La gran historia de las novelas de a duro
20. Los basureros del espacio, una colección (casi) desconocida
por José Carlos Canalda
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De entre todas las colecciones españolas de bolsilibros que conozco, Los basureros del espacio es sin duda una de las más peculiares por varios motivos diferentes.

Para empezar, y pese a ser una de las más recientes y también, casi, una de las últimas, ya que apareció en 1986 en pleno ocaso de los bolsilibros, es también una de las más desconocidas incluso para muchos estudiosos del tema. Esto se debe a una desafortunada circunstancia: su salida al mercado coincidió con el colapso de Bruguera, la editorial responsable de la misma, lo que hizo que su distribución fuera mínima y que, probablemente, varios de sus números no llegaran a venderse, aunque no he podido determinar si los quince títulos que fueron registrados en el ISBN llegaron a ser impresos en su totalidad, quedando arrinconados parte de ellos en algún almacén, o si no llegó a completarse la colección y, como ocurrió en otros casos como por ejemplo los famosos dos últimos números de la Saga de los Aznar, algunos de ellos quedaron inéditos. De hecho, ni siquiera el propio responsable de la colección, el hispano-argentino Ernesto Frers Gianello pudo aclararme este punto.

Hagamos un poco de historia. Tal como acabo de comentar, el promotor de la colección fue Ernesto Frers Gianello, autor también de nueve de los quince títulos firmados todos ellos con el seudónimo de Rick Solaris; según los datos de que dispongo, éstas fueron las únicas aportaciones de Frers al mundo de los bolsilibros de ciencia-ficción. Los seis títulos restantes se reparten entre varios de los autores habituales de Bruguera: dos Curtis Garland, y uno respectivamente Clark Carrados, Lem Ryan, Juan José Sarto y Andreu Martín, estos dos últimos, al parecer, firmando con sus propios nombres.

Hasta el momento todo lo dicho sobre la colección no la diferencia demasiado de cualquier otra, pero pronto comienzan a encontrarse las diferencias. Para empezar, su formato no era el habitual de 15x10 cm. de los bolsilibros, sino uno de 22x15 mucho más cercano al de los cómics o al de los tradicionales pulps norteamericanos. Tampoco sus páginas eran las aproximadamente 90 de los bolsilibros tardíos sino 64, de las que tan sólo unas 50 eran de texto, compensándose de manera aproximada el menor número de páginas con el mayor tamaño de las mismas. En realidad sí existía un precedente de este formato, el de Vagabundos del espacio (otra colección prácticamente desconocida) publicada por Producciones Editoriales, la antigua editorial Ferma, entre los años 1981 y 1982. Vagabundos del espacio, de la que fueron anunciados seis números pero al parecer tan sólo llegaron a ser publicados cuatro, tenía un formato de 21x14 cm. y un número de páginas muy superior (alcanzaba las 190) aunque el gran tamaño de los tipos utilizados hacía que el texto de una página fuera aproximadamente el mismo que el de un bolsilibro.

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Juan Gallardo Muñoz
(Curtis Garland)

Otra característica peculiar de Basureros es que en ella Bruguera recuperó la antigua tradición, típica de sus colecciones clásicas Historias e Historias selección, de incluir un relato y la versión en cómic del mismo relato, de forma que en realidad el lector se encontraba con dos narraciones paralelas de la misma historia, si bien la gráfica, que ocupaba 15 de las 64 páginas totales, estaba bastante resumida en relación con la de texto. Ambas iban intercaladas, de forma que cada cierto número de páginas de texto aparecía una de ilustraciones. Eran los mismos autores de las novelas los que escribían el guión del cómic, que luego se encargaba de dibujar un dibujante (Escolano en el caso de la novela de Lem Ryan) diferente del autor de la portada (Almazán, en ese mismo ejemplar) La contracubierta, por su parte, donde aparecían representados los personajes de la serie, iba firmada por Duarte.

