LA AGUJA DEL DOCTOR COSTIGAN
LA AGUJA DEL DOCTOR COSTIGAN Jerry Sohl
Título original: Costigan's needle
Año de publicación: 1953
Editorial: Martínez Roca
Colección: Super Ficción nº 68
Traducción: Francisco Blanco
Edición: 1981
ISBN:
Precio: Descatalogado
Comentarios de: Daniel Salvo

¿Recuerdan la serie MacGyver, protagonizada por Richard Dean Anderson, ese que ahora sale en Stargate? Bueno, pues si no se acuerdan, McGyver era una especie de agente secreto que, además, era un GENIO en TODO. Podía fabricar un bomba atómica con agua y detergente. Y quien sabe que cosas más.

Bueno, LA AGUJA DEL DOCTOR COSTIGAN parece haber sido protagonizada por toda la familia McGyver, por lo menos. Hasta los fanáticos religiosos hacen gala de un sentido común de lo más encomiable. Pero no nos adelantemos. Regresemos un poco al principio...

...cuando el doctor Winfield Costigan convence a los miembros del directorio de una poderosa compañía estadounidense que subvencionen su invento. En lo que vendría a ser la primera de las tres partes en las que podemos dividir la novela, los personajes pasan largos ratos discutiendo la conveniencia de invertir o no en el invento del doctor Costigan, hasta que alguien (¡por fin, hombre!) pregunta en qué consiste el dichoso invento. Como no, van al laboratorio del doctor Costigan, quien, tras una introducción llena de suspenso, les muestra una pequeña estructura de metal que tiene un hueco en el centro. Al introducirse materia viva en el agujero, esta parece cruzarlo hacia un punto ubicado fuera de la habitación donde se encuentra el aparato. Un portal hacia ¿dónde? Nadie lo sabe. Lo único que cuenta es la exploración y el deseo de saber (¡!). Por eso, ni el ejército ni el gobierno se interesan, solo una empresa con sede en Chicago. Estando todos convencidos, se da luz verde a la construcción de una versión más grande de la aguja del doctor Costigan, nombre que le dan al aparato porque parece una aguja gigante. Una vez construida la aguja...

...empiezan las pruebas. Solo puede pasar la materia viva, por lo que no puede enviarse sondas ni nada por el estilo. Ni animales. Bueno, si, pero no tienen como decir qué hay al otro lado. Se decide probar con seres humanos, lo que desata la ira de una secta religiosa. Dos personas desaparecen en el hueco de la aguja, pese a los intentos de rescate (entre ellos, una fila india de personas unidas por la mano). La prensa y la opinión pública están en contra de que se siga estos experimentos (ni el gobierno ni el ejército aparecen en esta novela, cosa bastante rara). Dado que a NADIE se le ocurre tomar medidas de seguridad, los fanáticos religiosos de los que hablamos líneas arriba sabotean la aguja, produciendo una explosión inmensa. Gran parte de la ciudad de Chicago es borrada del mapa...

...pero sus habitantes aparecen, desnudos y sin las tapaduras de sus dientes, en el famoso otro lado. ¿Qué hay en el otro lado? Pues una Tierra alternativa, con algunas divergencias con la nuestra (los conejos tienen colas más largas y un tipo de flor tiene seis pétalos en lugar de cinco). Pero eso es todo. Como lo comprueba un tendero aficionado a la astronomía, la Osa Menor es idéntica a la que se veía desde su casa. Es decir, no han viajado en el tiempo. Digamos que no están tan lejos de casa, entonces. Solo bastaría construir otra aguja del doctor Costigan (que por suerte está con ellos), invertir la polaridad (es decir, darle vuelta al enchufe) y listo, de vuelta a Chicago.

Ahora, uno se pregunta: ¿puede un grupo de personas desnudas desarrollar la tecnología necesaria para construir una puerta dimensional? Pues según Jerry Sohl, si. Nuestros amigos empiezan por lo más simple, que es la elaboración de chozas, para luego forjar hierro, dentaduras postizas de oro, fabricar fósforos, vidrio, papel, plásticos… de manera que en diez años ya han construido la aguja dos. ¿Qué, no lo creen? Francamente, yo tampoco. Pero en la novela ocurre, lo cual me hace dudar si calificarla como ciencia ficción o fantasía.

Los habitantes de Nueva Chicago (así han bautizado a su utopía tecnológica) están listos para volver a casa. La naturaleza ha seguido su curso, por supuesto, y hay varios niños que han nacido en Nueva Chicago. Dos generaciones están por volver a casa (si la teoría de la inversión de polaridad funciona, claro)

Contra todos los pronósticos, los moradores de Nueva Chicago deciden quedarse. Los niños, por que es el mundo que conocen. Los adultos, por que han vuelto a ser útiles: el dentista jubilado vuelve a ejercer, el tendero odia llevar cuentas y prefiere ser el astrónomo local además de fabricante de lentes. Las señoras adoran tejer ropas para todos. ¿Por qué volver a Chicago? A nadie le falta nada, incluso el doctor Costigan tiene un nuevo laboratorio y aprendices.

Y el protagonista de la historia (¿qué, había uno?), que se ha conseguido una nueva (y más joven) mujercita, es quien menos desea regresar.

De modo que los nuevachicaguenses se quedaron en su Brave New World, y fueron felices para siempre.

© Daniel Salvo, (809 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Ciencia-ficción Perú el 22 de febrero de 2006


Locución de Francisco José Súñer Iglesias
Producido por Francisco José Súñer Iglesias para el Sitio de Ciencia-Ficción
Fondo musical: Mellow Blue de Elysis
bajo licencia Creative Commons 1.0 (sa)