ANDREA VÍCTRIX
ANDREA VÍCTRIX LlorenÁ Villalonga
Título original: Andrea Víctrix
Año de publicación: 1974
Editorial: Destino
Colección: ---
Traducción: ---
Edición: 1997
ISBN:
Precio: 16,23 EUR
Comentarios de: Daniel Genís Más

Sólo podemos entender la obra de LlorenÁ Villalonga atendiendo a su tierra, Mallorca, y a su ascendente social, la aristocracia isleña. Es en función de estos dos factores que nos explicamos la aparición de dos novelas como MUERTE DE DAMA (1931) y BEARN O LA SALA DE LAS MUÑECAS (1961), donde observamos, con toda su complejidad, la gestación y posterior debacle del mito de Bearn. La primera quiere ser el retrato esperpéntico (grotesco y caricaturizado) del inicio de la decadencia de la aristocracia rural mallorquina. La segunda, en cambio, es ya la certificación de su defunción. El mazazo de la guerra civil española primero y de la Segunda Guerra Mundial después, significan el fin de aquel mundo y, en consecuencia, su idealización mítica en la memoria de Villalonga. ANDREA VÍCTRIX, su primera y única incursión en el género de la ciencia-ficción, no resulta, pues, una anomalía bibliográfica si atendemos al hecho que, también ahora, Villalonga aborda el tema de una sociedad que desaparece inexorablemente ante la mirada impotente de aquellos que la han defendido hasta su fin.

Con LA GRAN BATIDA (1968); Villalonga iniciaba su cruzada contra el mundo deshumanizado del futuro, pero será sobretodo en ANDREA VÍCTRIX, particular reformulación del universo de Aldous Huxley, donde reflejará con un humor más ácido aquella sociedad tecnológica de la era moderna que tanto le aterrorizaba (Las estrellas son un ornamento que los hombres de hoy ya no apreciamos porque tenemos luz eléctrica, dice del avance tecnológico con amargura) Sociedad que queda retratada en su novela por unos individuos apáticos y moldeables que compran compulsivamente atomicodomésticos, beben Hola-Hola (una especie de futura Coca-Cola) y repiten estúpidamente la fórmula de Einstein E=mc2 (símbolo supremo de la tecnificación a que ha llegado la sociedad), y por un escenario, Turclub (Club Turista del Mediterráneo), nombre con el cual se conoce Mallorca en el 2050, más parecida a la METROPOLIS de Fritz Lang que a la isla de la calma que fue algún día, y donde proliferan por doquier carteles luminosos anunciando el dogma más sagrado de todos: El Progreso no puede detenerse.

En esta obra, como en las grandes distopías del siglo XX en Europa (las de Huxley, Orwell o Capek) asistimos a la lucha desigual entre un héroe romántico, que quiere detener el progreso, y la civilización maquinista, que quiere asimilarlo. El primero estará representado por el protagonista, un escritor mallorquín congelado en el año 1965 que se despierta en este futuro y no sabe como encontrar su lugar (imposible no ver al propio Villalonga), y el segundo por Andrea Víctrix, un andrógino de belleza embrujadora, el estandarte de este futuro, el ministro del Placer. De la mano de Andrea el protagonista conocerá este futuro y lo odiará, ya que se trata de un mundo donde se ha puesto patas arriba las normas clásicas: las radios, los televisores y los conocimientos por la imagen han arrinconado a las letras; la lírica y la novela están prohibidas, porque son las enemigas naturales de la cibernética; las Pastillas de soma de Aldous Huxley son el narcótico de la felicidad que ha suplantado el espíritu crítico y la inteligencia; existen pájaros mecánicos que sustituyen los reales, que mueren a manos de los fabricantes de radios; la moral sexual se ha subvertido hasta el punto que todas aquellas relaciones sexuales que antes eran consideradas aberrantes (el sadismo, el masoquismo, la sodomía) son ahora consideradas de buen gusto, y el amor convencional entre un hombre y una mujer es tenido por inmoral y detestable (en Turclub, donde el canon de belleza es la androgínia, se designa por homosexual el individuo que se siente atraído por un solo sexo)

El protagonista, un congelado, deberá decidir si cede a la atracción ambigua que siente por Andrea (Si te gusto cómo soy no necesitas saber qué soy le dice el/ella) y queda del todo asimilado a los valores de este nuevo mundo, o bien se planta y le hace frente, alineándose al lado de aquellos disidentes que, como el doctor Orlando (un psicólogo discípulo de Freud que postula de manera revolucionaria que media hora de conversación puede dar más euforia que cualquier tranquilizante), pretenden retornar a los viejos valores. Con el asesinato del canario Pituso los acontecimientos se precipitan y los que, como Levi-Strauss, creen que se había llegado a un punto donde el progreso únicamente servía para compensar en parte los inconveniente que él mismo creaba, se levantan contra el poder y acaban con este modelo de sociedad. Tal vez era posible destruirlo todo para volver a comenzar, dice el protagonista.

Villalonga, que durante los años treinta luchó con todas sus fuerzas para acabar con las medidas progresistas de la Segunda República (se dice que siempre llevaba bajo la ropa una camisa azul, en honor a José Antonio) le hace decir a su personaje: Tengamos el valor de declararnos de una vez antiprogresistas. La Mallorca ideal, la de Bearn, la de sus antiguas novelas, estaba del todo acabada, y la nueva Mallorca, la real, no era de su gusto. El género de la ciencia-ficción le dispensó la oportunidad de situar en el futuro, en un futuro muy particular, la esperanza que aquel viejo mundo pudiera renacer algún día de las cenizas de este, que él tanto despreciaba. Pero Villalonga, en esta su búsqueda para encontrar un tiempo acabado, sabía de sobras, de las lecturas de Proust, que los únicos paraísos son los perdidos...

© Daniel Genís Más, (908 palabras) Créditos
Publicado originalmente en catalán en febrero de 2005 en la revista Mira'm.