LA GENTE DEL CIELO
LA GENTE DEL CIELO E. Verónica Figueiredo
Título original: ---
Año de publicación: 2007
Editorial: Juan José Aroz, Editor
Colección: Espiral, ciencia-ficción, nº 40
Traducción: ---
Edición: 2007
Páginas: 244
ISBN:
Precio: Descatalogado

No es muy frecuente encontrar una historia en la que importa más el desarrollo de una civilización que algún hecho puntual de su historia. LA GENTE DEL CIELO habla precisamente de eso, de cómo en un planeta habitado por dos razas completamente distintas, humanos y alados, estas son capaces de convivir, colaborar y desarrollar una civilización que acabará por llevarlos a las estrellas.

Los humanos llegan en una pequeña nave de exploración, son dos científicos y el piloto que han dejado en órbita la nave nodriza, sumida en un ambiente enrarecido y al borde del motín. Los alados son los habitantes autóctonos del planeta, no se parece a nada que hayan jamás visto los humanos y éstos resultan igualmente extraños para los alados. Sorprendentemente, las condiciones climatológicas del planeta son ideales para el desarrollo de ambas razas, por lo que las primeras interacciones no tardan en llegar con resultados inesperados. Los alados destrozan el tranbordador para llevarse todo el metal posible ante la estupefacción de los humanos, a los que no prestan mayor atención.

Clara Merkham, bióloga, Nahuel Garcés, geólogo y Loki Svenson, el piloto, se encuentran varados sin posibilidad de comunicarse con la nave nodriza, al cabo del tiempo comprenden que en la nave se han desatado los infiernos y nadie bajará a rescatarlos. A partir de entonces comienza la laboriosa convivencia con los alados que, pese a la desconcertante bienvenida, muestran hacia ellos más curiosidad que agresividad o desconfianza. Poco a poco la colonia humana va aumentando de tamaño bajo el férreo control genético de Clara, también se van descubriendo detalles del origen de los alados, que pese a su obvia pertenencia al ecosistema del planeta están completamente fuera de lugar en el estado evolutivo en el que éste se encuentra.

Conflictos, invenciones, tabúes que se rompen... la fuerza combinada de alados y humanos acaba poco a poco por derribar todas las fronteras naturales del planeta (aunque se crean otras, políticas y sociales) y llevar a ambas razas, una sola sociedad, a descubrir nuevos planetas y nuevos horizontes.

Verónica Figueiredo se apoya en varios episodios relevantes de la evolución de las relaciones entre humanos y alados para ilustrar los avances conjuntos de ambas razas. Resulta interesante que en vez de desgranar toda una serie de conspiraciones y contra conspiraciones la autora prefiere enfocar la novela desde un punto de vista positivo, así, la psicología de los alados es fundamentalmente lógica y lineal (sin caer en los comportamientos mecánicos) por lo que resulta difícil entrar en conflicto con ellos, si algo no les interesa lo dejan, al contrario perseveran hasta conseguir el resultado apetecido, y en ese sentido resultan ser grandes colaboradores. Los humanos, educados junto a los alados, han adoptado en muchos sentidos su filosofía de la vida, y por ello también resulta extraño que entren en conflictos irresolubles. No todo es idílico, también hay revueltas y matanzas, intrigas y medias verdades, pero el resultado siempre es una evolución, nunca la vuelta atrás.

El estilo de esta autora argentina es sencillo, preciso... y muy argentino. Esto último no debería ser un problema en estos tiempos de Internet y culebrones televisivos que ayudan a difundir las diferencias dialectales del español, en cuanto a la sencillez, en ocasiones se podría hablar más bien de esquematismo, no se puede pedir mucho más a un texto que en apenas doscientas veinte páginas recorre miles de años de evolución social, pero tampoco hubiera estado de más un poco más de consistencia.

En resumen, una buena idea apartada de lo que suele ser habitual en las últimas tendencias ciencia-ficción, desarrollada dignamente y que, dentro del mismo marco referencial, puede servir de punto de partida a historias más elaboradas.

© Francisco José Súñer Iglesias, (615 palabras) Créditos