SOY LEYENDA
SOY LEYENDA EE.UU., 2007
Título original: I Am Legend
Dirección: Francis Lawrence
Guión: Akiva Goldsman, Mark Protosevich
Producción: Akiva Goldsman, David Heyman
Música: James Newton Howard
Fotografía: Andrew Lesnie
Duración: 101 min.
IMDb:
Reparto: Will Smith (Robert Neville); Alice Braga (Anna); Charlie Tahan (Ethan); Salli Richardson (Zoe); Willow Smith (Marley); Darrell Foster (Mike)

Sinopsis

En el año 2009, la doctora Alice Krippin, obsesionada con hallar una cura contra el cáncer, somete el virus de la viruela a una mutación genética controlada, con la intención de transformarlo en un poderoso anticancerígeno. Los primeros resultados son esperanzadores, pero muy pronto el nuevo virus muta, originando una pandemia de alcance global, que en menos de un año acaba con el noventa por ciento de la población mundial. Aunque quedan supervivientes inmunes a la plaga, éstos comienzan a ser exterminados por otro grupo de sobrevivientes, el de los que han mutado, convirtiéndose en horrendas criaturas que matan y devoran cuanto encuentran a su paso. Estos seres, perdida toda condición humana, sólo pueden salir de noche, pues la infección les ha hecho extremadamente vulnerables a la radiación ultravioleta; tanto que, si se exponen a la luz solar, perecen.

Tres años después del estallido de la epidemia, el coronel Robert Neville, miembro del cuerpo médico del US Army, es el último superviviente en la ciudad de Nueva York, y, quizás, en todo el mundo. Con la única compañía de su perra, Samantha, Neville recorre la urbe durante el día, buscando suministros de todo tipo que aseguren su supervivencia. Inmune al virus, emplea su propia sangre como base en la búsqueda de una cura para la infección, utilizando como cobayas ratas contaminadas por la misma. Cada día transmite un angustioso mensaje por radio, con la esperanza de contactar con alguna otra persona que haya sobrevivido a la pandemia. Por la noche se refugia en su casa, que ha convertido en una auténtica fortaleza. Sólo Samantha, y su obsesión por encontrar una cura para la epidemia, impiden que acabe enloqueciendo de soledad.

Tercera versión fílmica de la ya mítica novela de Richard Matheson, SOY LEYENDA, cuya realización asumió Francis Lawrence contando con un presupuesto de nada menos que ciento cincuenta millones de dólares, fue concebida como un lujoso blockbuster pensado para romper las taquillas de medio mundo, y en ese aspecto funcionó divinamente. El film recaudó más de quinientos ochenta y seis millones de dólares; es decir, que cubrió gastos y generó más de cuatrocientos millones de beneficios, convirtiéndose en una de las cintas de ciencia-ficción más rentables de la anterior década. Aparte sus excelentes resultados en taquilla, SOY LEYENDA se reveló como una curiosa adaptación de la obra de Matheson, no genial pero sí muy interesante.

De entrada, lo más agradable de esta película, por lo sorprendente, es la fabulosa actuación de Will Smith, un tipo simpático, que siempre cae bien, pero del que yo no tenía una buena imagen como actor, tras verle en DOS POLICIAS REBELDES, WILD WILD WEST, INDEPENDENCE DAY y LOS HOMBRES DE NEGRO, cintas en las que dio vida a personajes que, en esencia, semejaban trasuntos, ligeramente modificados, de su rol en la serie El Príncipe de Bel Air. Cuando supe que Smith iba a protagonizar el nuevo remake de EL ÚLTIMO HOMBRE SOBRE LA TIERRA (THE LAST MAN ON EARTH, Sidney Salkow / Ubaldo Ragona, 1964) me eché las manos a la cabeza, pues temí que Robert Neville acabase convertido en una versión post apocalíptica del dichoso Príncipe. Dado que sus interpretaciones en la pantalla grande siempre me parecieron poco convincentes, me costaba muchísimo imaginármelo en la piel de Robert Neville, así que, cuando se presentó la ocasión de ver este film, lo acogí con tibieza y no pocas reservas. Hoy debo reconocer mi error de apreciación, y romper una lanza en favor de Will Smith, pues con SOY LEYENDA ha demostrado su enorme valía como actor, y ha logrado quitarse de encima el San Benito de intérprete gracioso pero de recursos limitados. Una etiqueta que, por cierto, también llevó como un estigma, durante demasiado tiempo, el gran Tom Hanks.

