METAMORFÓSIS
Star Trek TOS: METAMORFÓSIS EE. UU., 1967
Título original: Metamorphosis
Dirección: Ralph Senensky
Guión: Gene L. Coon
Producción: Gene L. Coon
Música: George Duning
Fotografía: Gerald Perry Finnerman
Duración: 50 min.
IMDb:
Reparto: William Shatner (James T. Kirk); Leonard Nimoy (Spock); DeForest Kelley (McCoy); Glenn Corbett (Zefram Cochrane); Elinor Donahue (Nancy Hedford); James Doohan (Scott); George Takei (Sulu); Nichelle Nichols (Uhura)
Temporada: 2, Episodio: 9

METAMORFOSIS es un gran episodio clásico de Star Trek. Lo tiene todo: un buen guión, obra de Gene L. Coon, que ya había escrito el excelente episodio EL DIABLO EN LA OSCURIDAD (THE DEVIL IN THE DARK) de la primera temporada; buenas interpretaciones de los actores principales y una fabulosa actuación de las estrellas invitadas, que casi casi se meriendan a Shatner y compañía; una adecuada partitura musical, compuesta por George Duning, autor, entre otras inolvidables composiciones, del tema de la película PICNIC; unos excelentes (para la época) FXs, y, sobre todo, una hermosa historia, misteriosa y subyugante, que engancha al espectador hasta su sorprendente y maravilloso final.

Nancy Hetford
Nancy Hetford

Comienza el episodio con Kirk, Spock y McCoy a bordo de una lanzadera, que se dirige al encuentro de la Enterprise después de recoger a la comisaria Nancy Hetford. Esta mujer, importantísimo miembro del cuerpo diplomático de la Federación, está especializada en mediar en los conflictos políticos para evitar que acaben degenerando en guerras. La misión de la Enterprise es llevarla a Épsilon Canaris III, planeta en el que la situación política es muy tensa, a fin de que intente lograr un acuerdo entre las facciones enfrentadas que impida el estallido de la guerra. A pesar de su condición de diplomática, la Hetford es una mujer insufrible, que no parece estar a gusto con nada y protesta por todo. Ha contraído una enfermedad rarísima, contra la que no estaba vacunada, y por tanto urge llevarla a la nave estelar, para que reciba el tratamiento adecuado en la unidad médica y pueda seguir adelante con su misión.

Cuando aún faltan cuatro horas para que la lanzadera enlace con la Enterprise, aparece una extraña nube luminiscente que, envolviendo a la navecilla, la arrastra hasta un solitario planetoide. Una vez allí, la nube se esfuma como si nunca hubiera existido, y los cuatro humanos quedan abandonados a su suerte.

Los motores de la lanzadera, aunque en perfecto estado, no funcionan. Kirk y Spock apenas tienen tiempo de sorprenderse por esto, porque en ese mismo momento aparece un hombre. El desconocido, que parece llevar bastante tiempo fuera de la circulación, expresa una inmensa alegría al verles. Reconoce a Spock como vulcano, y se muestra interesado y sorprendido por el diseño de la lanzadera, aunque ignora la existencia de la Federación. Se presenta a sí mismo como Cochrane y les advierte que no podrán hacer funcionar la navecilla, pues según él, en ese planetoide hay algún tipo de campo amortiguador, de origen desconocido, que anula los sistemas de propulsión de cualquier nave.

McCoy ha comprobado con el tricorder que el tal Cochrane, que a Kirk le resulta vagamente familiar sin saber por qué, es totalmente humano. El extraño individuo les invita a visitar su casa, que construyó con los materiales de su nave espacial. Una vez en la vivienda, y mientras su anfitrión les prepara unas bebidas, la nube luminiscente se aparece de nuevo brevemente ante nuestros héroes . Kirk interroga a Cochrane sobre el particular, y aunque éste al principio se muestra reacio a responder, acaba admitiendo que esa nube es un ser vivo, al que llama el Compañero. Pero lo más sorprendente de todo, lo que deja a nuestros amigos boquiabiertos, es la identidad de ese hombre. Cuando Kirk le pregunta por su nombre de pila, él responde que se llama Zefram. Zefram Cochrane, de Alfa Centauro. El descubridor del Factor Espacial, o sea, lo que ahora conocemos como motor Warp. Pero según la historia, Zefram Cochrane lleva muerto más de ciento cincuenta años.

