Borges fantástico, 2
Biografía. PRIMEROS AÑOS
por Raúl Alejandro López Nevado
Borges niño
Borges niño

No sé si soy un buen escritor; creo ser un excelente lector o, en todo caso, un sensible y agradecido lector

Borges nace en Buenos Aires el 24 de agosto de 1899. H. G. Wells, a quien tanto admirará, está en plena explosión creativa, Friedrich Nietzsche, de quien recelará, a punto de morir. Estamos en los principios casi oníricos del siglo XX, pero el siglo XIX se resiste a desaparecer. Argentina es un país rico, y la familia Borges dispone de holgura económica. En apenas unos años, tiene lugar lo que él mismo llama uno de los acontecimientos más importantes de su vida: su padre pone a su disposición la gigantesca biblioteca familiar. Borges es un niño introvertido y pasa las horas perdido entre los anaqueles. No acudirá hasta los nueve años a la escuela, eso le permite pasar más tiempo en compañía de sus amigos literarios.

Su abuela materna le hace un regalo especial: el inglés, que Borges utilizará casi sin darse cuenta, como una música distinta del castellano. La primera novela que leí completa fue HUCKLEBERRY FINN. Después vinieron ROUGHING IT y FLUSH DAYS IN CALIFORNIA. También leí los libros del capitán Marryat, LOS PRIMEROS HOMBRES EN LA LUNA de Wells, Poe, una edición de la obra de Longfellow en un solo tomo, LA ISLA DEL TESORO, Dickens, DON QUIJOTE, Tom Brown en la escuela, los cuentos de hadas de Grimm, Lewis Carroll, LAS AVENTURAS DE MR. VERDANT GREEN (un libro ahora olvidado), LAS MIL Y UNA NOCHES de Burton. (...) Todos los libros que acabo de mencionar los leí en inglés. Cuando más tarde leí DON QUIJOTE en versión original, me pareció una mala traducción . Borges bebe así, desde muy pequeño, de las dos tradiciones literarias más importantes de Occidente, la hispana y la inglesa, y su obra con el tiempo habrá de ser una perfecta síntesis de lo mejor de ambas. Una prueba la tenemos en que pocos autores de nuestro ámbito lingüístico son tan reconocidos como Borges por escritores y lectores anglófonos.

Otra de las grandes influencias que no cabe desdeñar en esa primera etapa de su formación es la ejercida por la literatura argentina. Borges quedará rendido ante EL MARTÍN FIERRO de José Hernández, que leerá a escondidas porque su madre se lo había prohibido ya que lo consideraba un libro sólo indicado para matones y colegiales . Y ante las obras de Eduardo Gutiérrez sobre bandidos y forajidos argentinos. De aquí, y no de una vivencia real, como él mismo confiesa, sacará Borges el Palermo del cuchillo y de la guitarra de sus obras más gauchescas y argentinistas. Resalta en este punto la influencia de SILUETAS MILITARES, también de Eduardo Martínez, sobre el pequeño e impresionable escritor en ciernes. En este libro se narra el fin del coronel Borges, su abuelo paterno, cuya poética muerte, lo fascinaría indeleblemente. En 1874, tras una derrota, el coronel Francisco Borges, montando un caballo, con un poncho blanco para ser más visible, buscó la muerte, junto a doce hombres más de su compañía, acercándose a la línea enemiga hasta que dos balas de Remington lo alcanzaron.

La mitología griega y la escandinava, por mor de la cual llegaría a aprender, ya de adulto, el sajón y el islandés antiguo; y la poesía de los románticos y victorianos: Shelley, Keats, Fitzgerald y Swinburne completan la trama de las influencias literarias de su infancia. Nada escapará, pues, a los ávidos ojos lectores del pequeño Borges, que lee todo lo que cae en sus manos, literatura, mitología, filosofía, historia... Él es, ya en estos primeros años y lo será a lo largo de toda su vida, un hombre de letras que se intenta imbuir de todas las obras de la cultura universal. No obstante, su modo de hacerlo dista mucho del clásico y académico. No se guiará por los manuales, sino por su propio instinto, no por el criterio de los catedráticos, sino por su propia hedoné, por su propio placer ante una obra determinada, o su aburrimiento ante otra, sin importarle el supuesto valor absoluto que se les conceda desde las aulas. No hago nada sin alegría. Montaigne apunta a que el concepto de lectura obligatoria es un concepto falso. Dice que si él encuentra un pasaje difícil en un libro, lo deja; porque ve en la lectura una forma de felicidad . Se libra así de cualquier prejuicio, y se forma un estilo personalísimo, puede pasar con facilidad de Stevenson a Cervantes, de LAS MIL Y UNA NOCHES a H. G. Wells, de Olaf Stapledon a Dante.

Emerson dice que una biblioteca es una especie de gabinete mágico. En ese gabinete están encantados los mejores espíritus de la humanidad, pero esperan nuestra palabra para salir de su mudez. Tenemos que abrir el libro, entonces ellos despiertan . Cada libro es un puente con su autor y con su historia, una puerta mágica mediante la cual comunicarnos con él. Y así, de igual modo que no escogemos a nuestros amigos por sus méritos académicos o sociales (aunque de todo hay en la viña del señor), tampoco podemos pretender escoger a nuestros autores predilectos únicamente entre los que nos marca la crítica de la cultura. Todo esto, pese a lo que algunos pudieran creer, no nos dispensa de enfrentarnos a los clásicos, sino que nos impele a acercarnos a ellos con otra perspectiva, la de encontrar un amigo, y no un examen.


Notas

Borges J.L., Biblioteca personal

Borges J.L., Autobiografía (1899-1970), publicada por primera vez en 1970 en The New Yorker

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Borges J.L., Borges Oral. El Libro.

Ídem.

© Raúl Alejandro López Nevado,
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