LA GUERRA DE LOS MUNDOS
LA GUERRA DE LOS MUNDOS EE.UU., 2005
Título original: War of the worlds
Dirección: Steven Spielberg
Guión: Josh Friedman y David Koepp
Producción: Kathleen Kennedy y Colin Wilson.
Música: John Williams.
Fotografía: Janusz Kaminski.
Duración: 116 min.
IMDb:
Reparto: Tom Cruise (Ray Ferrier), Dakota Fanning (Rachel), Miranda Otto (Mary Ann), Justin Chatwin (Robbie), Tim Robbins (Ogilvy).

Después del éxito conseguido por la que considero es la mejor película del año 2005 (en materia de entretenimiento, por supuesto), esta nueva versión de la obra de H. G. Wells llevada a la pantalla grande en una versión contemporánea por Steven Spielberg, ha acaparado enormemente la atención de la crítica por doquier. Buscando en Google, he encontrado comentarios tanto a favor como en contra de esta nueva superproducción que creo también será recordada por el público.

Después de haber estado en primera fila aquel 29 de junio de 2005 y haber presenciado uno de los mejores espectáculos cinematográficos del año, no resistí y fui a comprar el DVD doble y el soundtrack de esta cinta. Sin pensarlo dos veces, regresé lo más pronto posible a casa y nuevamente me dispuse a ver esta película.

Otra cosecha echada a perder...
Otra cosecha echada a perder...

Y es que creo que Spielberg volvió a darnos una prueba de que como dijo la crítica, es el rey... Midas. Nos brindó casi dos horas de buen entretenimiento y por momentos de buen cine. Al contrario del bodrio que resultó ser LA VENGANZA DE LOS SITH o la pésima LOS CUATRO FANTÁSTICOS, tuvimos una muestra de ciencia-ficción que demostró ser de lo mejor del año. Aunque creo que el verdadero acontecimiento del 2005 fue la controversial MUNICH, también hecha por Spielberg, LA GUERRA DE LOS MUNDOS es una película de verdadera acción, un verdadero thriller. Tuvimos una muestra más creíble acerca de lo que sería una invasión extraterrestre, no como aquel churro de DÍA DE LA INDEPENDENCIA.

Pero no nos desviemos del tema y vayamos por partes:

Soundtrack

Creo hoy en día que John Williams es uno de los mejores compositores que tiene el cine norteamericano. Ha compuesto la música de muchas de las mejores películas. Y desde luego, es el compositor de cabecera de Spielberg. En la película que comentamos, parece ser que por momentos, Williams se encuentra inspirado, y en otras, sencillamente compone por componer, música instrumental rápida, de acción y tragedia. En ciertos tracks, se reutilizan las mismas partituras, aunque a diferente velocidad. Descubrimos que posiblemente, el compositor estaba más interesado en componer música más memorable para LA VENGANZA DE LOS SITH que para esta cinta. Sin embargo, tenemos una música sencilla, fiel a la película, que puede ser interesante escuchar.

En el DVD extra, el compositor y el director nos confiesan que cuando la película aún no estaba terminada, Williams tuvo que componer la música únicamente con fragmentos terminados y editados de la cinta. Es la única vez que nos ha sucedido esto, comenta Spielberg.

DVD

Mi opinión es acorde a la de la crítica. Al ver por segunda vez esta cinta, han seguido impactándome los efectos especiales. Con gran realismo y sin pista de fallo o truco, nos creemos cada suceso. Desde el rayo desintegrador, hasta los mismos extraterrestres que entran a ese mundo dantesco habitado por Ogilvy.

Y es que ahora me doy cuenta de algunas cosas. Cuando los rayos desintegradores dan en el blanco, en verdad no ocurre una verdadera desintegración, sino que la gente se transforma en una especie de polvo; ese polvo en realidad es el fertilizante perfecto para la hierba roja que pronto será plantada. Cuando comienza la cinta y durante la narración de Morgan Freeman, aunque se muestra el planeta Marte, en verdad los invasores no provienen de ese planeta. En realidad vienen de un lugar mucho más lejano, en otro sistema planetario. Posiblemente vengan de un lugar igual de lejano que el lugar de origen de E. T, nos comenta Spielberg.

