LA VELOCIDAD DE LA OSCURIDAD
LA VELOCIDAD DE LA OSCURIDAD Elizabeth Moon
Título original:
Año de publicación:
Editorial: Ediciones B
Colección: Nova, Ciencia-ficción nº 183
Traducción: Rafael Marín
Edición: junio de 2005
ISBN:
Precio: 19 EUR
Comentarios de: Manuel Nicolás Cuadrado

Texto de contraportada

La autora de RESTOS DE POBLACIÓN, madre en la vida real de un autista, aborda la compleja y entrañable historia personal de un chico con problemas de autismo, Lou Arrendale. La tecnología de un futuro cercano le ofrece la posibilidad de optar por convertirse en 'normal' dejando de ser quien es o, si lo desea, pese a todo, seguir siendo un completo extraño, un verdadero alienígena, en nuestro propio planeta.

El material literario y cinematográfico versado en personajes reales o ficticios que padecen minusvalías físicas o psíquicas es variopinto. Así, de repente y casi sin pensar, me vienen títulos de libros como: MI PIE IZQUIERDO de Christy Brown y LOS RENGLONES TORCIDOS DE DIOS de Torcuato Luca de Tena. También recuerdo películas afortunadas como ALGUIEN VOLÓ SOBRE EL NIDO DEL CUCO de Milos Forman o menos afortunadas, como RAIN MAN de Barry Levinson.

En el caso del tratamiento de este tema en la ciencia ficción, solo tengo memoria para una película: CHARLY de Ralph Nelson, basado en el libro FLORES PARA ALGERNON, de Daniel Keyes y esta novela que les cometo ahora: LA VELOCIDAD DE LA OSCURIDAD.

En el ámbito cinematográfico me da la impresión (no sé si generalmente compartida) de que las películas que versan sobre minusválidos son un caramelo para el lucimiento de los actores. Y la prueba de ello es la multitud de Oscars que se han llevado por dichas interpretaciones. No es esto en absoluto una crítica, pues insisto en que en ocasiones suponen memorables actuaciones, como por ejemplo la de Daniel Day Lewis interpretando a un paralítico cerebral en MI PIE IZQUIERDO. Sin embargo y siempre en mi modesta y muy particular opinión la cosa se pone malita cuando Hollywood llega al extremo de premiar a una sordomuda no por su calidad de actriz, sino por hacer de sordomuda (con todos mis respetos para la comunidad de sordomudos, que bastante tienen con lo que tienen).

Y les cuento esto porque después de leerme esta novela, me ha pasado un poco lo mismo. Todo el argumento gira en torno al lucimiento del personaje autista de Lou Arrendale.

Me explico. La trama principal es exactamente la misma que en el caso de FLORES PARA ALGERNON: Discapacitado psíquico que en un futuro relativamente cercano puede someterse a una intervención por la que dejará de ser discapacitado. La diferencia estriba en que Charly Gordon sufre un encomiable proceso de transformación y regresión (la terrible soledad que padece el genio super inteligente es mucho peor que la inocencia infantil del retrasado mental). En el caso de Lou Arrendale no hay casi evolución. El 99% de la historia es el relato de su vida cotidiana como autista.

Esto no representaría un problema real, si la autora del libro no hubiera utilizado un truco muy manido en estos tiempos que corren: la exaltación del protagonista. Lou Arrendale no es un autista típico, sino un super-autista. Tiene apartamento en propiedad, conduce su propio coche, trabaja en una multinacional de analista, tiene beneficios laborales (gimnasio propio, música ambiental a medida, su horario es el establecido por convenio, etc) y además participa con éxito en ¡campeonatos de esgrima! Ni que decir tiene que los personajes secundarios que le conocen le aprecian, respetan y quieren. Solo existen dos malos en la novela, que por predecibles y maniqueos llevan más a la compasión que al desprecio.

Es decir: ¿para que narices necesita Lou Arrendale ser normal? Como lector de la novela me identifiqué miserablemente con los malos por envidiar cochinamente a este super hombre que es capaz de descubrir patrones indescifrables en bases de datos, ganar al campeón regional de esgrima, ser apreciado por su trabajo y ligar con una profesora universitaria.

En definitiva: puedo comprender el cariño de la autora por los autistas y el homenaje que a ellos se brinda en esta novela, está bien escrita y demuestra conocer el medio. Sin embargo no es redonda precisamente por la exagerada exaltación del mismo protagonista.

No se pierdan la inconmensurable entrevista final a la autora del libro. Obra maestra de la forma de pensar anglosajona.

© Manuel Nicolás Cuadrado, (681 palabras) Créditos