LA PARRALA SI, LA PARRALA NO...
por Carlos Alberto Gómez Villafuerte

Bien. Bueno. Vale. Ya estamos aquí de nuevo y se acerca el estreno, o quizá cuando esto llegue ante sus ojos ya se ha producido, de la tercera parte de la primera trilogía de la hexalogía más famosa de todos los tiempos Naturalmente, me refiero a LA VENGANZA DE LOS SITH que, por el momento, cierra el ciclo comenzado por LA GUERRA DE LAS GALAXIAS hace la friolera de 28 años, allá por el año 1977.

Como cada vez que se produce el estreno de una de estas películas, sesudos artículos, análisis y ensayos se esfuerzan por demostrarnos que ninguna de ellas puede englobarse dentro de lo que se cataloga como ciencia-ficción. Unas veces, acusando a Lucas de poca imaginación, por haberse basado en multitud de películas anteriores, desde clásicos del oeste al cine japonés pasando por las aventuras de capa y espada y bélicas. Otras, aduciendo que posee escaso rigor científico, por lo que debería considerarse fantasía más que ciencia-ficción. Da la impresión de que existe un cierto deseo de dignificar una parte de la ciencia-ficción a costa de otra, como en esas familias ricas que ya no quieren saber nada de los parientes pobres, a pesar de pertenecer a su misma sangre.

Blade Runner
Blade Runner

Sin embargo Lucas no es sino una muestra representativa de la mayoría de los autores/directores de lo que se llama ciencia-ficción. Empecemos por la poca imaginación y echemos un vistazo a uno de los iconos de la ciencia ficción aprobada por todo el mundo: BLADE RUNNER.

¿Digamos que es perfectamente original el argumento de un policia/detective/asesino/cazador, cínico, de oscuro pasado y vida atormentada que se desprecia a sí mismo por el trabajo que realiza, que vive solo y huraño, dedicado a perseguir a un grupo de inadaptados, y que, finalmente, encuentra su redención a manos de uno de esos mismos inadaptados a los que persigue? Seguro que los visionadores y lectores de cine o género negro no estarán demasiado de acuerdo. Asumamos entonces que Ridley Scott sufrió de evidentes influencias por parte de las historias policíacas y detectivescas tan de moda en el cine en los años cuarenta/cincuenta. ¡Qué horror!

Si nos pasamos al terreno literario, la cosa sigue los mismos derroteros. LÁGRIMAS DE LUZ, una de las mejores obras de la ciencia-ficción española, podría decirse que se basa ampliamente en las historias medievales de juglares, pícaros y, sobre todo, la eterna historia de un joven que abandona su casa con ilusión para servir una causa aparentemente noble y se encuentra, al final, con un mundo exterior que no es exactamente lo que se imaginaba, ni cumple sus expectativas más esperanzadoras. La reacción del joven es evidente, y se encuentra reflejada en multitud de obras anteriores.

Solaris
Solaris

O pongamos el caso de SOLARIS, de Lem. Nos presenta a un ¿ser? esquivo, incomprensible, que interactúa con los humanos a su capricho, que va a lo suyo... ¿me equivoco o eso podría aplicarse a cualquier dios que se precie de la literatura fantástica? Lem no hace mas que cambiarle el nombre y la situación a algo que ya se conoce desde tiempo inmemorial... no inventa nada nuevo. Sufre indudables influencias, por tanto. Y lo que es peor, su SOLARIS, al carecer de cualquier explicación podría caer fácilmente en la fantasía...

¿Y no se nos narra en MERCADERES DEL ESPACIO de Pohl y Kornbluth la lucha de un hombre contra el sistema? Un sistema del que él mismo formaba parte hasta que cae en desgracia y contra el que luego dirige toda su furia e inteligencia... ¿no nos deja esto cierta sensación de deja vú?

Y así podríamos seguir hasta el infinito... o más allá. La sombra de la influencia planea sobre toda la ciencia-ficción. En realidad, planea sobre cualquier manifestación artística.

Una vez aceptado que ningún argumento desde tiempos de Homero es totalmente original, podemos descartar la no pertenencia de LA GUERRA DE LA GALAXIAS a la ciencia-ficción por el hecho de parecerse a otras historias de otros géneros. De lo más que podemos quejarnos es de un cierto empacho de influencias por fotograma cuadrado, pero cualquier historia se convierte automáticamente en ciencia ficción si el entorno en el que se sitúa lo es. Dos tíos de seis pies de alto, desenfundando colts, estarán sin duda en una historia sobre el oeste. Esos mismos tíos, desenfundando esas mismas armas en un planeta a 50.000 años luz de la Tierra, en las fronteras de la Federación, estarán en una historia de ciencia ficción. Para más información, véase SANTIAGO, UN MITO DEL FUTURO LEJANO de Mike Resnik.

Llegamos entonces al tema del escaso rigor científico.

