MÚSICA EN LA SANGRE
MÚSICA EN LA SANGRE Greg Bear
Título original: Blood Music
Año de publicación: 1985
Editorial: Ultramar
Colección: Ciencia-Ficción nº 47
Traducción: María Dolores García-Borrón
Edición: 1987
Páginas: 304
ISBN:
Precio: Descatalgado

Un científico experimenta a deshoras y organiza tal zapatiesta que, sin acabar con la humanidad, consigue hacerla intimar de una forma bastante peculiar.

Este resumen vale para describir MÚSICA EN LA SANGRE con bastante precisión. Efectivamente, Vergil Ulam, un brillante biólogo, emplea tiempo y recursos de su empresa de biotecnología, la Genetron, para conseguir células inteligentes. Los vigilantes jefes de Vergil descubren que está malgastando el dinero de la empresa y le obligan a parar el proyecto y destruir todos los experimentos, pero Vergil es cabezón, no está dispuesto a perder todos sus esfuerzos y consigue preservar una cepa de la forma menos inteligente: inyectándosela a si mismo.

A partir de aquí el caos, los noocitos, como los llama Vergil, invaden su cuerpo y finalmente deciden que no les gusta la forma antropoide y la cambian por otra más flexible. El problema es que Vergil ha infectado a todo aquel que ha tocado y los noocitos se lanzan a la inevitable creación de la noosfera.

Es evidente entonces, que el libro está fuertemente inspirado en las ideas de Pierre Teilhard de Chardin (se le cita particularmente) y Vladimir Vernadsky. Teilhard proponía la noosfera como un estadio último de la evolución de la Tierra donde se da el nacimiento de la psíquis (noogénesis) y en el que se producen todos los fenómenos conocidos. Algo similar, en cierto modo, al Aleph borgesiano, aunque Borges describe un único punto donde todo ha sucedido y sucederá. Teilhard lo considera a nivel planetario, una super-mente que es la culminación de la evolución. Para Vernadsky es más una evolución del pensamiento científico hasta lograr una consciencia colectiva. Con el advenimiento de la conectividad instantánea, gracias a las comunicaciones y a la electrónica, muchos autores han querido ver el advenimiento del concepto noosférico, incluso muchas obras ciberpunk apuntan a una noosfera electrónica donde las inteligencias sintéticas interactúan tanto individualmente como de forma unitaria.

El caso es que Greg Bear escribió MÚSICA EN LA SANGRE en los albores de la era Internet, y la herramienta todavía no era más que motivo de especulaciones más o menos fantasiosas. Por la época parecía más evidente que la genética y la biología darían a la humanidad el empujoncito que necesitaba para evolucionar a un estadio superior, el que Vergil da para, no obstante, disgusto de todos.

La novela en su primera parte, esto es, las cuitas de Vergil, se hace interesante y entretenida, no deja de ser una novela de intriga, a medio camino entre el policiaco y el technotriller, sin embargo, cuando Vergil desata los infiernos y parece que el libro va a entrar en su climax definitivo hay un parón considerable. La narración no es tan ágil, la línea argumental se disgrega en varios hilos, algunos de ellos sin ningún interés, y la irrupción de cuestiones filosóficas entorpecen grandemente la narración. Incluso en algunas ocasiones, lo que debería parecer una gran catástrofe, se desdibuja hasta la pura anécdota, y si bien sirve de estupendo vehículo para alertar de la investigación descontrolada, como vehículo de divulgación filosófica no es para nada satisfactoria.

© Francisco José Súñer Iglesias, (513 palabras) Créditos