EL DR. JEKYLL Y MR. HYDE
EL DR. JEKYLL Y MR. HYDE Robert Louis Stevenson
Título original: Dr. Jekyll and Mr. Hyde
Año de publicación: 1885
Editorial: Alianza Editorial
Colección: El libro de bolsillo nº 5525
Traducción: Carmen Criado
Edición: 2004
Páginas: 125
ISBN:
Precio: 6 EUR

Lo inquietante de EL DR. JEKYLL Y MR. HYDE no es la anécdota de la transformación de un correcto y amable caballero en un monstruo de maldad, ni los delirios de un científico loco trabajando en solitario hasta dar con la piedra filosofal. La mayoría de las adaptaciones del mito se quedan ahí, ya sea como humorada o sentido drama. Pocas veces se va más allá de las villanías que el perverso Hyde perpetra y el sufrimiento del doctor Jekyll cuando descubre que ha perdido el control sobre su experimento.

Hyde es la maldad pura. Todo el que tiene alguna relación con él describe la misma sensación de desagrado e intranquilidad. En apariencia, Hyde no parece alguien inquietante; huidizo, de corta estatura y complexión débil, no resulta enemigo para los caballeros que se preocupan por el extraño comportamiento del doctor Jekyll, pero la sola presencia del siniestro personaje basta para inquietarlos; la forma de moverse, de mirar, de hablar de Hyde es repulsiva a ojos de todos. Por eso sorprende tanto la deferencia que Jekyll muestra hacia él, permitiéndole disponer a su antojo de su propia casa, prestándole dinero e incluso haciéndole heredero universal.

Estos detalles y otros mucho hacen que Utterson, amigo personal de Jekyll, indague sobre la vida de Hyde y la extraña relación que con él mantiene el médico. No será hasta después de una buena sucesión de desagradables sucesos y absurdas disposiciones por parte de Jekyll que Utterson descubra el secreto que une tan íntimamente a ambos personajes, y que obviamente horroriza a Utterson hasta extremos inimaginables.

Pero el horror de Utterson va más allá del artificio químico. Los escritos de Jekyll / Hyde le revelan que el doctor no tenía ningún interés científico en su descubrimiento. Jekyll se siente encorsetado en su papel de honrado ciudadano, algunas veleidades de su juventud le habían hecho ver que el mundo ofrece muchas, demasiadas cosas, y echaba de menos ciertas diversiones que su estatus y escrúpulos ya no le permitían. ¿Por qué no disfrutar entonces de ellas liberándose de toda duda moral? ¿Por qué no experimentar dando rienda suelta a sus más bajos instintos? Es entonces cuando Jekyll pone todos sus conocimientos científicos al servicio de esos oscuros anhelos y, tras probar con decenas de productos y sustancias, encuentra la combinación que le permite liberar al desinhibido y peligroso Hyde.

Lo que horroriza a Utterson no es la bajeza de Hyde, es el descubrimiento de que el depravado personaje es el propio Jekyll liberado de cualquier atadura, y más aún, que Jekyll ha creado a Hyde, no precisamente por curiosidad científica o como efecto secundario de una línea de investigación fallida, sino deliberadamente y con un éxito fuera de toda duda.

Es entonces cuando EL DR. JEKYLL Y MR. HYDE se revela como la fábula moral que es, el mensaje de Stevenson es claro: el monstruo está ahí, dentro de cada uno de nosotros, dormido pero acechante, de cuando en cuando despierta, y surge un atisbo de lo que puede llegar a ser, por eso gran parte de lo que aprendido a lo largo de la vida está dirigido a mantener al monstruo aletargado, a evitar que el mundo se llene de Hydes desbocados y, sobre todo, a evitar desear ser Hyde.

© Francisco José Súñer Iglesias, (543 palabras) Créditos