La gran historia de las novelas de a duro
16. Las colecciones argentinas de bolsilibros
por Christian Vallini Lawson y José Carlos Canalda

Introducción

Hace algún tiempo y gracias a Guillermo Romano, moderador del grupo de correo Bolsilibros, y a algunos miembros argentinos del mismo, supe por vez primera de la existencia de colecciones de bolsilibros argentinas, algo que hasta entonces no había ni sospechado siquiera. Sí sabía que las colecciones españolas más importantes (Luchadores del Espacio, Espacio o La Conquista del Espacio) se habían vendido de forma habitual tanto en Argentina como en otros países de habla hispana tales como México, pero desconocía por completo que allí hubiera una producción propia la cual, lamentablemente, no siguió el camino inverso permaneciendo completamente desconocida en España.

De momento ahí quedó la cosa, con una lista de colecciones y de títulos bastante incompleta en ocasiones y los textos e ilustraciones de algunas de estas novelas que pude conseguir en formato digital. Tiempo después, a la vuelta de las vacaciones de verano de 2005, entre la montaña de correos electrónicos que aguardaban pacientemente en las entrañas de mi ordenador me encontré con la misiva de Christian Vallini Lawson, un aficionado argentino (así se definía él) que me proponía intercambiar información sobre el tema de los bolsilibros. Huelga decir que acepté encantado, y fruto de esta colaboración fue el presente artículo, que va firmado por ambos aunque en realidad fue él quien aportó la mayor parte de los datos que aquí se reproducen.

Con posterioridad (han pasado ya diez años desde entonces) he podido ampliarlo, siempre claro está gracias a los datos aportados por los activos aficionados de allende el Atlántico.

COMBATE CÓSMICO

Las colecciones argentinas de bolsilibros son difíciles de rastrear a causa de lo complicada que resulta su adquisición a estas alturas en su país, mientras que en España es materialmente imposible. No obstante, de la información de que disponemos cabe deducir que no eran muy diferentes a sus homólogas españolas, a las que quizá tomaron como modelo; su formato rondaba el típico de los 10 × 15 centímetros, el número de páginas (al menos el de las colecciones más antiguas) era de unas 120, y contaban con una atractiva portada y, en ocasiones, con una contraportada donde se anunciaba la novela siguiente. Todas ellas están editadas en Buenos Aires. Las más antiguas datan de mediados de los años cincuenta, y las más modernas son dos décadas posteriores; a partir de entonces es de suponer que la crisis económica primero, y la política después, acabaran con todas ellas. En cuanto a los autores, al igual que ocurría en España éstos solían ser argentinos, aunque camuflados tal como era habitual bajo seudónimos anglosajones. Tan sólo en unos pocos casos hemos podido identificar la identidad de los mismos, alcanzando especial relevancia Héctor Germán Oesterheld.

Oesterheld es uno de los grandes nombres de la ciencia-ficción argentina. Según su biografía publicada en la revista Axxón, de la cual hemos tomado estos datos y a la que remitimos a aquellos interesados en profundizar en su vida y en su obra, nació en Buenos Aires el 23 de julio de 1919 en el seno de una familia de origen alemán. Gran aficionado a la lectura desde la infancia, tuvo una buena formación escolar cursando posteriormente estudios universitarios graduándose en geología. Pero su afición era la literatura, publicando su primer relato en el periódico La Prensa en 1943.

Héctor Germán Oesterheld
Héctor Germán Oesterheld

Finalmente acabaría abandonando la geología para dedicarse en exclusiva a su labor como escritor, principalmente como guionista de historietas gráficas, llegando incluso a crear su propia editorial (Frontera) junto con su hermano. Aunque fue el creador de numerosos personajes, la fama le proviene principalmente por la serie de El eternauta (con ilustraciones de Francisco Solano López), que alcanzó una enorme popularidad en su país y de la que llegó también a escribir una novela corta. No obstante, con el paso del tiempo a Oesterheld comenzaron a irle mal los negocios llegando a rozar la ruina hacia mediados de los años sesenta, lo que no le impidió seguir adelante con su labor creativa. A finales de esa década reinició su antigua serie de El eternauta, esta vez con dibujos de Alberto Breccia, sin conseguir reverdecer sus antiguos éxitos. El retorno de Juan Domingo Perón a Argentina le motivó a participar en la política de forma activa, pero el régimen militar implantado en 1976 provocó su pase a la clandestinidad, desde la que siguió escribiendo guiones para El eternauta. La represión de la dictadura militar se cebó con él y con su familia, hasta el punto de que sus cuatro hijas, sus yernos, sus nietos e incluso él mismo pasaron a engrosar las tristes listas de desaparecidos. Corría el año 1977, y desde entonces nada se ha vuelto a saber de él.

