HIJA DE MARTE
HIJA DE MARTE Robert A. Heinlein
Título original: Podkayne Of Mars
Año de publicación: 1963
Editorial: Martínez Roca
Colección: Super Ficción nº 21
Traducción: Amparo García Burgos
Edición: 1977
Páginas: 166
ISBN:
Precio: Descatalogado
Comentarios de: Daniel Salvo

O yo he leído demasiado viejo esta novela, o ésta ha envejecido muy mal.

El título en castellano (HIJA DE MARTE) es de lo más sugestivo y tiene un retintín de tenebroso, pero no tiene nada que ver con las aventuras de Podkayne, una muchachita (a la que el texto de contraportada compara con la Lolita de Vladimir Nabokov) marciana que, en un viaje de placer de Marte a Venus, vive una serie de peripecias juveniles. Si. Más que con Lolita, nos encontramos con la versión heinleniana de Pippi Longstocking o del personaje de anime, Candy­.

¿Exageraciones mías? Para nada. La muchachita lleva un diario íntimo, en el que escribe todas esas cosas tan importantes propias de su edad, como qué chico le gusta, la ropa, sus padres, sus estudios, qué le gustaría hacer en el futuro, tips de maquillaje y las sempiternas (aunque a veces interesantes) observaciones heinlenianas sobre la naturaleza humana. Una especie de Maitena pero sin ilustraciones.

Al parecer, Heinlein pretendió escribir una suerte de cuadro de costumbres del futuro, en este caso, un futuro en el cual las colonias de Marte y Venus llevan siglos de existencia. Sin embargo, es un futuro algo rancio, con toques de absurdo. Por ejemplo, la nave tiene una sección de guardería para recién nacidos (!) a los que hay que cambiar pañales, alimentar y todo. Claro, no importaría si se tratase de un viaje más o menos seguro, pero en este caso, se trata de una nave espacial en la cual un adulto puede morir tras una breve exposición a los rayos cósmicos de cierta intensidad. Pero dejan a esos frágiles adultos llevar a sus recién nacidos. Es como si a uno lo dejaran pasear en parapente con un niño de meses. Bueno, ese es Heinlein, ¿no?

Fuera de la lluvia de radiaciones y de otras experiencias tan interesantes como cambiar pañales de bebés o evitar que el hermano menor de Podkayne lea su diario íntimo, el viaje de Marte a Venus llega a su fin. A diferencia del austero Marte, Venus es una especie de planeta de la juerga sin fin, y al fin vemos a Podkayne alternar con otra gente que no sean su tío, su hermano y los demás tripulantes de la nave. Aquí deja de ser Pippi Longstocking para convertirse en Candy: nuestra Podkayne se enamora, justamente en pleno baile en un local nocturno venusino. Pero su tío y tutor, un personaje político de cierto rango, se enemista con la familia del apuesto y bigotudo joven venusino objeto de su interés, poniendo en riesgo la felicidad de Podkayne.

Por supuesto, nuestra joven protagonista tiene la oportunidad de madurar gracias a estas peripecias: en lugar de convertirse en una piloto independiente, decide tomar un curso de tecnología alimentaria o algo así, que en el futuro le permitirá criar a sus hijos, por que no cualquiera puede ser esposa y madre.

¡Pero para eso falta mucho, Poddy! ¡Mientras tanto, diviértete!

© Daniel Salvo, (492 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Ciencia-ficción Perú el 12 de agosto de 2006