El argumento de ésta novela resulta interesante, la forma de introducir al lector en ella resulta original, pero hay demasiados detalles que no terminan de convencer.
CERO ABSOLUTO trata de un mundo donde la realidad virtual prácticamente ha sustituido al mundo real, todos están conectado y prácticamente nadie es capaz de soportar ese mundo real durante mucho tiempo sin drogas que atenúen el impacto de la luz natural, del contacto humano.
Es un panorama no muy distinto al que plantean películas como NIVEL 13 ó DARK CITY, se vive en una realidad prestada, aunque no de una forma tan kafkiana como en estas dos películas, sino más en la línea de integraciones totales como en RAX, de Eduardo Vaquerizo. Como también es habitual, no son gobiernos omnipresentes ni sabios locos quienes controlan ese mundo virtual, es una empresa, la TeleWord primero, la Corporación NRV después, la que dirige a sus esclavos-clientes allá donde ha decidido el departamento de marketing.
Sin embargo, hay disidentes, gentes que no quieren saber nada de esa realidad artificial y se refugian en reservas de realidad muy real, esperando encontrar una vida auténtica y natural. En uno de estas reservas, la Isla, se suceden una serie de asesinatos de agentes de la NRV que Ricardo Bracquemont deberá investigar, pero para evitar ser descubierto, se le borrará la memoria y se le implantarán nuevos recuerdos, de modo que pueda pasar por un turista más.
El lector es puesto en situación mediante una surtida colección de recortes de prensa que van desgranando los avances de la RV, desde los primeros experimentos vacilantes hasta la total implantación a todos los niveles de la sociedad. Esta parte, que ocupa el primer tercio del libro, resulta original y muy directa, aunque ciertamente poco literaria. Estrictamente hablando el único pero que se le puede poner es que la maquetación podría haber sido más periodística aún, haber simulado con más fidelidad la tipografía, el recorte del papel y la textura irregular de los periódicos. No es detalle relevante, obviamente, pero hubiera aportado más fuerza a ésta parte. Esto se comprueba perfectamente al llegar a un folleto sobre La Isla. Las imperfecciones que la imagen utilizada como ilustración le aportan una carga de realismo que los recortes previos no tienen.
Los dos tercios finales del libro, donde se relata la aventura de Bracquemont en la Isla, resultan demasiado esquemáticos y precipitados. La historia pide más, pero todo queda en un ir y venir de unos personajes y otros que, pese a no dejar cabos sueltos, no termina de convencer. Así, el propio Bracquemont es traído y llevado como un pelele (aunque de hecho ese sea su papel en la novela) sin que jamás llegue a acercarse, ni de lejos, a obtener una pista sobre su investigación ni sobre la asombrosa conspiración que se oculta tras los asesinatos.
CERO ABSOLUTO termina siendo un experimento, como experimentos son a su vez muchos de sus protagonistas, pero como ellos, es un experimento fallido.
Javier Fernández