Pasemos a ver ahora las diferentes colecciones de bolsilibros argentinos que hemos podido reseñar.

Colección BULL ROCKETT

Publicada por la editorial Frontera, tenía un formato de 10 × 14 cm y 128 páginas. El primer número apareció en los kioscos en febrero de 1956, perdurando la colección hasta febrero de 1957 con una periodicidad mensual. Según datos comunicados por Carlos A. Altgelt aparecieron un total de nueve títulos, siendo anunciado el décimo sin que llegara a publicarse. Varios de ellos serían reeditados por Colihue en los años 90, siguiendo en esta ocasión un formato de dos novelas por libro.

Los textos eran de H. G. Oesterheld, y estaban basados en guiones de historietas gráficas, también escritos por Oesterheld con títulos diferentes, publicadas varios años antes en la revista Misterix. Las portadas, por su parte, fueron dibujadas por Carlos Vogt, Joao Mottini —ilustrador de historias de ciencia-ficción en Más Allá y Patoruzito — y un primerizo Hugo Pratt, de los cuales Pratt es sin duda el más conocido de todos ellos. Vogt había trabajado algunos años antes en la revista Pancho, de Muchnick Editores, dibujando posteriormente a Terco Thomas para la revista Poncho Negro antes de iniciar su relación con Oesterheld. Algunos iniciaron su carrera con él, haciéndose conocidos hacia los años 70 en las revistas de historietas de la editorial Columba.

Eran novelas de aventuras en las que, primando la acción, se abordaban variados temas de ciencia-ficción: extraterrestres, bombas atómicas, inventos, sociedades secretas... todo con una mirada muy argentina y sobre todo porteña, en un guiño al lector medio de la colección sin apartarse del tópico del héroe pulp, en este caso Bull Rockett, piloto, científico y boxeador.

Colección DEMON BRAT

Publicada por la editorial Tor, llegó a alcanzar la treintena de títulos entre 1956 y 1957. Con un formato de 11,5 × 17 cm., 128 páginas y notables portadas de A. Leal, el único autor de la misma fue un tal Mulberry Clay, seudónimo del que desconocemos su verdadero nombre aunque también aparece firmando novelas del oeste en otras colecciones de la época. La periodicidad era aproximadamente bidecenal, y en realidad no se trataba de una colección de ciencia-ficción propiamente dicha, sino de aventuras con claros elementos fantásticos un tanto al estilo de publicaciones norteamericanas como La Sombra, siendo su protagonista un intrépido detective con poderes parapsicológicos convertido en un infatigable luchador contra el crimen.

Colección ULTRA

Colección hermana de la anterior y con idéntico formato y número de páginas, fue publicada por la editorial Tor en 1957 con una periodicidad quincenal. Las portadas eran probablemente de A. Leal, y los ocho títulos que hemos podido registrar vienen firmados con seudónimos tales como Edric Asthon, Louth Wendell, Meriol Payne, Lyward Fay o Sykes Cunliff; desconocemos quienes pueden estar detrás de ellos. La editorial Tor, una de las más prolíficas —y también más caóticas— de su época dentro del campo de la literatura popular argentina, ya había publicado en los años 40 dos revistas cercanas a la ciencia-ficción, Ases del Aire y El Araña, y creó esta colección al abrigo del auge de la ciencia-ficción a raíz del lanzamiento de los primeros satélites artificiales, en competencia directa con Pistas del Espacio, editada por el veterano Alfredo J. Grassi, e incluso con la más seria Más Allá.

La colección seguía claramente la estela de los pulps norteamericanos más clásicos de los años 30 y 40, recurriendo a todos los tópicos habituales de los mismos: científicos criminales, orientales malvados, espacionaves, aventureros cósmicos, extraterrestres, robots; no faltaba absolutamente ningún tema clásico, y aunque eran bastante explícitas, estaban un tanto por debajo del nivel narrativo de su compañera Demon Brat. Al igual que ésta no contenía ilustraciones interiores, pero sí unos diminutos dibujos en la primera y en la última página relacionados vagamente con el argumento, amén de las páginas. 2 y 3 y la contraportada, con unos frontispicios fabulosos por su ingenuidad en los que se veía el arsenal pictórico del género sintetizado de la forma más deliciosa, leal y ramplona... Ultra fue sin duda la colección de autores locales más prototípica, ordinaria y extraña, ya que casi cincuenta años después, aún casi nada se sabe sobre ella.

