RETORNO DE LAS ESTRELLAS
RETORNO DE LAS ESTRELLAS Stanislaw Lem
Título original: Powrot Z Gwiazd
Año de publicación: 1961
Editorial: Alianza Editorial
Colección: El libro de bolsillo. BA, 0791
Traducción: Pilar Giral; Jadwiga Maurizio
Edición: 2005
ISBN:
Precio: 7 EUR

    —¿Qué hay que explicar aquí? —interrumpió ella, enojada—. ¿De verdad en tu tiempo..., entonces..., una chica no podía llevar a un hombre a su habitación?

    —Sí, claro que podía, y también con la idea de..., pero no a los cinco minutos de haberle visto...

    —Entonces, ¿después de cuántos minutos?

    La miré. La pregunta era completamente en serio. Claro, no podía saberlo; me limité a encogerme de hombros.

    —No sólo se trataba de tiempo, sino que..., sino que primero tenía que ver algo en él, conocerle, amarle, y entonces iban a...

    —Espera —me dijo—, por lo visto... No entiendes nada. Yo te he dado brit.

El arranque de RETORNO DE LAS ESTRELLAS tiene un aire tragicómico. Tras un viaje de diez años a velocidades relativistas, la tripulación del Prometeo regresa, y se encuentra con que en la Tierra han pasado más de cien, y muchas de las cosas que antes se daban por sentadas han cambiado. Esta idea en sí no tiene mucho de original, sin embargo, en manos de Lem se convierte en el pretexto idóneo para una reflexión sobre la fragilidad inherente de los valores sobre los que se sostiene nuestro mundo y nosotros mismos.

Pero esto es el trasfondo, la historia, como todas las historias, trata de una persona en particular: Hal Bregg, uno de los miembros de este viaje a las estrellas. Como en otras tantas ocasiones, Lem, da la palabra a su protagonista. Este recurso estilístico no es gratuito. En una historia donde los pensamientos y sentimientos de un personaje se convierten en más importantes que sus propias acciones, o incluso que el propio mundo que lo rodea, el narrador en primera persona es posiblemente la mejor opción. Ganamos además así, en autenticidad y proximidad con el personaje.

Todo empieza con Bregg perdido en las terminales del aeropuerto al que acaba de llegar desde la Luna. Ha rechazado la ayuda del ADAPT, una organización que se dedica a procurar la adaptación de los inadaptados, porque no quiere ser domesticado, tal vez desconozca un poco lo ocurrido en la Tierra durante todo este tiempo de su ausencia; pero es un hombre perfectamente normal... o al menos, así opina él. Rápidamente suceden varios malentendidos, incluso una pequeña escaramuza con un mirón que lo provoca con su risa. Justo a punto de salir, conoce a una chica que lo invita a su casa —la conversación transcrita arriba la mantiene con ella—. Y es entonces cuando, aunque perdure el mismo trasfondo de tragicomedia con toques líricos, por primera vez Bregg toma conciencia de la formidable brecha que se ha abierto entre él y el resto de la humanidad en esos cien años de ausencia. Algo tan básico dentro de la organización social y psicológica como son las relaciones mujer-hombre se ha visto totalmente alterado por la introducción de un factor, que él ni siquiera podía haber imaginado: La betrización, un modo de eliminar los deseos de matar de la mente de los individuos.

La betrización ha cambiado por completo la sociedad humana. Ya no existe el miedo a los demás, uno no tiene por qué temer lo que pueda hacerle el vecino, no existen las guerras, los asesinatos, ni las aficiones crueles como la caza o las corridas de toros, ni siquiera los deportes violentos, como el boxeo o las artes marciales tienen ya espacio en la Tierra. Se ha de decir, además, que la betrización, contrariamente a lo que se pudiera pensar, no afecta en modo alguno al desarrollo intelectual o físico. ¿Cuál es entonces el problema?

