EL MONSTRUO DE LAS GALLETAS
EL MONSTRUO DE LAS GALLETAS Vernor Vinge
Título original: The Cookie Monster
Año de publicación: 2003
Editorial: Grupo AJEC
Colección: Albemuth Bolsillo nº 13
Traducción: Claudia de Bella
Edición: 2006
ISBN:
Precio: 10 EUR

El cyberpunk nunca me ha gustado, fundamentalmente, por su tendencia al exceso y a la pose hueca. Que algunos afortunados conceptos y términos usados por sus primeros cultivadores hayan obtenido una cierta transcendencia y hayan calado hondo en el imaginario popular no significa que esas obras, por si mismas, tengan más valor que el de haber inventado un nuevo héroe romántico adolescente, usufructario del Emperador de Todas las Cosas de Spinrad. Este héroe tecnológico imperturbable está más allá del bien y del mal, se hace rodear de acólitos tan envarados como él mismo y con parecidas habilidades y entre todos son capaces de acosar y derrotar al Poder Supremo encarnado en alguna multinacional japonesa con lamentables sistemas de seguridad informáticos.

Del resto no se puede salvar nada. Ni supuestos tecnológicos ni sociales, de hecho, obras clarividentes y con bastante menos pretensiones como ORA:CLE, dan uno y otro pase de pecho a cualquier obrita cyberpunk, tanto en el aspecto puramente tecnológico, como en la descripción de esa supuesta alienación que sufre el hombre ante el hombre y el hombre ante la máquina.

De igual modo, en las dos novelas cortas de Vernor Vinge, que se encuentran en éste volumen, EL MONSTRUO DE LAS GALLETAS (que le da título) y ACELERADOS EN EL INSTITUTO FAIRMONT, no nos encontraremos con héroes de pose existencial ni hackers con un gotero terminado en un RJ-45 inyectado en vena. Serán muchachitas de la California rural o espabilados estudiantes de algo equivalente al final de la enseñanza primaria, enredándose con tecnología punta que, sin embargo, no es nada extraordinario para ellos, es su día a día.

En EL MONSTRUO DE LAS GALLETAS un grupo de nuevos empleados de LotsaTech (obviamente un juego de palabras que la traductora explica en un pie de página) pasan entre nerviosos e ilusionados su primer día de trabajo en el servicio de atención al cliente. Poco antes del almuerzo, una de ellas, Dixie Mae, recibe un mensaje obsceno con demasiados detalles íntimos que la lleva a investigar su procedencia. Todo indica que el remitente está dentro del campus de LotsaTech, y Dixie arrastra consigo a todo el que encuentra en su camino para dar con el culpable. Es muy interesante la burla que hace Vinge de los servicios de atención al cliente de las grandes empresa; como la inversión en los mismos es mínima, por definición son nefastos, sin embargo, LotsaTech ha encontrado un ingenioso método para que la atención sea eficaz y personalizada. Por supuesto, el método no va a gustar a Dixie ni a sus compañeros.

ACELERADOS EN EL INSTITUTO FAIRMONT cuenta como un equipo de estudiantes del instituto supera las pruebas de fin de curso. Algunas son curiosas, por ejemplo, en una los estudiantes deben ser capaces de desenvolverse completamente desconectados de la red. Sólo su memoria, sus percepciones naturales y su habilidad intrínseca. Es la más terrorífica de todas, pero no es sobre la que trata el relato, sino de la investigación que Juan Orozco y Miri Gu llevan a cabo en un parque natural, con equipo ciertamente anticuado debido a las restrictivas normas del parque. Lo notable del relato es el retrato de un mundo futuro mestizo, Juan es hispano y Miri china, pero eso nunca se menciona como característica diferenciadora, y permanentemente conectado a la red.

Lo extraordinario de los personajes de estos dos relatos es que no son en absoluto extraordinarios. Los desorientados empleados de EL MONSTRUO DE LAS GALLETAS son simples asalariados que pretenden mejorar su nivel de vida y estatus gracias a un empleo limpio y de responsabilidad. Los traviesos chiquillos del Instituto Fairmont solo están elaborando un trabajo escolar. Nada de la suciedad ni la cansina pose existencial del cyberpunk, la suciedad siempre la habrá, es inevitable en sociedades en las que los neo-con y los liberales puedan imponer en parte o en todo sus principios sociales y económicos, y las poses existenciales existirán mientras existan adolescentes, pero ni toda la sociedad es sucia, ni todos sus miembros adolescentes desorientados.

El estilo de Vernor Vinge no es sin embargo especialmente atrayente. Relata las historias con monotonía y una cierta desgana, lo que no ayuda a mantener la atención sobre ellas, y al no señalar con precisión los puntos de inflexión de los relatos, las cuestiones de importancia se pueden pasar sin haber reparado en ellas.

No obstante, son una visión muy interesante de lo que está por venir.

© Francisco José Súñer Iglesias, (838 palabras) Créditos