LAS FUNDACIONES ASIMOVIANAS
por Guillermo López

En La Página Definitiva somos pródigos en reseñar novelas y películas, artículos que son seguidos por mails indignados de algunos lectores porque les explicamos el final. Sorprendentemente, y aunque pueda parecer inusitado, de eso es justamente de lo que se trata: de explicarles el contenido, la historia y, si se tercia, el final. Así que no se llamen a engaño y no me digan después que he destruido todas sus ilusiones y expectativas de futuro. Por tanto, si Usted no ha leído las novelas de la Fundación y piensa leerlas, evite este artículo. Por otro lado, si Usted ya ha leído la serie de la Fundación, ¿para qué continuar leyendo? Quizás deberíamos circunscribir nuestro público objetivo a aquellos que no han leído Fundación ni tienen intención alguna de leerla. Sin embargo, si no la ha leído, ¿cómo sabe Usted que no querrá leerla? ¿Y si después de leer mi crónica le entran tremendos deseos de leer Fundación? Entonces ya será tarde: ya conocerá el final, destripado por este su malvado pseudocrítico literario.

Por lo tanto, si Usted ha continuado leyendo hasta aquí, siento decírselo, es un oportunista que se aprovecha de mi trabajo, un vago que quiere seguir el camino fácil, adquirir una culturilla de pacotilla para dar imagen y poco más. Mis felicitaciones: Usted ha entendido perfectamente cómo funciona el mundo (salvo en lo que respecta a pagarme por mi reseña, aunque bueno, eso en realidad demuestra que lo entiende aún mejor, pero no descarte una visita de la SGAE para partirle las piernas y exigirle el pago de un canon porque sus gritos de dolor se parecen a una canción de Mecano)

Fundación
Fundación

La saga Fundación nos ubica en un escenario futuro en el que la Galaxia está unida en un Imperio gigantesco que en apariencia mantiene el poder con firmeza. Sin embargo, un matemático, Hari Seldon, desarrolla una disciplina, la psicohistoria, que proclama la posibilidad de predecir la evolución futura de los acontecimientos mediante la aplicación de criterios probabilísticos, siempre y cuando el campo de estudio se circunscriba a grandes masas de población, y no a acontecimientos concretos o sujetos individuales. Mediante la psicohistoria, Seldon descubre la decadencia que se esconde tras la aparente vitalidad del Imperio, y define una evolución futura de los acontecimientos que llevará en pocos siglos a una situación de caos absoluto en toda la Galaxia, que además se prolongará durante al menos 30000 años.

Para evitarlo, Seldon, con apoyo del Imperio (que, en realidad, quiere quitárselo de encima), crea dos Fundaciones, una en cada extremo de la Galaxia, con el objetivo aparente de recopilar todo el saber humano en una gigantesca enciclopedia, y el real de convertirse en centros de poder alternativos al Imperio y que puedan sustituirlo tras un comparativamente corto periodo de tiempo (unos 1000 años)

La obra, escrita con la extraordinaria capacidad de síntesis narrativa que caracteriza a Asimov, está dividida en tres partes: FUNDACIÓN, donde se narran los difíciles años iniciales de la Primera Fundación, FUNDACIÓN E IMPERIO, que compendia un enfrentamiento con las fuerzas imperiales, enormemente poderosas pese a la continua decadencia del Imperio, y la aparición de un mutante con poderes mentales, llamado El Mulo (sí, a mi también me parece una mierda de nombre para un supermalo, en lugar de Max Power o Wolfbeast), que vulnera los principios de la psicohistoria en tanto fenómeno individual y consigue, momentáneamente, conquistar la Fundación, y por último SEGUNDA FUNDACIÓN, donde descubrimos que la otra fundación creada por Seldon tiene características muy diferentes a la primera, pues no se basa en la expansión comercial ni en la supremacía científica, sino, al igual que El Mulo, en el uso de los poderes mentales para manipular a las personas. La Segunda Fundación logra terminar con El Mulo e incluso consigue que la Primera Fundación crea haber acabado, a su vez, con esta peligrosa competencia, pero la verdad, como en Expediente X, está ahí fuera, así que la trilogía queda totalmente abierta.

