CIUDAD, DE CLIFFORD D. SIMAK
por Raúl Alejandro López Nevado

Éstas son las historias que cuentan los perros, cuando las llamas arden vivamente y el viento sopla del norte. Entonces la familia se agrupa junto al hogar, y los cachorros escuchan en silencio, y cuando el cuento ha acabado hacen muchas preguntas.

-¿Qué es un hombre?
-¿Qué es una ciudad?
-¿Qué es una guerra?

No hay respuesta exacta para esas preguntas. Hay suposiciones y teorías y conjeturas, pero no hay respuestas.

En esos grupos familiares más de un narrador ha tenido que explicar que sólo se trata de un cuento, que no existen cosas tales como una ciudad o un hombre, que en los cuentos, que no pretenden más que entretener, no hay que buscar una verdad. Explicaciones semejantes, que pueden servir para los cachorros, no son explicaciones. Aun en unos cuentos tan simples hay que buscar la verdad.

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Puestos a imaginar, prefiero un mundo dominado por perros que por robots. Lo he de confesar, los perros me encantan. Creo que únicamente en ellos podemos hacernos conscientes de nuestra verdadera dimensión humana, pues son la única especie que ha estado lo suficientemente cerca de nosotros como para comprendernos, probablemente mejor de lo que nos entendemos nosotros mismos. Y creo que el bueno de Cliff pensaba como yo.

CIUDAD es una obra en la que los perros de un futuro en el que el hombre ha desaparecido se preguntan sobre nosotros como si fuéramos seres míticos. Hasta su lejana época han sobrevivido una serie de cuentos en los que, a la manera de una teogonía hesiódica, se narra el final de la época de los hombres, y el principio de la de los perros. Para los canes doctos, el hombre no puede ser más que un invento canino, en el que se muestra su propia necesidad de adorar a unos seres superiores que le confieran una cierta confianza y seguridad. Una especie de dios capaz de dotar de un cierto sentido a la pregunta sobre el origen del mundo y de sí mismos. Les parece que la ambivalencia que el hombre muestra en sus relatos, donde conviven las obras más nobles, como el dotar de habla y raciocinio a los primeros perros, con las más deleznables, como ese asesinato organizado al que llamaban guerra, y que no tiene cabida en la conciencia perruna, no puede ser sino la muestra de su irrealidad y aun de su imposibilidad. No obstante, con todo, esos perros doctos del futuro, que se dedican a analizar las tradiciones ancestrales de su raza, se ven obligados a reconocer que una creencia tan extendida dentro de su civilización no puede tener su origen en el vacío, y que se le ha de buscar una cierta correspondencia con la realidad.

La novela se mueve a dos niveles narrativos. Por un lado tenemos lo transcurrido en el mundo dominado por los perros en el que se publican los cuentos con sus anotaciones; y por otro, tenemos lo que va ocurriendo en los propios cuentos. Estos dos niveles tienen su reflejo en la organización estructural de la novela. Cada capítulo consta de un cuento, y de una nota previa en la que se nos explica cuál es su consideración entre la intelectualidad perruna: si se cree que tiene algún viso de realidad, o si se cree que se trata de un relato meramente mítico o simbólico, etc. De este modo, con este juego, no sólo vamos descubriendo cuál fue el destino de la humanidad en sus últimos años, sino lo que los perros, nuestros herederos, piensan al respecto.

Simak es muy capaz de imaginar y dotar de realidad a un futuro lleno de alternativas al hombre. Está el perro, que es aquél al que mejor conocemos y que se muestra como heredero más directo del hombre; pero también están los mutantes, superhombres que han dejado de ser hombres; los robots salvajes, que han decidido que ya no tienen necesidad de servir al hombre, e invierten sus esfuerzos y energía en crear una nueva civilización mecanizada; e incluso las hormigas cuya evolución se vuelve a poner en marcha por obra del mutante Joe. A lo largo de la novela, todas estas alternativas, incluida la del verdadero final del hombre, convertido ya en otra cosa entre las tormentas jovianas, van construyendo un universo único e inimitable, donde la obra alcanza las cuotas de saga. De hecho, antes la he comparado con La Teogonía, quizá fuera también pertinente compararla con las sagas nórdicas.

