EVOLUCIONES Y SINGULARIDADES
por Jorge Korzan
Los niños de Darwin

Todos nosotros tenemos una idea de qué es la Evolución. Creo conviene señalar que la Evolución es un proceso, y todo proceso tiene parámetros, factores condicionantes, y límites.

Un parámetro es el tiempo. Otros, la velocidad y tasa de reproducción. Lógicamente una especie de insectos evolucionará-cambiará más velozmente que la especie humana, porque el tiempo de vida de un insecto puede ser de semanas, y puede tener decenas o centenares de descendientes de una generación a otra.

Factores condicionantes: posibilidad de mutaciones, y eventos que puedan alterar las condiciones del entorno (catástrofes de algún tipo)

Límites: los impuestos por la propia estructura de la especie y de cada individuo (no puede haber moscas del tamaño de un auto, o madres humanas que den a luz a la vez tantos bebés como una abeja reina). Y sobre todo, los límites del entorno donde esa especie se desarrolla. Y cuando decimos entorno, nos vemos obligados a analizarlo como sistema, con todos sus detalles: el lugar, otras especies competidoras, presas o predadoras, etc., etc., etc.

Como lugar común se cita que el hombre no ha evolucionado. ¿Qué tan cierto es eso? No creo haya pruebas contundentes de que eso sea cierto. ¿La Evolución solo se da en la biología? ¿Es algo que tiene que quedar forzosamente registrado en los genes? Si es así, entonces la humanidad sí que ha evolucionado: consigue resultados más allá de los límites que retienen a las demás especies animales. Esas especies no pueden escapar a la rueda del karma de sus genes, la evolución biológica estándar. Nosotros sí. Y lo hemos hecho.

No dependemos del entorno, no al menos en primera instancia: lo hemos alterado. Con la medicina, a las mutaciones defectuosas la hemos compensado. Con la tecnología no necesitamos esperar millones de años para que nuestros hijos tengan diez veces más fuerza que nosotros. A esos mecanismos, ya no los necesitamos.

Galápagos

Pero no escapamos a la Evolución como sistema. Seguimos atados a la competencia, sigue habiendo selección natural, y según nuestros resultados podemos, como individuos, reproducirnos o no. Y pese a nuestra inteligencia, tanto individual como colectiva, como especie somos tan ciegos como la especie de las hormigas, las abejas, los delfines o los elefantes. No somos diferentes a ellos en el mandato básico: vivir y reproducirse lo más que se pueda. Lo que pasa es que desarrollamos cultura, ciencia y tecnología, y las dificultades que otras especies tienen, a su nivel, ya están cubiertas por nosotros con nuestras propias invenciones. El asunto es que jugamos nuestras cartas en otro nivel y en juegos más complejos.

En lo personal creo que la especie humana evoluciona muchísimo. Y cada vez más rápido. ¿Pero en qué? En el ámbito social. En el ámbito cultural. En el razonamiento. A primera vista, no en lo biológico. Pero eso no es cierto. Desde hace cincuenta mil años a esta parte, lo que todos nosotros hemos hecho y estamos haciendo es una evolución de nuestro cerebro, que es el órgano que más estamos usando día a día, segundo a segundo.

El cerebro es el órgano más adaptable del organismo de un ser humano. Gracias a él nosotros nos adaptamos a las nuevas condiciones que nos rodean. Durante toda nuestra infancia, el cerebro está en un estado plástico: las millones de neuronas en su interior van lanzándose entre sí los axones, formando sin parar redes neuronales más y más complejas. Esas redes luego manejan las hormonas y generan/reprimen neurotransmisores que gobiernan al cuerpo, y así crecemos como una unidad cuerpo-mente. ¿Es casualidad que los humanos sean los animales con infancias más largas, cuyas criaturas recién nacidas sean las más desvalidas? En absoluto. Los humanos forzosamente dependemos de nuestra estructura social, para disponer de tiempo de armado de nuestra propia red neural individual.

Y aquí hay un doble juego: la estructura social nos moldea a nosotros, condiciona nuestras mentes, da modelos para nuestras redes cerebrales. Pero, si nosotros somos capaces, podemos efectuar cambios en esa estructura social. La cual a su vez nos obliga a adaptarnos, y además, con nuevos estímulos, moldea a nuestros hijos. Aquí a las mutaciones las llamamos grandes personalidades, tanto positivas como negativas. Y todos los aspectos de la evolución animal se dan a nivel local y global, pero a otro nivel.

Ah, bueno, sí, pero lo cultural es una cosa, y la información del ADN es otra.

¿Seguro?

* La Genética es una ciencia muy nueva. No tenemos todo comprendido por poder mapear una secuencia de genes o jugar con ellos a los ladrillitos.