Hasta la aparición de los poderes mentales, la obra es excelente. Guarda muchas similitudes con la decadencia del Imperio Romano, y de hecho pueden detectarse con facilidad a algunos personajes históricos, como el Conde Belisario, así como las pautas de desarrollo de la Fundación parodian en cierto sentido los diversos tipos de Imperio, salvo el asociado al uso de la fuerza (puesto que la Fundación, durante varios siglos, justifica su crecimiento constante no por las victorias militares, sino por factores como la supremacía religiosa, los avances científicos o el poder comercial)

A partir de la aparición de la Segunda Fundación, por el contrario, la cosa decae. Y decae fundamentalmente porque a partir de ahí el escenario marcado por Asimov, caracterizado en un principio por un acendrado racionalismo, se vuelve mucho más ficción que ciencia, para entendernos, y llega a lo esotérico. La existencia de la Segunda Fundación como encargados de asegurar el correcto desarrollo del Plan Seldon convierte la psicohistoria en una idea totalmente artificiosa, que debe funcionar, y si no lo hace ya se encargará la Segunda Fundación, en plan PRISOE, de manipular, y sin enviar un mísero SMS. Y lo de los poderes mentales, por otro lado, pues qué quieren que les diga, a mi como que me dejan frío.

Posteriormente a esta trilogía (unos 25 después); Asimov continuó la serie con dos secuelas, LOS LÍMITES DE LA FUNDACIÓN y FUNDACIÓN Y TIERRA (además de otras dos precuelas que no he leído, PRELUDIO A LA FUNDACIÓN y HACIA LA FUNDACIÓN) Las dos versan, en teoría, de la búsqueda de la Tierra (el misterioso planeta origen de toda la humanidad, única especie inteligente de la Galaxia), lo cual tiene su gracia como idea (imagínense a los miembros de la Fundación encontrando la Tierra y dándose cuenta de que, en realidad, la Tierra es un conjunto de provincias que están alrededor de Madrid)

En LOS LÍMITES DE LA FUNDACIÓN, Asimov nos presenta un planeta, Gaia, en el que todas las formas de vida están integradas en torno a una mente colectiva de enorme poder, y todas trabajan, piensan y actúan en comandita. Como todos los que están en Gaia son ese planeta, de esta mente participan no sólo los humanos, sino los animales y plantas, e incluso los objetos inorgánicos, todos felices y amiguitos en torno al mismo objetivo. Como pueden ver, Gaia es un mundo asqueroso, una especie de planeta, como su propio nombre indica, de comunistas gays donde la individualidad inherente al ser humano es destruida en pro de una especie de Casa de la Pradera zen, cuyo objetivo, además, es extender el modelo Gaia a toda la Galaxia, como alternativa a la Primera y Segunda fundaciones. Y lo peor es que el protagonista, Golan Trevize, que ha de decidir en un momento dado cuál de estas tres posibilidades debería prevalecer, ¡se decanta por Gaia! ¿Pero qué quiere este tipo, que saquemos una guitarra y nos pongamos a cantar todos juntos? Cuando todos los lectores con un mínimo de sensibilidad esperaban que un acto civilizatorio (o sea, un buen pepino nuclear) acabase con Gaia, Asimov se dirige a un ridículo camino opuesto.

Pero, por si esto fuera poco, en FUNDACIÓN Y TIERRA se nos cuenta cómo Trevize no está seguro de por qué ha de ser Gaia la opción más conveniente para el futuro de la Galaxia, y por razones que no quedan explicadas cree que encontrará la respuesta en la Tierra. Antes de llegar a la Tierra, Trevize (a quien acompañan un viejo historiador y una comisaria política de Gaia en calidad de observadora, que además tiene sexualmente camelado al historiador) pasa por una serie de mundos donde se supone que vivieron los primeros colonizadores que salieron de la Tierra, a cual más repulsivo. En su visita de uno de estos mundos se encuentran a una sociedad de hermafroditas autosuficientes e individualistas en el más amplio sentido de la palabra, que poseen además, como ya comienza a ser una costumbre, poderes mentales (uno que pensaba que para tener poderes mentales es necesario, de entrada, salir en la tele, y miren qué sencillo lo pinta Asimov) En su huida, perseguidos por los hermafroditas (con la tranquilidad de que, al menos, éstos no albergaban intenciones sexuales hacia ellos), y después de haber asesinado a uno de los mariconsones onanistas, embarcan en la nave con el hijo del fallecido, un niño/a que, para evitarnos poner la metrosexualidad suma de niñ@, designaremos como bisho.