A continuación paso a hacer un rápido repaso de cada uno de los cuentos. Me gustaría advertir que quizá fuera aconsejable que los que aún no se han leído la novela tampoco lean esta última sección de mi comentario, pues tal vez les desvele demasiadas cosas que sería más grato ir descubriendo a medida que se profundiza en la novela. De todos modos, CIUDAD no es una obra en la que la intriga o el suspense tengan un papel fundamental. Su mayor peso se lo lleva su dimensión especulativa, más filosófica que científica diría yo, y esto, por mucho que se lean comentarios, sólo puede ser disfrutado y aprehendido con la lectura directa del texto.

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CIUDAD

Notas

La mayor parte de las autoridades en economía y sociología juzgan que una organización tal como una ciudad es algo imposible, no sólo desde el punto de vista económico, sino también del sociológico y psicológico. Ninguna criatura de sistema nervioso bastante perfecto como para desarrollar una civilización, señalan, podría sobrevivir dentro de tan restringidos límites (...) Además del concepto de ciudad, hay otro que el lector no podrá conciliar con sus costumbres y que viola las mismas leyes del pensamiento: se trata de las ideas de guerra y asesinato.

Sinopsis

Nos encontramos aquí al final de la época de las ciudades. Es 1990, y precisamente la decadencia de la ciudad ha salvado a la humanidad de la guerra nuclear, al acabar con los objetivos que ésta pudiera haber tenido. La mayoría de humanos viven en el campo, porque el avión atómico personal, que permite desplazarse a grandísimas distancias en muy poco tiempo, ha logrado que la gente no deba concentrarse para estar cerca de su lugar de trabajo. Por otro lado, la revolución del cultivo en tanques, que consigue cosechas más eficientes en menores cantidades de tierra, ha logrado devaluar el terreno, de modo que cualquiera puede disponer de una buena casa en el campo. No obstante, nuestros protagonistas siguen aferrados a su antiguo modo de vida. Hay un alcalde corrupto que está empeñado en echar a los pobres que han ocupado las casas abandonadas. El primer Webster, John J. Webster, se enfrenta a él y le dice que no debe echarlos que no molestan a nadie. Pero el alcalde y el jefe de policía están dispuestos a hacer arder las casas antes de permitir que se queden. Mientras esto sucede, Gramp, el suegro de Webster, se encuentra con el joven nieto de un antiguo amigo y habitante de la ciudad. El muchacho nada en la abundancia económica y siente la nostalgia del pasado, así que compra las casas e impide la destrucción que se proponían organizar desde el ayuntamiento. Desea que aquel lugar se conserve tal cual, para que la gente recuerde lo que eran las ciudades cuando éstas ya hayan dejado de existir. Y deja a John J. Webster como el responsable de cuidar de que esto se cumpla.

ENCIERRO

Notas

Se expresan aquí algunos de los conceptos éticos y morales que los perros han llegado a valorar. Aquí, también, hay un conflicto que un perro puede entender, aunque ese conflicto revele el deterioro moral y mental de su protagonista.

Por primera vez, también, aparece un personaje familiar, el robot. En el robot Jenkins, tal como lo presenta este cuento, nos encontramos con un individuo que durante miles de años ha sido favorito de los cachorros.

Sinopsis

Jerome A. Webster es la quinta generación de los Webster que vive en la vieja casa que un día estrenara John. Nos encontramos en 2117, la vida en Marte ya es un hecho consumado. Los humanos viajan al planeta rojo para perfeccionarse en sus profesiones, y los marcianos reclaman su ayuda en las cuestiones técnicas. Resulta interesante comprobar cómo Simak contrapone aquí la civilización marciana, donde se ha llegado a un grado máximo de elevación y organización en la filosofía; con la humana, donde ha primado el desarrollo de las técnicas, y entre éstas, especialmente de la medicina. De hecho Jerome es un gran médico, especialista en neurología marciana, hijo a su vez de una familia de médicos. No obstante, su propio hijo se ha decidido por la ingeniería y se marcha a Marte, tal y como él hiciera cuando era joven. Cuando Jerome va a despedirlo, se da cuenta de que se siente extraño, siente vértigo y miedo y no sabe qué le ocurre. Lo averiguará un poco más adelante: tanto tiempo en los familiares alrededores de la casa Webster le han hecho desarrollar una terrible agorafobia que le impide salir de casa.

Mientras se hace consciente de esto, Juwain, el más grande de los filósofos marcianos, y uno de sus mejores amigos, se comunica con él. Dice que está a punto de sentar las bases de un sistema filosófico que hará que la humanidad en su conjunto avance en un par de generaciones lo que hubiera tenido que avanzar en cien mil años.

