INVASIÓN
INVASIÓN EE.UU., 2007
Título original: The Invasion
Dirección: Oliver Hirschbiegel
Guión: Dave Kajganich
Producción: Joel Silver
Música: John Ottman
Fotografía: Rainer Klausmann
Duración: 99 min.
IMDb:
Reparto: Nicole Kidman (Carol Bennell); Daniel Craig (Ben Driscoll); Jeremy Northam (Tucker Kaufman); Jackson Bond (Oliver); Jeffrey Wright (Dr. Stephen Galeano); Veronica Cartwright (Wendy Lenk); Josef Sommer (Dr. Henryk Belicec); Celia Weston (Ludmilla Belicec); Roger Rees (Yorish)

Sinopsis

Un transbordador espacial se estrella en la superficie de la Tierra, y al poco una misteriosa plaga comienza a extenderse por todo el planeta, alterando el comportamiento de los seres humanos afectados, que pasan a ser unas personas frías, carentes de emociones. Carol Bennell, una psiquiatra de la ciudad de Washington, comienza a intuir lo que ocurre, y con la ayuda de un grupo de científicos, descubre que el origen de la epidemia es extraterrestre. La plaga, cuyos síntomas son similares a los de la gripe común, se expande por todo el mundo con notable rapidez, por lo que Carol y sus amigos inician una desesperada carrera contra reloj para neutralizarla. En su lucha contra la extraña epidemia jugará un papel importante Oliver, el hijo de Carol, que parece ser inmune a la extraña enfermedad.

El remake, o nueva versión de una película, es una práctica habitual en Hollywood desde siempre. Así, por ejemplo, la inmensa mayoría de los clásicos señeros del cine negro rodados en los 40, y que hoy son auténticas obras maestras de culto entre los cinéfilos, fueron filmados anteriormente en los años 30, y algunos incluso en la época del cine mudo. Siempre ha habido remakes y siempre los habrá. Pero en el caso de la ciencia-ficción clásica, y salvo honrosas excepciones, las nuevas versiones dejan mucho que desear. En el cine actual se ha impuesto el empleo desproporcionado de los efectos especiales de última generación, los presupuestos desmesurados y el esquematismo argumental, todo ello con la intención de satisfacer a un público poco o nada exigente, que consume películas con la misma indiferencia con que engulle palomitas. De modo que cuando se anuncia el estreno de una nueva versión de un clásico incombustible de la ciencia-ficción, los buenos aficionados al género solemos echarnos a temblar, imaginándonos otro vacío espectáculo de efectos especiales y poco más, apto sólo para adolescentes, con una cultura cinematográfica realmente pobre, o para simples descerebrados.

INVASIÓN, por el contrario, es una de las poquísimas excepciones que confirman la regla. Versión libre de la irrepetible LA INVASIÓN DE LOS LADRONES DE CUERPOS (INVASION OF THE BODY SNATCHERS, Don Siegel, 1956), ostenta un diseño de producción acorde con los tiempos, pero no se trata de una superproducción, sino de una película de cierto nivel que, sin embargo, es bastante fiel al espíritu de la cinta original. Indudablemente, el proyecto recayó en buenas manos. Tanto el director como el guionista realizaron un trabajo encomiable, eludiendo la espectacularidad tan cara al cine actual en favor de la tensión dramática. Aunque hay alguna concesión a las modas imperantes en el Hollywood de hoy día, la cinta de Hirschbiegel es tan digna como la de Siegel, y más que un remake al uso, semeja un homenaje a uno de los títulos más importantes del cine de ciencia-ficción de los 50.

Tal percepción se acentúa cuando el espectador avezado compara esta película con su insigne predecesora. La cinta de Siegel era una parábola del maccarthysmo y el ambiente de paranoia anticomunista que desató en los Estados Unidos de los 50. Obviamente, la de Hirschbiegel ofrece otra lectura más acorde con los tiempos, en la que las criaturas alienígenas, aunque intrínsecamente malvadas, como se revela por su actitud ante los inmunes a su influjo, parecen tener la clave para terminar con todos los males que corrompen este desquiciado mundo nuestro. Poseídos por las entidades extraterrestres, hasta George Walker Bush y Hugo Chávez escenifican un amistoso acuerdo que pone fin a la tensa enemistad entre USA y Venezuela, e incluso Corea del Norte, último reducto del estalinismo más cerril y controlada (que no gobernada) por una dinastía de sátrapas marxistas, se deshace de sus armas nucleares en aras de la paz. No obstante, tal paz no es más que la consecuencia directa de la esclavitud de la humanidad, pues para alcanzarla ésta ha de aceptar someterse a la influencia de unos seres procedentes del espacio exterior, que anulan los sentimientos y las emociones de aquellos a los que poseen, convirtiéndolos en autómatas de carne y hueso, que no tienen de humanos más que la apariencia. El mensaje de la película, por lo tanto, está muy claro: es mejor ser totalmente libre y humano, aceptando lo que esto significa, que renunciar a nuestra humanidad en aras de una perfección ilusoria bajo el control de otros. Carol Bennell lo comprende así desde un principio, y lucha denodadamente por preservar su condición humana y por atajar la plaga.