La colección fue ideada por Frers a modo de episodios independientes protagonizados siempre por los mismos personajes, algo llamativo dada la alergia que solía mostrar Bruguera a este tipo de iniciativas en otras colecciones tales como La conquista del espacio, en la que Ángel Torres Quesada tropezó con todo tipo de trabas para poder sacar adelante su saga del Orden Estelar. En realidad esta fórmula ya había sido ensayada por Bruguera en su colección Enviado secreto D. A. N. S., a mitad de camino entre el género fantástico y el espionaje, a finales de la década de los sesenta, y todavía antes por Toray en la colección S. I. P., pero en esta ocasión se iba bastante más lejos; mientras que tanto en S. I. P. como en D. A. N. S., aunque el escenario y algún personaje secundario era comunes, cada autor tenía su protagonista propio (en S. I. P. incluso cambiaban los protagonistas en cada nueva entrega) en Basureros, por el contrario, los personajes eran siempre los mismos, un grupo de desharrapados y pintorescos astronautas tripulantes de la astronave Dungflier (la traducción del nombre vendría a ser algo así como aviador del estiércol) cuya misión era la de recoger los residuos radiactivos generados por todos los rincones del Sistema Solar para verterlos más allá de la órbita de Plutón... aunque claro está que, por exigencias del guión, una y otra vez acabarían viéndose metidos en todo tipo de enredos, siempre dentro de un tono general entre aventurero y humorístico dirigido a un público principalmente juvenil.

Una advertencia: quien intente buscar a Basureros cierto parecido con la irreverente serie televisiva Enano rojo, tendrá que tener en cuenta que ésta comenzó a ser emitida por la BBC en 1988, dos años después de la publicación de la colección.

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Como puede suponerse, uno de los principales problemas a la hora de sacar adelante la colección era conseguir una homogeneidad entre los textos escritos por diversos autores. Al parecer la idea original era que el propio Frers se encargara en solitario de ella, pero al constatar que no podría dar abasto se decidió dar entrada a otros escritores. El problema fue que a éstos tan sólo se les proporcionó una breve sinopsis de siete páginas, redactada por Frers, en la que se hacía una somera descripción del entorno, los personajes (arquetípicos y con personalidades perfectamente perfiladas, por no decir casi anecdóticas) y la terminología común a emplear, sin tener como referencia ningún episodio previo, con lo cual cada uno de ellos se las vio y se las deseó para sacar adelante algo mínimamente coherente. Según Francisco Javier Miguel Gómez (Lem Ryan) todo eso me lleva a suponer que el experimento debió resultar en un híbrido sin pies ni cabeza, un cocktail sin una auténtica estructura argumental.

En cualquier caso, la catastrófica desaparición de Bruguera nos impide saber si la colección habría tenido éxito.

Los quince números de la colección registrados en el ISBN (insisto en que no hay constancia de que todos ellos llegaran a ser publicados) fueron los siguientes:

1. - LOS CONDENADOS DE SONG-SONG, por Rick Solaris
2. - DUELO EN PLANETA ROJO, por Rick Solaris
3. - EL SATÉLITE H-30 NO CONTESTA, por Curtis Garland
4. - EL COMETA SIN RUMBO, por Lem Ryan
5. - LAS MAZMORRAS DE SATURNO, por Curtis Garland
6. - EL MOTÍN DEL GALAXIA, por Clark Carrados
7. - UNA TUMBA DE NEPTUNO, por Juan José Sarto
8. - LA ÓRBITA MORTAL, por Andreu Martín
9. - LA ASTRONAVE FANTASMA, por Rick Solaris
10. - REBELIÓN EN URANO, por Rick Solaris
11. - ULTIMÁTUM A LA TIERRA, por Rick Solaris
12. - EL ASTRONAUTA SOLITARIO, por Rick Solaris
13. - ATMÓSFERA DE MUERTE, por Rick Solaris
14. - POR UN PUÑADO DE TORIO, por Rick Solaris
15. - LAS PERLAS DE SAMONIR, por Rick Solaris
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Para finalizar, he de expresar mi agradecimiento a Francisco Javier Miguel Gómez (a); Lem Ryan por su inestimable ayuda para la redacción de este artículo.

© José Carlos Canalda, (1.279 palabras) Créditos