega. Piensa alargar el asunto todo lo que pueda, hasta que los padres de Shon estén tan desesperados por el sufrimiento de su hijo que no les quede más remedio que autorizarle a operar para salvarlo. Maya Hernández­ no lo ve nada claro, pero sabe que Stephen tiene mucha más experiencia que ella en el trato con especies extraterrestres y trata de comprender la actitud de su superior.

Pasa el tiempo y el estado de Shon empeora cada vez más, pero sus fanáticos padres siguen erre que erre, oponiéndose a la cirugía como remedio para el mal de su hijo. Tras una tensa conversación con M’ola y Tharg, Franklin­ decide que no se puede esperar más. O se interviene a Shon o morirá. El doctor advierte honestamente a los padres: si no permiten que opere al niño, él solicitará al comandante Sinclair que revoque temporalmente su autoridad como padres y que le autorice a operar al chico para evitar su muerte.

Tharg y M’ola se encuentran ante una difícil encrucijada. Su mundo no tiene embajador en Babylon 5, así que tratan de conseguir el apoyo de los embajadores para impedir que se consume lo que ellos consideran un sacrilegio. Pero todos los embajadores, Molari, G’kar, Kosh, e incluso la siempre sensible Delenn, rehúsan ayudarles, cada uno por sus propios motivos. Mientras tanto, Franklin­ ha presentado su petición a Sinclair, pero el comandante no lo ve claro. La política de Babylon 5 no permite injerencias en los asuntos internos de las razas alienígenas, a menos que esa intromisión esté justificada por razones de seguridad de la propia estación, y éste no es el caso. El médico le recuerda a Sinclair que fue él quien autorizó, tiempo atrás, que se operase al embajador Kosh del Imperio Vorlon, después de que esté resultase malherido en un atentado. Pero Sinclair no se deja convencer. El comandante reconoce que autorizar la operación de Kosh fue una metedura de pata, y no está dispuesto a que vuelva a suceder. A pesar de todo, Jeff trata de ser justo y se entrevista con Shon, para saber qué piensa el niño de todo lo que está ocurriendo. El muchacho admite que no quiere morir, pero tampoco contravenir los mandamientos de su religión que tan importantes son en su cultura. Jeff Sinclair queda sorprendido por la fortaleza de ánimo de Shon. Tiene que tomar una decisión, posiblemente la más difícil de su vida, y lo hace a pesar de albergar sentimientos contradictorios al respecto. No revocará la autoridad paterna y no autorizará a Franklin­ para que opere al chico.

Jeff comunica su decisión al doctor, tratando de hacerle comprender que, como comandante de Babylon 5, no puede tomar decisiones o dictar normas que vayan contra las creencias de otros pueblos. Franklin­ no acepta tales razonamientos. Es médico y el juramento hipocrático le obliga a intentar salvar a Shon, digan lo que digan las leyes o los diplomáticos. Y lo hace. Opera al niño por su cuenta y riesgo, con la ayuda de la doctora Maya Hernández­. La intervención es un éxito. Shon se recupera rápidamente y admite que no se siente distinto. Pero cuando sus padres saben lo ocurrido, rechazan al muchacho como si fuera un apestado, como si estuviera poseído por un poder demoníaco.

Sinclair monta en cólera y le suelta una bronca de época a nuestro buen doctor, pero éste no se amilana y sigue insistiendo en que hizo bien. Cuando el comandante le pregunta quién le pidió que jugara a ser Diós, Franklin­ responde, sin dudar, que todos los pacientes le piden eso. En ese momento, la doctora Hernández­ llama a Franklin­. Tharg y M’ola quieren llevarse a su hijo. El médico accede, porque el muchacho ya está lo bastante fuerte como para afrontar el largo viaje de regreso a su mundo. Pero mientras examina los datos sobre la historia y la cultura del pueblo de Shon, recopilados por la doctora Hernández­, Stephen descubre a qué se referían los padres de Shon cuando mencionaban el Gran Viaje que aguardaba a su hijo. Nuestro admirado médico, lleno de lúgubres presentimientos, corre hacia el alojamiento de esos fanáticos seres, pero no llega a tiempo. Fieles siempre a sus creencias religiosas, Tharg y M’ola han matado ritualmente a Shon. Según ellos, ése ya no era su hijo, sino un caparazón vacío a cuyo sufrimiento era necesario poner fin.

CREYENTES es la clase de historia que no deja indiferente a nadie, una eficaz muestra del nivel argumental que puede alcanzar una serie de televisión, si cuenta con buenos guionistas y un equipo dispuesto a meter el dedo en la llaga y a tratar temas que en otras producciones se soslayan para no herir susceptibilidades. La ciencia-ficción sigue siendo el mejor género para contar historias de interés humano, y Babylon 5 ha creado escuela en este campo. Un episodio como este deja un poso amargo en el espectador y le obliga a replantearse algunas ideas que antes daba por inamovibles. Todo persona sensata debe estar a favor de la libertad religiosa. ¿Pero qué debe permitirse y qué no en aras de esa libertad?