Pocos días después, Jerome recibe un aviso. Su amigo sufre una grave afección cerebral y él es el único que puede operarlo. Jerome desea ir, pero siente cómo su agorafobia lo condena a permanecer clavado en aquella casa. Si la vida de Juwain se acaba, no sólo perderá a un amigo, sino que hará que la humanidad pierda una de sus mejores oportunidades. No desea ir, siente que no puede ir; pero finalmente termina decidiendo ir. Por desgracia, cuando está a punto de salir, Jenkins, el fiel robot que será el verdadero protagonista durante toda esta larga historia que abarca más de diez mil años, le advierte de que ha dicho a unos hombres que venían a recogerlo que se fueran, que no podía creer que él deseara marcharse. En aquel momento, Jerome sabe que ya no se marchará jamás.

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CENSO

Notas

Para los miles de lectores que gustan del tercer cuento, éste se distingue, principalmente, porque en él aparecen los perros por vez primera. Para el estudioso, es mucho más. Es, ante todo, una historia de culpabilidad y frustración. En ella prosigue el derrumbamiento de la raza humana, y el hombre es asaltado por un sentimiento de culpa y la inestabilidad que resulta de las mutaciones. (...) De todos los personajes que aparecen en la leyenda, Nathaniel es, seguramente, el único que tiene fundamento histórico. En muchos otros relatos del pasado racial se menciona a menudo este nombre. Aunque es casi imposible que Nathaniel haya cumplido todas las hazañas que se le atribuyen, hay que creer sin embargo en su existencia, y que fue, en vida, una figura de importancia.

Sinopsis

Han pasado los años, aquel joven hijo de Jerome es ahora un anciano que mira a las estrellas esperando las noticias de uno de sus hijo que viaja hacia Alfa Centauri en una nave diseñada por él. Mientras su otro hijo, Bruce Webster, quizá con la intención de compensar a la humanidad el daño que le hiciera su abuelo, trabaja en un proyecto para dotar de voz y capacidad de lectura a los perros.

La escena comienza con Grant, que anda buscando a algún mutante capaz de comprender la teoría de Juwain y hacerla accesible a la humanidad. Grant se encuentra con Nathaniel, uno de los perros parlantes de Bruce, aquél del que hablan las leyendas de los perros del futuro. Cabe recordar aquí una nota que me parece particularmente hermosa. La dedicatoria de CIUDAD, del libro al completo, reza como sigue: En memoria de Scootie, que fue Nathaniel. Creo que este pequeño detalle no está exento de importancia. Nathaniel es el primer perro en la novela, pero también fue un perro real, probablemente un fiel amigo de Simak, y debió de ser el que lo inspirara para escribirla. En la novela, el perro Nathaniel es un personaje singularmente bien construido. Uno puede reconocer en el comportamiento del joven cachorro lo que sería un perro si pudiera hablar.

Hay otra gran obra de ciencia-ficción cuyos protagonistas son canes, se trata de SIRIO de Olaf Stapledon. Es una obra fantástica y que verdaderamente me agradó mucho; pero existe una gran diferencia no sólo en la concepción de la novela, sino en la dinámica interna de la creación de sus personajes. Sirio, aunque su autor lo presente así, no es un perro, sino más bien un profundo intelectual humano de posguerra. Para Stapledon el perro no es propiamente un personaje, sino un símbolo; para Simak el perro no es un símbolo sino un personaje de pleno derecho.

Hecho este inciso, continuemos con la historia. Grant pasa una noche en la casa de los Webster, habla con Bruce, que sueña una civilización en la que los hombres y los perros puedan ayudarse de igual a igual; con el robot Jenkins que ayuda a cuidar de los perros; con Nathaniel, que le confiesa que a veces no puede comprender algunas de las palabras de los humanos, pero que es capaz de saber cosas que ellos ignoran; y con el anciano Thomas Webster, que le explica su encuentro con el mutante Joe. Un día, cuando él estaba enfrascado en la resolución de un problema de diseño de la nave para volar a Alfa Centauro, que lo tenía bloqueado desde hacia varios años, apareció Joe. Le pidió los planos de la nave, y tras una ojeada le señaló el error para luego marchar riendo.

