EL MUCHACHO QUE GIRABA
EL MUCHACHO QUE GIRABA Gertrude Friedberg
Título original: The Revolving Boy
Año de publicación: 1966
Editorial: Aidax
Colección: Fénix
Traducción: Elvio E. Gandolfo
Edición: 1981
Páginas: 252
ISBN:
Precio: Descatalogado
Comentarios de: Luis Bolaños

En 1966, la autora ubicada en el teatro y el mainstream (apenas un manojo de relatos y una novela en la ciencia-ficción) se despide del mundo de las letras con esta extraña distopía dedicada a una persona con una capacidad extravagante... e infecunda: sabe al dedillo, invariablemente, con exactitud pavorosa las coordenadas de aquellos movimientos que desplegara durante la jornada, siguiéndolos mediante giros relacionados con una fuente peculiar, la emisión de un mensaje ET. Luego Friedberg se dedicará a la enseñanza de las matemáticas... en una escuela pública de New York; y aunque he buscado su bibliografía no hay señales de regreso. Sea lo que fuere que la empujó a tomar esa decisión o si fueron los procesos de alguien que decidía su existencia sobre marcos poco habituales, es cierto que abandona las salas del palacio de la literatura para nunca retornar.

Cargada de melancolía y ya en ese instante añorante de algo que nunca sucedió: el advenimiento de la paz mundial y un sistema global de gobierno, consigue conmovernos. La emoción está servida y nos estremece a pesar de intuir lo que ocurrirá, no es entonces por trabajar la sorpresa, sino por la forma habilidosa con que entrelaza los hilos de su discurso y por exhibir en descripciones reconocibles, puestas en escena muy similares a lo que imaginamos que ocurría en un evento de la NASA o de la Agencia Rusa para el Espacio, gracias al cine o los documentales que nos atrapa; y no se aleja tanto de los hechos para que sean irreconocibles, pero tampoco articula rígidamente los elementos trascendentes de su andamiaje provocando que envejezca su lectura.

Apenas ingresé a su obra le encontré simultáneamente enganches con Ana Kavan y John Wyndham en la forma de presentar su tema y en el estilo. Observo que logró penetrar el velo ideológico de su momento (estábamos aún en la Guerra Fría) y obtiene que creamos en su relato de lo que pudo haber sido, la manera de ofrecerla está diseñada por un procedimiento tal que termina esquivando lo político y privilegiando las relaciones entre los personajes, lo cual no es de extrañar tomando en consideración los orígenes de su autora en la dramaturgia.

Uno tiene la sensación de que debe buscar huellas o segmentos que hayan enmohecido, ya que lanzar desde 1966 una mirada inédita al siglo XXI tiene sus inconvenientes tanto desde la prospectiva como desde la historia para el entorno que se desea construir, sin embargo la elección de tratar a sus personajes con sensibilidad y hasta con complicidad y cariño le permite esquivar airosamente la probable falla, por eso podemos leerla como un ejercicio de algo que nunca ocurrió pero pudo ser si las circunstancias lo consintieran; quizás al apostar por los valores ecuménicos de lo literario en lugar de la fuerza predictiva del género, admite hoy leerse con agrado.

Las computadoras están acotadas y ocupan un lugar en la organización tecnosocial, más bien aprovecha para introducir una serie de tecnologías que nunca fueron a semejanza de los televisores con pantalla redonda de Gernsback y que le prestan un encanto demodé a sus páginas sin que sean anacrónicas; a pesar de lo proferido anteriormente sobre la magra prioridad de los pronósticos, Green Bank aparece cual anticipo de Arecibo y las reflexiones de Gertrude sobre la exploración espacial son tan certeras que anonadan, por ejemplo, su aserción de la suspensión de los vuelos espaciales tripulados, que sólo serán retomados en el siglo XXI (crucemos los dedos para que cumpla su visión)

En algún momento también resonaban ecos, por su indisoluble apuesta por la fraternidad, que la conectaban con ciertos relatos de ciencia-ficción soviéticos, pero de inmediato se diferencia porque se mantiene firmemente anclada en su actualidad construida, sin caer en la trampa de la ideología justificatoria. No existen en ningún momento referencias a la violencia o a la policía, si alguien desea desaparecer, tal decisión se sustenta en su derecho a la privacidad aunque posea amplificadas cualidades, o lo consideren famoso por cualquier motivo, y no será interferido en sus motivos (a contrapelo de las sociedades de control propuestas por otros de ciencia-ficción y explicadas por Deleuze y Guattari desde la sociología) Su faceta apegada a la psicología le proporciona cobertura a las acciones expuestas y eventualmente enriquece la interpretación de los acontecimientos.