Al final, aparece la Tierra, pero ¡oh fatalidad! es pasto de la radiación, a causa, se supone, de una guerra nuclear, y resulta totalmente inhabitable. Pero en el último momento, encuentran señales de vida en la Luna y allí se encuentran con nada menos que un robot que, mira tú por donde, les explica así porque sí que él es personalmente responsable de los últimos 20.000 años de evolución de la Humanidad, que él puso las bases de la fundación de Gaia, de la psicohistoria y, en resumen, de todo, que un poco más y nos recuerda al propio Ánsar retirándose del poder cual Cincinatus.

Y mira por dónde, el robot se está muriendo merced al sobreuso de su cerebro (normal, con todo el trabajo que había tenido que realizar), y sugiere hacer una fusión cerebral con bisho a fin de pervivir lo suficiente como para asegurar el éxito del modelo de Gaia, el planeta de comunistas gays, a toda la Galaxia (es decir, que se supone que el destino de la humanidad será decidido por la conjunción de un robot y un bisho, un poco más y en lugar del robot aparece Joaquín Almunia explicando que él salvará la Galaxia). En ese momento uno añora, de nuevo, un buen pepino, o una mísera Kalashnikov con la que disparar unos cuantos tiros al robot, a bisho y a la pesada de Gaia, y disparar al aire las balas sobrantes, como es tradicional. En lugar de ello, la persona de la que depende el modelo de humanidad del futuro, Trevize (del cual, por cierto, jamás se nos explica por qué él, y no otro, es el Elegido, en plan MATRIX), vuelve a decantarse por Gaia, aduciendo una confusa mención (la primera a lo largo de cinco volúmenes de la serie) a que hay otras Galaxias, pueden aparecer, y ser hostiles (ya puestos, que haga mención a Sadam Husein y sus Armas de Destrucción Masiva), con lo que se supone que la unión de todos los humanos en el objetivo común permitiría una mejor defensa (para evitar alianzas espúreas de un sector de Humanidad con los invasores, guerras civiles, etc.), lo cual, ocioso es decirlo, es profundamente metrosexual. Una persona con un mínimo de raciocionio, en lugar de esto, habría perfilado un programa militar basado en la proliferación de armamentos de destrucción masiva y el desarrollo de los transportes, con el fin de explorar otras galaxias y, a poco que aparezca algo con síntomas de inteligencia, soltarle una buena yoyah preventiva y quedarse con sus recursos, ¿sabeh?

En resumen, la serie de Asimov parte de una idea muy sugestiva pero va degenerando conforme avanza la trama, se complica y, sobre todo, pasa de lo científico a lo esotérico, y nos intenta vender un capazo de filosofía barata en plan la unión hace la fuerza que, la verdad, no hay por dónde cogerla, pues es más que obvio que una sociedad cooperativa en tan alto grado como Gaia es un puto desastre donde la molicie y la desidia camparían por sus respetos, pues ¿cómo va alguien a trabajar, o a pensar por sí mismo, a innovar algo, si Gaia ya lo hace por él? Puro cristianismo. Aunque justo es reconocer que tuvo mérito hablar de un planeta de comunistas gays como modelo de sociedad ideal en pleno reaganismo.

¿Se dan Ustedes cuenta? Si se hubieran leído los libros de Asimov habrían tardado mucho más, habrían disfrutado progresivamente menos de la trama y habrían corrido el serio peligro de adoptar una interpretación de la obra ligeramente distinta a la mía, lo cual, indefectiblemente, les habría causado un drástico rechazo y marginación de la sociedad. Sin embargo, con un resumencillo de nada, ya pueden pontificar en todo tipo de ambientes, mostrando al mismo tiempo el necesario desdén por este tipo de subliteratura banal, que Ustedes leen porque les gusta hablar con conocimiento de causa y sin ideas preconcebidas.

© Guillermo López, (2.057 palabras) Créditos
Publicado originalmente en 2004 en La página definitiva