Una noche, finalmente, Grant se encuentra con Joe. Hablan durante un rato, le pide que ayude a la humanidad; pero la respuesta de Joe es imperturbable: ¿y por qué tendría que hacerlo? Grant se da cuenta de que un superhombre es algo que está por encima del hombre y, por tanto, algo que ya no es humano, ni está interesado en los problemas humanos. Joe tiempo atrás había ayudado a que una colonia de hormigas reiniciase su evolución detenida desde hacía millones de años. Grant había creído que se trataba de bondad, ahora comprende que se trató sólo de divertimento. Tras la charla, Joe pasa por encima de aquel hormiguero que él mismo había ayudado a crear, causando gran destrucción. Se lleva entre sus manos los apuntes de la filosofía de Juwain. Grant intenta detenerlo, pero Joe lo golpea antes de que pueda dispararle y lo deja tendido en el suelo.

Cuando despierta, Nathaniel está a su lado. Es éste un momento crítico de la historia. Grant se ha dado cuenta del terrible futuro que puede aguardar a los hombres: convertirse en algo como Joe, nietzscheanamente más allá del bien y del mal, sin ningún escrúpulo, compasión ni lazo social capaz de detenerlo. Como contraposición está Natahaniel, los perros y todo lo que ellos representan. Joe es la parte intelectual del hombre desligada de toda emotividad, los perros son esa parte emotiva elevada a su máxima potencia. Siempre han sido fieles, siempre han sido sociables, ante el dilema de una humanidad descarnada como la que representa Joe, y una humanidad, aunque no posea su forma, como la que representa el cachorro Nathaniel, Grant se inclina por esta última. «Tendréis que recoger nuestros sueños —le dice a Nathaniely mantenerlos vivos. Tendréis que pretender que sois hombres». «Ya entiendo —le acaba respondiendo Nathaniel — nosotros los perros, se lo diremos a nuestros cachorros, y nuestros cachorros se lo dirán a sus cachorros».

DESERCIÓN

Notas

Se supone que Júpiter, el lugar donde transcurre la acción, es uno de los mundos a los que se llega cruzando el espacio. La imposibilidad científica de la existencia de esos mundos ya ha sido citada en otra parte. Y, si aceptamos la teoría de Bounce de que esos otros mundos de que habla la leyenda no son sino nuestros propios mundos múltiples, parece razonable suponer que el aquí descrito ya tenía que haber sido descubierto. Nadie desconoce la clausura de algunos de los mundos de los duendes, pero la razón de esa clausura es también muy conocida, y ninguno de esos mundos ha sido clausurado a causa de las condiciones que se describen en este cuento.

Sinopsis

En la disyuntiva entre terraformación de otros planetas y adaptación biológica del hombre para colonizarlos, Simak suele escoger la segunda opción. En este caso nos encontramos con un científico, Fowler, que está intentando encontrar la forma de vida adecuada para colonizar Júpiter. A tal efecto va mandando a algunos hombres, que previamente se someten a un proceso de cambio biológico, a inspeccionar Júpiter, y a comprobar si el cambio previsto por los biólogos es el adecuado para colonizar el planeta. Tras enviar a unos cuantos, ninguno de ellos vuelve, y su equipo empieza a acusarlo de insensibilidad. Fowler, a la sazón, para evitar más pérdida de vidas, decide someterse a sí mismo al proceso de cambio biológico para estudiar con sus propios ojos la superficie de Júpiter. Le acompañará en esta aventura Towser, su viejo e inseparable perro.

Cuando Fowler y Towser se encuentran ya bajo formas jovianas ambos se darán cuenta de que pueden hablar sin palabras. Un gran ímpetu físico y mental los hace sentirse bien. Son capaces de comprender y de sentir cosas que antes no comprendían ni sentían, saben que vivirán durante milenios, y el ambiente brutalmente tormentoso de Júpiter es, a sus ojos, un lugar de infinita belleza. Fowler comprende entonces por qué sus hombres no volvían. Él mismo experimenta un gran dolor al pensar en que tiene que volver a ser humano. Pero sabe que debe hacerlo, la humanidad tiene que saber lo que es esa nueva forma de vida como joviano. Tras cinco años, decide que debe volver para explicárselo a todo el mundo, para que todos dispongan de esa posibilidad del paraíso que ofrece Júpiter. Towser le pide que no vaya, le dice que no le harán caso; pero Fowler vuelve a la base dispuesto a explicarlo todo.

