EL ÚLTIMO HOMBRE VIVO
EL ÚLTIMO HOMBRE VIVO EE.UU., 1972
Título original: The Omega Man
Dirección: Boris Sagal
Guión: John William y Joyce H. Corrington, sobre la novela de Richard Matheson
Producción: Walter Seltzer, para Warner Bros
Música: Ron Grainer
Fotografía: Russell Metty
Duración: 98 min.
IMDb:
Reparto: Charlton Heston (Robert Neville); Anthony Zerbe (Jonatan Mathias); Rosalind Cash (Lisa); Paul Koslo (Dutch); Lincoln Kilpatrick (Zachary)

Sinopsis

En 1975, una guerra bacteriológica entre la URSS y la República Popular China provocó una plaga que exterminó al noventa y cinco por ciento de la humanidad. Dos años después, en 1977, los escasos supervivientes son, en realidad, mutantes albinos que no pueden soportar la luz, por lo que sólo salen de noche. La plaga ha afectado también su comportamiento, caracterizado por rasgos psicopáticos extremos, que los convierten en verdaderas fieras sedientas de sangre.

Sin embargo, en la ciudad de Los Ángeles estos mutantes están organizados en una secta, La Familia, creada por Jonathan Matthias, antiguo periodista televisivo de éxito, reconvertido en líder de estos nuevos apestados, que le obedecen con perruna fidelidad. Matthias considera la plaga una especie de designio divino, que, según él, se ha abatido sobre la humanidad para castigar su dependencia de las máquinas. En su locura, Matthias ha desarrollado un odio malsano hacia la ciencia y la tecnología, por lo que La Familia, en sus salidas nocturnas, se dedica a destruir museos, bibliotecas, universidades, laboratorios, etcétera.

Sólo existe un hombre en la ciudad que no ha sido afectado por la plaga, ya que, en el último momento, se inyectó una dosis de una vacuna experimental. Ese hombre es el coronel RobertNeville, antiguo oficial del Cuerpo Médico del US Army. Completamente solo, sin esperanza de encontrar a nadie más como él, Neville se dedica a exterminar a cuanto mutante se le pone a tiro, y a buscar denodadamente el cubil en el que se ocultan durante el día Matthias y el grueso de La Familia.

Matthias odia a Neville. Una noche consigue capturarle, condenándole a muerte en una sórdida y macabra parodia de juicio. Pero, cuando los monstruos se disponen a quemarlo vivo en una hoguera, es liberado casi milagrosamente por un hombre y una mujer que, al menos en apariencia, parecen estar completamente sanos.

Para Montse.

Neville bien armado
Neville bien armado

La verdad es que la vertiente postapocalíptica del cine de ciencia-ficción no es una de mis favoritas, aunque reconozco que tiene algunos títulos muy potables. El problema es que, como tantos otros temas cinematográficos, últimamente se ha convertido en un vehículo para ideologizar a las nuevas generaciones, presentándoles, astutamente envueltos en argumentos más o menos entretenidos, dogmas y consignas varias de inequívoca procedencia woke. ¿Alguno de ustedes, amables lectores, se ha detenido a contabilizar el número de absurdas producciones del género, consagradas a aterrorizar a la gente con supuestos desastres ecológicos? Un servidor sí, y puedo asegurarles que la cifra resultante es mareante.

Sin embargo, cintas como EL ÚLTIMO HOMBRE VIVO reconcilian al buen aficionado con la rama apocalíptica de la SF. Esta es, en mi modesta opinión de cinéfilo curtido en miles de lances cinematográficos, la mejor adaptación fílmica de la obra de Richard Matheson, muy superior en todo a las versiones protagonizadas por Vincent Price y Will Smith.

Uno de los grandes aciertos de la película es su comienzo. Hay un pequeño prólogo, con unas tomas aéreas de la ciudad de Los Ángeles, completamente vacía, aunque vemos un solitario descapotable rojo circulando por las anchurosas avenidas. El conductor del coche, Heston, pone una cinta en el casete y escuchamos una suave melodía. De pronto, frena, se echa una metralleta a la cara y dispara una larga ráfaga contra las ventanas de un edificio, en cuyos cristales se recorta una sombra furtiva. Luego arranca de nuevo el coche y se aleja a gran velocidad. Mientras aparecen los títulos de crédito, acompañados por la estupenda composición musical de Ron Grainer, la cámara sigue al Ford XL rojo de 1970 de Robert Neville, mostrándonos la desolación de la antaño populosa urbe californiana. La cámara enfoca fugazmente la terraza de un edificio de apartamentos, donde hay dos personas muertas, en unas tumbonas de lona, y comprendemos que, seguramente, murieron mientras estaban tomando el sol. Pocas veces los títulos de crédito han sido utilizados tan inteligentemente en el cine.