Recuerdo que Manuel Nicolás Cuadrado se quejaba de las formas físicas de los alienígenas en esta cinta. Entonces me percato que estos seres en verdad tienen tres extremidades para caminar, y dos extremidades bastante cortas para manipular objetos (como una especie de manos). Pienso que los seres provenientes de otros planetas no tendrían exactamente una forma similar a nosotros y que posiblemente, podrían parecernos monstruos. También recuerdo que el buen Manuel se quejaba de que no tenían ropa. ¿Es necesario que una civilización completamente distinta a la nuestra, desarrolle un tipo de ropa? Creo que nadie sabe la respuesta, pues aún no hemos visto a un ser de otro planeta frente a nosotros.

La hierba roja, Wells y Vian
La hierba roja, Wells y Vian

Otra cosa que me llama la atención, es que ese gas rojizo que esparcen los trípodes por doquier, es la misma sangre humana utilizada también para fertilizar su querida hierba roja.

Y de pronto me viene a la mente la novela original de H. G. Wells, así como la película de la década de los 1950 producida por George Pal, que han inspirado esta cinta. Oficialmente, en la versión de hace cincuenta años, los invasores venían de Marte e invadían la Tierra en naves triangulares con una prolongación en donde surgía el famoso rayo calorífico. El arma extra era una especie de rayo verdoso que surgía de los vértices de la nave. Hay que recordar que para aquellos tiempos, estaba teniendo cada vez más auge el fenómeno OVNI, así como las descripciones de naves con forma de plato volador o triángulo. El concepto de campo magnético como defensa invisible que servía de escudo casi indestructible contra cualquier tipo de arma, fue el factor perfecto para la trama. Muchos físicos tienen en cuenta que si algún equipo militar tuviera esta defensa, prácticamente tendría la victoria en sus manos (aunque desde el aspecto teórico-práctico, es poco probable que se pudiera conseguir algo como esto). Nótese entonces que en esta película, así como en la nueva versión, dicho campo es el factor que inclina la balanza a favor de los invasores. (Recuérdese que en DÍA DE LA INDEPENDENCIA, al inhabilitar el campo de los gigantescos platillos, los extraterrestres quedan condenados a ser aplastados por la resistencia humana. ¡Qué ridículo!)

Entonces, esta película tiene muy buenas cosas. Tenemos un modelo de trípodes genial. Aunque al principio, se habían vislumbrado como armatostes pesados y con poco movimiento, se decidió que sería más espectacular si esos robots gigantescos tuvieran movimientos más orgánicos. El resultado es el esperado. Las canastas que lleva detrás cada trípode, es una muestra de fidelidad a la novela de Wells.

Cruise haciéndolo bien
Cruise haciéndolo bien

¿Y qué tal los actores? Fue grata mi sorpresa al ver que los abuelos que salen al final de la película, eran los actores principales que habían protagonizado la película de los años cincuenta: Ann Robinson y Gene Barry. Tom Cruise, en un interesante papel de civil, aunque sin permiso para permitir que alguien más le robe escena. Un Tim Robbins por demás genial. Un Justin Chatwin que tiene un personaje extraño pero común: Robby, un adolescente de esos que al ver la guerra, quieren ir, no por el interés de luchar por una causa, sino por experimentar sensaciones. Una Dakota Fanning con un personaje menor, pero que por momentos acapara la atención; esta niña sigue impactando a la crítica, aunque creo que malgasta y sobreexplota su talento en producciones exclusivamente comerciales, cuando impactaría a la crítica más exigente en una producción más seria. En fin, personajes sencillos, pero interesantes.

Una de las cosas que me agradó ver, es la omisión de Spielberg de aquellos mapas militares con figuritas donde se marca el paso o retrocesos del enemigo y de los elementos propios. También, no vimos esta vez un Nueva York arrasado o una Casa Blanca estallar. Se agradece que no se haya mostrado aquella fanfarronada de que el ejército invasor es tan indestructible que las bombas atómicas no les causan el menor daño. Más se da una muestra totalmente razonable donde un armamento extraterrestre avanzado podría ser superior y eliminar rápidamente al ejército más poderoso del planeta Tierra. Esto me hace recordar algo mencionado en la película (pésima por cierto) SEÑALES, con Mel Gibson. En un momento determinado, el hijo del sacerdote explica que si seres extraterrestres nos invadieran para apoderarse del planeta, éstos no usarían arsenal avanzado. Llevarían a cabo una lucha a campo abierto, frente a frente. El interés sería que ni ellos ni nosotros usáramos material radiactivo, pues el planeta quedaría inservible y ya no se podrían instalar en él. (Una vez más, DÍA DE LA INDEPENDENCIA, entra en contradicción con su trama).

