AEON FLUX
AEON FLUX EE.UU., 2005
Título original: Aeon Flux
Dirección: Karyn Kusama
Guión: Phil Hay, Matt Manfredi
Producción: Gary Lucchesi, Gale Anne Hurd, Gregory Goodman, David Gale
Música: Graeme Revell
Fotografía: Stuart Dryburgh
Duración: 93 min.
IMDb:
Reparto: Charlize Theron (Aeon Flux); Marton Csokas (Trevor Goodchild); Jonny Lee Mille (Oren Goodchild); Sophie Okonedo (Sithandra); Frances McDormand (Handler); Pete Postlethwaite (Keeper)
Comentarios de: Alejandro Caveda , Carles Quintana i Fernàndez

Año 2011. Una plaga desconocida aniquila a casi toda la población humana de la Tierra. Un científico llamado Goodchild descubre una cura a tiempo de salvar a unos pocos millones de supervivientes. Unos 400 años más tarde sus descendientes viven en la última ciudad del planeta, un paraíso artificial llamado Bregna y gobernado por la dinastía Goodchild. Sin embargo, no todo es tan perfecto como aparenta: hay frecuentes desapariciones y muertes misteriosas, y un grupo rebelde (conocido como los Monicanos) está dispuesto a enfrentarse a los Goodchild para liberar a lo que resta de la humanidad. Aeon Flux es su mejor baza, una hermosa y letal agente de campo cuyo pasado encierra un secreto que será la clave del misterio que rodea la vida en Bregna.

He aquí un apretado resumen del argumento que no le hace justicia a la película. He de reconocer que había prejuzgado este film antes de verlo, considerándolo como una copia insulsa de THE MATRIX concebido para el lúbrico lucimiento de una oscarizada y hermosísima Charlize Theron; y si bien es cierto que algo de todo eso hay en la película, no menos cierto es que también da mucho más de lo que parece a primera vista al espectador exigente.

Inspirada en una serie de culto de la cadena musical norteamericana MTV creada por el animador Peter Chung AEON FLUX mezcla elementos de series recientes como la trilogía de Matrix con elementos del más genuino cyberpunk y se preocupa sobre todo por ofrecer un guión sólido y bien trabajado junto con una esmerada construcción de escenarios, ambientación y personajes. Ese empeño la acerca más a la estela de novelas como UN MUNDO FELIZ de Huxley o filmes como GATTACA o la más reciente LA ISLA de Michael Bay, ya que se presta una especial atención a desarrollar con verosimilitud, hasta el último detalle, la sociedad futura que habita en la aparentemente paradisíaca Bregna. Lo cual no obsta para que la película tenga momentos de acción típicos del más genuino videojuego, como la carrera a través de ese jardín de la muerte repleto de trampas letales; o las secuencias en los subterráneos de la ciudad (mucho mejores que las de la también recién estrenada DOOM); o la espectacular escena final con el tiroteo con la guardia pretoriana de los Goodchild o el asalto al dirigible. Pero los autores, insisto, se han preocupado de que el hilo argumental no desmerezca la fascinante puesta en escena, llevada a cabo con un detallismo minucioso que recuerda a filmes como el SOLARIS de Steven Soderbergh.

Quizás esa mixtura entre película de acción y vanguardismo intelectual es lo que más ha perjudicado a la película, que no obtuvo buenas críticas ni resultados en taquilla durante su estreno en los USA, pese a contar como principal reclamo a la bellísima Charlize Theron, en auge tras su oscar por MONSTER. De origen surafricano, pasó de ser la chica de un spot de Martini a una de las actrices-revelación con más futuro de los 90; y aunque su carrera no ha tenido el éxito ni la proyección de otras actrices de esa época, es imposible olvidarla gracias a títulos como: THE ITALIAN JOB, OPERACIÓN RENO, LAS NORMAS DE LA CASA DE LA SIDRA, o PACTAR CON EL DIABLO, entre otros. En AEON FLUX la chica impone su espectacular y elegante presencia física desde el primer fotograma de la película. La cámara la adora y se recrea siguiéndola y filmándola desde todos los ángulos y planos posibles. Su presencia desborda al resto del plantel de actores, incluso a una testimonial Natalie Portman, al convertirse (literalmente) en el eje sobre el que pivota toda la película, ya que en su pasado se encuentra la clave para la solución del misterio que rodea Bregna. Solo por ella se podría y debería ver AEON FLUX; pero es que además la película merece la pena, sobre todo si no se va, como fue mi caso, con ideas preconcebidas y prejuicios trasnochados.

© Alejandro Caveda, (663 palabras) Créditos
Publicado originalmente el 18 de enero de 2006 en El zoco de Lakkmanda


Locución de Francisco José Súñer Iglesias
Producido por Francisco José Súñer Iglesias para el Sitio de Ciencia-Ficción
Fondo musical: Introduction deuxieme theme de Xcyril
bajo licencia Creative Commons 2.5 (by-sa)

En el año 2011, el virus industrial mató al 99% de la humanidad. Finalmente, el científico Trevor Goodchild (Marton Csokas) logró desarrollar un remedio para la enfermedad y posteriormente agrupó los cinco millones de supervivientes en la ciudad amurallada de Bregna. Allá instauró una república hereditaria y, durante los siguientes cuatro siglos, sus descendientes, hasta la séptima generación, dirigieron la urbe.

