DANZA DE TINIEBLAS
DANZA DE TINIEBLAS Eduardo Vaquerizo
Título original: ---
Año de publicación: 2005
Editorial: Minotauro
Colección: Ucronía
Traducción: ---
Edición: 2005
ISBN:
Precio: 17,50 EUR
Comentarios de: Francisco José Súñer Iglesias

DANZA DE TINIEBLAS es una ucronía en la que el Imperio Español continúa, trescientos cincuenta años después de la batalla de Lepanto, siendo la mayor potencia mundial y conservando prácticamente todos los territorios que ya se poseían bajo Felipe II, muerto en un accidente de caza justo antes de la batalla, lo que desencadena ésta línea temporal.

Gracias a la posterior guerra de sucesión, ganada al fin por Don Juan de Austria, no se insistió en la expulsión de judíos y moriscos que gozan de gran poder económico y financiero. El Imperio también se ha sacudido la influencia de Roma, organizando su propia reforma, Francia e Inglaterra no parecen ser otra cosa que países de segunda categoría (ni se les menciona) el Imperio Otomano no sufrió aparentemente más descalabros posteriores y es la contrapartida poderosa en el otro extremo del Mediterráneo y, es de suponer, Asia. En definitiva, el panorama geopolítico (que se dice) es notablemente distinto al que conocemos.

1927, el año en el que sitúa la novela, también es una muestra de que el Imperio ha fomentado las ciencias y la tecnología, los gasógenos (o algo muy parecido) atraviesan velozmente Madrid, la luz eléctrica es una realidad, las armas automáticas campan por sus respetos, incluso la informática, de manos de los cabalistas judíos, se ha convertido en un pilar fundamental de la Hacienda del Imperio.

En éste orden de cosas Joannes Salamanca, un cabo de alguaciles (cuerpo de policía similar a la Guardia de Asalto de la Segunda República) es asignado como guardaespaldas y ayudante de fray Faustino Alhárquez, inquisidor encargado de investigar una sucesión de misteriosos asesinatos entre altos funcionarios de origen judío. Poco a poco se descubre una fabulosa intriga que amenaza los pilares del Imperio, Joannes y fray Faustino se ven amenazados, atacados, traicionados y asesinados en una vorágine de idas y venidas hasta que finalmente el cabo Salamanca, descubre toda la verdad.

Eduardo Vaquerizo se ha ido alejando, sin desprenderse de ellos, de los tics experimentalistas de su primera producción hasta conseguir un estilo preciso y fluido en el que ya cuentan mas los argumentos que el encadenar palabras hermosas con fines metafóricos. Los dos primeros tercios de DANZA DE TINIEBLAS se hacen así, de lectura grata y notablemente interesante, y la vuelta progresiva a formas más densas de escritura no resulta tan paralizadora para el relato puesto que éste, lanzado, ya ha captado completamente la atención del lector.

Aunque éste libro es en esencia pura aventura, su escenario tiene algunos detalles desconcertantes. Los habitantes del Madrid del Siglo XX siguen vistiendo igual que casi cuatro siglos antes, gorgeras, guardainfantes, sobrevestes... me parece muy extraño que la moda no haya evolucionado en absoluto, así como el lenguaje, que también parece detenido en el tiempo. Otro detalle desconcertante es la geografía urbana madrileña. Eduardo Vaquerizo crea un Madrid lógicamente muy distinto a su homólogo de nuestro 1927, pero a la vez con demasiados elementos reconocibles que no se construyeron hasta finales del siglo XIX principios del XX; la Gran Vía, el paseo de la Castellana, el barrio de Salamanca (nada que ver con Joannes), no resulta imposible su existencia en una línea temporal alternativa, pero si más que improbable debido a que las necesidades de la capital de un imperio poderoso no son en absoluto las mismas que las de la capital de un país convulso y empobrecido.

De lo que no hay duda es que, pese a lo chocante, la cuestión del vestido y lenguaje están al servicio de la ambientación de esta otra línea del tiempo, aunque quizá la elección de otro argumento de más envergadura que un simple incidente policiaco (una guerra mundial, se me ocurre), hubiera hecho más sólido el conjunto y ayudado a dibujar mejor la inmensidad del Imperio.

¿O no hubiera resultado atractivo un segundo Lepanto, esta vez con decenas de dreadnoughts españoles y turcos machacándose en pleno océano Indico?

El escenario está creado, es lo suficientemente atractivo y Eduardo Vaquerizo ha demostrado ser capaz de rentabilizarlo muy bien.

© Francisco José Súñer Iglesias, (768 palabras) Créditos