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PARAÍSO

Notas

Una raza semejante nunca pudo haberse alzado desde los humildes comienzos a las eminencias de la cultura que esta leyenda le atribuye. Su naturaleza es esencialmente pobre. Del mismo modo, su falta de estabilidad es un hecho evidente. Que haya vivido preocupada por la idea de una civilización mecánica y no por una cultura basada en conceptos más valiosos y sólidos, indica falta de carácter. (...) aceptar la teoría de Rover de que el hombre ha sido concebido deliberadamente como la antítesis del perro: una especie de criatura simbólica, una fábula social.

Sinopsis

Volvemos a la Tierra. Tyler Webster es secretario del Comité Mundial. El día en que se celebra el centésimo vigésimo quinto aniversario del último crimen cometido en el sistema solar, le llega la noticia de que Fowler, el científico encargado de la misión en Júpiter, acaba de volver a la Tierra, y parece ser que trae algunas ideas que podrían resultar peligrosas. Asimismo, tiene noticia de que Joe, el viejo mutante, ha acudido a la Casa Webster, a hablar con Jenkins. Tyler se siente orgulloso por ello, piensa que al fin y al cabo Jenkins es un Webster. Piensa que quizá Joe haya acudido a negociar alguna suerte de pacto, pues en los últimos cien años los mutantes han sido sometidos a un control constante por parte de los perros parlantes, a fin de evitar que intentasen ninguna mala pasada.

Tras un rato de espera, Tyler hace pasar a Fowler a su despacho y hablan. Fowler le cuenta lo que representa la forma de vida joviana. Para él es una suerte de paraíso terreno al que todos pueden acudir. Tyler se da cuenta de que eso comporta un grave peligro, intenta negociar con Fowler; quizá Júpiter podría ser una especie de premio para las personas una vez ya hubieran cumplido su ciclo vital y activo como humanos. Pero Fowler no quiere escuchar, para él la experiencia como joviano ha sido algo casi religioso, y quiere hacer que todo el mundo lo sepa. El peligro que Webster teme es el del fin de la especie humana: «Estoy dispuesto a reconocer que es mejor ser joviano que hombre. Pero no admito que eso justifique la muerte de la raza humana, que debamos cambiar lo que hemos hecho y deseado por lo que ellos son». Finalmente, Fowler se va con la amenaza de explicárselo a todo el mundo.

Entonces llega la llamada desde su casa. Joe está allí y quiere hacerle una propuesta, le ofrece la filosofía de Juwain, aquella doctrina tan largamente anhelada. Joe le explica en lo que consiste: en la posibilidad de ponerse total y plenamente en el punto de vista del otro, lo que permite una comprensión total. Tyler desconfía de los motivos de los mutantes.

Tras la conversación, toma descuidadamente un caleidoscopio, un juguete con certificado de antigüedad que había comprado para su hijo, y lo siente. La filosofía de Juwain ha comenzado a actuar. No es capaz de explicárselo pero sabe que se trata de eso. En ese momento aparece Fowler, viene a pedirle disculpas por haberse despedido de malas maneras, pero perservera en que llevará a cabo su misión informativa. Ahora sabe cuál era la carta escondida de los mutantes. Sin la comprensión perfecta, las palabras de Fowler no tendrían convicción alguna, quizá sobre algún hombre pudieran dejar sentir su influencia, pero la humanidad en su conjunto no lo escucharía. Con la filosofía de Juwain en cambio, su poder de convicción sería total. Unas luces en el cielo, desde las que se empieza a difundir la filosofía de Juwain empiezan a cernirse sobre toda la Tierra. Tyler piensa que quizá la única posibilidad de acabar con aquella pesadilla sea matar a Fowler, durante unos instantes sopesa una pistola en sus manos; pero han sido ciento veinticinco años sin matar, todo el esfuerzo de generaciones de hombres había culminado con aquel periodo dulcísimo sin violencia, y él no podía quebrarlo con un disparo.

ENTRETENIMIENTOS

Notas

Aquí, apunta Tige, se demuestra que los perros contaban estas mismas historias junto al fuego cuando hablaban del hombre enterrado en Ginebra o los que habían ido a Júpiter. Aquí, dice, se nos narra la primera expedición de los perros a los mundos de los duendes, su primer paso hacia el desarrollo de una fraternidad animal. Aquí también, piensa Tige, se nos muestra que el hombre era una raza que descendió por el sendero de la cultura en parte acompañado por los perros.

