UN MUNDO FUERA DEL TIEMPO
UN MUNDO FUERA DEL TIEMPO Larry Niven
Título original: A world out of time
Año de publicación: 1976
Editorial: Ultramar
Colección: Ciencia-ficción nº 30
Traducción: Charles E. May
Edición: 1986
Páginas: 252
ISBN:
Precio: Descatalogado

Esta novela no deja de ser extraña en su concepción y desarrollo. Arranca cuando J. B. Corbell despierta de su sueño criogénico atrapado en el cuerpo de otro hombre. Tras el shock inicial descubre que su mente ha sido rescatada de su viejo cuerpo congelado (comido por el cáncer y destrozado por millones de microscópicas agujas de huelo) para implantarla en el cuerpo de un criminal condenado por el Estado. Han transcurrido dos siglos desde que decidió congelarse para viajar al futuro con la esperanza de encontrar remedio para su enfermedad, pero no es así, éste no existe y los fluidos congelados han agujereado las frágiles pareces celulares de su cuerpo. Sin embargo la química permanece intacta, y las técnicas del Estado permiten extraer el ARN y transferir la personalidad a un nuevo cuerpo que, en un alarde de reciclado, será dedicado a ocupaciones que nadie más querría.

En el caso de Corbell su misión será viajar a años luz de la Tierra para sembrar la vida por sistema planetarios desiertos. Eso, o la muerte definitiva. Corbell accede y es rápidamente adiestrado (las maravillas del ARN), pero cuando inicia su misión se rebela y cambia el rumbo hacia el centro galáctico en una autoimpuesta misión exploratoria. A partir de ahí la cosa se enreda, lo que parecía que iba a ser una turné por la Galaxia buscando nuevos mundos y nuevas razas se convierte al poco en una sucesión de carreras por una Tierra devastada en un futuro muy, muy lejano (cosas de los efectos relativistas, los agujeros negros y las cámaras... de hibernación) en busca de la inmortalidad, rodeado de salvajes con cuerpos de niños de doce años e inteligencia algo más que desarrollada, viejos muy viejos y tribus reproductoras. Literalmente.

Lo que hace extraña la novela es lo vacilante de su arranque, el largo artificio que necesita Niven para situar a Corbell miles (millones) de años en el futuro y lo poco consistente de la propuesta argumental: la búsqueda de una inmortalidad que, además con el bonus de la eterna juventud, el ordenador de a bordo de la nave en la que Corbell había viajado por la galaxia ya le había ofrecido.

Da la impresión de que se trata de un fix-up en el que Niven hubiera reciclado varios relatos inacabados para dar algo más de recorrido a la novela. Un Corbell volviendo al sistema solar tras una buena temporada hibernado, un Corbell escapado de un artefacto de tiempo cero (curiosa invención de Niven que para el tiempo para todos aquellos que permanecen dentro de él sin afectar al exterior) algo menos enredado, en definitiva, hubiera funcionado igual con menos fárrago.

Bien es cierto que esto hubiera restado importancia a otro de los pilares de la novela: el Estado, la entidad política casi eterna que rige los destinos de la Tierra, en diversas encarnaciones y con diferentes formas, prácticamente desde los inicios del siglo XXI hasta miles de milenios después, y que sólo cuestionará la vuelta de un Corbell dispuesto a todo por conseguir la inmortalidad.

Objeciones aparte, el libro funciona perfectamente como novela de aventuras. Está bien construido y los episodios enlazados de una forma lo bastante competente como para no suponer un sobresaltar continuo. Su parte aventurera, su parte humorística y su parte trascendente, si se quiere, están bien dosificadas, y en su justa medida consiguen entretener (logro importante, no nos engañemos) aunque no convencer (tampoco es un tratado de geopolítica)

© Francisco José Súñer Iglesias, (576 palabras) Créditos