Charlton Heston nos ofrece, como siempre, una gran interpretación llena de matices, logrando hacernos partícipes de la espantosa soledad en que vive Robert Neville. Le vemos hablando con un inexistente vendedor de coches y jugando al ajedrez con un busto de Julio César, y comprendemos que lo hace para no acabar volviéndose completamente loco. La soledad de Neville es como una muerte en vida. Lo único que le mantiene cuerdo es su obsesión por acabar con Matthias y La Familia, labor a la que dedica todos sus esfuerzos. El espectador es consciente de que, a pesar de su gran fortaleza y presencia de ánimo, acabará sucumbiendo a esa monstruosa soledad. A veces la mente le juega malas pasadas, como esa fantástica escena en que, de pronto, comienza a oírse el timbre de un teléfono y Neville, haciendo un esfuerzo casi sobrehumano, tiene que gritarse a sí mismo que el aparato no está sonando.

Los calendarios también se convierten en protagonistas de la historia, como macabros recordatorios del fin de la civilización que conocimos. Cuando Neville entra en un concesionario en busca de un nuevo coche, lo primero que ve es un almanaque colgado en la pared, mostrando la hoja de marzo de 1975, mes en el que estalló la guerra entre Rusia y China que provocó la plaga bacteriológica que aniquiló a la humanidad. Con gesto brusco, mezcla de rabia, impotencia y dolor, Neville arranca el calendario de la pared y lo arroja al suelo. Más adelante, será Lisa la que se encuentre otro calendario y mire a Robert con infinita tristeza.

La familia asalta la casa de Neville
La familia asalta la casa de Neville

Matthias y su Familia­ son otra gran baza del film. Anthony Zerbe borda su papel de líder mesiánico de esta especie de secta seudo vampírica. Los miembros de La Familia visten largos hábitos negros con capuchas, como si fueran monjes medievales, y muestran una sumisión absoluta hacia Matthias, que ejerce una influencia casi hipnótica sobre los desgraciados mutantes. Esto puede considerarse como una crítica a los personajes que pululan por la caja tonta, y al ascendiente que tienen sobre las masas estultas, ya que, como se nos muestra en un par de flashback, antes de la guerra Matthias era un popular presentador de televisión muy progre, que seguramente tenía un buen número de iletrados seguidores.

La Familia representa el oscurantismo más absoluto, lo que queda patente en el juicio a Robert Neville, quien, una vez condenado, es conducido hasta la hoguera en un carro, con un capirote en la cabeza, mientras los miembros de la siniestra secta le insultan y amenazan. Esta escena nos recuerda poderosamente los abominables procesos llevados a cabo por la Inquisición en tiempos pretéritos, y sirve para mostrar al espectador el grado de degeneración social y moral al que han llegado los seguidores de Matthias, en parte por la enfermedad que les corroe, en parte por su fanatismo.

Uno de los momentos más inolvidables de la película es cuando la niña, interpretada por Jill Giraldi, le pregunta a Robert si él es Dios. En un mundo tan horrible, donde todos saben que, antes o después, acabarán siendo víctimas de esa especie de peste, alguien completamente sano, como Neville, que además destruye sin piedad a los mutantes, le debe parecer a esa pobre criatura poco menos que un ser sobrenatural.

Evidentemente, Neville no es ningún Dios, pero sí el último hombre realmente vivo que queda sobre La Tierra. Dado que es inmune a la plaga, Robert, con la ayuda de Dutch, desarrolla un suero a partir de su sangre que prueba en Richie, que ya muestra síntomas avanzados de la enfermedad. Aunque el muchacho se recupera, acabará siendo asesinado por el fanático Matthias, quien también logrará matar a Neville. Pero en el último momento, un moribundo Robert entrega a Dutch un frasco de vidrio que ha llenado con su propia sangre, que mana como un torrente de la herida mortal que le ha infligido el líder de La Familia. Robert Neville ha sucumbido ante los mutantes, que han conseguido destruirle; pero, a la vez, se erige en la esperanza de continuación de la raza humana, mientras Matthias y sus vampíricos seguidores están condenados a la extinción.