Sinopsis

Casi toda la humanidad ha marchado a Júpiter para transformarse en otra cosa, los peores temores de Tyler se han cumplido, tan sólo una pequeña población de unas cinco mil personas permanece en la Tierra, en Ginebra. Allí, conscientes de tener a su disposición un mundo que había sido pensado para millones, cada cual pasa el tiempo como mejor puede. Jon Webster se dedica a escribir un gran libro de historia, sabiendo que nadie lo leerá. En sus investigaciones descubre la sala de control de la cúpula defensiva de la ciudad. Su mujer le dice que va a tomar el sueño, quién sabe, dormir varios siglos, cuidada por robots, para ver qué es lo que habrá después. Su hijo, junto a otros hombres y mujeres, se dedica a la vida al aire libre al estilo prehistórico como entretenimiento. Jon es un hombre solitario que siente la llamada de la nostalgia.

Al otro lado del globo, los perros sueñan una alianza entre todos los animales bajo la atenta mirada de Jenkins. Comienzan a desarrollar sus habilidades para descubrir los mundos de duendes, así los llama Jenkins para evitar las dificultades de hablar de dimensiones. También se habla de los robots salvajes que, liberados de la necesidad de servir al hombre se dedican a levantar una nueva civilización. Jenkins también se siente nostálgico, durante cientos de años había ido sirviendo a todas las generaciones de la familia Webster, y ahora estaba allí, solo, enfrentado a una tarea para la que no estaba preparado. A la sazón, recibe una llamada, se trata de Jon que le pide permiso para ir a visitar la vieja casa de sus antepasados.

Ya en la casa Jon tiene una conversación con Jenkins, ve también a los perros, y siente un gran afecto hacia ellos. Los perros están soñando con forjar una civilización que abarque a todas las criaturas animadas, un mundo en el que no exista el crimen ni la guerra, ni siquiera la interespecífica. Webster se sabe un anacronismo y siente que los perros deben tener su oportunidad, sí, deben tener su oportunidad sin que ningún hombre se interponga en su camino.

De regreso en Ginebra, vuelve a la sala de control de la cúpula y la cierra. Los hombres allí encerrados no tienen derecho a inmiscuirse en los asuntos de la Tierra, quizá algún día se lo ganaran si lograban recordar cómo funcionaba aquel mecanismo de la cúpula; pero no hasta entonces. Él decide tomar el sueño por el resto de la eternidad.

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ESOPO

Notas

En la historia, los perros han olvidado al hombre. En los pocos miembros de la raza humana que aún viven entre ellos no reconocen al hombre y llaman a esas raras criaturas con el viejo apellido Webster. Pero este nombre propio, Webster, ha pasado a ser un sustantivo común. Los perros se refieren a los hombres como websters, mientras que para Jenkins el nombre tiene una W mayúscula.

«¿Qué es un hombre?» preguntó el lobo, y el oso, cuando trató de explicarlo, no pudo. Jenkins dice, en el cuento, que los perros no deben recordar al hombre. Y nos indica las medidas que tomó para que olvidáramos.

Sinopsis

Han pasado varios miles de años. La gran alianza animal es un hecho. Nadie, salvo el viejo Jenkins, recuerda ya al hombre que yace enterrado en Ginebra. Los animales hablan de los webster, aquellos trogloditas, descendientes del hijo de Jon y su grupo que se encontraban fuera de la ciudad cuando ésta fue cerrada, que encontraron en Europa, y a los que se dedicaron a educar. Todo parece ir bien, pero se suceden una serie de extrañas e inexplicables muertes. Los perros se disponen a dar una gran fiesta por el séptimo milenio de vida de Jenkins y para ello le han regalado un nuevo cuerpo.

En esta situación, un webster llamado Peter inventa casualmente un arco y una flecha. No sabe lo que son, y no sabe sus efectos; pero a instancias de lo que le pide la ardilla dispara a un petirrojo y lo mata. Todos los animales que asisten al espectáculo se sienten horrorizados, el hombre el primero. Entre ellos no se había producido una muerte violenta desde que los perros instaurarán su benévolo reino con sus sucedáneos de la carne que evitaban la necesidad de matar. Rápidamente la ardilla huye con la intención de explicar a Jenkins lo que ha hecho Peter, el lobo, permanece del lado del hombre.