* Comprendemos la evolución a niveles geológicos, en una manera tosca. No tenemos muchas experiencias en cambios sostenidos a lo largo de pocas generaciones en un tiempo breve, salvo el desarrollo de determinadas especies como las diversas razas de perros, o el ganado y las plantas comestibles. Ninguno de esos seres desarrolla una civilización compleja, con sus estímulos e interacciones. De ellos a nosotros llegamos extrapolando. La extrapolación no es una herramienta muy exacta.

* ¿Cómo comparar nuestros cerebros con los de un neanderthal o cromagnon? Si hay alteraciones en las redes neuronales, no creo se puedan determinar por el tamaño del cráneo. Deducimos en base a los restos que de ellos nos quedaron.

* Independientemente de la información genética, sabemos que hay tendencias transmisibles de padres a hijos. Como seres inteligentes que somos, no somos solo animales. Nuestra evolución es tanto genética como cultural: para bien o para mal, es Evolución en distinto nivel. Y considerar solo la parte genética temo que sea caer en el reduccionismo.

Rascacielos

En el mundo de hoy ¿es mejor ser tranquilo o violento? ¿Es mejor tener reacciones rápidas o tener reacciones lentas? Depende de la historia, de la conducta, pero también de los neurotransmisores que se tengan. ¿Si una persona es habil tendrá hijos con otra torpe? Parece muy agresivo, pero eso aparece y no una vez en la vida, sino todos los días, a diferentes niveles, con todos quienes nos cruzamos, en todas nuestras relaciones.

¿Quién puede asegurar que las adolescencias cada vez más largas de cada generación no son para alargar el período plástico de esos nuevos cerebros? ¿La cada vez más rápida atención de los niños es solo porque tienen más estímulos que los padres? ¿Los problemas psicológicos que cada vez se multiplican más, no pueden considerarse como límites de adaptación de las redes neurales de los enfermos? ¿No hay en este problema algo de selección natural? Quizá solamente se esté propagando, generación tras generación, una predisposición a un cerebro más adaptable a sociedades más complejas. Y esto solo, ¿no es Evolución?

Y en todo esto nos olvidamos de algo que SI es TODA una evolución, y que es tanto mejora como problema: podemos elegir, y decidir, con la gloria y el horror siempre implícitos. Ahora estamos descubriendo que esa característica nos puede llevar a la extinción, por lo que exige responsabilidad, y se vuelve un LIMITE.

Y quizá la prueba mayor de esa evolución, sea reconocer y adaptarnos a ese límite.

¿Cuál sería en este contexto una singularidad, una nueva especie, un paso adelante después del Homo Sapiens Sapiens? Un ser humano con otro tipo de red neuronal. ¿Qué implicaría eso? ¿Más inteligencia? Bueno... habría que definir qué sería inteligencia. Otro tipo de red neuronal quizá implique razonar de otro modo, gestionar las hormonas y neurotransmisores de otra forma puede implicar otra clase de reacciones frente a estímulos. Ambas cosas estimo llevarían a pensamientos, opiniones y conductas diferentes. Quizá a la larga, a una moralidad y ética distintas.

Sospecho que ese Homo Plus sería mucho más variado, dúctil a nivel social. Un seductor, o un sorprendente comunicador. A esos nuevos humanos, más que inteligentes, los veo rápidos, adaptables, tanto de buena o mala manera.

X-Men

No me imagino X-MEN. Stan Lee lo planteó en forma leve: seres tan ajenos en nuestra red social no serían solo marginados, o aprovechados en forma oculta. A la corta o a la larga estarían muertos, serían eliminados o morirían aislados. Juan Raro y sus amigos eran semidioses con poderes telekinéticos, pero deciden suicidarse en masa porque a la larga estaban condenados a relacionarse con la Humanidad, y entrar en un efecto promedio que retrasaría su desarrollo. ¡Esos razonamientos de Stapledon no tienen desperdicio!

¿Y si esa singularidad fuera virtual? Sea como sea, interactuará con nuestra red social, se tendrá que adaptar a nosotros, nosotros forjaremos su realidad. Y también su evolución, al menos forjaremos su entorno, y le daremos límites iniciales. Le guste o no. No nos podemos olvidar de eso.

Y si fuera tan adaptable a su entorno virtual-real que llegara a amoldarse a él ¿evolucionaría? Yo creo que no. Dadas condiciones ideales, un organismo puede no evolucionar más. ¿De qué dependería entonces su desarrollo posterior? De aquello con lo que interaccione: en principio, nosotros.

© Jorge Korzan, (1.466 palabras) Créditos