Glenn Corbett
Glenn Corbett

Cochrane relata brevemente su odisea a los oficiales de la Enterprise. A la edad de ochenta y siete años, sintiendo próxima su muerte, decidió morir en el espacio, así que se perdió entre las estrellas a bordo de su nave monoplaza. La criatura luminiscente lo encontró y lo llevó a aquel planetoide, rejuveneciéndolo y manteniéndolo con vida, sin envejecer, durante más de un siglo y medio. Pero la falta de contacto con otros seres humanos era insoportable para él, y así se lo hizo saber al Compañero, creyendo que éste le dejaría marchar. Pero en vez de eso, la criatura había capturado a Kirk y los demás para que le hicieran compañía.

La comisaria Hetford empeora por momentos y Kirk le pide a Cochrane que se comunique con el Compañero y trate de hacerle entrar en razón para que los deje ir. Como esto no funciona, el capitán, que siempre ha tenido muy claras sus prioridades, decide neutralizar a la criatura empleando un aparato construido por el vulcano. Pero esto también falla, y sólo la intervención de Cochrane impide que el Compañero mate a Kirk y Spock.

Al fracasar la opción agresiva, Kirk, siguiendo el consejo de Bones, que le recuerda que es diplomático además de militar, le pide a Spock que modifique el traductor universal para poder comunicarse con la criatura sin necesidad de la mediación de Cochrane. Por fin, logran entenderse con el extraordinario ente, descubriendo algo que obligará a Kirk a replantearse toda su estrategia. El Compañero es en realidad la Compañera, una hembra, que además ama a Zefram. Cochrane reacciona muy mal ante esta revelación. Es un hombre del siglo XXI y aún conserva ciertos prejuicios respecto a los seres de otras especies. Considera inmoral que la compañera profese esa clase de sentimientos hacia él. Kirk, Spock y McCoy, hombres del avanzadísimo siglo XXIII, no pueden comprender esa actitud. La comisaria Hetford, ya muy enferma y postrada en cama, casi sin fuerzas para moverse, tampoco comprende que alguien rechace el amor que se le ofrece, sobre todo porque ella, que ha alcanzado la cima de su profesión y goza del respeto y la admiración de sus colegas, sólo ha obtenido prestigio, pero nunca ha sido amada por nadie.

Kirk apela a los sentimientos de la Compañera hacia Cochrane, tratando de hacerle comprender que no puede amarlo plenamente porque no es humana. El ser luminiscente reacciona de una forma inesperada. La comisaria Hetford está agonizando, apenas le quedan unos minutos de vida, y la Compañera se fusiona con ella, adquiriendo así apariencia humana. Cochrane, al principio, muestra cierto temor ante la nueva Compañera. Pero acaba admitiendo que también él siente algo por ella, que en realidad lo ha sentido siempre. Y ese sentimiento se magnifica al saber que ella ha renunciado a sus extraordinarios poderes y a la inmortalidad sólo para ser humana y así poder estar, realmente, a su lado.

Zefram y Nancy /Compañera se quedarán para siempre en el planetoide, pues la vida de ella, la fuerza que la sustenta, emana de ese lugar, y si lo abandona durante más de unos pocos días, morirá. Como dice Spock, no habrá inmortalidad, envejecerán y morirán. Pero eso a ellos no les importa, porque ahora estarán realmente juntos.

Bien, éste es el argumento de METAMORFOSIS, una hermosa historia de amor presentada en clave de SF. Estamos, sin duda, ante uno de los mejores episodios de la serie clásica, pues tiene todos los ingredientes necesarios para satisfacer al trekkie más exigente: la inquebrantable amistad del trío protagonista, las magníficas reacciones de nuestro idolatrado James Tiberius Kirk, la insaciable curiosidad científica de Spock y los valores progresistas que caracterizaron a esta extraordinaria serie, a mi juicio nunca superada por ninguna otra.