Si bien Oliver Hirschbiegel llevó a cabo un trabajo excelente, la Warner Bros no se mostró demasiado satisfecha con el resultado final, por lo que requirió los servicios del realizador James McTeigue, quien rodó algunas escenas adicionales, reescritas nada menos que por los hermanos Wachowski. El resultado fue una película redonda, inferior lógicamente a su inimitable original, pero muy superior a la inmensa mayoría de los remakes que hasta la fecha se han rodado de clásicos de la ciencia-ficción fílmica. En este sentido, la cinta de Siegel ha tenido muchísima suerte, pues el mejor remake que de ella se hizo — LA INVASIÓN DE LOS ULTRACUERPOS (INVASION OF THE BODY SNATCHERS, Philip Kaufman, 1978) — también fue notable. Protagonizada por unos magistrales Donald Sutherland y Leonard Nimoy, fue uno de los mejores films de ciencia-ficción de los años 70. Veronica Cartwright también tuvo un papel destacado en la cinta de Kaufman, en la que realizaron memorables cameos Kevin McCarthy, protagonista del film original de 1956, y el director del mismo, Don Siegel.

INVASIÓN es, por lo tanto, una película muy recomendable para aquellos que buscan en el cine de Science Fiction algo más que vacía espectacularidad. Que la disfrutéis.

© Antonio Quintana Carrandi, (947 palabras) Créditos

Yo no tenía la menor intención de ver esta película. Y eso que soy consumidor compulsivo de películas y voy al cine al menos una vez a la semana, frecuentemente dos y a veces hasta tres cuando hay suerte y cosas que ver. Se daba además la circunstancia de que disfruté mucho con la anterior película de Hirschbiegel, EL HUNDIMIENTO (DER UNTERGANG, 2004)

Sin embargo, había diversas circunstancias que me impulsaban más bien a quedarme en casa o elegir otra película. La primera y más importante es que el producto que entregó Hirschbiegel no gustó al productor Joel Silver. Como parece que el alemán no estaba por la labor de añadir más escenas trepidantes a su película, Silver contactó con los hermanos Wachowski para que rehicieran buena parte del guión. Estos encargaron la dirección de las nuevas escenas a James McTeigue, director de V» DE VENDETTA (esa película que gustó tanto al crítico de cine de Libertad Digital porque el malo le recordaba a Rubalcaba) Todo el asunto apestaba de lejos a chapuza. Y además, hacer de Braghettone es indigno, se mire como se mire.

Segunda circunstancia: lo siento, pero no me gusta Nicole Kidman. Quiero decir: es muy guapa y todo eso, pero es la jodida Barby Gestitos. No la soporto. Puedo aguantarla si detrás hay una buena historia, pero ella será siempre para mí una razón para no ir a ver una película.

Tercera circunstancia: la historia no me dice nada. Reconozco que no he leído la novela original de Jack Finney, LOS LADRONES DE CUERPOS (THE BODY SNATCHERS, 1955) pero es que ya desde el principio, ese tópico de invasión extraterreste silenciosa me parece mucho tilín y poco tolón. Un trípode marciano y un acorazado inglés reventándose a tiros frente a la desembocadura del Támesis es mi idea de una invasión. Y, además, sea cual sea el valor de la novela de Finney, Don Siegel parece haberle sacado todo el jugo con LA INVASIÓN DE LOS LADRONES DE CUERPOS (1956) una estupenda película de ciencia-ficcion/terror, a pesar del final impuesto.