Conociendo a Lisa
Conociendo a Lisa

La chica de la función es Rosalind Cash (1938-1995). Esta actriz tuvo una carrera discreta. Su película más recordada, porque su papel, siendo secundario, tenía cierta importancia, es precisamente EL ÚLTIMO HOMBRE VIVO. En EL BUSCAVIDAS (THE HUSTLER, Robert Rossen, 1961) apareció brevemente en el papel de camarera, pero sin acreditar. Lo mismo en KLUTE (Ídem, Alan J. Pakula, 1971), uno de los primeros films en que trabajo el luego muy popular Sylvester Stallone. Se la vio también en el policiaco LOS NUEVOS CENTURIONES (THE NEW CENTURIONS, Richard Fleischer, 1972) como la enfermera Lorrie. Aparte los títulos mencionados, no se destacó en la pantalla grande, por lo que gran parte de su carrera se desarrollaría en televisión, casi siempre como actriz invitada en diversas series.

La participación de Rosalind Cash en EL ÚLTIMO HOMBRE VIVO no se debió, como recuerdo haber leído en algún comentario de la película, obra de un progre descerebrado, a que el productor apostara por incluir a una mujer negra en la época de eclosión del blaxploitation, sino, simplemente, a motivos presupuestarios: su caché era relativamente bajo, en comparación con el de otras actrices. De modo que el romance interracial, que tanto parece poner a determinados espectadores actuales, no fue mas que algo impuesto por las circunstancias económicas, y no una declaración de intencionalidad política.

El film contiene una de las estupendas interpretaciones de Charlton Heston (1923-2008), uno de los mejores actores clásicos que se dieron a conocer en la década de 1950. Al contrario que muchos de sus colegas, Heston ni se encasilló ni tuvo nunca problemas con los géneros cinematográficos, siendo un intérprete todo terreno, con una camaleónica habilidad para adaptarse a cualquier rol que le cayera en suerte. En lo que a la ciencia-ficción se refiere, su nombre ha quedado asociado para siempre a tres clásicos indiscutibles: la cinta que nos ocupa, EL PLANETA DE LOS SIMIOS (PLANET OF THE APES, Franklin J. Schaffner, 1968) y CUANDO EL DESTINO NOS ALCANCE (SOYLENT GREEN, Richard Fleischer, 1973), que además fue la última película del gran Edward G. Robinson.


Notas

Aunque durante mucho tiempo creí que esta secuencia había sido rodada empleando una maqueta, en realidad se filmó a las seis de la mañana de un domingo, pues, por aquel entonces, era habitual que las principales arterias de las grandes urbes estadounidenses estuvieran desiertas en ese momento. N del A.

El film es una verdadera gozada para todo buen aficionado a las armas. El subfusil (metralleta) que emplea Neville en esta escena, y en algunas otras, es un Smith & Wesson M76. La gestación de esta arma es muy interesante. Los SEAL de la marina, creados por el presidente Kennedy en 1962, venían utilizando habitualmente, entre otras armas, el subfusil sueco Carl Gustaf M45. Sin embargo, como Suecia era oficialmente un país neutral, su gobierno se opuso oficialmente a que uno de los productos de su industria fuera utilizado en zonas de guerra, como ocurría en Vietnam.

El caso fue que, para evitarse problemas, la US Navy retiró del servicio los M45 suecos y estableció un concurso para dotar a los SEAL de un nuevo subfusil. Lo ganó la firma Smith & Wesson con el M76, que era muy similar a la metralleta nórdica, pero que la mejoraba sustancialmente en algunos detalles. Sin embargo, la urgencia de los pedidos militares obligó a la empresa a producirla con un acabado un tanto tosco, siendo visibles, por ejemplo, los puntos de soldadura. El arma fue bien recibida por las tropas y prestó un buen servicio en Vietnam, pero pronto sería superada por otros desarrollos. El mercado civil de la época, incluso en USA, restringía muchísimo las armas automáticas, por lo que la demanda del M76 cayó en picado y su producción cesó en 1974. Pero esta metralleta se haría muy popular a través del cine de acción setentero, hasta el punto de que, como otras armas, se fabricaron centenares de unidades detonadoras (de fogueo) para ser empleadas en producciones de Hollywood.

En EL ÚLTIMO HOMBRE VIVO, Robert Neville ha convertido su casa en una fortaleza inexpugnable, en la que ha acumulado toda clase de armamento. Así, en la cinta le vemos usar un BAR (Browning Automatic Rifle / Rifle Automático Browning) M1918A2 del calibre 30-06, equipado con visor nocturno, e incluso un subfusil alemán MP40, característico de la II Guerra Mundial. Otras armas que pueden verse en la película son la pistola semiautomática Colt modelo 1903 en calibre 32 ACP (7,65 milímetros) que empuña Rosalind Cash; la ametralladora Browning AN/M2 modelo 1919 calibre 50 (12´7 milímetros), que maneja con decisión el pequeño pero valeroso Tommy, y hasta un venerable revólver Colt Frontier, como los que aparecen en los Western, que empuña Dutch. Pero lo que más me sorprendió, como entusiasta de las armas, fue comprobar que cuando Zachary, el lugarteniente de Matthias, dispara contra Neville, lo hace con una pistola española Star de 9 milímetros, en concreto el modelo B, producido a partir de 1946 y exportado posteriormente a USA con gran éxito. N del A.

