ATMÓSFERA CERO
ATMÓSFERA CERO EE.UU., 1981
Título original: Outland
Dirección: Peter Hyams
Guión: Peter Hyams
Producción: Warner BROS
Música: Jerry Goldsmith
Fotografía: Stephen Goldblatt
IMDb:
Reparto: Sean Connery (O'Neil); Peter Boyle (Sheppard); Frances Sternhagen (Lazarus); James Sikking (Montone); Kika Markham (Carol); Clarke Peters (Ballard); Steven Berkoff (Sagan); John Ratzenberger (Tarlow); Nicholas Barnes (Paul O'Niel); Manning Redwood (Lowell)

En 1952, Fred Zinneman, uno de los grandes realizadores del Hollywood clásico, rodó SOLO ANTE EL PELIGRO (HIGH NOON) una obra maestra del género western, protagonizada por un espléndido Gary Cooper y una bellísima Grace Kelly. La película narraba la historia de un honesto sheriff que debe enfrentarse en solitario, y ante la pasividad de sus cobardes conciudadanos, a un grupo de pistoleros que se la tienen jurada.

Veintinueve años más tarde, Peter Hyams escribió y dirigió un remake en clave espacial de aquel western genial, y el resultado fue una de las mejores películas de ciencia-ficción estrenadas en la década de los 80. ATMÓSFERA CERO es, sin duda, uno de los mejores trabajos de Hyams, un director cuyo talento aún no ha sido justamente reconocido por los que se autodenominan críticos de cine.

La acción se sitúa en una colonia minera en un satélite de Júpiter. El nuevo jefe de seguridad de la colonia, el sheriff O誰eil (Sean Connery) decide investigar la muerte de un minero que, supuestamente, se ha suicidado. El sheriff está pasando por una mala racha a nivel personal, pues su mujer le ha abandonado, harta de la vida errante que lleva nuestro héroe, llevándose al hijo de ambos a la cercana estación espacial, con la intención de tomar la primera nave que salga hacia la Tierra. La investigación del supuesto suicidio se convierte en una especie de válvula de escape, que le permite evadir su mente, aunque sea sólo temporalmente, del abandono de su mujer. Pero conforme avanza su investigación, el honesto O誰eil va descubriendo una trama de corrupción que implica no sólo a los altos directivos de la todopoderosa compañía que controla la concesión minera, si no también a los policías de la colonia. O誰ei l descubre que la compañía está suministrando droga a los mineros para que trabajen con más ahínco, en jornadas extenuantes, aumentando así sus beneficios extraordinariamente. Pronto el sheriff se dará cuenta de que está prácticamente sólo, sobre todo cuando uno de sus ayudantes, que parecía estar dispuesto a echarle una mano, es asesinado. Al no aceptar el soborno que veladamente le había ofrecido el director de la colonia minera, el policía parece haber firmado su sentencia de muerte. Los jefazos de la compañía deciden enviar dos asesinos a sueldo para eliminar el molesto estorbo que representa el honrado sheriff. Toda la colonia le hace el vacío, apartándose de él como si fuera un apestado, considerándole poco menos que un cadáver andante. Sólo la doctora de la estación minera le ayudará, en la medida de sus posibilidades.

La película es un brillante ejercicio de cine de género. O mejor debiéramos decir de géneros, porque ATMÓSFERA CERO contiene elementos de tres de los géneros más populares del cine. Es una película de ciencia-ficción por su ambientación futurista, su trama es netamente policiaca y su resolución, con un épico duelo entre los pistoleros y el honrado sheriff, tiene todo el sabor de un western clásico. Si en el film de Zinneman el reloj se convierte en protagonista de la historia, en éste ocurre lo mismo. Un cronómetro digital, que la cámara enfoca obsesivamente cada poco, va señalando el tiempo que queda hasta que arribe a la colonia la lanzadera en la que viajan los asesinos a sueldo de la compañía minera. Para acentuar la similitud con un western, Hyams planificó las escenas en el tugurio de la colonia como si se desarrollaran en un saloon de Wichita en 1880, con un ambiente cargado de humo de cigarrillos, vapores alcohólicos y música chirriante.

Uno de los mayores aciertos de esta película son los magníficos decorados creados por Harrison y Middleton, capaces de transmitir al espectador la agobiante sensación de rutina, aislamiento y pesadez, propia de una comunidad aislada. La estación minera es el equivalente futurista de aquellos poblachos mineros de la época de la conquista del Oeste, o de la fiebre del oro de Alaska, a finales del siglo XIX. Por vez primera en la ciencia-ficción se nos muestra una colonia minera realista, muy alejada de los diseños inmaculados tipo Star Trek que habíamos visto hasta entonces.

Por una vez, y sin que sirva de precedente, el título español es mucho mejor que el original inglés. OUTLAND significa algo así como extraterreno, o extraterráqueo, aunque también puede traducirse por fuera de la Tierra. Sin ningún género de dudas, ATMÓSFERA CERO queda mucho mejor.

¿Una pifia de esta excelente película? O誰eil provoca la rotura de una cúpula de presión para tratar de deshacerse de los pistoleros. Muy espectacular, salvo por un pequeño detalle: en el vacío, los cuerpos ni se hinchan ni estallan. Simplemente, se muere de asfixia y frío, pero el cuerpo ni se deforma ni explota cual sandía arrojada desde un quinto piso. Una película que incide en el mismo error es DESAFÍO TOTAL, de Verhoeven.

Una cosa que me decepcionó fueron las armas que aparecen en el film. No se nos dice en qué año transcurre la acción, pero me imagino que será dentro de un siglo o así. Y supongo que para entonces ya dispondremos de armas ligeras mucho más sofisticadas que las modestas escopetas repetidoras que usan O誰eil y sus enemigos, modelos fácilmente reconocibles para cualquier buen aficionado a las armas.

Sean Connery y el resto del elenco de actores están soberbios, lo que unido a la magnífica dirección de Hyams, la tensa y sugerente partitura de Goldsmith, los eficaces FXs de Stears, la excelente fotografía de Goldblatt y los espléndidos decorados de Harrison y Middleton, hacen de ATMÓSFERA CERO un verdadero clásico de la ciencia-ficción.

© Antonio Quintana Carrandi, (931 palabras) Créditos