Siendo una novela de primer contacto, o de señales en la línea de CONTACTO (Carl Sagan) se distancia por su enfoque, ya que la kinésica especial del protagonista Derv Nagy, depende de un llamado proveniente de una estrella oscura a unos ocho años luz de distancia Gertrude es capaz de mezclar los saltos ornamentales y las piscinas con los automóviles aéreos y las multitudes de las convenciones, en una suave love story entre dos seres extraños por sus cualidades. Las anécdotas que salpican no sólo la gimnástica dedicación de Derv sino las propias actitudes de los académicos enfrentados al fenómeno nos hablan de una sociedad permisiva y blanda, de ninguna manera policial.

Muy bien estructurada, cada uno de los capítulos se desenvuelve en torno a una idea básica que al articularse sucesivamente trazan una ruta con una potente lógica interna que diluye cualquier defecto en el devenir tecnológico difundido en medio de los incidentes, auténtico motor de la narración que nos instala cómodamente en un mundo alternativo con esas características tecnológicas. Resalta que siendo sus héroes norteamericanos originarios de Europa Oriental, se comportan cual ejemplos de cosmopolitismo y terminan morando en una unión de países que prefigura la actual Comunidad Europea y su expansión hacia el este, tal y como la describiera Jacques Attali en esa intensa reflexión que fue MILENIO.

Recorre la vida de Nagy, quien se inicia como un niño con un don especial y culmina como un adulto consciente de sus facultades y de la posible incomprensión de su entorno, que se oculta para no ser rechazado como una especie de mutante (con similar matiz que Silverberg por la carga de sufrimiento que implica o Sturgeon, por compartir la audacia madura del experimentador seguro) Existe una cierta similitud entre la aventura y notoriedad de sus padres, primeros astronautas en practicar coitos a gravedad cero (Alexei Panshin repetiría la peripecia en CIELO AZUL) pero agregar la gestación y el parto que le proporcionan densidad y problematizaciones éticas diversas (aunque probablemente se encuentren reñidas con la ciencia: ya han salido varias investigaciones referidas a la impotencia que asolaría a los exploradores de una episodio marciano) sustentan dimensiones de afecto, en especial con su madre.

Aunque no se detiene a describir su presentido gobierno mundial, señala importantes iniciativas científicas en el antiguo Tercer Mundo (la estación de Nigeria tiene tanto importancia como la de Green Bank en la exUK) no constan fronteras y algo notorio consiste en otorgar continuidad al actual sistema escolar; tampoco, reiteramos, prefigura la omnipotencia cotidiana que tendría la computación.

La carátula requiere de un comentario adicional, Patrick Woodroffe opta por las siglas CCCP (URSS en cirílico) para el casco del astronauta y del fuselaje de la estación orbital, ya que hasta ese momento de la edición (y por tanto de cada uno de sus componentes) se aceptaba a la CCCP como eterna y no se cuestionaba su existencia. Tanto Orson Scott Card (en la Saga de Ender) como Greg Bear (en su Trilogía de Thistledown) continuarán esgrimiendo similar ordenamiento esquemático de las correlaciones de fuerzas internacionales. Lo señalo por que justamente la autora apuntaba a diluir esas diferencias y a presentar un planeta unificado y en calma, aunque en ningún momento aborda como se lograba transitar de la ONU a esa comunidad de naciones sin pretensiones y que constituye un benévolo gobierno mundial. Altamente recomendable para quienes desean acercarse a una ciencia-ficción más influenciada por la emoción social, y próxima en intenciones al mainstream.

© Luis Bolaños, (1.299 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Velero 25 el 23 de febrero de 2007