SOY LEYENDA toma elementos de la novela de Matheson y de los films de Sidney Salkow y Boris Sagal, combinándolos con acierto y dando origen a una cinta más que notable, aunque no exenta de defectos. A su favor juegan la insuperable actuación dramática de Smith, el estupendo guión de Akiva Goldsman y Mark Protosevich, y muy especialmente el impresionante diseño de producción de Naomi Shohan. En su contra, los efectos digitales que recrean a las criaturas, muy aparentes y dinámicos, pero poco creíbles. Las hordas de monstruos parecen extraídas de algún videojuego para adolescentes, o de una de esas series japonesas de animación en 3D. En consecuencia, no inspiran ni sorpresa ni temor alguno en el espectador, que acoge todo esto como algo ya demasiado visto en el cine. Los zombies vampirizados de EL ÚLTIMO HOMBRE SOBRE LA TIERRA, y los mutantes paranoicos de La Familia en EL ÚLTIMO HOMBRE VIVO, interpretados por actores reales convenientemente caracterizados, eran inquietantes y aterradores a partes iguales. Las animalescas criaturas de SOY LEYENDA, creadas por ordenador, se me antojan un pálido e insulso remedo de aquéllos. Tan sólo el Macho Alfa, al que Dash Mihok presta su configuración física y sus rasgos, resulta algo convincente. En mi modesta opinión, deberían haberse empleado actores de carne y hueso para interpretar a los infectados por la plaga. Eso habría dotado a la cinta de un mayor realismo.

La conclusión del film es esperanzadora, en una línea similar a la ofrecida por Sagal en 1972. No obstante, conviene señalar que el final visto en salas comerciales no es el que originalmente aparecía en el guión. En el texto, Neville descubría que quedaba un rastro de humanidad en los infectados, y además lograba curar a la Hembra Alpha, que luego se reintegraba a su manada. Neville sobrevivía, y en compañía de Ethan y Ana, abandonaba Nueva York en busca de otros supervivientes. Este típico y tópico final feliz, en la peor tradición hollywoodense, podría haber estropeado toda la película. Por suerte, fue desechado en el último momento, optándose por un clímax más épico, con el desdichado Robert Neville sacrificando su vida para salvar las de Ethan y Ana. Se mantuvo, no obstante, el detalle de la curación de la Hembra Alpha con la vacuna desarrollada por el protagonista, fármaco que Ana preserva para los habitantes de esa hipotética colonia de supervivientes que ansía encontrar.

Un punto a considerar es el modo en que los guionistas dan la vuelta al concepto de Robert Neville como leyenda. En la obra literaria, y en parte también en la primera versión cinematográfica, el protagonista deviene, para sus mortales enemigos mutados, en algo parecido a un monstruo legendario, una criatura extraña que debe ser exterminada para que la nueva raza vampírica, evolutivamente superior, pueda dominar por completo el mundo. En el film de Lawrence, por el contrario, Neville, que se inmola en defensa de Ana e Ethan, y para proteger la vacuna que ha desarrollado, acabará convirtiéndose en una leyenda para el reducido grupo de supervivientes de la colonia del norte a la que, en el tramo final de la película, la mujer y el niño consiguen arribar sanos y salvos. En este sentido, cabe señalar que mientras la novela se centra en planteamientos morales sobre el bien, el mal y su influencia en las sociedades modernas, la película de Lawrence trata, esencialmente, sobre el espíritu de supervivencia del Hombre, la conservación de la esperanza como último reducto de la dignidad humana, y la importancia de las relaciones afectivas a todos los niveles. Hay que resaltar, en este aspecto, la conmovedora relación de Neville con Samantha, la preciosa perra pastora alemana que fue encarnada por dos canes magníficamente entrenados, Abbey y Kona, dos animalitos que, como el entrañable Rex (Rex, un policía diferente) podrían darles lecciones de interpretación a no pocos actores humanos.

Destaca también la espléndida banda sonora de James Newton Howard, con un tema central que nos retrotrae a los mejores tiempos de Hollywood, cuando una adecuada partitura era capaz de sintetizar la esencia y el espíritu de un film. Pero el leiv motiv musical de SOY LEYENDA es el jamaicano Bob Marley, cantante favorito de Neville y, seguramente, también de Smith, de quien podemos escuchar varios de sus temas más populares a lo largo del metraje.

El tremendo éxito de taquilla de SOY LEYENDA parece haber animado a los productores, que planean rodar una espectacular secuela para la que, por lo visto, esperan contar de nuevo con Will Smith. Dado que Robert Neville murió al final, cabe preguntarse cómo se las ingeniarán los guionistas para meter al actor en esa continuación. Habrá que estar atento a las noticias al respecto. Mientras tanto, disfrutemos de esta notabilísima adaptación del inmortal relato del maestro Matheson.

