TANATOMANÍA
TANATOMANÍA Sergio Parra
Título original: ---
Año de publicación: 2007
Editorial: Juan José Aroz, Editor
Colección: Espiral, ciencia-ficción nº 39
Traducción: ---
Edición: 2007
Páginas: 203
ISBN:
Precio: Descatalogado

La tentación de anacronizar (menudo palabro que me acabo de inventar) la Revolución Industrial es tan poderosa, que hasta se ha creado una corriente dentro de la ciencia-ficción que explora lo que podría haber sido aquella época si las pilas de Volta y las calderas de vapor hubieran dado vida a mecanismos fabulosos, más allá de la imaginación y medios, de aquellos ingenieros que tendieron los primeros ferrocarriles y comenzaron a desarbolar mercantes y navíos de línea.

El steampunk (por contraposición al ciberpunk) bebe directamente de los inventos descritos por Verne, pero los adapta a sus propias necesidades y acaba por retorcerlos de tal manera que en muchas ocasiones los argumentos se embrollan de una forma tan desaforada que ni siquiera como especulación razonable tienen un mínimo de sentido. No es tanto la máquina anacrónica o el material fabuloso, como la tentación de usar recursos más propios de la fantasía, lo que hace que mucha veces el steampunk naufrague clamorosamente. Tiene su público, desde luego, pero no me cuento entre él.

En esta novela, Sergio Parra propone un Madrid fernandino en el que todo es, en apariencia, igual que el Madrid fernandino que todos conocemos a excepción de un detalle tan asombroso como sorprendente. Entre los madrileños (los europeos en general) se mueven unos maravillosos autómatas al servicio de sus propietarios. Estos autómatas semejantes a los seres humanos, a excepción de su rostro sin facciones, demuestran una inteligencia en muchas ocasiones superior a la de muchos madrileños de pro. Fieles a sus dueños, no son sin embargo una amenaza para nadie porque su construcción peca de endeble, pero como digo, su inteligencia es tal que incluso la novela está escrita en primera persona por uno de ellos.

La aventura comienza cuando don Eduardo Contreras, un huraño librero de la calle Fuencarral recibe de Luis Candelas un cuaderno de notas, aparentemente en blanco, que acaba desquiciándole y embarcando a Sanclair, su fiel autómata, y a la banda de Luis Candelas en un alocado viaje hacia un extraño lugar en la frontera de Francia con Suiza.

No siempre las buenas ideas reciben el tratamiento adecuado para convertirlas en grandes películas o grandes novelas. No es fácil, por supuesto, pero cuando un concepto o universo lo suficientemente atractivo se queda a mitad de camino queda la duda de si el autor todavía no estaba preparado para embarcarse en tal empresa o que simplemente no era consciente de lo que se traía entre manos.

En TANATOMANÍA se presiente lo primero. Hay demasiada precipitación en todo lo que sucede como para suponer una planificación reposada de la novela, y detalles desconcertantes, como ciertas habilidades de los autómatas, a los que se supone incapaces de distinguir claramente un rostro humano de otro, pero si de leer de corrido cualquier texto, incluso braille pese a la insensibilidad de sus dedos, o deus ex machina demasiado evidentes, como el oportuno y universal conocimiento de Luis Candelas allá por donde pasan los viajeros.

Pero lo peor es el final, enrevesado y caótico, es un total sin sentido, al menos en la forma en la que Sergio Parra lo ha planteado y descrito, sin este final tan retorcido la novela se hubiera quedado en un entretenimiento un tanto cojo pero agradable y de lectura agradecida (aunque la excusa de la poca habilidad como narrador de Sanclair no basta para perdonar ciertos descuidos) por no hablar de que deja demasiados hilos sueltos y no resuelve, y ni siquiera lo pretende, todos los planteamientos iniciales de la novela.

En cualquier caso la idea está ahí, a la espera de una reelaboración profunda y coherente.

© Francisco José Súñer Iglesias, (603 palabras) Créditos