COLD FUSION SHOW
(O el espectáculo de la fusión fría)
por Manuel Nicolás Cuadrado

La humanidad es una devoradora de energía. Y cuanto más avanzada es una sociedad en concreto, más consumista se muestra. Hasta la fecha nuestras fuentes de energía más utilizadas son las naturales (petróleo, gas, centrales eléctricas) o las no tan naturales (centrales nucleares). El problema radica en que son caras y/o escasas y/o contaminantes y/o peligrosas.

Uno de los sueños de los científicos es conseguir una fuente de energía poderosa, barata y limpia, que sustituya las clásicas fuentes de energía.

Se está intentando con las llamadas energías alternativas (paneles solares, motores de hidrógeno, centrales eólicas, etc). Pero siguen siendo demasiado caras para el poder energético que producen.

Sin embargo, parece que la comunidad científica se decanta más hacia la reproducción del poder del sol controlado en un laboratorio, mediante la fusión atómica. Y esto sí parece ciencia ficción (al menos a un ignorante como yo).

Asistimos en fechas recientes del principio del siglo XXI al fenómeno de colaboración internacional del proyecto ITER. Este no es ni más ni menos que un monstruoso TOKAMAK (en ruso: to rodalnaya, ka mera, mag netitaya. Useasé, toroide, cámara, magnética) que podría producir una tremenda cantidad de energía y además relativamente limpia. La fusión de hidrógeno, a diferencia de la fisión de uranio (la de la bomba atómica de Hiroshima y la central de Chernobyl) produce infinitamente menos residuos radiactivos (lo de infinitamente es una manera de hablar, claro).

El problema es que este poder energético tiene que reproducirse a temperaturas altísimas de millones de grados celsius, además de sus esenciales y complejísimos componentes electromagnéticos (que hacen que el invento no se desintegre en tropecientos billones de átomos), de ahí el tamaño y coste galáctico del artefacto.

Aún después de los años de investigación y desarrollo acerca de la fusión atómica en caliente no se ha alcanzado todavía el punto de equilibrio entre la energía que se necesita para acelerar y confinar el plasma y la que se obtiene con la fusión de algunas partículas. Pero los científicos dicen que esto es por problemas técnicos y no teóricos, con lo que el proyecto ITER podría solucionarlos y darnos por fin ese pedazo de fuente de energía inagotable que necesitamos.

Pero sigue y seguirá siendo muy, pero que muy cara, además de voluminosa.

Y todo esto viene al caso porque hoy en día, casi todo el mundo (incluidos los científicos) parece haber olvidado la fusión fría.

En efecto, el 23 de marzo de 1989, se convocó una improvisada rueda de prensa por parte de dos prestigiosos investigadores electroquímicos de la universidad de Utah (USA): Martin Fleischmann y Stanley Pons.

En palabras de los propios científicos se aseguró a los periodistas que: Teníamos una oportunidad sobre un millón de conseguirlo. Pero lo hicimos: ¡hemos logrado aprisionar el Sol en una probeta!

Mediante un sencillo proceso de electrólisis con dos electrodos de deuterio y paladio sobre una solución de unos cuantos litros de agua pesada que cupieran en una mesa y a temperatura ambiente, se produciría una reacción en cadena que liberaría una cantidad de energía suficiente, en teoría, para dar electricidad a una ciudad de tamaño medio durante varios siglos.

El laboratorio de Pons y Fleischmann
El laboratorio de
Pons y Fleischmann

El laboratorio de Pons y Fleischmann era para verlo: dos baterías de automóvil, una lata de aceite, un barreño de supermercado debajo de un grifo, dos tablas de madera que sostienen otro balde lleno de agua y que a su vez sirve de soporte a un instrumento similar a una pila eléctrica. Todo ello autofinanciado por los propios científicos de su propio bolsillo.

Curiosamente, el mismo día y casi a la misma hora en que Fleischmann y Pons daban su ya celebre y polémica conferencia de prensa, en la no menos prestigiosa Universidad Brigham Young, el físico Steven Earl Jones enviaba un articulo a la revista Nature, en el que explicaba al detalle como había realizado la fusión entre átomos de deuterio en el interior de una probeta y sin la ayuda de ningún catalizador externo.

Recurriendo al rico refranero popular castellano podríamos decir textualmente: ¡TOMA DEL FRASCO CARRASCO!

Treinta y cinco años de investigación sobre la fusión en caliente a la mierda. Billones de dólares invertidos en complejas y enormes máquinas para nada. Cientos de científicos, entre ellos muchos galardonados con el premio Nobel, puestos en entredicho. Y todo por tres tíos que con una pila, unos cables, dos probetas y un barreño de agua de mar habrían producido la fuente de energía más barata, sencilla, inocua y limpia de la historia de la humanidad.

Imagínense el revuelo que produjo el descubrimiento. Los medios de comunicación se volvieron locos. Casi todas las universidades del mundo se abalanzaron sobre sus laboratorios para reproducir el experimento. Al tiempo confirmaciones, matizaciones y negaciones. Los expertos en la materia no se ponían de acuerdo en nada y se lanzaban mutuos reproches, acusaciones, gritos y hasta amenazas.

Podríamos decir que durante al menos un año, la comunidad científica y paralelamente la industrial se tambaleó desde sus cimientos.

Al final todo quedó en agua (pesada) de borrajas. Aunque efectivamente se veía que se producía energía calórica esta no era ni mucho menos la requerida ni anunciada (cuando se producía). El caso es que el trío Pons/Fleischmann/Jones fue vilipendiado, ridiculizado y anatemizado y sus teorías fueron pasto de mofa, escarnio y cachondeo.

Se consideró a estas personas poco menos que los payasos del circo Ringling Brothers y a la fusión fría como el número fallido del hombre bala.

También he oído y leído algo acerca de que la muerte de la fusión fría se produjo en una especie de teoría de la conspiración en una confabulación industrial/científica.

El caso es que la comunidad científica en pleno abandonó todo intento de investigación al respecto y se concentró en la fusión en caliente con sus respectivos y enormes TOKAMAKS.

Se sigue investigando

Y sin embargo, reciente y casi paralelamente al anuncio del proyecto ITER, se anuncia sorprendentemente y a traición que el DOE (el organismo estatal de energía yanki) da una nueva oportunidad a la fusión fría, debido fundamentalmente a que la marina de EEUU ha seguido investigando el tema secretamente (como no) y que en el experimento de la fusión fría algo pasa y por lo tanto hay que investigarlo. Este acto de resurrección (recuerden la canción: .que no estaba muerto, que no, que estaba tomando cañas, lerele, leré...), no comporta ni de lejos la inversión que se prevé para la fusión caliente, pero bueno, algo es algo.

Para terminar, yo no soy científico y no tengo ni guarra ni de una ni otra teoría. Pero les reconozco que me sigue alucinando el bochornoso espectáculo que se dio en esos días, sobre todo en la seria y sobria comunidad científica.

Y ya les dejo en sus actividades cotidianas, pero que sepan que seguimos sin tener una fuente de energía que nos asegure o al menos nos dé esperanzas de viajar a las estrellas. Por ahora solo podremos hacerlo con nuestras historias de ciencia ficción.

¡HASTA EL INFINITO Y MÁS ALLÁ!
(Buzz Lightyear, de la película: TOY STORY)

© Manuel Nicolás Cuadrado, (1.177 palabras) Créditos