Colección CIENCIA FICCIÓN

QUINIENTOS MILLONES DE SIGLOS DESPUÉS

Publicada por la editorial Dayca, con un formato de 10 × 15 cm. y 128 páginas, entre los meses de febrero y septiembre de 1965 —lo que da una cadencia de una novela por cada casi dos meses—, con portadas de Marcos. Tal como solía ser habitual, esta colección era compañera de otras tres dedicadas respectivamente al género rosa, al bélico y al del oeste.

Tan sólo hemos podido reseñar cinco títulos de los cuales únicamente hay certeza de la publicación de los cuatro primeros, siendo lo más probable que el quinto, anunciado en la contraportada del anterior, no llegara a ser publicado. Se da la circunstancia de que éstos van numerados correlativamente del 101 al 104, siendo evidente que no hubo otros cien títulos previos sino que la numeración comenzó precisamente ahí. Aunque desconocemos la razón de esta curiosa peculiaridad, cabe suponer que pueda deberse a una estrategia comercial que pretendía presentar la colección como mucho más longeva y exitosa de lo que fue en realidad.

Las cinco novelas, incluyendo la no publicada, están firmadas con otros tantos seudónimos distintos (Edwin G. S. Brickill, Alan Leigh, Philip Wallace, Brad O´Brien y Ernesto Castany) tras los cuales, según todos los indicios, se ocultaban el omnipresente Oesterheld y algún otro autor cuya identidad no hemos podido determinar. Su nivel de calidad era bueno, sin duda superior a la media —se notaba la influencia de Oesterheld —, con unos finales tenebrosos nada convencionales que recordaban a los de los relatos publicados en la revista Más Allá.

Colección CIENCIA FICCIÓN

Homónima de la anterior y también contemporánea, puesto que apareció en 1965, de esta colección desconocida hasta hace muy poco tan sólo se conoce un ejemplar, posiblemente el único que llegó a ser publicado, eso sí, con el pretencioso número 101. La editorial responsable de la misma fue Caymi, al parecer especializada en literatura popular, la cual le dio el formato habitual de aproximadamente 10 × 15 cm. y las consabidas 128 páginas. Poco más es lo que se puede añadir, salvo que la novela apareció firmada con el seudónimo Jack Storm, ignorándose el nombre real de su autor.

Colección FABULOSAS AVENTURAS DEL PROFESOR X

Ovidio Pracilio fue uno de los principales autores de ciencia-ficción argentinos, y en 1958 fundó su propia casa editora para publicar sus novelas de este género. Llamada inicialmente Ediciones Más Allá, la coincidencia del nombre con la revista homónima, que había dejado de salir hacía unos meses pero aún retenía el derecho exclusivo del mismo, le forzó a cambiarlo por el de Ediciones Mundos Desconocidos.

Las novelas tenían un formato de 12 × 20 cm., algo mayor que el habitual, y 160 páginas, y reflejaban una visión personal del autor con influencias de Julio Verne, basándose en viajes y científicos infalibles, siendo asimismo cuidadosamente descriptivas. De presentación voluminosa para una colección popular, ostentaban portadas coloridas tradicionales y de agradable aspecto. A diferencia de otras colecciones de bolsilibros, en esta ocasión el autor sí firmó con su verdadero nombre.

Entre 1958 y 1960 salieron publicados cinco títulos, quedando dos más en el tintero. De ellos, el que debería haber sido el sexto (LA INVASIÓN MARCIANA, 1960) permanece inédito, mientras el séptimo se publicó en 1977 (VIAJE AL SOL, Buenos Aires, El Heraldo).

Colección VISTAVENTURAS

Publicada por la editorial Índice en 1965, tenía un formato de 10,5 × 18 cm. y 120 páginas. La portada y las ilustraciones interiores eran obra de Juan Zanotto, mientras los textos eran reediciones de las antiguas novelas de Oesterheld de finales de los años 50 firmadas, eso sí, con los correspondientes seudónimos anglosajones. Aparecieron al menos 16 números repartidos entre los diferentes géneros cultivados por este autor, correspondiendo los de ciencia-ficción a la serie Bull Rockett.

Colección SIDERAL

LA CIUDAD CONGELADA

Publicada por Ediciones Póker, tenía un formato de 10 × 14 cm. y 96 páginas, y al igual que la anterior compartía espacio con colecciones hermanas dedicadas a la novela rosa, la policíaca, el oeste, relatos bélicos y -peculiaridad argentina- las novelas de gauchos. Las portadas eran de Larrea, y los textos seguían decididamente la línea pulp.

