Crónicas. Sitges 2004, 1
Esto no es la crónica del Festival de Sitges
por Mario Moreno Cortina

Bueno, ya lo saben: esto no es la crónica del Festival Internacional de Cine de Cataluña (ex Festival de Cine Fantástico). Me he atrevido a abrir el comentario con esta afirmación porque entre ustedes y yo hay confianza y no quiero engañarles. ¿Y por qué razón no lo es? Pues porque sólo vi tres películas de las que entraban a concurso y no estuve en el Festival desde el principio al final; dado que mis días de estudiante mantenido por mis padres quedaron felizmente atrás, normalmente no puedo permitirme el lujo de asistir a eventos programados en días laborales.

Las tres películas que vi fueron CSA, CONFEDERATE STATES OF AMERICA, de Kevin Wilmott, BIRTH, de Jonathan Glazer y THE FINAL CUT, de Omar Naim. Los horarios de trenes me impidieron llegar a ver SKY CAPTAIN AND THE WORLD OF TOMORROW, de Kerry Conran, que era la que realmente me interesaba. Lástima.

Mario en Sitges
Mario en Sitges

En el pase de CSA, CONFEDERATE STATES OF AMERICA, que se produjo en el cine El Prado el sábado 4 justo después de comer, pudimos conocer al director de la cinta, si bien no pudimos enterarnos de mucho de lo que dijo, ya que el público, por alguna razón desconocida para mí, aplaudía cada frase del bueno de Kevin sin esperar a que el traductor hiciese su trabajo, lo que para un ceporro meseteño monolingüe como yo es un problema gordo.

La película tiene la forma de un documental histórico de la televisión británica filmado en un universo alternativo en el que los estados del Sur ganaron la Guerra de Secesión, sustituyendo a USA por CSA, un estado esclavista y racista cuyo himno nacional es, desde luego, Dixie. El documental va analizando la evolución de la sociedad y la política (interior y exterior) norteamericana desde la Guerra hasta nuestros días, aplicando un sentido del humor cruel y despiadado que es lo mejor de todo. La narración puramente documental de la historia (alternativa) americana está interrumpida periódicamente por anuncios publicitarios sacados de la televisión de esa América paralela, a través de los cuales se nos va dibujando una sociedad basada en la fuerza de trabajo barata de los esclavos (negros y amarillos), pero también en un sistema de valores clasista que se nos antoja demasiado similar al que impera en la realidad en Estados Unidos (bueno, esa era la intención original, ¿no?). La reconstrucción de la historia ucrónica americana está realizada con seriedad y talento y en siempre tenemos la sensación de que podría haber sido así, algo fundamental en una historia paralela. La escasez de medios, algo que no es culpa ni del director ni del productor, determinan que se eche de menos en algunas ocasiones un trabajo de reconstrucción visual más importante (al estilo, por ejemplo, de FORREST GUMP), pero en general uno no deja de sorprenderse con CSA, CONFEDERATE STATES OF AMERICA. Por otro lado, la intención crítica de la película, algo que con seguridad comentó el autor (y yo no pude entender), está tan clara que incluso resulta inútil comentarlo. Wilmott quiere meter el dedo en la llaga y denunciar el racismo y el puritanismo de la sociedad americana, algo que consigue en CSA con mayor eficacia que Michael Moore en FARENHEIT 9/11.

Con BIRTH, programada para ese mismo día a las once menos cuarto en El Retiro, no tuve tanta suerte. Si bien pudimos disfrutar de una sala más moderna y con mejor sonido, lo que siempre es de agradecer, no nos libramos de los inevitables e interminables aplausos del principio. El público aplaudió con entusiasmo la aparición de la entradilla del Festival, con el casco de Darth Vader, pero también el logo de la productora, el nombre del director, el de los actores… una curiosa costumbre que espero no se extienda fuera de Sitges. Además, no tuve la suerte de ver a Nicole Kidman, protagonista de BIRTH, cuyas palabras, lo confieso, podrían haber acallado los aplausos del público sin ningún problema por mi parte.

La película pertenece a este género de aparecidos que puso de moda EL SEXTO SENTIDO y que no ha vuelto a producir una buena película desde entonces. Kidman es Anna, una mujer viuda que va a casarse por segunda vez. En los días previos a la boda, el niño de los vecinos le confiesa que es su marido muerto, dando como prueba varios detalles sobre la vida íntima que nadie podría haber averiguado. Anna pasa paulatinamente de la incredulidad a la certeza y a partir decide reconstruir la historia de amor con su antiguo marido. Obviamente, esto ha provocado el furor de algunas mentes bienpensantes, que han acusado de pedófila a la película, cuando es simplemente aburrida (no necesito decir que no hay ninguna escena ni lejanamente pedófila en todo el metraje). La acción es excesivamente lenta, los diálogos son secos y carentes de pasión alguna, y Cameron Bright, el actor que encarna al niño/aparecido, es completamente inexpresivo. De Lauren Bacall no digo nada porque su papel se reduce a un par de escenas de escaso diálogo, tan poco lucidas que hace incomprensible lo crecido que está su ego.