A finales de los años 60 del siglo pasado, en plena Guerra Fría, la mayor tensión política no se generó, como en el reciente pasado, entre EE UU y la Unión Soviética, sino entre la URSS y China. Esto se debió al fanatismo marxista exacerbado de Mao Tse-Tung. Tras la muerte de Stalin, y después de eliminar a sus competidores, Nikita Jruschov, decidido a lavar su imagen pública en la medida de lo posible, aprovechó el Vigésimo Congreso del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética) para denunciar los crímenes de Stalin y el culto a su personalidad. No hizo mención alguna a las atrocidades comunistas contra el pueblo ruso, sino sólo a los rojos de primera hora que fueron aniquilados junto con sus familias por orden de Stalin, para que no le hicieran sombra. De hecho, Nikita y la mayoría de los que entonces le apoyaron, había participado entusiásticamente en aquellos asesinatos múltiples. Pero la operación de lavado de imagen le salió más o menos bien, y Jrushchov consiguió que se le considerara moderado; siempre teniendo en cuenta lo que por moderación consideran los marxistas.

Aunque fue un discurso secreto, cuyo contenido el ruso de a pie tardaría décadas en conocer, los servicios de inteligencia occidentales lograron conocerlo, y, por supuesto, también los chinos. Mao, que se consideraba discípulo aventajado de Stalin y estaba aplicando en su país, corregidas y aumentadas, las delirantes políticas estalinistas, se enfureció, tachando a Jrushchov de tibio e incluso traidor al ideal marxista. El resultado fue que rompió las relaciones entre China y la URSS. Por su parte, el Politburó soviético estaba muy alarmado por la expansión mundial de la vertiente del marxismo conocida como maoísmo, que era muy popular entre un importante segmento de la juventud occidental, a la que Rusia llevaba décadas intentando ideologizar a su conveniencia. De modo que entre la Unión Soviética y China se estableció una peligrosa rivalidad, por ver cuál de las dos naciones conseguía monopolizar la estrategia comunista global. La situación se volvió mucho más inestable a partir de 1964, cuando China probó su primera bomba atómica. En 1969 se produjeron gravísimos incidentes fronterizos entre tropas rusas y chinas, lo que estuvo a punto de provocar la III Guerra Mundial. Hasta el presidente Richard Nixon valoró la posibilidad de declarar Defcon 2, código de alerta máxima militar, previo a una confrontación nuclear, que sólo había sido declarado hasta entonces en una ocasión: durante la crisis de los misiles rusos en Cuba de 1962. De modo que, viendo la situación mundial en la época, que los guionistas atribuyeran la plaga a una guerra bacteriológica entre China y Rusia no fue más que un guiño a la inquietante realidad geoestratégica del momento. N del A.

En contra de lo sostenido por algunos indocumentados, de esos que se han tragado de canto y sin ni siquiera bicarbonato las ruedas de molino de la Leyenda Negra, la secuencia no tiene nada que ver con la Inquisición española, si no más bien con la inquisiciones existentes en otros países europeos, incluidos los protestantes. De hecho, la furia inquisitorial protestante superó con mucho la católica, pues en Centroeuropa, y en los reinos que a finales del siglo XIX formarían Alemania, fueron quemadas vivas decenas de miles de personas, en su mayoría mujeres, por brujería. En la España de la época el Tribunal del Santo Oficio era, siempre ateniéndonos al momento histórico concreto, muchísimo más garantista que los tribunales civiles ordinarios, de modo que bastantes reos blasfemaban, o cometían alguna pequeña falta religiosa, para ser juzgados por la Inquisición. La tan denostada Inquisición española, por ejemplo, no aceptaba denuncias anónimas, siempre asignaba un abogado defensor al acusado y rechazaba de plano casi cualquier acusación de brujería, atribuyéndola al histerismo de la plebe. Es cierto que hubo Autos de Fe en los que se quemó en la hoguera a algunos acusados, pero estos habían sido previamente ejecutados, normalmente mediante el garrote vil, pues se consideraba que era inhumano y anticristiano hacer sufrir al condenado el tormento del fuego. En algo más de tres siglos de existencia, los ejecutados por la Inquisición española, la mayor parte de cuyos archivos aún se conservan, no llegaron a 4000. Son muchos, una enormidad si se quiere; pero entre los siglos XVI y XVII, hubo muchísimos Autos de Fe en las civilizadísimas naciones protestantes. En algunos de ellos perecieron en las hogueras hasta 5000 personas en un solo día. Mujeres, sobre todo.