Aparecieron al menos 14 títulos entre 1966 y 1967, firmados con seudónimos tales como L. P. Parker o Maximiliano Fisher. Tras el primero de ellos se escondía una vez más el ubicuo Oesterheld sin que hayamos podido determinar la identidad del segundo, aunque considerando la tendencia de la editorial es bastante probable que detrás de éste estuviera también el propio Oesterheld, o bien uno de sus colaboradores habituales.

Colección CIENCIA FICCIÓN

Ediciones M. E. S. A. era propiedad de un periodista devenido en editor que hacia finales de los años 60 lanzó colecciones de bolsilibros de pequeño tamaño siguiendo la distribución habitual: oeste, bélicas, policíacas y ciencia-ficción. Todas ellas estaban escritas por dos únicos autores, Alfredo Julio Grassi —el ex-editor de Pistas del Espacio — y Ernesto Bayma, excelente periodista deportivo. De la colección de ciencia-ficción, fechada en 1967, hemos podido reseñar dos títulos, ambos escritos por Grassi bajo los seudónimos de Fred W. Seymour y Leslie Sharp. Es preciso reseñar, asimismo, que algunos de los títulos publicados en las colecciones hermanas se internaron dentro del género fantástico, como ocurrió en la policíaca e incluso en la bélica. La editorial duró apenas un año lanzando entre todas las colecciones unos quince volúmenes y, pese a que las ventas eran buenas, al editor no le pareció suficiente la rentabilidad obtenida y la cerró.

Colección SATURNO 2000

Publicada por la editorial Edipa (propiedad del periodista Teddy Martino, luego convertida en Editorial Grandes Libros de Bolsillo) entre los años 1976 y 1977, tenía un formato de 10,5 × 14,5 cm. y entre 80 y 96 páginas, apreciándose en ella una reducción en las mismas respecto a las colecciones anteriores similar a la que por entonces tuvo lugar en España a causa del encarecimiento del precio del papel. Las portadas eran de Olga Lara, y las al menos cinco novelas que llegaron a ser publicadas están firmadas tanto con el verdadero nombre del autor (Norberto Marco) como con los habituales seudónimos anglosajones: Anderson Fripp, Shirley Mac Shirley o Dick Bird, de los cuales, por variar, no conocemos sus identidades reales. La austeridad extrema de la colección contrastaba con la calidad narrativa con la que despuntaban sus autores, provenientes del mundo del periodismo aunque con una más que obvia y desbordante afición por la ciencia-ficción, fruto de la cual fueron unas interesantes novelas sin finales convencionales.

Colección PLANETOIDE

Como ya hemos comentado, la editorial Grandes Libros de Bolsillo fue la sucesora directa de Edipa, por lo que no es de extrañar que Planetoide siguiera los pasos de su predecesora Saturno 2000, con un formato y número de páginas idénticos y portadas probablemente también de Olga Lara. Tan sólo tenemos registrado un único título, firmado por Anderson Fripp —autor procedente de Saturno 2000 — y fechado en 1978, aunque probablemente existieron más. Al igual que ocurre con su predecesora, las novelas de esta colección se caracterizaban por una inusual calidad de los textos, de temática clásica pero abordados con un enfoque muy adulto para una colección popular de kioscos. Todos eran sombríos, extraños y hábiles para presentar y desentramar una historia aunque limitados por la escasa cantidad de páginas.

Las portadas son bastante agradables, algunas muy profesionales, presentando una imaginería más moderna de la ciencia-ficción pero retratando tópicos clásicos como tanques de laboratorio, alienígenas monstruosos, marcianos verdes y astronautas, y sin la notable calidad usual de los portadistas de las colecciones de a duro españolas.

Otras colecciones

LA CIUDAD OCULTA

Aparte de las colecciones mencionadas, todas ellas dedicadas a la ciencia-ficción y escritas por autores locales, cabe reseñar también por un lado la colección Fantaciencia, de Jacobo Muchnik Editor, que incluía autores exclusivamente extranjeros y duró unos 12 números desde 1955 hasta fines de esa década. También en ocasiones, tal como ocurrió con la editorial M. E. S. A., tuvo lugar la aparición aleatoria de novelas fantásticas y de ciencia-ficción escritas por autores argentinos en colecciones ajenas al género, como la policíaca Rastros de la editorial Acme, donde fueron publicadas novelas fantásticas de Lisardo Alonso, Emilio Petcoff, Alfredo J. Grassi, o Isaac Aizemberg.

© Christian Vallini Lawson, José Carlos Canalda,
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