MECANOSCRITO DEL SEGUNDO ORIGEN
MECANOSCRITO DEL SEGUNDO ORIGEN Manuel de Pedrolo
Título original: Mecanoscrit de Segon Origen
Año de publicación: 1974
Editorial: Diagonal
Colección: ---
Traducción: Domingo Santos
Edición: 2002
ISBN:
Precio: 10,50 EUR
Comentarios de: Daniel Genís Mas

Cuando hablamos de literatura de ciencia ficción solemos referirnos a los grandes nombres: Huxley, Orwell, Wells, Herbert... Raras veces lo hacemos pensando en autores que no hayan escrito en inglés; menos todavía en autores que hayan escrito en lengua castellana. Jamás de los jamases se le ocurriría a la mayoría pensar, al hablar de ciencia ficción, en un autor que haya escrito toda su obra, originalmente, en catalán. Ahora que el tema de las lenguas periféricas parece estar en boca de todos en España (¡incluso no sé qué presidente de gobierno dijo una vez hablar cierto idioma minoritario en la intimidad!) parece acertado un artículo como éste.

No es que en la literatura catalana abunden precisamente las novelas de ciencia ficción, no obstante, sí que es de justicia destacar un nombre propio en este ámbito, el de Manuel de Pedrolo. Escritor de masas como pocos, entre la gran cantidad de géneros que cosechó destacó merecidamente en la ciencia ficción, gracias, esencialmente, a dos obras: la novela MECANOSCRITO DEL SEGUNDO ORIGEN y la colección de relatos TRAYECTO FINAL (1974). Inspirada en la novela de ciencia ficción de John Wyndham EL DÍA DE LOS TRÍFIDOS (1951), en la que unos extraños meteoritos vuelven ciegos a todos los habitantes de la Tierra, el MECANOSCRITO DEL SEGUNDO ORIGEN arranca con el ataque de unos platillos voladores que arrasan la Tierra por completo en cuestión de pocos segundos. Tras el ataque, sólo parece haber dos supervivientes: Alba (que significa amanecer, en catalán) y Dídac, un chico de color, que en el justo momento del ataque se encontraban buceando bajo del agua.

Como en tantas otras novelas de ciencia ficción un cataclismo viene a destruir los fundamentos de nuestra civilización, pero Pedrolo no cae en el tópico, y nos da un nuevo y prometedor enfoque: las ruinas no se convierten para Alba y Dídac en el derrumbe de un mundo viejo, sino en los materiales con los que construir un mundo nuevo. Y por qué no, un mundo mejor.

Merece la pena recordar, en aras del multiculturalismo que imbuye este artículo (¡nadie nos avisó de los efectos secundarios de tanto Fórum!), que, cómo en otras culturas y religiones diferentes a la nuestra, como la hindú, la muerte y el nacimiento (o renacimiento) no son sino dos caras de la misma moneda: Siva no representa sólo la muerte, sino que también es el vencedor de la muerte, el gran dios hindú de la procreación y la sexualidad. ¿Qué decir, aún, acerca del tema del fin del mundo asociado al nacimiento de un nuevo orden, mejor y más justo, que tantas veces hemos visto, machaconamente, en los animés nipones, desde Akira a Urotsukidoji?

Cómo unos nuevos Adán y Eva, como otros tantos Robinson Crusoe, Alba y Dídac tendrán que enfrentarse a revelaciones terribles de su propia conciencia, como las que se hacía el náufrago de Daniel Defoe en su isla: tal vez placía a Dios descubrirme que era posible que yo fuera más feliz en esta solitaria situación que no lo habría sido nunca, libre entre la gente del mundo. La libertad es, precisamente, uno de los temas recurrentes de Pedrolo en toda su obra, y también en ésta. La destrucción del mundo supone también la destrucción de sus antiguos valores, y Alba y Dídac serán los encargados de construir unos nuevos, basados en la absoluta libertad: ni la tiranía del dinero, ni la de Dios, ni la de los tabúes sexuales. Únicamente el hombre y su conciencia. En el futuro de Pedrolo Dios ha muerto, y sólo cabe decir con resignación y alivio: ¡Larga vida al hombre!

Cómo el ave Fénix los protagonistas de la novela de Pedrolo vuelven a nacer de sus cenizas y están contentos de lo que han conseguido, pero no pueden dejar de horrorizarse al observar los fundamentos de su nuevo mundo. Escribe Pedrolo a propósito de los pensamientos de Alba: Le angustiaba la certidumbre monstruosa que eran felices sobre una montaña de cadáveres. También Siva, con su guirnalda de cráneos, se identifica con el tiempo que viene a asegurarnos la muerte de todas las cosas, y el círculo de fuego que sostiene en la mano simboliza el círculo cósmico de la destrucción y la creación. Cómo en aquel maravilloso cuento de Boges titulado LAS RUINAS CIRCULARES entendemos que la vida no son los ríos de Heráclito, sino un círculo sin principio ni fin: ... se repitió lo acontecido hace muchos siglos. Las ruinas del santuario del dios del Fuego fueron destruidas por el fuego. Todo se repite eternamente: el día y la noche, el verano y el invierno... Todo se mueve en círculos. Y este incansable camino de regeneración pasa por el fuego purificador, que destruye el presente para asegurar el futuro; el círculo de fuego que sostiene en la mano Siva, el fuego que quema las ruinas circulares de Borges, el fuego de los platillos voladores de nuestra novela.

© Daniel Genís Mas, (817 palabras) Créditos
Publicado originalmente en catalán en julio de 2004 en la revista Mira'm