LUZ DE OTROS DÍAS
LUZ DE OTROS DÍAS Arthur C. Clarke
Título original: The light of other days
Año de publicación: 2000
Editorial: La factoría de ideas
Colección: ---
Traducción: Domingo Santos
Edición: 2000
ISBN:
Precio: 20 EUR

Existe en la ciencia ficción una costumbre bastante arraigada: escribir novelas por parejas; dos escritores con gran afinidad se ponen de acuerdo para trabajar en equipo y dar a luz su retoño, que como todo hijo tiene algo de ambos progenitores. Esta manera de colaborar, que ha deparado resultados tan impresionantes como MERCADERES DEL ESPACIO, se pervirtió cuando las editoriales creyeron encontrar en ella la gallina de los huevos de oro. Captarían a un escritor de reconocido prestigio para que pusiese su nombre en la portada, contratarían a un machaca para escribirla entera y, si tenía suerte, aparecer con su nombre mucho más pequeñito en el mismo sitio. Esta forma tan brillante de enfocar el asunto fue explotada en las dos últimas décadas del siglo pasado por dos de los llamados tres grandes (el pobre Heinlein se murió antes de que pudiese ser felizmente explotado). Tanto Isaac Asimov como Arthur C. Clarke no se distinguieron por su honestidad y engrosaron sus ya de por sí excelentes cuentas a costa de rentabilizar la aparición de sus nombres en novelas escritas por el negro de turno, limitándose casi exclusivamente a poner el argumento en torno al que se desarrolla la historia.

El negro usualmente es un desconocido que intenta hacerse un nombre en el duro mundo editorial. Pero otras veces es un escritor con nombre que, por necesidades monetarias, vende su arte para poder llegar más fácilmente a fin de mes. Así, uno de los grandes escritores de finales de los 60 y principios de los 70, Robert Silverberg, se encargó de coger tres célebres relatos de Isaac Asimov (ANOCHECER, EL NIÑO FEO y EL HOMBRE BICENTENARIO) y estirarlos como si fuesen Mr. Fantástico hasta convertirlos en nutridas novelas, limitándose el buen doctor a poner su nombre junto al título. A primera vista, LUZ DE OTROS DÍAS parece una obra confeccionada con dicho patrón. Y sin embargo, hasta cierto punto, no lo es.

Ha sido escrita al alimón por Arthur C. Clarke y Stephen Baxter, un escritor más que aceptable autor de LAS NAVES DEL TIEMPO, un recomendable tour de force tanto por su amenidad y coherencia como por su brillante contenido especulativo. Y, por lo que parece, Clarke, además de poner el nombre, ha realizado parte del trabajo. No tanto el escribir la novela, realizada en su mayor parte por Baxter, como el haber apechugado con el trabajo de campo, preparando tanto la parte conceptual de la novela como la estructura a partir de la cuál desarrollarla. Algo estimable si tenemos en cuenta que LUZ DE OTROS DÍAS es una consistente muestra de ficción especulativa.

El núcleo en torno al que gravita LUZ DE OTROS DÍAS es la gusanocámara, un infernal aparatejo capaz de obtener imágenes de cualquier punto del mundo que se quiera en tiempo real. Utilizada en un principio para obtener imágenes de noticias en el mismo instante en que se estén produciendo, prevenir catástrofes naturales o impedir crímenes, poco a poco su uso cambia al que todos estamos pensando: introducirse en la vida de los demás y penetrar en los entresijos de su intimidad. El Diez Minutos definitivo. Posteriormente se le descubren nuevos usos, como la posibilidad de obtener imágenes del pasado, lo que conducirá a averiguar lo que sucedió en los momentos claves de la Historia.

