EL NOMBRE DEL MUNDO ES BOSQUE
EL NOMBRE DEL MUNDO ES BOSQUE Ursula K. Le Guin
Título original: The Word for World Is Forest
Año de publicación: 1972
Editorial: Minotauro
Colección: ---
Traducción: Matilde Horné
Edición: 1986
Páginas: 163
ISBN:
Precio: 8 EUR

Breve y contenida novela de Ursula K. Le Guin donde se nos habla de lo malos que somos los humanos (de la Tierra) y de lo mucho que tenemos que aprender en lo que respecta a la ética y la moral de otros pueblos más allá de las estrellas.

EL NOMBRE DEL MUNDO ES BOSQUE destila un terrible complejo de culpabilidad. El del occidental que, desalmado, esquilma y destroza todo aquello que los buenos salvajes conservan con mimo y en plácida convivencia. Por si eso fuera poco los buenos salvajes ven con lástima a los occidentales malvados porque no son capaces de ver más allá de sus barbas. No están en comunión con los mundos cavernosos de la mística culebrera, no son capaces de entender el lenguaje de las orquídeas vanilloideae, ni descifrar los sutiles arabescos que dibujan los senderos de la marabunta en tiempo de caza. Pobres bestias ignorantes, estos occidentales,

Este tipo de alegatos no me gustan en absoluto. De hecho no me gusta que me quieran culpabilizar de nada a nivel global, como raza o nacionalidad, me resulta muy hipócrita extender comportamientos a todo un colectivo, pero más hipócrita me resulta que esos comportamientos negativos se quieran magnificar comparándolos con la bondad infinita y la superioridad moral de ¿quién? Puedo ser mejor o peor persona, tener un carácter particular (ah, ¿pero no son todos los caracteres particulares?) y hasta un sentido del humor lamentable, pero de ahí a que se me quiera crear un sentimiento que no tengo y chantajear por el camino de la ética hay un trecho, y no pienso pasar por ahí.

Los buenos salvajes no existen. Pocas culturas humanas hay que puedan levantar la mano orgullosas de que entre sus costumbres no se encuentre reglado (para bien o para mal) el robo, el asesinato, la invasión y la rapiña, la segregación y la discriminación, y todas esas maldades que tanta indignación levantan cuando se ven en casa ajena pero procuran taparse si suceden en la propia. De las extraterrestres no hablo porque no conozco ninguna, pero sospecho que ante la disyuntiva de comer o ser comido en la mayor parte del universo optarán prudentemente por la primera opción.

La novela viene a hablar de un grupo de colonos (brutales colonos) que se dedican a talar un mundo-bosque porque la Tierra ha agotado su producción de madera y es preciso sacarla de donde sea. El caso es que los brutales colonos ha esclavizado a una buena cantidad de miembros de la raza local. Estos también resultan ser humanos, LeGuin propone en la novela, ambientada en el universo del Ekumen, que una raza todavía más antigua se dedicó a sembrar de vida todos los mundos habitables posibles, de ahí que todos los extraterrestres son prácticamente la misma raza, genéticamente hablando, aunque con las inevitables diferencias que el tiempo y el aislamiento han provocado, y de ahí que el bosque sea tan rentable, los mismos o parecidos robles, pinos, chopos, olmos, etc, etc. proporcionan la madera perfecta para explotar.

Naturalmente, los nativos son tratados con la conveniente brutalidad por los colonos excepto por el personaje concienciado de turno que los comprende y aprecia. Los nativos, también por supuesto, están un nivel ético por encima de los humanos (que cosas, no se matan entre ellos) pero claro, mejor no irritales...

Independientemente su ideología (con la que no estoy en absoluto de acuerdo), la novela está resuelta con notable solvencia. Las dudas y certidumbres de unos y otros personajes, los dilemas que se les presentan, las complejas relaciones entre unos y otros humanos (al cabo todos son humanos) son planteadas y solucionadas por Ursula K. Le Guin con gran habilidad. La novela es corta, poco más de ciento cincuenta páginas, lo que supone un valor añadido en estos tiempos de peroratas interminables. En resumen, a quien no le moleste su carga doctrinaria, le resultará una novela de agradable lectura. A mi particularmente me dejó un tanto irritado.

© Francisco José Súñer Iglesias, (661 palabras) Créditos