Hasta aquí la introducción que ocupa los primeros minutos de la última película protagonizada por la recientemente oscarizada actriz sudafricana Charlize Theron (Aeon Flux). Inspirada en la serie de dibujos animados del mismo nombre, que el coreano Peter Cheng creó en 1995, encontramos en la película varios aspectos que recuerdan a dos obras anteriores, LA FUGA DE LOGAN y 1984.

Esto se observa en varios aspectos. El primero es que una muralla aísla la ciudad del exterior, que privado de la acción humana, está cubierto por un inmenso bosque. Además la población está estabilizada en cinco millones, lo que resulta chocante teniendo en cuenta el crecimiento exponencial de la humanidad. Finalmente, Bregna es un estado policial, con sus tropas siniestramente enmascaradas, y donde se puede saber que hace cualquier persona en todo momento.

En esta situación, los rebeldes, la protagonista es uno de sus mejores agentes, se ven obligados a utilizar la telepatía activada mediante un producto químico para comunicarse. Esto es muy típico del espionaje. Pero es que las semejanzas con dicho género no acaban aquí, ya que una vez Aeon Flux ha recibido las instrucciones, emprende la misión, que transcurre a imagen y semejanza de las de James Bond. A continuación, se le encarga la que parece sólo una más. Pero esconde algo inesperado y el resto del visionado está ocupado por sus repercusiones.

A partir de lo que se ha explicado hasta ahora, no parece que los guionistas se hayan esforzado demasiado y alguien que todavía no haya visto la película podría dudar de si hacerlo o no. Pero vale la pena. Hay varios puntos a favor como la novedad que suponen todos los aparatos avanzados de los que se vale la protagonista o que aparecen a lo largo del metraje, y donde entre otras cosas se detecta un uso intensivo de la biotecnología. Pero se ha dejar claro que aunque toda la parafernalia tecnológica impresiona, está al servicio del argumento y no al revés.

Ahondando más, la piedra angular alrededor del cual gira toda la película son las relaciones entre personas, con el ya conocido argumento del segundón, afectado por el Síndrome Iznogud, que quiere desplazar a su superior y ocupar su lugar. Tenemos pues una historia interesante y bien narrada, aunque no demasiado original y en la que se descubre rápidamente cual es el motor que la mueve.

Un aspecto un tanto irreal es que parte del argumento descansa sobre la premisa de que los recuerdos se conservan entre diferentes encarnaciones de una misma persona. Aunque esto ya era conocido por los budistas, el problema es que aquí los recuerdos aparecen espontáneamente, de forma demasiado sorprendente. Hay otros detalles que también llaman la atención, pero éste es el que tensa más los límites de la suspensión de la credulidad aplicables en estos casos.

También se echa a faltar una visita más detallada a Bregna. No sabemos a que se dedican sus habitantes, es de suponer que no serán todos funcionarios o miembros de las fuerzas de seguridad, ni de donde sacan la energía ni la comida, etc. Eso si, la ciudad es un sueño hecho realidad, con edificios de pocos pisos, grandes paseos e inmensos jardines. Lástima que no deje de ser una cárcel dorada.

En cuanto a los personajes, tenemos ante todo a Aeon Flux (Charlize Theron), que si bien parece ser la protagonista destacada de la película, no es así, ya que casi al mismo nivel está el séptimo Trevor Goodchild (Marton Csokas), cuya cara de perfil, a la semejanza del Gran Hermano de 1984, aparece por todos los rincones de la ciudad.

Aeon se puede definir como el típico agente secreto que después de una larga carrera exitosa, se topa con una misión en la que hace descubrimientos totalmente inesperados que la llevan a replantearse muchas cosas. Por su parte, Goodchild es más complejo, con una mayor capacidad de sorprender al público, destacando sobretodo el hecho de que primera impresión que causa cambia con gran rapidez.

Naturalmente, existe una corta lista de secundarios. Pero al copar la pareja protagonista la mayoría de las escenas, no aparecen el tiempo suficiente para dejar de ser una galería de estereotipos sin mayor relevancia. Destacan de entre ellos Oren Goodchild (Jonny Lee Miller), hermano menor de Trevor y que se encarga de la administración diaria de Bregna, y Sithandra (Sophie Okonedo), alumna y mejor amiga de Aeon.

No podemos olvidar el vestuario, que resulta de especial interés. En general, en todas las películas futuristas existe una cierta uniformidad en el vestir. Pero aquí ocurre todo lo contrario. No es sólo que la misma Aeon Flux exhiba cinco trajes diferentes a lo largo de la historia, entre los que se encuentran un camisón bastante sugerente, sino que no hay dos figurantes vestidos igual. Así que buen trabajo el del encargado de ese aspecto.

En resumen, una buena película, pero sobre todo pura ciencia-ficción, sin darse la circunstancia que últimamente se está repitiendo bastante de utilizar el género fantástico como mero envoltorio de una historia que realmente no pertenece a él.

© Carles Quintana i Fernàndez, (905 palabras) Créditos