LUZ DE OTROS DÍAS se deja leer con agrado y supone una interesante visión sobre cómo puede ser la sociedad en el futuro y cómo la tecnología puede inducir cambios en ella. Aunque en sí la idea no es ni mucho menos novedosa. La gusanocámara es una versión ampliada del vidrio lento que Bob Shaw urdió en sus imaginativos relatos recopilados en OTROS DÍAS, OTROS OJOS, donde inventaba un vidrio que provocaba una brutal disminución de la velocidad de la luz, pudiendo ver a través suyo eventos ocurridos hace un determinado tiempo. No obstante, Clarke y Baxter son más ambiciosos y, por momentos, llegan a penetrar en el terreno de la ciencia-ficción prospectiva a la manera de Stapledon, aunque no aciertan a igualar el delicado tono costumbrista que destilaban pasajes que Shaw escribió para su propuesta.

Lo que no se puede negar es la convicción y verosimilitud con la que relatan los hechos. Además la parte científico-tecnológica está bien implementada y no se le atragantará a aquellos que al oír la palabra ciencia acostumbran a salir corriendo. En esto se nota la mano de Clarke, junto a Asimov o Sagan uno de los más importantes divulgadores del siglo XX.

Aunque hay determinados elementos que no se pueden quedar en el tintero. Primero está la estructura elegida para desarrollar la historia, muy semejante a la que tenía EL FIN DE LA INFANCIA, novela de Clarke que tiene más de 50 años. En la mejor tradición del autor residente en Sri Lanka, el argumento es completamente lineal. No hay visones de lo que ocurre con su uso en el resto del mundo ni hay otros personajes que enriquezcan el argumento: todo les sucede a los protagonistas (Me pregunto qué hubiese pasado si alguien como John Brunner hubiese cogido el dossier de partida y hubiese escrito la novela). Eso les transforma en bustos parlantes sin chicha, meros intermediarios entre los avances tecnológicos que se quieren presentar y el lector. Resulta curioso observar cómo una y otra vez, en la tradición del mejor cine de espías, donde para que el espectador no se perdiese se paraba la acción y alguien recapitulaba lo que había ocurrido hasta ese momento, se dedican a explicarnos el nuevo uso que se le puede dar a tal instrumento y como éste ha afectado a una sociedad ya de por sí convulsionada por todo lo aparecido anteriormente.

En el aspecto ideológico hay un par de aspectos que resultan como mínimo inquietantes. Cuando se ponen a contar barrabasadas cometidas por la humanidad a lo largo de la Historia se recuerda lo cabrones que hemos sido los españoles en América, los belgas en el Congo, los cristianos en las Cruzadas,... Y curiosamente los británicos se escapan de rositas cuando a hacer el hijo de puta eran bastante competitivos. También se detecta un cierto tufillo euroescéptico que repatea un poco. Baste decir que Gran Bretaña pasa a comienzos del siglo XXI una crisis por su inmersión en Europa de la que se salva abandonando la decrépita Unión Europea y convirtiéndose en el estado número 52 de los EEUU. Supongo que tanto Clarke como Baxter les hará tilín el Star Spangled Banner y las bondades del sistema socioeconómico estadounidense.

Sobre la ya conocida falta de seriedad de La Factoría a la hora de editar sus productos, esta vez tampoco decepcionan a sus seguidores. Cuando compras un libro caro (en este caso sobrepasa los 18 euros) esperas cuanto menos una edición acorde con lo pagado. Y aquí la edición está poco trabajada y la traducción suena a pasada de moda. Valgan un par de ejemplos. No se entiende cómo alguien puede poner tasas de interés cuando se sabe que se están refiriendo a los tipos de interés, o cómo en un libro con alto contenido tecnológico no se ha cuidado al máximo la nomenclatura, que se encuentra traducida de forma literal sin acudir a las versiones estándar utilizadas en España. Al microscopio de efecto túnel se le cambia el nombre por microscopio de escáner de túnel. Y como éstas unas cuantas.

Pero esta vez no ha sido suficiente para sepultar el buen sabor de boca deja al final LUZ DE OTROS DÍAS, con una brillante teoría sobre el origen de la vida en la tierra como gran fin de fiesta. Merece la pena el desembolso económico con tal de recuperar el mejor Clarke en mucho tiempo. Una buena novela de ciencia-ficción escrita a la antigua usanza.

© Ignacio Illarregui Gárate, 2001 (1.293 palabras) Créditos
Publicado originalmente el 2001 en El Rincón de Nacho