(Un breve excursus. Señores críticos de cine: LA INVASIÓN no es el segundo remake de la película. En primer lugar porque es la CUARTA vez que se lleva la historia al cine y no la tercera, y en segundo lugar porque, para ser exactos, no es un remake de una película, sino una nueva adaptación de una novela. La diferencia es muy clara. Dejen de escuchar tanto a Pumares y lean más. Me lo agradecerán)

Sigamos con lo nuestro. Les decía que la historia no me dice nada porque ese tópico de la invasión silenciosa me parece apropiado para ahorrarse efectos especiales en series de televisión baratas, pero da muy poco juego y Siegel lo dejó agotado. Pero es que además, con LOS LADRONES DE CUERPOS (no he visto la versión de Abel Ferrara de 1993 y no puedo hablar de ella) siempre tengo la sensación de que me quieren decir algo, que hay intención y moraleja. No me importa en absoluto. Salvo que con esta historia tengo siempre la mosca detrás de la oreja, porque sospecho que esa supuesta moraleja, sobre la que, por cierto, nadie se pone de acuerdo, no es más que pura retórica para dar sofisticación a lo que no debería ser más que una buena película de terror. Ese gambito de la historia con mensaje me irrita. Porque un director de cine tiene todo el derecho a intentar convencerme de algo, pero me gusta que sea sincero y explícito y desde luego, me irrita que sea banal. Y creo que la supuesta carga ideológica de LOS LADRONES DE CUERPOS en sus diferentes versiones es banal. No tiene más profundidad que un libro de autoayuda.

Y a estas alturas el lector hará bien en preguntarse: ¿Por qué narices fue este tipo a ver la película si tenía tantos prejuicios previos? Muy sencillo. Por un lado, a mi mujer le apetecía verla. Por otro, un buen amigo me la recomendó. Así de simple.

Debo reconocer que LA INVASIÓN me sorprendió, porque tras leer las historias sobre su accidentado nacimiento esperaba un subproducto indigerible y lo cierto es que me mostraron una película digna. No buena, pero sí digna. El sello de Hirschbiegel está diluido, pero está ahí, especialmente en las escenas en las que James MacBraghettone no parece haber metido la zarpa. Nicole Kidman, pese a tener la cara cargada de botox, logra dar expresividad y emoción a su personaje, lo que resulta crucial en una historia que trata principalmente de personajes. Daniel Craig, por el contrario, está totalmente desaprovechado. Es un actor magnético, capaz de sudar tensión, como demostró en MUNICH (una estupenda película demasiado maltratada, por cierto) pero los directores deciden dejarlo aparte por alguna razón.

La continuidad de la historia no ha salido demasiado resentida por el cambio de director, aunque es demasiado evidente que, cuando comienza la acción es James MacBraghettone quien está al frente y no Hirschbiegel. Por otro lado, el principal mérito de LA INVASIÓN es la gradación pausada de los acontecimientos, la forma en que el mundo alrededor de la doctora Carol Bennell (Nicole Kidman) se va convirtiendo en algo extraño y alienígena. Esa tensión dramática, de genuina calidad, es estropeada por un final feliz absolutamente inadecuado que llega demasiado pronto. Porque nos deja con la sensación de que alguien cortó la media hora final de la película y pegó en su lugar un parche. Imaginen que ENCUENTROS EN LA TERCERA FASE se detiene con los protagonistas subiendo a la Torre del Diablo y después nos cuentan, sentados en la cocina de su casa, como llegó una inmensa nave espacial y contactó con los terrestres y todo eso. ¿Lo imaginan? Steven Spielberg estaría ahora mismo dirigiendo anuncios para MacDonald’s. Eso es precisamente lo que ocurre con LA INVASIÓN.

Y es precisamente en ese happy end equívoco donde la moralina sin calorías que siempre acompaña a LOS LADRONES DE CUERPOS da un paso al frente y enseña su fea cara. Y por si alguien es lo bastante tonto como para no entender una película americana de terror (es preciso ser completamente idiota) una voz en off nos explicita el mensaje de una forma tan pedestre que dan ganas de levantarse y gritar: ¡ya lo he pillado, no soy gilipollas! Y ahí es donde la película tropieza y se viene abajo. Porque si, como historia de terror espacial, LA INVASIÓN es una película correcta con algunos buenos momentos, como exploración de la naturaleza humana es total y absolutamente lamentable.

Sospecho —y creo que no soy el único—, que alguna edición en DVD de la película incluirá el montaje del director. Tengo mucha curiosidad por verlo, porque estoy seguro de que Joel Silver se equivocó de parte a parte.

© Mario Moreno Cortina, (1.131 palabras) Créditos