¿Y qué tal las escenas? A pesar de ser una película exclusivamente comercial, Spielberg no nos apantalla con la tontería de estética de videoclip tan usada en las películas de acción. Tenemos escenas más impactantes, con tomas memorables mostrando una catástrofe. El principio me parece uno de los mejores inicios en la historia del cine, y el final... ¡bueno! Todo lo contrario. No obstante, hay muchas escenas rescatables, como las tomas tan interesantes de la camioneta en donde huyen los protagonistas que nos muestran de pronto la carretera, y sin ningún corte, de un momento a otro, el interior del vehículo.

Algo que si ya no me sorprende es que el guionista David Koepp haga lo mismo en otros guiones. Por ejemplo, acabo de ver esa película de ZATHURA (JUMANJI 2: versión espacial), donde el guionista vuelve a hacer los mismo: doce minutos de dilemas cotidianos chuscos, una ojeada al programa de Bob Esponja, para después ir directo al fenómeno extraordinario.

Malaciencia

Los trípodes asesinos
Los trípodes asesinos

Usando el título del excelente blog de Alfonso de Terán Riva, me parece que Hollywood ha olvidado cómo hacer ciencia-ficción hard... Y peor aún: se ha olvidado de lo que es la ciencia. Vayamos al ejemplo más obvio: el final de la película.

Usando la misma idea de Wells, los invasores mueren a causa de la acción de las bacterias. Recordando nuevamente el escrito de Manuel Nicolás Cuadrado, una civilización que viaja decenas o cientos de años luz a través del espacio, ¿puede ignorar o ser tan tonta que ignora todos los peligros de un planeta foráneo? En el caso de una visita por seres extraterrestres, éstos tendrían que tener ciertos factores en cuenta, cómo la diferencia de gravedad, presión atmosférica, gases predominantes en el aire, así como la misma temperatura o la radiación proveniente de la estrella que da luz y calor al planeta. Cuando vemos descender a los extraterrestres, lo hacen con una gran naturalidad, como si no hubiera peligro alguno. En este sentido, los invasores no solamente se verían afectados por los microorganismos, sino que ellos mismos podrían traer a la Tierra, bacterias distintas a las nuestras. Pronto, ellos morirían frente a la falta de protección, pero al mismo tiempo, los humanos también nos veríamos amenazados frente a los peligros biológicos que podrían traer consigo los visitantes. Alimentarse de sangre humana, como lo establece la novela original, sería un gravísimo error para la sobrevivencia de todo ser ajeno a la Tierra. Querer colonizar un planeta distinto al propio sería prácticamente irrealizable. Veamos por qué.

Kim Stanley Robinson nos ha hecho en su trilogía de Marte, una detallada narración sobre la terraformación del planeta Marte. Y aunque hoy la NASA, junto con varias instituciones científicas y universidades, planean convertir el planeta rojo en un mundo similar a la Tierra (proceso que en teoría, duraría unos cuantos miles de años), hay un gran sector de la comunidad científica que se ha mostrado muy escéptica a esto. Con las condiciones existentes en el planeta vecino, se desea primero enviar ciertas bacterias y plantas para soltar una dosis considerada de Oxígeno. Pero, ¿estos organismos sobrevivirían a ese entorno? ¿Pueden las condiciones que imperan en el planeta (muy distintas a la de la Tierra que propició el nacimiento de la vida) permitir tan siquiera esto? El resultado podría ser inesperado y muy diferente. O sencillamente nunca se generarían las condiciones para el sustento de vida, o surgirían condiciones extremas que harían que surgiera otro tipo de vida distinto. Se ha visto que cuando sometemos a ciertas especies de plantas a condiciones artificiales que simulan la superficie marciana, éstas inmediatamente mueren. A continuación, surgen retoños que se adaptan perfectamente a las condiciones. Esto nos hace pensar que la terraformación sería posible. Sin embargo, la carencia de un campo magnético planetario, o la débil atmósfera en el planeta Marte, posiblemente nunca permitiría que nuestras plantas y bacterias hicieran su trabajo. No hay un éxito garantizado en el hecho de intentar hacer un planeta ajeno similar a las condiciones de otro, asimismo, intentar plantar una hierba roja bajo condiciones distintas, no tendría ningún éxito. Y efectivamente, hay ciertos microorganismos que infectan a las plantas y las matan, lo que le ocurre a la hierba extraterrestre en la película.