Los actores invitados están realmente soberbios en sus papeles. Glenn Corbett era un rostro muy popular en la tv de los años sesenta, gracias a la serie Conquistando el Oeste y a sus numerosísimas apariciones como artista invitado en otras producciones catódicas. Pero quien se lleva la palma es Elinor Donahue. Esta bellísima actriz nos ofrece una fabulosa interpretación de la comisaria Nancy Hetford, una mujer que nos muestra, a lo largo del episodio, tres personalidades distintas. Al principio se muestra como una persona inteligente y capaz, pero muy desagradable, con expresiones agrias, gestos hoscos y miradas despectivas. Cuando la enfermedad lacera su cuerpo, es una persona asustada y desvalida, que ansía y necesita desesperadamente el amor que nunca ha tenido. Y al final, al acoger su cuerpo a la Compañera, se transforma en una mujer dulce, llena de amor, dispuesta a darlo todo, incluso su vida, por el hombre que ama. Gracias a este papel, Elinor Donahue consiguió ser recordada con cariño por los trekkies, convirtiéndose en una de las féminas más admiradas de ST, junto a Edith Keeler (Joan Collins) en LA CIUDAD EN EL LÍMITE DE LA ETERNIDAD, la hermosa androide Andrea (Sherry Jackson) de ¿DE QUÉ ESTÁN HECHAS LAS NIÑAS PEQUEÑAS? la intensa Elaan (France Nuyen) de ELAAN DE TROYIUS, la dulce Miramanee (Sabrina Scharf) de SÍNDROME DEL PARAÍSO o la desdichada Zarabeth (Mariette Hartley) de TODOS NUESTROS AYERES.

Efectos especiales
Efectos especiales

Los FXs son estupendos, considerando los más de cuarenta años transcurridos desde que se rodó el episodio. Disfrutamos de nuevo de una de las características lanzaderas cúbicas de la serie clásica, que vimos por vez primera en el episodio EL GALILEO SIETE, de la primera temporada. El planetoide nos lo muestran como un mundo extraño, pero no hostil, en el cual el color predominante es el morado en todas sus variedades, incluyendo un hermoso cielo color lavanda. En cuanto a la casa de Cochrane, ostenta un diseño sobrio y funcional.

La Compañera es uno de los grandes aciertos del episodio. Según los instrumentos de Spock, se trata de una nube de gas ionizado con fuertes impulsos eléctricos. Es una criatura de aspecto misterioso, pero de gran belleza. Cuando Cochrane se comunica con ella, ésta le envuelve delicadamente, como si fuera un velo de tul, casi como si se fundieran en una sola entidad. Esta es una de las escenas más hermosas del episodio. El efecto fotográfico empleado para recrearla es, a pesar de su aparente sencillez, espléndido, uno de los mejores de toda la serie, sólo superado por la famosa ameba de SÍNDROME DE INMUNIDAD y la no menos popular malla de hilos de energía de LA TELARAÑA THOLIANA.

Para escanear los sistemas de la lanzadera, Spock emplea un curioso y complejo aparato que volveríamos a ver en LA MÁQUINA DEL DÍA DEL JUICIO FINAL. Por desgracia, a la hora de presentarnos el traductor universal no estuvieron tan acertados, pues se trata, ni más ni menos, que de una vulgar linterna cilíndrica, de las de toda la vida, con algún añadido por aquí y por allá para tratar de darle aspecto de artefacto sofisticado.

La acción del episodio transcurre casi en su totalidad en el planetoide. No obstante, hay algunas escenas a bordo de la Enterprise, comandada ahora por nuestro apreciado Scotty, que está dispuesto a registrar la galaxia entera, si es necesario, para encontrar a Kirk, Spock y McCoy.

El personaje de Zefram Cochrane volvería a parecer en ST VIII: PRIMER CONTACTO, con el rostro de James Cronwell, que volvería a interpretarlo en una breve secuencia del episodio piloto de ENTERPRISE. Pero para mi, el genuino Zefram Cochrane siempre será Glenn Corbett.

METAMORFOSIS, uno de los grandes episodios del ST clásico, un magnífico ejemplo de que la SF es muchísimo más que batallitas espaciales y monstruos sin cuento.

© Antonio Quintana Carrandi, (1.842 palabras) Créditos