GUIANEYA
GUIANEYA Gueorgui Martinov
Título original: GUIANEYA
Año de publicación: 1974
Editorial: Editorial Mir, Moscú
Colección: ---
Traducción: Justo Nogueira
Edición: 1974
Páginas: 388
ISBN:
Precio: Descatalogado
Comentarios de: Jorge Armando Romo

Después de que varios profesores y amigos me hablaran durante años de la calidad de la ciencia-ficción rusa, finalmente decidí acercarme a esta topándome con este librito. GUIANEYA, novela escrita por Gueorgui Martínov, ha sido mi primera aproximación. He de ser sincero: he quedado sumamente decepcionado. No digo que sea mala, pero a mí no me ha gustado nadita.

Una de las posibles causas de esto es que no es ciencia-ficción hard (o por momentos lo es y por momentos deja de serlo) Y es que no tiene las temáticas que tanto me gustan de los autores gringos, no tiene la forma y profundidad de los autores franceses ni tiene la erudición que tanto admiro de Lem. Pero insisto, cada cual tiene su propia opinión y puede que ustedes si la disfruten.

La historia comienza con el misterio de Guianeya. Es un ser (o una ser) de otro planeta similar a los seres humanos. Su piel es verdosa, tiene la belleza de las mujeres que bailan en uno de los carnavales de Brasil fusionada con cierta belleza europea y un toque ruso. Es misteriosa, inteligente, le gusta nadar desnuda frente a la cara de sorpresa de todos los hombres que rondan por el lugar, y es egocéntrica y hasta un poco racista (ella dice que todos son así en su planeta y que eso es normal) Su llegada es un verdadero misterio. No saben de donde viene y a regañadientes va despepitando cada uno de sus secretos.

Al mismo tiempo, los científicos descubren que dos satélites (como se les llama) de origen desconocido rondan cerca de la Tierra y que posiblemente son artefactos de origen extraterrestre que amenazan a toda la humanidad. A final de cuentas, la protagonista bella y sensual será la clave para resolver el enigma de estos aparatos.

Esa es básicamente la trama. Lo que en unas cincuenta páginas podría ser contado y resuelto sin más rodeos aunado a su carga de suspenso, es contado en casi cuatrocientas páginas. Una novela entera para darle vueltas y vueltas al asunto, dimes y diretes para que al final Guianeya pudiera decir: Les voy a contar uno de mis secretos... Ya se los voy a contar... ¡Ya casi se los cuento...! ¡¡¡Estoy a punto de contárselos...!!! No, mejor luego. Así nos trae el autor durante doscientas páginas. Los secretos de la bella alienígena tardarán un tiempo excesivo en salir a la luz.

Otra cosa que me he enterado es que el autor le vale gorro la forma o el estilo para narrar: él lo que quiere es decirnos lo que sucede en su trama. Hay momentos en que el texto pierde un poco el orden de los hechos y la sintaxis se esfuma por completo (aún no sé si esto es producto de la ignorancia del autor o del traductor) Asimismo, el lector puede descubrir que Martínov era un hombre que rara vez leyó libros de literatura y que sus lecturas más frecuentes fueron libros de astronomía o astronáutica. Y es que tal vez lo más creíble son las chorrocientas palabras que dedica a las discusiones de los científicos acerca del origen de los dos satélites.

Y así podemos seguirle. El hecho de llamar a la raza de Guianeya como la otra humanidad, me ha molestado un poco: uno de los científicos está completamente convencido de que los extraterrestres deben ser casi idénticos a los humanos y que por lo tanto, debe haber otras humanidades; una prueba de esto es la misma Guianeya. Recuerdo también haberme reído mucho cuando uno de los científicos empieza a fantasear cuando cree que la bella extraterrestre está enamorada de él. Asimismo, el autor deja escapar su imaginación a tal grado de decir que en el futuro, toda la humanidad se convenció de que el comunismo era la mejor opción y hasta los países más capitalistas e imperialistas, de un día para otro cambiaron a este sistema político.

No sé si podré recuperarme de esta primera aproximación. Si vuelvo a leer otra muestra de ficción científica de estos lares y vuelvo a decepcionarme, ese será para mí el final de mi encuentro con la ciencia-ficción rusa. Espero que eso no suceda. Sin duda alguna hay algunas grandes obras maestras de autores rusos que definitivamente puedan maravillarme. Pondré mis más profundas esperanzas a la hora de visitar la próxima librería de viejo para encontrar alguna de éstas.

© Jorge Armando Romo, (734 palabras) Créditos