© Antonio Quintana Carrandi,
(1.141 palabras) Créditos Créditos

Expresa, con atinado verbo, Hernán G. Silvosa en su defensa del Cine como espectáculo de imprescindible disfrute en una pantalla grande, que ir al cine es renunciar a las reglas de lo cotidiano y sumergirse en un trance onírico, dejarse llevar por la monstruosidad de una imagen gigante y maravillosamente incontrolable, siempre desquiciada y perversa.

Como si quisiera demostrar con hechos el fundamento de este comentario, Francis Lawrence, autor de la despreciable CONSTANTINE, hace de los primeros minutos de SOY LEYENDA (incluso en su prólogo cervatino) una experiencia espectacular y turbadora, donde el terror proviene de la vacuidad de los entornos y de la grandeza de los espacios, expresada de forma metafórica a través de una camada de rascacielos silentes, restos cómplices de un devenir que ha condenado a la humanidad para siempre dejando a cambio, y únicamente, el rescoldo humeante de una civilización —conoceremos la causa a través de flashbacks—, literalmente, deshecha a pedazos.

Haciendo protagonista a la expectación y al suspense, Lawrence logra en este segmento introductorio que comprendamos a Neville y a sus motivaciones, que suframos por su soledad y por el misterio que envuelve su existencia y, sobretodo, por aquello que amenaza su propia vida. Y es que el terror se atisba y huele en cada rincón, no necesariamente oscuro, y no porque al otro lado de la esquina puedan ocultarse los colmillos de una leona famélica, o un nido de sanguijuelas sedientas de sangre y carne, sino porque sus huesos se saben presos de una ciudad que lo mantiene atrapado en la incertidumbre, testigo y sufriente de una pregunta cuya respuesta, Robert Neville, no se atreve a resolver: ¿realmente es el último hombre vivo sobre la Tierra?

En aquellos días nublados, Robert Neville no sabía con certeza cuándo se pondría el sol, y a veces ellos ya ocupaban las calles antes de que él regresara. Durante toda su vida, la hora del crepúsculo estaba relacionada con el aspecto del cielo, y por lo general, prefería no alejarse demasiado.

Con la única compañía de su perro y de su reloj tintineante, Neville se adentra en la ciudad buscando despojos de esa civilización que ya no existe, tratando de proveerse de aquello que aún le pueda hacer falta, por ejemplo: especímenes que le ayuden a resolver la ecuación que ahora define su existencia: ¿podrá revertirse la enfermedad que ha convertido la humanidad en vampiros?

El interés de SOY LEYENDA se desvanece cuando comprobamos que los vampiros no son sino raras formas travestidas de carnes infográficas, apresuradamente renderizadas para solaz disfrute del público adolescente, y que la intrahistoria mathesiana que definía a Neville (supervivencia, evolución) se han transmutado en epítomes adaptados a los nuevos tiempos (liturgia y religiosidad)

Francis Lawrence vuelve a tropezar, (¿y van...?) en una adaptación pero más aún lo hace un sistema de producción demasiado acostumbrado a invertir en estruendo y en aparatosidad en lugar de hacerlo en inventiva y talento, confundiendo la idea de espectáculo-disfrutable-en-pantalla-grande con ruido y explosiones a granel, que además se ven sazonadas de un extraño componente ideológico, de clara ascendencia shyamalanista, cuyos epítomes litúrgicos van a vertebrar un colofón donde la última esperanza de la humanidad la otorga los restos de una comunidad eclesiástica. La idea del mesianismo no es nada nueva en el cine de ciencia-ficción contemporáneo, como bien pudimos disfrutar y sufrir en MATRIX, pero resulta absolutamente fuera de lugar en una película, ésta, donde el carácter heroico del superviviente, su carácter contumaz y locuelo, viene pervertido por la influencia de dos ángeles custodios que no se sabe muy bien de dónde salen pero sí qué (dogmáticos) propósitos persiguen.

SOY LEYENDA es, en fin, mucho menos de lo que promete, no ya en sus taglines sino en su abrumadora primera media hora, sueños del protagonista incluidos. Pero es lo que tiene el cine de Hollywood, cuyos resultados se saben terriblemente influenciados por el gusto de aquellos que pagan las facturas; tanto que son capaces de convertir una gozosa metáfora sobre el futuro de la humanidad en una explotation mística de andar por casa.

Una lástima.

Lo más destacado: que a pesar de los pesares y los altibajos, su hora y media fluye con cierto [r/v]igor rítmico.

Lo menos destacado: la presencia de personajes (no todos maniquís o vampiros digitalizados) totalmente prescindibles.

Calificación: 5, 4.

© J. P. Bango, (723 palabras) Créditos Créditos
Publicado originalmente en El cronicón cinéfilo el 3 de febrero de 2008