Me he encontrado que mucha gente que vio la cinta, detesta el final. Y estoy de acuerdo. Vemos que los humanos, como protagonistas, debemos siempre triunfar. En el cine, casi nunca hay cabida para finales tristes. Aunque la invasión que nos muestra el filme, tiene un final más lógico: los humanos finalmente son derrotados por la amenaza invasora. Recuerdo en una de las tantas antologías de Asimov, en una de esas que llevan el título de La Edad de Oro, un cuento llamado LOS EVANESCENTES (no recuerdo el nombre del autor), en donde por motivos desconocidos, la Tierra es inhabitable para los humanos y éstos se mudan al planeta Venus, haciendo a un lado y casi aniquilando a la especie dominante, inferior tecnológicamente hablando. Ante tal situación, si una especie extraterrestre avanzada pierde su hogar, ¿exterminaría a otra especie en otro planeta con tal de apoderarse de ese mundo para sobrevivir? ¿Haríamos eso nosotros mismos?

© Jorge Armando Romo,
(2.217 palabras) Créditos Créditos

Esto es lo que yo llamo el síndrome del espectador condicionado. Y en este caso yo mismo lo he padecido.

Desde luego ni H. G. Wells (el escritor), ni Orson Welles (el del programa de radio), ni Byron Haskin (el director de la película de 1953) y ni siquiera Steven Spielberg tienen la culpa de esto. La culpa es solo mía y no es transferible a cualquier espectador que desconozca o conozca de pasada el fenómeno de LA GUERRA DE LOS MUNDOS.

El argumento de esta película es el que sigue:

Un padre norteamericano desastroso y divorciado se encuentra inmerso en pleno permiso de visita por custodia compartida de sus dos hijos: niña pequeña y adolescente ardiente.

En estas van los extraterrestres e invaden la tierra de manera violenta.

El padre, que corre más y mejor que el campeón de los 100 metros lisos, engancha a su progenie y se embarca en una peligrosa huida hacia la ciudad de Boston, en donde se cree que se encuentra la madre de los niños, siempre con los enormes trípodes extraterrestres pisándoles los talones.

En el viaje, las escenas de pánico, de impotencia y de muerte se suceden sin cesar y en las que el ser humano en circunstancias extremas da lo mejor y lo peor de sí mismo.

Para los que no conozcan el final de la novela, ni del programa de radio, ni de la peli del siglo pasado, no voy a revelar mucho más, por respeto a los que les haga ilusión.

Aunque parezca de perogrullo lo mejor son las escenas de efectos especiales de los extraterrestres atacando a la población indefensa. Están hechas de maravilla. Salvo la espantosa escena en que los pilotos de los trípodes salen de excursión a ver que encuentran en un sótano de una casa destruida por ellos mismos. Me asaltan las mismas preguntas: ¿por qué siempre son tan feos? ¿por qué siempre están en pelotas...?

Otra cosa curiosa es que observo un fenómeno más extraño que la invasión de la tierra por parte de una civilización alienígena: la simbiosis/fusión/metamorfosis de Spielberg/Cruise. Dos personas se funden a sí mismas sin que sea posible identificarlas como entes distintos. Las obsesiones de Spielberg del síndrome de Peter Pan se fusionan en Tom Cruise de manera pasmosa y casi parapsicóloga. Los tics argumentales y la megalomanía de Cruise se permutan en Spielberg de manera cienciológica.

De todos modos, se agradece la falta de comportamiento heroico de Cruise, la falta de imágenes de emblemas de ciudades famosas hechas añicos, la escasez de veces que se ven lo feos que son los extraterrestres y la economía de escenas lacrimógenas o edulcoradas americanizadas.

Por lo demás, una adaptación correcta de la novela de Wells (en mi opinión demasiado correcta) una historia con pocos personajes de relevancia (salvo el propio Cruise, que no admite competencia interpretativa) una fenomenal puesta en escena de efectos especiales y una película en definitiva para pasar dos horas de entretenimiento relativo.

