EL VERANO DEL PEQUEÑO SAN JOHN
EL VERANO DEL PEQUEÑO SAN JOHN John Crowley
Título original: Engine Summer
Año de publicación: 1979
Editorial: Minotauro
Colección: Autores
Traducción: Matilde Horne
Edición: 2002
ISBN:
Precio: 6,95 EUR

Va a ser que soy un poco torpe porque no me he enterado de nada de lo que pasa en ésta novela.

Entendámonos, he entendido muchas cosas, pero el objetivo final y las motivaciones de John Crowley son algo tan inescrutable que da la impresión de que sencillamente no existen. No quiero decir, claro, que no vaya a haberlas y yo no haya llegado a captar las sutiles profundidades del libro, que las habrá, digo, si las hay.

El escenario es un mundo post-algo, no queda claro si post-apocalíptico, post-nuclear o que, en la novela al colapso de la civilización se le llama sencillamente Tormenta, y tras la tormenta llegó el caos, o más que el caos la vuelta de la humanidad a un estado muy particular, parecido al de las películas de Mad Max pero sin barbarie. Son todos muy educados, muy respetuosos e incluso se permiten hacer chistes macabros acerca del destino de los extranjeros recién llegados a sabiendas que las terribles amenazas declaradas se van a quedar en nada.

El protagonista es Junco que Habla, un chavalín que vive en la comunidad de Belaire Pequeña, de la gente del habla con verdad, con su Mbaba, su madre, los demás miembros de su cuerda (clanes dentro de la tribu) y el resto de las cuerdas de Belaire Pequeña. La comunidad sobrevive casi sin tecnología, sólo la que queda aprovechable de los ángeles, tal y como se llama a los humanos pre- Tormenta, dándole vueltas a su particular santoral y recolectando pan de Santa Bea, una extraña planta, o no, extraterrestre traída por una sonda tras la Tempestad. El caso es que Junco que Habla está muy interesado en su destino y en hacerse santo (que no es persona buena, sino persona que tiene historias que contar) pero a muy corta edad se cruza en su camino Una Vez al Día y todo se tuerce.

Una Vez al Día es una muchachita desconcertante que descubre varias cuestiones de importancia a Junco que Habla y acaba dejándole con don palmos de narices cuando decide irse con la Lista de la doctora Botas, otra tribu especializada en el trueque y el comercio. Junco que habla la sigue, pero sin prisas, al cabo de los años, y tras conocer a algunos personajes singulares, llega al campamento de la Lista de la doctora Botas, encuentra a Una Vez al Día, se hacen novietes o algo así y todo acaba plagado de diálogos para besugos y largas descripciones sin mucho sentido.

Lo cierto es que la novela no está exenta de un cierto interés, la relación de la humanidad post-algo con los restos de la avanzada civilización anterior (todo sugiere que la Tempestad ocurrirá en un futuro muy futuro, aunque aún reconocible) resulta muy interesante. Todo queda renombrado o sacado de contexto, las historias y leyendas que se cuentan son relatos estilizados y entremezclados de la vida y hechos de los ángeles, los objetos, incluso los más cotidianos, como las piedras de ángel (ladrillos) adquieren una dimensión enigmática.

Sin embargo, Crowley se empeña en hacer un extraño ejercicio, llevando hasta lo incomprensible la estilización del pasado y no siendo capaz de dibujar de una forma sólida el presente, todos los personajes aparecen como flotando en una nube (el pan de Santa Bea, fundamentalmente, se fuma) dirigiéndose los unos a los otros como marionetas rígidas.

EL VERANO DEL PEQUEÑO SAN JOHN es una novela desconcertante, original en ciertos aspectos, como la visión de la civilización pasada, pero desastrosa en otros y principales, como su funcionamiento como historia.

© Francisco José Súñer Iglesias, (596 palabras) Créditos