MOBIUS DICK
MOBIUS DICK Andrew Crumey
Título original: Mobius Dick
Año de publicación: 2005
Editorial: Elipsis Ediciones
Colección: ---
Traducción: Jordi Mundó Blanch
Edición: 2006
ISBN:
Precio: 20 EUR

El mayor problema de la mecánica cuántica para al común de a pie es que se manejan conceptos bastante esotéricos y difíciles de comprender. Para escribir este pequeño artículo investigué, me documenté, intenté digerir todo lo leído y escribí un primer borrador que, por prudencia, di a leer a un entendido en el tema que me lo desmontó párrafo a párrafo demostrando que de digestión nada, indigestión al borde del cólico.

Algo de consuelo me queda cuando el propio Niels Bohr dijo Cualquiera que no esté impactado con la teoría cuántica no la ha entendido. Efectivamente, a mi no me impacta, simplemente me deja confuso. Temas como la dualidad onda-partícula o el principio de incertidumbre, resultan poco intuitivos y parecen más producto de algún tipo de magia negra que de sesudos razonamientos y no menos complejos cálculos.

Pero de magia nada, la mecánica cuántica funciona, sus efectos son observables y aplicables; los microscópios electrónicos se fundamentan en los trabajos del físico francés de Broglie sobre las propiedades ondulatorias de los electrones, los diodos de efecto túnel se aprovechan de que la probabilidad de que una partícula se encuentre al otro lado de una barrera de potencial es no nula (ojo al matiz, no nula) En fin, que lo que está en contra del sentido común ocurre continuamente en el mundo de las partículas subatómicas.

Una de las especulaciones más espectaculares surgidas de la mecánica cuántica quizá sea la de los universos múltiples de Everet. Sin entrar en demasiadas profundidades (ya digo que no doy mucho de si a éste respecto) todo surge a raíz del principio de incertidumbre, que viene a decir que no es posible medir un fenómeno con la suficiente precisión sin alterarlo. Esto tiene toda una serie de implicaciones para las que Everet propuso que cada medida desdoblaría nuestro universo, de modo que en un universo el fenómeno continuara tal cual y en otro siguiera alterado por la medición.

Este libro trata de eso, de al menos dos de esos universos paralelos que interaccionan entre si y que llevan a sus protagonistas (y al lector, porque no) al borde de la locura.

Todo empieza cuando John Ringer recibe un mensaje anónimo en su móvil. Llámame: H. A Ringer, obsesionado por el recuerdo de una antigua novia llamada Hellen, el mensaje le altera más de la cuenta y si todo hubiera quedado ahí quizá lo hubiera acabado por olvidar, pero la repetición sucesiva de mensajes, progresivamente más explícitos le hacen sentirse cada vez más intrigado por el origen de los mismos. En esto es requerido por un antiguo compañero para que colabore en un proyecto que pretende construir un ordenador cuántico de potencia inimaginable, pero potencialmente muy peligroso para la estabilidad de la realidad de nuestro universo. Ringer se ve envuelto entonces en una trama a caballo entre la alucinación y el espionaje con extraños encuentros y no menos extrañas consecuencias.

MOBIUS DICK es como la propia mecánica cuántica, fácil de leer, pero difícil de seguir y no demasiado comprensible. Crumey mezcla las aventuras de Ringer con episodios de la vida de Schuman, Melville, Schrödinger y un sosias del propio Ringer en un universo paralelo que si bien similar, tienen notables diferencias con el nuestro, en un crescendo tal que finalmente los episodios dejan de alternarse para mezclarse en una sala línea narrativa.

Aunque Crumey intenta no profundizar demasiado en los fundamentos físicos de la novela, algunos pasajes son decididamente pesados, incluso episodios enteros que no tienen demasiado que ver con la propia física (como la sobremesa de Schrödinger con el psiquiatra y el director del sanatorio donde pasa unas breves vacaciones) y que carecen de interés. No obstante, Crumey como narrador es competente, su estilo es eficaz y directo, y posiblemente sea lo complejo de la estructura de la novela lo que la haga tan poco agradecida.

© Francisco José Súñer Iglesias, (641 palabras) Créditos