Y me planteo: El final de la novela de Wells es genial en términos del siglo XIX. Pero en términos del siglo XXI, ¿una civilización que es capaz de viajar millones de años luz hasta la tierra no es capaz de prever todas las amenazas de un planeta foráneo? Y sobre todo: ¿Por qué no somos capaces de admitir que seguramente ganarían la batalla? ¿En circunstancias de invasión violenta seríamos totalmente exterminados?

No se pierdan: Los trípodes emergiendo del asfalto de la ciudad. Los trípodes exterminando peña a mansalva. Los trípodes acabando con el ejército de EEUU. El aterrador sonido que emiten los trípodes. Las cavilaciones estúpidas de los norteamericanos sobre la invasión extraterrestre en Europa. El río transportando miles de cadáveres. Lo insoportable del personaje del hijo adolescente de Cruise. Lo poco que pinta el personaje interpretado por Tim Robbins. La familia que me tocó en gracia delante y que se llevó a sus 4 hijos de 2, 3, 4 y 5 años como mucho y que tendrán pesadillas sonoras y visuales el resto de sus días. Lo pasé peor por los pobres niños de la fila de delante que por los hijos de Cruise. ¿Es que la recomendación de mayores de 13 años en una película no les dice nada a sus padres?

© Manuel Nicolás Cuadrado, (712 palabras) Créditos Créditos

Spielberg vuelve al Cine Alienígena, asimilando su condición de autor mayúsculo pero también de último clavo al que nos agarramos aquellos que creemos que en el cine de consumo sigue habiendo lugar para el talento. Y lo hace adaptando una historia tantas veces acomodada, LA GUERRA DE LOS MUNDOS, en diferentes productos y proyectos narradores de esta invasión alienígena planificada con propósitos genocidas por cuenta de una horda de marcianos (o no) devotos de los rayos destructores...

Un entramado manido para un espectador contemporáneo, está claro, acostumbrado a cohabitar en las sobremesas con invasiones variadas que como MARS ATTACKS, INDEPENDENCE DAY o las series V o El día de los trífidos, comparten más de un punto en común con la novela de Wells (H. G.) que, sin embargo, conserva el aplaudible honor de haber sido la primera de asomarse al cielo (con recelo) y detectar en él mucho más que una (devastadora) amenaza.

Pues eso. Wells (H. G.) dicta el prólogo; ya saben: Nadie hubiera creído, en los ultimos años de este Siglo, que los asuntos humanos fueran vigilados de una forma atenta y detallada formada por inteligencias mayores que la del hombre y sin embargo tan mortales como la suya; que mientras los hombres se atareban en sus asuntos eran escrutados y estudiados, quizá casi tan estrechamente como un hombre con un microscopio puede escrutar a las transitorias criaturas que pululan y se multiplican en una gota de agua... y Spielberg pone, al servicio de la causa, toda su maquinaria productiva: su incuestionable talento narrativo y el virtuosismo técnico que lo da soporte. Para empezar, altera el punto de vista de la historia y se olvida de generales con bigote, de armas de destrucción masiva de ascendencia controvertible, de científicos orates fabricantes de proyectiles atómicos y de Presidentes coleccionistas de aviones de combate. Aquí Tom Cruise protagoniza todos y cada uno de los planos que componen el film. Y su papel no es, precisamente, de ranger justiciero que se ha pasado media vida compilando armas en su bunker de Texas esperando una invasión similar, sino el de un padre de familia, en realidad, un desperfecto de padre: separado, haragán, desorganizado, mecánico sin serlo, estibador portuario de rudimentarias aptitudes incapaz de comprender ni uno sólo de los problemas que acucian a ese par de hijos que este día le está tocando cuidar.

Este día, digo, por alusiones, es el Día de la Invasión. Todo sucede de pronto. Resuenan ecos de rayos en el horizonte precedidos de un ruido devastador. El barrio se contagia de misterio (la atmósfera es sombría y turbadora) y expectación. Los vecinos se reúnen en torno a un pequeño cráter que parece haber centralizado todas las sacudidas. El Apocalipsis (están a punto de descubrirlo), se está concibiendo bajo el asfalto...

