LES CUENTO UN CORTOMETRAJE DE CIENCIA-FICCIÓN FRANCESA
por Jorge Armando Romo

Y continúan los dibujos. Muestras de animación de origen alemán, checoslovaco, ruso, polaco, etc., consiguen fascinarnos. Realmente con muy poco presupuesto y con la más sencilla tecnología, se pueden hacer verdaderas obras maestras. Creemos que ya somos fans de las películas animadas, creemos que los hemos visto todo, creemos que el festival ha terminado cuando de pronto... ¿Qué es eso? Hay un cortometraje animado que falta ver y que lo han dejado para el final. ¿En serio será de lo mejor? Dentro de unos cuantos minutos, descubriré que como amante de la ciencia-ficción y un entusiasta de la posibilidad de que exista vida extraterrestre en otros rincones del Universo, quedaré realmente impresionado por el dibujo animado que está por venir.

Trascurre el día, esa estrella similar al sol que da luz y vida a este pequeño planeta está a punto de entrar en el ocaso. Ha llegado el momento de ir a cazar. A pesar de que son seres que aún no han desarrollado tecnología de punta, tienen ciertos conocimientos de aeronáutica muy interesantes. Zarpan... o despegan tres barcos voladores. Se ve que estos vehículos son mecánicos e impulsados por la fuerza de varios de estos seres. Se alejan de la isla. Los arpones están listos... y también los guías de arpones. Sucede que a cada arpón, se sujeta uno de estos individuos. Justo cuando es disparado, el guía, completamente concentrado, dirige el arpón con la fuerza de su cuerpo rumbo al blanco. La prueba termina y a lo lejos se vislumbran las presas: una especie de mamíferos gigantescos voladores, parecidos a ballenas, surca imponente los cielos. Las pequeñas embarcaciones son puntos pequeños comparados con la enormidad de estos animales. Los arpones se preparan. Con solo un agitar de sus alas membranosas, uno de estos mamíferos gigantescos crea una enorme corriente de aire que fácilmente desmorona uno de los pequeños barcos voladores. A pesar de la imponencia de las presas, los pequeños barcos lanzan los arpones guiados. Dan en el blanco. Cuerdas extra jalan a los guías nuevamente hacia las embarcaciones. La operación ha sido un éxito: han conseguido matar a una de esas gigantescas criaturas y la llevan a la isla para disfrutar del gran festín.

Todo marcha bien. Hay una gran fiesta. Nuestro pequeño ser, que al principio discutía con los otros dos de su misma especie, se siente mal y escapa al bosque. Empieza a sufrir una especie de metamorfosis. Se hace un poco más grande, pierde la ropa, adquiere un color blanco brillante en todo su cuerpo y comienza a caminar. Nadie se ha dado cuenta, a nadie le interesará ya, pues solamente generaría pavor entre los suyos. En calidad de zombie, sigue su camino, rumbo a ese agujero que lleva hacia algo completamente desconocido. Llega a ese hoyo, a ese pasadizo hacia la nada y se arroja. Está destinado a morir a causa de un terrible golpe en la superficie. A su alrededor, esa especie de túnel cuasi-cilíndrico, de color blanco mate, se hace oscuro, mas su caída cambia repentinamente: ahora la velocidad es mucho menor, cada vez menor, hasta que se detiene justo antes del golpe fatal. Adquiere nuevamente parte de su conciencia y descubre algo fantástico: la existencia en la isla es un estado larvario, y el trance y la transformación es un nuevo estadio donde estos seres llegan a la superficie, en su forma definitiva.

Las luces se apagan. La emoción se apodera por completo de nosotros: el festival ha comenzado. El dibujo animado de entrada es un corto español. Nada mal. Un ratón y dos elefantes tratan de eliminar sus diferencias. ¿Qué pasa? Los elefantes arrojan agua por la trompa al pequeño roedor y cumplen su cometido: después de miles de años de miedo y pavor, al fin estos enormes mamíferos logran vengarse. Termina el primer cortometraje. Después de segundos de espera, un nuevo dibujo animado hace su aparición. Es una muestra estadounidense que presenta unos muñecos dibujados de manera muy sencilla hacer sus gracias.

La pantalla muestra decorados con un toque surrealista. Una voz nos informa que es una muestra de cine de ciencia-ficción francés. Y de pronto, algo se observa: una flora de lo más extraño adorna por doquier. Parecen ser un tipo de plantas y flores u otra cosa. Desde los colores carmín hasta el verde más brillante llegan hasta lo más profundo de nuestra retina. Y de pronto, algo de mueve. Un ser camina tranquilamente por esos extraños parajes. ¿Pero qué es eso? nos preguntamos todos al unísono. Yo no dudo en afirmarlo: un ser extraterrestre en su propio ambiente; no puede ser otra cosa.