Como muestra de que se trata de fantasía, se nos muestra a los caballeros Jedi. Considerados en muchas ocasiones como brujos con extrañas habilidades, típicos de las historias de espada y brujería. Por ejemplo:

Un Jedi puede parar un rayo laser, levantar enormes pesos, brincar de modo inverosímil, incluir mentalmente en la gente, o lanzar rayos por los dedos. Los malos, claro.

Tigre, Tigre
Tigre, Tigre

Pero si eso nos parece extraño, ¿qué decir de los poderes telepáticos del cuerpo psíquico en EL HOMBRE DEMOLIDO? ¿O la fantástica capacidad de jauntear que utiliza el protagonista de TIGRE, TIGRE (LAS ESTRELLAS, MI DESTINO), capaz de desplazarse por el espacio mediante su poder mental? Ambas novelas son buenos exponentes de la ciencia ficción, y ambas están escritas por Alfred Bester, uno de los grandes escritores del género.

¿Y por qué no mencionar al Alar de LOS HOMBRES PARADÓJICOS, de Charles L. Harness, capaz de lanzar descargas eléctricas por las puntas de sus dedos e incluso de utilizar sus ojos como proyectores para despistar a sus perseguidores?

En cuanto a parar un rayito de luz, podemos acudir a la presciencia. Sí como en DUNE. ¿Es más increíble prever años de futuro o rutas espaciales, que prever la posición que alcanzará un disparo antes de que se realice?

Estos ejemplos, y ateniéndonos únicamente al rigor científico, bastarían para eliminar tales obras como pertenecientes a la ciencia ficción. Quizá a la fantasía...

Pero sigamos con la verosimilitud científica.

La explicación de Lucas para los poderes Jedi, pasa los midiclorianos, sean lo que sean dichos bichejos. Una explicación que no convence, pese a que ofrece una razón, tanto de operatividad como genética, para el uso (abuso) y empleo de dichos poderes.

la mano izquierda de la oscuridad
la mano izquierda de la oscuridad

¿Es eso más increíble que los personajes de LA MANO IZQUIERDA DE LA OSCURIDAD? Humanoides mamíferos complejos que, sin embargo, tienen un ciclo de cambio sexual, de forma que periódicamente son machos o hembras... Ursula K. Le Guin nos ofrece como explicación la manipulación genética y quizá algún accidente en su evolución. No parece que le saque mucha ventaja a los midiclorianos de turno. La genética es como el cajón de sastre de la ciencia ficción: sirve para todo.

Y mejor no hablar de los viajes a mayor velocidad que la luz, porque si hablamos de verosimilitud científica, ya podemos cargarnos al cien por cien de la literatura/cine, que la utiliza con profusión.

¿O acaso es mejor el salvaje salto al hiperespacio sobre Trantor, huyendo de la policía imperial, de la nave en la que escapan el comerciante de la Fundación y cierto noble de Siwenna que el salto al mismo hiperespacio del Halcón Milenario de Han Solo cuando escapa de los destructores imperiales? El uno es cosa de Asimov. El otro, de Lucas. Esa es la única diferencia.

También podríamos seguir hasta el infinito en estas cuestiones.

Es indudable que a LA GUERRA DE LAS GALAXIA se le podrá acusar de muchas cosas, personajes planos, historias simples, no tener profundidad artística, (que tampoco lo pretende, me figuro yo) etc. Acusaciones que comparte con la space opera literaria a la que pertenece. Pero estas características no son obligatorias, aunque sí deseables, en cualquier historia, sea de ciencia ficción o no. No definen al género sino, simplemente, a la bondad, o falta de ella, de la historia que se narra.

Como dije antes, también podríamos acusar a la Saga de Lucas, de incluir la mayor cantidad de influencias y exageraciones por fotograma que se han visto en mucho tiempo. Pero esto tampoco la invalida como historia de ciencia-ficción. Puede tener mayor o menor calidad, que eso ya es otra cuestión en la que ni entro ni salgo.

Simca 1000
Simca 1000

Y por supuesto, tampoco pretendo comparar la obra de Lucas con las de Bester, Le Guin, Lem, Harness, Marín, Herbert, Resnik, Pohl, Kornbluth o Ridley Scott. La una es un SIMCA 1000 y las otras un Rolls Royce. Evidentemente ambos vehículos no son iguales, pero los dos tienen ruedas, un motor, un volante, y sirven para llevarnos del punto A al punto B. ¿Lo pillan?

Aunque por supuesto un Rolls permite el desarrollo de ciertas actividades con más comodidad que un SIMCA 1000, como decía la canción.

Pero incluso en un SIMCA 1000, la cosa tiene su diversión. Y puede resultar mucho más resultona que en el tapizado del Rolls.

Hasta el estreno de la próxima entrega de la serie cinematográfica de ciencia ficción de más éxito de todos los tiempos.

© Carlos Alberto Gómez Villafuerte, (1.517 palabras) Créditos