La primera hora es ejemplar, paradigmática, superando con nota alguno de los mejores comienzos de la historia del Cine de la que también forman parte dos películas del cineasta: INDIANA JONES Y EL TEMPLO MALDITO y SALVAD AL SOLDADO RYAN. En este fragmento introductorio, el despliegue de talento es incontenible, alcanzando su cenit en un plano-secuencia argumentativamente menor pero rotundamente reivindicable: la huida por la autopista que provoca la primera crisis de Rachel (Dakota Fanning insuperable, para variar), con el protagonista sorteando coches abandonados y tipos desorientados en busca de su identidad... La cámara vuela, se mete en el coche y sale con la misma facilidad con la que antes había entrado mientras la niña trata de recuperar su espacio proxémico y los dos adultos su capacidad analítica y cordura... No se puede hacer mejor. En el plano virtuoso Spielberg sigue sentando cátedra y es el único capaz de demostrarlo de año en año. Debería fundar una escuela pero no lo hace aun a sabiendas de que nadie sabría imitarlo. Si otro le escribiera los finales pasaría a la historia como uno de los mejores... pero no adelantemos los hechos. Seguimos en la autopista, huyendo hacia la nada. La película funciona de forma cabal durante unos minutos más hasta que la fatiga se apodera del cineasta (nunca del espectador) tras una brillante hora y media, coincidiendo con la aparición del personaje de Ogilvy (por cierto, ¿Por qué diantres recluta para su ejército partisano a un padre con su niña?), que preludia la parificación del universo spielbergiano con el de uno de sus seguidores más destacados: M. Night Shyamalan y, curiosamente, con su peor película, Señales, revirtiendo las reglas de la intertextualización maestro-seguidor, reubicando la película en el terreno del terror psicológico en su modalidad claustofóbica que emparenta también a este segmento del film, pues sí, con LA NOCHE DE LOS MUERTOS VIVIENTES de Romero del mismo modo que el segmento de la CIUDAD DEVASTADA le debía, y mucho, a Roy Ward Baker y a su QUATERMASS AND THE PIT (o a su actualización pro-explotation: LIFEFORCE)

La película se oscurece, se enroca, tomando formas y colores pre-apocalípticos, ritmo y textura de obra de consumo concebida con propósitos moralizantes... LA GUERRA DE LOS MUNDOS se transmuta, por lógica deducción, en una película melodramática, apoyando toda su fuerza en la relación existente entre el padre y sus hijos, dejando de lado (nunca se pretendió algo diferente) la acción y los alienígenas... En este sentido, la invasión es sólo un pretexto, aunque terrorífico, y queda siempre en segundo plano, contextualizando la huida de todos los personajes, en realidad, sirviendo de contorno ruidoso a la historia de este estibador que busca en su evasión los términos de una redención inexcusable.

La sensación que deja el visionado de LA GUERRA DE LOS MUNDOS es contradictoria. Su virtuoso comienzo la convierte de golpe en una de las películas más impactantes de lo que va de año y, sin duda, en el blockbuster de la temporada. Los temas con los que entronca su entramado son más que apasionantes: refugiados huyendo de lo inevitable, ambiente pre-apocalíptico teñido de rojo, redención familiar por cuenta de una amenaza maldita... Spielberg resuelve la mayoría de las situaciones que plantea de forma brillante (en especial, la del accidente de avión o la secuencia de la pistola) y otras de forma dudosa y reprochable (la familia todo lo justifica, parece insinuar): una relacionada con el personaje de Ogilvy y otra con el engolamiento que envuelve a su parte final. Nada nuevo a ese lado del Atlántico...

LA GUERRA DE LOS MUNDOS es, en fin, una propuesta multigenérica (terror, ciencia-ficción y drama) terriblemente disfrutable, sostenida por dos interpretaciones más que convincentes, y por un envoltorio técnico artístico de primera generación que oculta, sí, el carácter intrascendente y vacuo de su argumento (El Valor familiar enfrentado a cualquier dificultad por muy irresoluble que esta parezca: para sobrevivir ya tenemos el Deus ex machina) pero que devuelve, y en plena forma, a uno de los mejores cineastas de su generación al oficio que una vez sirvió para encumbrarle: el de prestidigitador visual.

Que la disfruten, amigos.

Lo más destacado: Varias secuencias imprescindibles.

Lo menos destacado: la mala interpretación de Tim Robbins en un papel que, definitivamente, debió recaer en un actor más comprometido con las servidumbres de la actuación.

Calificación: 8, 5

© J. P. Bango, (1.194 palabras) Créditos
Publicado originalmente el 2 de julio de 2005 en El Cronicón Cinéfilo