Lo que más destacaría de CREYENTES, además de la crudeza y realismo de la historia que relata, es la credibilidad de los personajes. Porque CREYENTES no trata sólo de las creencias religiosas llevadas al límite y sus consecuencias, sino de todas las creencias, políticas, sociales, morales o profesionales. El enfrentamiento entre los personajes representa la lucha entre esas distintas creencias, y la relatividad de las mismas está presente en cada escena, casi en cada frase de cada diálogo. Para Franklin­, es inmoral dejar que Shon muera porque su fe prohibe el tratamiento que podría salvarle. Para Tharg y M’ola, lo inmoral es salvar el cuerpo físico de su retoño condenando su alma a la destrucción. La posición menos envidiable es la de Sinclair, situado en medio de todo el embrollo y dotado de la autoridad para decidir a favor de una u otra opción. Jeff Sinclair es un soldado, que ha visto demasiadas muertes a lo largo de su carrera y, precisamente por ello, siente un profundo respeto por la vida. Pero el cargo de comandante de Babylon 5 no es sólo un puesto militar, sino también diplomático, que le obliga a tomar decisiones que a menudo van contra su conciencia y sus creencias. No puede dejar que sus sentimientos personales interfieran en su trabajo. También a él le gustaría salvar a Shon, pero debe atenerse a las normas para no sentar un peligroso precedente que destruiría todo lo que Babylon 5 trata de construir. Y así, no tiene otro remedio que dar la razón a los padres, aunque eso le cueste la vida a Shon y a él le marque para siempre.

Hay muchas referencias a Dios en CREYENTES. O, mejor dicho, a las distintas ideas que sobre Dios tenemos los humanos. En su última charla con Sinclair, tras la muerte de Shon a manos de sus propios padres, el doctor reconoce que fue arrogante y se pregunta si habría sido mejor que Dios no se hubiera inventado, porque así todo resultaría mucho más fácil. Sin embargo, cuando se disponía a operar al muchacho, el propio Franklin­ musitó una plegaria antes de comenzar, lo que sirve para recordarnos que incluso él, a su manera, también cree en Dios.

Un episodio tan oscuro como éste, con un final tan trágico, necesitaba un contrapeso que insuflara algo de optimismo al conjunto. Por eso Gerrold incluyó la trama de los corsarios y la nave de pasajeros Asimov­. En esta nave se ha declarado un incendio y Babylon 5 envía un par de Starfurys para que la escolten hasta la estación. Ivanova manda la escolta y en el transcurso de la misión se enfrentará a los despiadados corsarios, logrando impedir que ataquen al Asimov, en la que viajan muchos civiles, algunos de ellos niños. Esta sub-trama, que representa sólo una cuarta parte del metraje del episodio, permite exhibir los ya legendarios FXs que han dado renombre a esta serie. El resto del episodio transcurre, principalmente, en escenarios interiores, concretamente en el laboratorio médico, y no hay excusa para alardear de trucajes, porque estamos básicamente ante una historia de personajes. En Babylon 5 se dio mucha importancia al apartado visual, en especial a las caracterizaciones de los alienígenas. Son míticos los elaborados maquillajes de los mimbari, los narm, los drazi o los centauri. Para Tharg, M’ola y Shon se recurrió, según parece por problemas de tiempo, a las socorridas prótesis craneales, que hacen que estos personajes se alejen un tanto de la estética babylona y se asemejen más a los extraterrestres de Star Trek.

No quisiera terminar sin una reflexión personal sobre el asunto que trata el episodio. Siempre he encontrado cargantes los dogmas religiosos. En algunos casos muy concretos, esas creencias superan lo dogmático adentrándose de lleno en el dominio de la estupidez pura y dura. Los cristianos tenemos el asunto de la virginidad de María, por no hablar de la infalibilidad del Papa. Pero lo de estos alienígenas es de juzgado de guardia. Según ellos, por cualquier agujero que se abra en el cuerpo, escapa el alma diluyéndose en la nada, y por eso están en contra de las prácticas quirúrgicas. Estupendo, pero ¿qué pasa con los orificios naturales del cuerpo? ¿El alma no puede escaparse igualmente por ahí? Sí, seguramente sus teólogos tienen una explicación lógica para eso, pero como en el episodio no comentan nada al respecto...

CREYENTES. Uno de los grandes episodios de Babylon 5 y, a mi juicio, la mejor interpretación del malogrado Richard Biggs como el doctor Franklin­. Disfrutadlo.

© Antonio Quintana Carrandi, (2.251 palabras) Créditos