—Le resultará difícil de comprender —dice un médico especializado en historia de la medicina a Bregg— l os argumentos de la razón son impotentes ante las costumbres establecidas. Usted ignora todavía que han desaparecido muchos elementos que antes eran decisivos en el erotismo. La naturaleza no admite lagunas: otros elementos tenían que venir a sustituirlos. Tomemos como ejemplo lo que usted conoce tan bien: el riesgo. Ahora ya no existe, Bregg. El hombre no puede atraer a la mujer por su bravura, mediante una acción intrépida. Y sin embargo, la literatura, el arte, toda la cultura ha vivido durante siglos de este tema: el amor enfrentado a las decisiones extremas. Orfeo fue hasta los infiernos a buscar a Eurídice. Otelo mató por amor. La tragedia de Romeo y Julieta... En la actualidad ya no hay tragedias. Ni siquiera una remota posibilidad de que las haya. Hemos eliminado el infierno de las pasiones, y el resultado ha sido que el cielo ha dejado de existir al mismo tiempo. Ahora todo es tibio, Bregg.

Y lo mismo que vale para el amor, ese estado de tibieza perenne, vale también para todos los demás aspectos de la vida humana. Ha desaparecido el impulso de matar, pero como la betrización es un proceso general, no exclusivamente dirigido a este impulso, sino a todo sentimiento fuerte, también se ha acabado la pasión y la entrega que llevan desde a los grandes descubrimientos científicos, hasta al sentimiento de sacrificio por los demás.

Bregg y los demás miembros de su expedición, no están, pues, a sólo cien años del desarrollo que ha existido en la Tierra, sino a milenios. Ellos no han sido betrizados, y se preguntan por qué. Avanzado el libro, cuando Bregg ha marchado a tomarse unas vacaciones a Klavestra alejado del mundo y viene a visitarlo Olaf, uno de sus compañeros de viaje, el soliloquio que lo abruma se afonda. En las lecturas que hace para intentar ponerse al día, descubre otra nueva invención, la que permite los ascensores, coches y aviones totalmente seguros, fiables... y sin ningún tipo de inercia. Se trata de una pequeña cajita negra que anula los campos inerciales, con una de ellas, se podrían desarrollar, sin que la tripulación lo notase, aceleraciones de entre 1.000 y 2.000 G. Es decir que su viaje a las estrellas de diez años no hubiera sido necesario, tan sólo cabía esperar, y sin embargo...

—Bombón. Bombones para toda la eternidad — le dice Olaf —. Nadie volverá a volar a las estrellas. Nadie volverá a arriesgarse a realizar un experimento peligroso. Nadie volverá a probar en su propio cuerpo una nueva medicina. ¿Crees que no lo saben? ¡Claro que lo saben! Y si ahora publicaran quiénes somos en realidad, qué hemos hecho, por qué volamos, cómo ha sido realmente, ¡jamás, entonces, jamás podrían volver a ocultar esta tragedia!

Existen los medios pero no el valor para realizar esas misiones heroicas. Pero la mente de Bregg está ocupada en otras cuestiones. Se ha enamorado, o apasionado, u obsesionado por Eri, la esposa del ingeniero con el cual comparte la casa de veraneo. El hecho de que esté casada no es demasiado problema en una sociedad en la que los matrimonios tienen fecha de caducidad de mutuo acuerdo, sí lo es el abismo que los separa. Su relación es tortuosa y difícil, verdaderamente complicada, y es muy de admirar la profundidad psicológica con la que Lem trata el asunto.

El final de todo esto, creo que no debe ser revelado, así que no lo haré; sólo decir que finalmente Bregg comprende que había marchado demasiado lejos para buscar a las estrellas.


Notas

Stanislav Lem. RETORNO DE LAS ESTRELLAS. Capt. I.

Nombre más que simbólico —Prometeo es el encargado de robar el fuego a los dioses para entregárselo a los hombres— y más que caro a Lem que lo utiliza, al menos que yo recuerde, también como nombre de la nave desde la que parte la cápsula del protagonista de SOLARIS.

Stanislav Lem. RETORNO DE LAS ESTRELLAS. Capt. II.

Stanislav Lem. RETORNO DE LAS ESTRELLAS. Capt. V.

© Raúl Alejandro López Nevado, (1.511 palabras) Créditos