Robin Williams en THE FINAL CUT
Robin Williams en THE FINAL CUT

El lunes 6 subió el nivel. En el Auditorio se programaba a las once de la noche THE FINAL CUT, del director libanés afincado en Estados Unidos Omar Naim. Se trata de una historia de ciencia-ficción que le hubiera gustado mucho al difunto Philip K. Dick: en un futuro muy cercano, una empresa llamada Zoe Tech ha creado un dispositivo que se inserta en el cerebro del feto a fin de grabar toda la vida de la futura persona. A su muerte, la película de su vida es tratada por un especialista (Robin Williams, encarna a Allan Hackman, uno de esos montadores) que hace una especie de resumen con los momentos más señalados de la existencia del difunto para ser proyectado en el funeral. Obviamente, para realizar su trabajo, Allan debe tener acceso a todos los momentos de esa vida, incluidos sus secretos más íntimos y escabrosos, lo que influye de forma muy directa en su personalidad. El montaje final, por tanto, no puede ser más que una mentira piadosa destinada a los familiares y seres queridos.

La acción de THE FINAL CUT comienza cuando Allan recibe el encargo de preparar el memorial de un hombre adinerado recientemente fallecido. A través de los recuerdos del difunto, Allan descubre no sólo varios secretos horrendos sobre la vida familiar de sus clientes, sino que, por una casualidad, se encontrará con la resolución al principal problema de la suya propia (no, vean la película, yo no se lo voy a decir).

Pese a tener un ritmo quizá demasiado lento, la historia no deja de sorprender en ningún momento, y los problemas morales planteados por la historia son resueltos con sinceridad y sin afectación. Adolece quizá de un final un tanto flojo, pero ninguna película es perfecta. En España se va a estrenar con el título LA MEMORIA DE LOS MUERTOS, de forma que les recomiendo que vayan a verla (lo que no he hecho con BIRTH).

Y eso en lo que toca a las películas.

Sitges en invierno
Sitges en invierno

El Festival me ha permitido conocer Sitges en invierno (hasta ahora lo conocía únicamente en verano, y no por lo que están pensando) y ver de cerca un evento del que había oído hablar desde pequeño. No puedo decir que esperase mucho del Festival, porque uno aprende con la edad a ser misericordioso, pero tengo que decir que, o mucho cambias las cosas, o servidor no vuelve a futuras ediciones.

En primer lugar, me resulta absolutamente impresentable que, a punto de acabar el año 2004, se sigan proyectando películas con las butacas sin numerar, obligando a aguantar colas de hora y hora y media (en pleno diciembre) tanto al que compró las entradas con antelación como al visitante de última hora. El lunes 6 no se dejó entrar al público hasta las once y diez (la película empezaba a las once), aguantando un viento frío que calaba los huesos. Si las entradas hubieran sido numeradas, todos habríamos estado tomando un café calentito en lugar de cantar en la cola lo de Con los dedos de la mano, con los dedos de los pies… para matar el tiempo. En segundo lugar, y este es un tema delicado, no me parece de recibo que un festival que se dice internacional no tenga los programas y la publicidad también en inglés. Vale que no estuvieran en castellano, pero la ausencia del inglés (aunque es una lengua que no hablo) me parece ponerle trabas innecesarias al visitante extranjero, que no tiene porque hablar la media docena de lenguas de España. Tampoco comprendo el cambio de denominación, pero ese asunto, lo admito, no tiene importancia alguna.

En definitiva, me llevé la impresión de un Festival excesivamente localista al que los nuevos tiempos ha desbordado. Las sesiones dobles y los cines cutres han pasado la historia, y en los tiempos de los UGC CineCité, Warner Lusomundo y Kinépolis, el público ya no se traga cualquier cosa. Claro, que no deja de ser un mérito que una ciudad tan pequeña como es Sitges se haga cargo de un evento de la categoría de este Festival, lo que dice mucho de las inquietudes culturales de los políticos de la zona, algo de lo que por aquí (me refiero a Madrid) andamos más bien escasos.

¿Me está escuchando, señor Gallardón? Pues tome nota, hombre.

© Mario Moreno Cortina, (1.569 palabras) Créditos