La función termina, el festival ha llegado a su fin. Salimos de la sala, entusiasmados. Mientras casi todos se adelantan, recuerdo que estoy en México, en el año 2006. Imaginé que verdaderamente estaba en ese festival para darle mayor sentido al evento, cuando en realidad, salgo de una pequeña sala de cine donde proyectaron un DVD especial dedicado a aquella ocasión. Comienzo a caminar, pensando, pensando... Ellos no saben que existimos, nosotros no sabemos que existen....

Estamos en Estados Unidos, en el año de 1957. Es el I Festival Mundial de Animación, dirigido por Charles y Ray Eames. El público abarrota las salas para presenciar cortometrajes animados provenientes de distintos rincones del planeta. La hora se acerca, la emoción nos invade: hemos esperado durante meses este momento. ¡Qué desgracia! No venden palomitas de maíz ni ninguna otra chuchería. ¡Ya es hora! ¿Qué esperan? ¿Por qué no comienza la función? ¿Acaso esperan que llegue más gente de la que ya hay aquí? El escepticismo es dueño de cada uno de nosotros. La sala está a reventar. En cualquier momento iniciará, en cualquier momento.

Ese pequeño ser regresa con los suyos, contando algo que a todos los suyos les da pavor pero que es muy frecuente. ¿Será una especie de enfermedad? ¿Un control mental por parte de algo que aún no se ha visto? No hay por ahora ninguna respuesta para estas interrogantes.

En esa pequeña isla celestial, hay aproximadamente unas cien chozas y unos trescientos cincuenta seres. Posiblemente hay ínsulas similares. En cada pequeña choza, habitan tres de estos pequeños individuos. Uno de ellos, que parece ser el líder, suele discutir con los otros dos. Uno de estos parece una hembra. Al final, el ser que discute sale de su pequeño hogar rumbo al gran bosque que pulula por doquier. Camina en silencio, observando a su alrededor. Todo parece tranquilo, cuando de pronto observa algo que le da un enorme pavor y corre aterrado a esconderse en la maleza. ¿Qué ha observado que le da tanto miedo? ¿Acaso un depredador? No, nada de eso. Aparecen en la pantalla tres seres de su misma especie, aunque tienen algo muy extraño: caminan como zombies, sin ropa y con algo que nos aterra a todos: han perdido el color de su piel, ya que esta muestra un color blanco brillante. Éstos continúan caminando, observando hacia la nada, hasta que en una región de ese extraño bosque, encuentran un agujero que no parece tener fondo. Algo sucede. Parece que eran guiados por algo o por alguien. Sin perder tiempo, se arrojan hacia la nada, hacia ese agujero cuyas paredes interiores son de color blanco mate.

De pronto, en esa isla, observamos unas pequeñas chozas donde salen y entran muchos de estos seres. No sabemos quienes son, pero tenemos bien claro que son inteligentes. Uno de ellos es enfocado. Su piel es de color azul verdoso. Su cabeza nos recuerda a un caballo pequeño, solamente que en la parte de arriba parece tener una especie de pelo que recuerda mucho a una escobetilla. Tiene brazos y piernas, aunque la parte del tronco hace recordar el cuerpo de un pato. Usa ropa de distintos colores. Mientras el público observa con curiosidad, yo me pregunto: ¿cuál es el grado de tecnología de estos seres? ¿Cuál es su forma de comunicación? Esta última pregunta es respondida al instante. Este pequeño individuo abre la boca y produce unos sonidos muy agudos en diferentes tonos. Le responde otro de su especie con un tono un tanto más grave. ¿Cómo habrán desarrollado este lenguaje? ¿Cuál será el camino evolutivo que siguieron? Son tantas preguntas sin respuesta que vienen a mi mente. Continuo observando y maravillándome.

Arriba, los otros dos seres buscan a su compañero. Mas al no encontrarlo, se sientan en la orilla de la isla, observando el cielo y a esa estrella similar al sol. Pienso al instante que no saben que los humanos existimos y nosotros no sabemos que ellos existen.

Aparece una toma que muestra una especie de isla que se encuentra casi levitando a unos veinte kilómetros de altura, sostenida en su base por tronco de color blanco mate que llega a la superficie. Nos encontramos en un planeta que no es la Tierra y que rebosa de vida. No sabemos si es un lugar cercano o lejano. ¿Este mundo se encuentra en la Vía Láctea? ¿Se encuentra en la galaxia Andrómeda? Realmente no lo sabemos. Lo único que entendemos es que este lugar se encuentra en algún punto del Universo. No sabemos de su existencia, mas es un milagro más en la vastedad cósmica.

© Jorge Armando Romo, (1.538 palabras) Créditos