Ciencia-ficción: principales sub-géneros, 4
Inmortalidad
por Iván Fernández Balbuena

Las únicas personas que recibían la inmortalidad gratuitamente eran el rey Ricardo, unos cuantos políticos y administradores y, aproximadamente, unos cien médicos, cada uno de los cuales guardaba una parte del complicado secreto del Proceso Stileman. Los demás compraban los siguientes doce años bajo las mismas condiciones: cediendo todas tus posesiones mundanas a la fundación. Y no te molestes siquiera en coger el talonario de cheques si posees menos de un millón de libras.

Joe Haldeman, COMPRADORES DE TIEMPO (1989)
COMPRADORES DE TIEMPO

Aquí nos adentramos en un campo minado. La idea de la inmortalidad ha sido una constante de la literatura fantástica a lo largo de los siglos, por ello, no es raro que el más moderno avatar del fantástico, la ciencia-ficción, se haya sumado también a especular con la posibilidad de vivir para siempre. Lógicamente, la gran novedad es el sistema para lograrlo, frente al usual pacto fáustico de otras épocas, actualmente los autores buscan algún tipo de explicación científica, ya sean grandes avances en medicina (COMPRADORES DE TIEMPO de Joe Haldeman), los avances de la clonación y la grabación de recuerdos (Y MAÑANA SERAN CLONES de John Varley), etc, etc.

Ahora, esta cuestión siempre parece un tanto secundaria, un simple paisaje donde situar otros intereses. Estos pueden ser múltiples y variados, algunos lo ven como la excusa perfecta para, una vez más, situarnos en la agradable ciencia-ficción aventurera sin mayores complejos (TU, EL INMORTAL de Roger Zelazny, LAS 100 VIDAS DE LAZARUS LONG de Robert A. Heinlein, COMPUTER CONNECTION de Alfred Bester), otros, en cambio, prefieren utilizarlo como un sistema para reflexionar sobre la evolución de la humanidad a lo largo de los milenios (TIEMPO PARA AMAR de Robert Heinlein) y, unos pocos, para analizar que sucedería en nuestra sociedad si realmente existiese esa posibilidad y si solo estuviera al alcance de unos pocos (COMPRADORES DE TIEMPO de Joe Haldeman). En cualquier caso, una idea inquietante y quizás cercana sobre la que merece la pena reflexionar.

© Iván Fernández Balbuena, (322 palabras) Créditos
Publicado originalmente el 30 de agosto de 2005 en Memorias de un friki