Mientras tanto, Jenkins habla con Ichabod, éste le confiesa que el viaje en el tiempo es imposible, y que se sospecha que un duende haya atravesado la barrera. Cuando se queda solo, Jenkins medita acerca de todo lo que les dijo a los perros para que olvidaran que una vez habían sido criados del hombre. Entonces le llega la noticia, un webster ha inventado el arco y la flecha, siente que el hombre se ha vuelto a internar, pese a todos sus intentos, por el camino de la muerte y la destrucción. Con su nuevo cuerpo, decide marchar al castillo en el que habitan los mutantes, a los que hace siglos que no ve, en busca de consejo. Tras entrar en él, se da cuenta de que aquello es una base llena de puertas a otros lugares, los mutantes se han ido.

Peter y el lobo están huyendo cuando el duende los ataca y acaba con el segundo de ellos. Peter se siente horrorizado, lanza flecha tras flecha contra el monstruo sin lograrle hacer nada. Finalmente, se le parte el arco, pero es tanto el odio que siente contra el asesino de su amigo que pretende atacarlo con los puños desnudos. El duende, horrorizado ante aquel sentimiento, el odio, que no conoce, comienza a retroceder. En ese momento aparece Jenkins y puede percibir los pensamientos del ser que, finalmente, acaba formulando en su mente la disposición exacta para saltar a otro plano de existencia.

El humano ha salvado al mundo de los perros, pero se encuentra ya también en proceso de destruirlo. Jenkins toma una decisión, ahora que sabe cómo se hace, tras ver cómo lo hacía el duende, se marchará con todos los websters a otro mundo, a otro lugar desde donde no molesten el proyecto de los perros.

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EL MODO MÁS SIMPLE

Notas

En su estructura, es aceptable; pero no se advierte en él la habilidad narrativa de las otras historias. Hay que añadir, además, que es demasiado visiblemente un cuento. La referencia a distintos hechos es demasiado inteligente, y une distintos aspectos de la leyenda de un modo artificial Y sin embargo, mientras que en los otros cuentos (indudablemente legendarios) no puede encontrarse ninguna base histórica, esa base existe en éste.

Ya se sabe que uno de los mundos cerrados es un mundo de hormigas. Lo es hoy, y lo ha sido durante innumerables generaciones. No hay prueba de que el mundo de las hormigas sea la patria de los perros, pero nada prueba tampoco lo contrario. El hecho de que distintas investigaciones no hayan descubierto hasta ahora ningún mundo que pueda considerarse el mundo original, parece indicar que el mundo de las hormigas es realmente el llamado Tierra.

Sinopsis

Han pasado cinco mil años. Los perros y los robots siguen sus respectivas civilizaciones; pero una especie de epidemia se cierne sobre los segundos, de repente sienten «la llamada» y se marchan a trabajar en unos gigantescos bloques que construyen para las hormigas, aquellos antiguos insectos sobre los que Joe puso un día la semilla de la civilización. En este contexto vuelve a aparecer Jenkins, ha estado probando durante milenios el modo de regresar, tras que desapareciesen los últimos hombres en aquella dimensión a la que marcharon con él. Homer, el líder de los perros le explica la situación, las hormigas están construyendo una gigantesca estructura que en menos de un par de siglos no dejara espacio alguno sobre la Tierra. Los perros, y el resto de animales podrían emigrar a otros mundos, como se obliga a hacer a aquéllos a los que el sorteo, instaurado debido a la sobrepoblación, señala; pero no quieren abandonar el mundo madre. Jenkins recuerda entonces que los humanos tenían una solución para tratar con las hormigas, y que aún quedan humanos en Ginebra. Con sus nuevas habilidades, se dirige a este lugar, atraviesa la bóveda protectora, y pregunta a Jon, el webster que yace tomando su sueño eterno, sobre el modo de tratar con las hormigas. Éste le explica cómo las mataban los hombres, pero Jenkins piensa que ésa no es la solución:

eso era un crimen, y ya no había crímenes. No se mataba ni siquiera a las pulgas, y eso que los perros estaban bastante apestados de pulgas. Ni siquiera a las hormigas... y las hormigas amenazaban con arrojar de sus hogares a los animales del mundo.

No había habido un solo crimen durante cinco mil años o más. La idea del crimen había desaparecido de todas las mentes. Y es mejor así, se dijo Jenkins. Mejor perder un mundo que caer otra vez en el crimen.

Se volvió lentamente y descendió por la colina.

© Raúl Alejandro López Nevado,
(5.263 palabras) Créditos