EL HOMBRE ESTRELLA
EL HOMBRE ESTRELLA Gabriel Bermúdez Castillo
Título original: ---
Año de publicación: 1988
Editorial: Ultramar
Colección: Ciencia-Ficción nº 57
Traducción: ---
Edición: 1988
Páginas: 240
ISBN:
Precio: Descatalogado

Los libros de la colección Ciencia Ficción de la extinta Ultramar Editores ocupan un lugar especial en mi biblioteca. Son en total quince títulos que adquirí en un puesto de libros de lance. La verdad es que fue un chollo, pues me hice con ellos por tres mil pesetas de la época —estábamos en 1997—, de modo que cada libro me salió por poco más de un euro de hoy día, así que juzgad vosotros mismos... El caso fue que, con cuatro perras, enriquecí mi fondo de obras del género con un buen puñado de novelas, entre las que figuraban unas pocas de autores españoles, que no desmerecían en absoluto de las de los clásicos anglosajones. Una de ellas era EL HOMBRE ESTRELLA, de Gabriel Bermúdez Castillo.

La acción de la novela se sitúa en un planeta lejano, cuyos habitantes, descendientes de una expedición espacial, han perdido todo contacto con la Tierra. En este curioso mundo, azotado periódicamente por plagas de insectos gigantes, la sociedad humana está estructurada en un feroz matriarcado, en el que las mujeres controlan todos los aspectos de la existencia. Los varones, sometidos durante generaciones a la despiadada autoridad femenina, han devenido en unos seres débiles, acomplejados y temerosos, supeditados en todo a la voluntad de las fuertes y orgullosas féminas. Sin embargo existe un hombre, Tom Mumford, que está dispuesto a acabar con esta situación. Tom, hijo de una renegada conocida como Juana La Negra y nacido en el exilio que ésta se autoimpuso para evitar que el Estado le arrebatase su hijo varón, emprende viaje hacia la civilización tras la muerte de su madre. La injusta cultura matriarcal le horroriza de tal modo que decide luchar contra ella, con el loable objetivo de devolver la dignidad y el orgullo humanos a los hombres y restablecer el necesario equilibrio entre los sexos. Durante su personal cruzada por la igualdad de géneros y géneras, Tom descubrirá los siniestros orígenes del Matriarcado que gobierna el planeta, y los terribles secretos que oculta la élite mujeril que detenta el poder.

El planteamiento argumental de la obra no es nada novedoso que digamos. El de la sociedad gobernada por mujeres es uno de los tópicos más manidos no sólo de la ciencia-ficción, sino también de la literatura de aventuras en general. Lo verdaderamente original de EL HOMBRE ESTRELLA, y lo que a la postre la convierte en un relato casi magistral, es su desenlace, en el que se nos revela el gran secreto de la casta dominante, aquello que debe ser ocultado a toda costa no sólo a los inferiores varones, sino también al grueso de la población femenina. Una de las reglas clásicas de la literatura dice que un buen final, impactante e inesperado, puede convertir una novela corriente en una obra maestra. Y esto es lo que ocurre con este magnífico libro de Bermúdez Castillo. EL HOMBRE ESTRELLA, sin ser una novela genial, se revela como una de las obras más logradas de su autor, inferior a EL SEÑOR DE LA RUEDA, pero muy estimable; una historia clásica que cumple a la perfección el fin para el que fue escrita: ofrecer al aficionado a la ciencia-ficción unas horas de amenísima lectura.

© Antonio Quintana Carrandi, (536 palabras) Créditos

EL HOMBRE ESTRELLA es una de las obras menos conocidas (o mejor dicho, menos citadas) de Gabriel Bermúdez Castillo. Eso no significa que sea una obra menor dentro de la producción de éste autor, la temática que toca y el tratamiento que hace de la misma hacen de EL HOMBRE ESTRELLA una novela muy a tener en cuenta.

Fundamentalmente se trata del mundo al revés. En un mundo lejano, en el que se ha perdido por completo el contacto con la Tierra, la proporción entre hombres y mujeres es de uno a diez. Apenas un hombre por cada diez mujeres. Si alguien piensa que eso es el paraíso terrenal que deseche tal idea, las mujeres no sólo son más, sino que el número les ha dado el poder económico y social, quedando el hombre relegado a la figura de simple objeto sexual y vector reproductivo, ya sea mediante el método en caliente (el viejo y efectivo coito) o en frío (inseminación artificial, método no tan viejo pero igualmente eficiente) La escasez de hombres es tal que únicamente las más afortunadas económicamente pueden permitirse tener marido dentro de un especial sistema poligámico en el que ellas (todas ellas) siguen siendo la cabeza de familia. Más inusual es el matrimonio monogámico, sólo las más ricas potentadas pueden pagar las altas tasas que les garantizan un hombre en propiedad.

En cuanto al resto de las obreras, funcionarias, etc., etc., tienen una gran variedad de prostíbulos en los que desfogarse. Por mucho que se empeñen los machos machotes en decir lo contrario, los hombres no disfrutamos precisamente un control estricto sobre el aparato reproductor, que suele tener vida propia (y un especial sentido de la oportunidad) pero eso se soluciona con el Vino de Rosas, un preparado que aporta la química necesaria para que todo funcione como y cuando debe funcionar, con la contrapartida de que tras las primeras ingestas sólo con Vino de Rosas habrá como y cuando.

Si este estado de cosas no parece muy normal, menos normal aún es la política y la economía planetaria. Controlada por sólo siete mujeres lideradas por una madrina que es en la práctica la dueña y señora de los destinos de todos los habitantes del planeta, resulta un extraño híbrido entre una economía de mercado con la competencia limitada a lo que digan las siete y un comunismo feminista en el que no falta de nada, excepto la pura y simple libertad. Algo tan lógico con tal desequilibrio de sexos como serían las relaciones homosexuales, son prohibidas y perseguidas de forma implacable. Las pequeñas empresas se toleran, pero cuando crecen más allá de ciertos límites que amenacen alguno de los intereses de las siete acaban curiosamente en la ruina.

Todo esto supone que las tensiones sociales son muy acusadas, y si se añaden las periódicas invasiones de insectos gigantes que han de sufrir las ciudades del planeta la vida en él no resulta estrictamente agradable.

En esto, Tom Munford irrumpe en escena. Hijo ilegítimo de una desertora regresa a la civilización a la muerte de su madre. Como el chaval está de buen ver es sistemáticamente violado y finalmente prostituido hasta que una de las siete se fija en él y le convierte en su marido. Durante toda su progresión Tom adquiere un notable conocimiento de esta sorprendente sociedad y se hace multitud de preguntas: ¿por qué tal desproporción de sexos? ¿por qué tales invasiones de insectos? ¿por qué el aislamiento con la Tierra es tan radical? ¿por qué las siete pueden tener tal control sobre las actividades planetarias? Poco a poco irá dando respuesta a todas las preguntas, y serán esas respuestas, y la solución a muchos de esos interrogantes, lo que le convertirán en el Hombre Estrella.

Gabriel Bermúdez, por contraste y reducción al absurdo, hace en EL HOMBRE ESTRELLA un alegato contra cualquier tipo de abuso, contra la sumisión a la ignorancia, contra la desigualdad artificial y la manipulación. Con un estilo directo y para nada alambicado, tosco en ocasiones, construye una novela dinámica, capaz de funcionar como novela de aventuras, independientemente de toda su intencionalidad, y que no estaría de más recuperar para las nuevas generaciones.

© Francisco José Súñer Iglesias, (695 palabras) Créditos