Ciencia-ficción: principales sub-géneros, 9
Universos alternativos (Ucronías)
por Iván Fernández Balbuena

—Hablan de las cosas que los nazis les hicieron a los judíos —dijo Joe—. Los británicos los superaron. En la batalla de Londres —Una pausa—. Aquellas armas de fósforo y petróleo. Vi las tropas alemanas, luego. Barcazas y barcazas reducidas a cenizas. Y las cañerías bajo el agua que incendiaban el mar. Y las incursiones aéreas contra la población civil. Churchill pensaba que los bombardeos aun podían salvar la guerra, en los últimos días. Los ataques terribles a Hamburgo y Essen…

—No hablemos de eso —dijo Juliana.

Philip K. Dick, EL HOMBRE EN EL CASTILLO (1962)
EL HOMBRE EN EL CASTILLO
EL HOMBRE EN EL CASTILLO

Paradójicamente, una de las ideas más revolucionarias de la ciencia-ficción, los universos alternativos o ucronías, es también una de las más antiguas. Se cree que el primero en plantearla fue el historiador romano Tito Livio (siglo I d. C.) que se preguntó que hubiera ocurrido si Alejandro Magno no hubiera muerto tan joven y hubiese decidido atacar Roma después de sus conquistas asiáticas (Tito Livio era un patriota, concluyó que los romanos le hubiesen derrotado)

Y esa es la esencia de este sub-género, la pregunta Y si... aplicada a cualquier acontecimiento histórico, algo con lo que los historiadores han fantaseado muy a menudo pero que tardó mucho más en llegar a los campos de la ciencia-ficción.

Efectivamente, si en 1907 el historiador inglés Macaulay Trevelian, siguiendo una larga tradición, escribió Si Napoleón hubiera ganado la batalla de Waterloo, hay que esperar hasta los años 30-40 para que los novelistas empiecen a tocar el tema de una manera serie. Por ejemplo, con SWASTIKA NIGHT de Katherine Burdekin (1937) o LIGHTNING IN THE NIGHT de Fred Allhof (1940). Ambas surgen como una necesidad, casi como una obligación, la de avisar a una humanidad desprevenida de lo que ocurriría si los nazis se hacían con el control del mundo. Y aquí aparece uno de los rasgos típicos de las ucronías: su carácter de aviso, su tono de advertencia, de alertarnos ante problemas que la mayoría no sabemos ver.

Esta temática si que es considerada como medianamente seria por muchos escritores mainstream (Allhof y Burdekin no pertenecían al ghetto) y se ha cultivado con regularidad hasta la actualidad, generalmente con la victoria nazi en la Segunda Guerra Mundial como obsesión. Por mencionar unos pocos títulos, Len Deighton, un popular autor de novelas de espionaje, escribió en 1978 SS-GB, una novela policíaca ambientada en una Inglaterra ocupadas por los nazis, Robert Harris, un escritor de novelas ambientadas en la última guerra mundial, escribió PATRIA en 1992 con otra trama de novela negra solo que ambientada en Alemania Hitleriana de 1960. Incluso en España, Jesús Torbado ganó un premio Planeta en 1977 con EN EL DÍA DE HOY donde se narra la victoria republicana en nuestra guerra civil.

De hecho, este tipo de historias parecen tan atractivas que, en los últimos años, los propios historiadores han decidido cultivarlas de una forma más científica. Es la llamada historia contrafactual, una corriente historiográfica muy en boga en el mundo anglosajón pero tremendamente criticada por los historiadores europeos continentales que la tachan poco menos que de juego pueril.

¿Dónde queda la ciencia ficción en todo esto? Bueno, la mayoría de los escritores del género no fueron tan ambiciosos como los mainstream. Es cierto que esa temática de aviso puede encontrarse pero, en la mayoría de los casos, priman otras más pedestres. Una puede ser la puramente aventurera, imaginar un universo alternativo que de alguna forma interactúa con el nuestro y dejar que los protagonistas campen a sus anchas en tan exótico paisaje. El cuento pionero fue AL MARGEN DEL TIEMPO (1934) de Murray Leinster (cuyo título en inglés dio nombre a los premios Sidewise, creados para este tipo de relatos) que luego pareció especializarse en este tipo de historias (GUERRA A LOS DJINNS, ATAQUE DESDE LA CUARTA DIMENSIÓN). En este brillante relato seminal, Leinster imagina unos E.E. U.U. que hubieran sido colonizados por los vikingos, los chinos o los romanos.

Otra posibilidad es, simplemente, la parodia, echarnos unas risas a costa de que hubiera ocurrido si ciertas cosas (impensables) realmente tuviesen lugar. LA LLEGADA DE LOS GATOS CUÁNTICOS de Frederick Pohl es un buen ejemplo, unos E.E. U.U. convertidos en una República Islámica, otros gobernados por Nancy Reagan, varios Stephen Hawkins provenientes de unos cuantos universos alternativos en diferente estado de esclerosis múltiple, Isaac Asimov convertido en un brillante cirujano soviético, etc, etc.

Otra posibilidad es la nostalgia, el contar lo que realmente nos gustaría que hubiera ocurrido. LO QUE EL TIEMPO SE LLEVÓ de Ward Moore (con la Confederación ganando la Guerra de Secesión) cae a menudo en ese posibilidad pero la obra más interesante que reúne estas características es un pequeño cuento de Frederick Pohl, LA REUNIÓN EN EL MILE-HIGH, en el que se imagina un futuro donde sus compañeros fandomitas de los años 20-30 (los llamados futurianos) han triunfado a un nivel inimaginable (Kornbluth un escritor de éxito premio Pulitzer, Asimov un brillante científico asesor presidencial, solo el propio Pohl es un oscuro escritor de ciencia ficción...)

Pero la ciencia-ficción suele tener una naturaleza expansiva (si funciona, hazlo más grande la próxima vez) y otros autores decidieron que escribir sobre un universo alternativo era demasiado poco. Surgen así historias de una ambición que recuerda a las space opera más desatadas, donde los viajes en el tiempo crean una infinitud de universos alternativos que pueden chocar unos con otros como imperios galácticos desbocados: MUNDOS DE IMPERIO de Keith Laumer, UN ANILLO ALREDEDOR DEL SOL de Clifford D. Simak, son algunos ejemplos.

Con todo, y a pesar de tanta obra entendida como puro divertimento, hay que reconocer que la ciencia-ficción ha conseguido, al menos, dos obras maestras siguiendo la senda de la ucronía: para los críticos PAVANA de Keith Roberts, con una Inglaterra que fue derrotada por la Armada Invencible española (lo siento pero a mi me parece insufrible), personalmente prefiero EL HOMBRE EN EL CASTILLO de Philip K. Dick, su obra maestra y un libro digno de haber tenido más reconocimiento que el de un puñado de frikis como nosotros.

© Iván Fernández Balbuena, (1.013 palabras) Créditos
Publicado originalmente el 11 de septiembre de 2005 en Memorias de un friki