Por otra parte, se le achaca a la Inquisición el secular retraso de España, pero esta falacia, profundamente sectaria y estúpida, se cae por su propio peso si consideramos que la época de mayor esplendor cultural español, nuestro Siglo de Oro, que puede situarse entre 1492 y 1659, coincidió en el tiempo con el momento de mayor peso del Tribunal del Santo Oficio. Codificar la verdadera historia de la Inquisición española, ateniéndose a la realidad de los hechos documentados, y no a las patochadas progres y a las imbecilidades de la Leyenda Negra, es una de las muchas asignaturas pendientes de la historiografía española. N del A.

Efímero, pero exitoso en su momento, subgénero del cine de acción. En líneas generales, se trataba de cintas policiacas protagonizadas por actores negros, donde se invertían los roles y los blancos pasaban a interpretar papeles secundarios o a los malos de la función. Los grandes Estudios de Hollywood, venteando las posibilidades crematísticas de un cine destinado a la numerosísima comunidad negra, apoyó el blaxploitation, si bien, por las especiales características de esta clase de películas, nunca invirtieron demasiado dinero en ellas. Las producciones de este tipo se rodaban en un par de meses, incluso en semanas, eran muy baratas y su calidad no pasaba de mediocre, en el mejor de los casos. Pero fueron tremendamente populares y, en relación con su coste, generaron bastantes beneficios, aunque su circuito de exhibición solía estar restringido a las salas de los guettos negros.

El mejor film blaxploitation, en opinión de este cinéfilo, fue CLEOPATRA JONES (Ídem, Jack Starret, 1973), con la explosiva Tamara Dobson encarnando a una expeditiva agente especial estadounidense que lucha contra el narcotráfico. Funcionó tan bien en taquilla, incluso en los circuitos de exhibición normales, que se rodó una secuela, CLEOPATRA JONES Y EL CASINO DE ORO (CLEOPATRA JONES AND THE CASINO OF GOLD, Charles Bail, 1975), de nuevo con Dobson como protagonista. Pero la musa del blaxploitation sería Pam Grier, actriz que protagonizaría un buen puñado de títulos y que, dos décadas después, cuando su carrera estaba en horas bajas, sería recuperada por el apasionado del subgénero Quentin Tarantino en JACKIE BROWN (Ídem, 1997), basándose en una novela de Elmore Leonard. N del A.

© Antonio Quintana Carrandi,
(2.988 palabras) Créditos Créditos

Sinopsis

A finales de los 70 una catástrofe tecnológica ha acabado con la humanidad. Tan solo sobrevive un grupo de seres humanos que sin embargo arrastran graves taras físicas. La principal es que no soportan la luz del sol. Odian todo lo que sea producto de la ciencia y la tecnología, y su lider es Mathias. El único hombre sano es el doctor Robert Neville (Charlton Heston), que debe evitar las emboscadas del grupo de Mathias, que pretende acabar con él o convertirlo a su causa. La sorpresa es que existe otro grupo de seres sanos (un grupo de jóvenes) que consiguen contactar con el doctor en una de sus expediciones. La trama de la película sigue entre las continuas emboscadas de Mathias y los esfuerzos por escapar de Neville y los chicos.

Basada en la novela SOY LEYENDA, de Richard Matheson, existen una buena cantidad de cambios respecto a esta, aunque la idea básica, la de un único hombre normal entre millones de seres anormales (con lo que el concepto de normalidad se pone en entredicho) se mantiene de forma fiel.

Comentarios

Se trata de una película bastante ingenua, en línea con la estética del cine de los años 70, que sin embargo aporta elementos interesantes en su argumento: El peligro de un desarrollo agresivo de la tecnología, y sus efectos sobre el medio ambiente y la humanidad.

Impactantes las escenas de un Charlton Heston caminando por la ciudad completamente desierta. Coches abandonados, comercios vacios etc.

Resulta tambien digna de reseñar la relación interracial (con sexo incluido) entre el doctor Neville y Lisa, una joven afroamericana, muy en la línea del cine contestatario de los 1970.

En definitiva, una película menor que sin embargo no molesta y que se deja ver sin mayores pretensiones.

© Ángel Pablo Molina Saorin,
(293 palabras) Créditos