RELATOS DEL PILOTO PIRX
RELATOS DEL PILOTO PIRX Stanislaw Lem
Título original: Opowiésci o pilocie pirxie
Año de publicación: 1968
Editorial: Alianza Editorial
Colección: El libro de bolsillo nº 1521
Traducción: Laura Krauz
Edición: 1991
ISBN:
Precio: 5,66 EUR

He buscado y rebuscado por los interneses y no he sido capaz de averiguar si OPOWIÉSCI O PILOCIE PIRXIE se publicó originalmente en uno o dos volúmenes. Admito que mi conocimiento del polaco es bastante limitado (más aún que del inglés) sin embargo, lo que he intuido es que efectivamente OPOWIÉSCI O PILOCIE PIRXIE es un único libro (publicado originalmente en 1968) que Alianza se encargo de fraccionar en dos en su edición española de 1991, y es más, probablemente modificando el orden de los relatos para adaptarlos al formato normalizado de la colección El libro de bolsillo; unas 250 páginas.

Son estas especulaciones gratuitas que no puedo fundamentar en nada, pero visto lo que hizo Bruguera con DIARIOS DE LAS ESTRELLAS no me extrañaría estar acertado.

En este primer volumen, titulado RELATOS DEL PILOTO PIRX (el segundo se llamaría. MÁS RELATOS DEL PILOTO PIRX) se enumeran episodios de los primeros pasos del Pirx en su oficio de piloto de naves espaciales. Primero en la academia, como un cadete no demasiado brillante academicamente, pero con una serie de cualidades que suplen esa torpeza juvenil y un intuido poco amor por el estudio. Más tarde, Pirx toma parte de misiones todavía no demasiado importantes, pero que le ayudarán a construir la fuerte personalidad que ya tendrá en el segundo volumen de sus aventuras, y que le llevarán a convertirse en la leyenda que se deja entrever en FIASCO, novela que, por otro lado, podría ser tomada como el último relato del piloto Pirx.

En estos relatos Lem no sirve la imagen simpática del novato habitual en las historias de la ciencia-ficción norteamericana. Pirx es un cadete torpe, mediocre y gris, al que sus compañeros respetan bien poco y que incluso piensa abandonar en vista de su obvia poca disposición hacia la carrera astronáutica. Pero Prix es especial. Pirx ha nacido para astronauta, y más allá del temario académico, donde demostrará su verdadera valía será en cada una de sus misiones. Nada hay de simpático o jovial (cosas que son de la exclusiva competencia de Ijon Tichy) en las aventuras de Pirx. Solo el ser humano enfrentado al espacio, armado únicamente con la inmensa capacidad de adaptación que le ha llevado a ser la especie dominante de su mundo.

Estos son los relatos.

LA PRUEBA

Un jovencísimo Prix ultima su preparación en la academia. Es un cadete torpe, poco popular, no demasiado brillante y en general distraído e inseguro. Comparado con muchos de sus compañeros no pasa de ser una medianía insustancial. La última prueba consiste en una misión en la que habrá de completar órbitas, guiar naves de transporte y ser capaz navegar sin estrellarse con la Luna. Sin embargo la misión se complica inesperadamente, lo que parecía imposible se hace realidad y Pirx se encuentra al borde de la muerte. Logra salvar la situación, pero la verdadera prueba está aún por llegar.

LA PATRULLA

La base a la que está destinado Pirx no puede ser más tranquila. Vuelos de patrulla sencillos, rutina estable y compañeros en general agradables. Todo transcurre con normalidad hasta que se empiezan a perder misiones. Parece imposible, nada hace sospechar que haya algo ahí fuera que haga desaparecer a naves y pilotos sin dejar rastro, pero es evidente que algo muy extraño ocurre. En una de sus patrullas, Pirx descubre un punto misterioso en la pantalla de su radar. El objeto no se separa de él sea cual sea la maniobra que realice. Desesperado, Pirx intenta un último truco y lo que descubre le deja helado.

LA ALBATROS

Prix viaja cómodamente como pasajero en el crucero de lujo Titán camino de su nuevo destino. Todo transcurre plácidamente cuando extrañas aceleraciones y deceleraciones ponen a Pirx en alerta. La Titán ha captado un mensaje de socorro de la Albatros y siguiendo la milenaria tradición se dispone a acudir en su auxilio, con ella otra decena de naves que recorren el sector se aprestan a socorrer a los tripulantes de la nave en peligro. Sin embargo, las distancias son enormes y el tiempo escaso, desde la cabina de control de la Titán Prix asiste impotente a una desesperada carrera contra el tiempo.

TERMINUS

Pirx es ya un piloto experto, y como tal se le da el mando de un viejo carguero destino a Marte. La nave no puede estar en peor estado, todo parece a punto de quebrarse, y aunque funciona, lo hace por algún extraño milagro del dios de la astronáutica y, lo que es peor, la nave había sufrido un terrible accidente años antes en el que pereció toda la tripulación... a excepción de Terminus, un viejo robot de mantenimiento reparado y vuelto a poner en servicio. Aunque todo va saliendo aceptablemente bien, la misión no puede ser más calamitosa, casi tanto como la propia tripulación asignada. Incluso Terminus parece volverse loco y durante las rutinas de reparaciones golpea frenéticamente mamparos y tuberías formando mensajes en morse que acaban por sobrecoger a Pirx.

REFLEJO CONDICIONADO

Este relato, más bien novela corta, debería haber estado situada en el libro tras LA PRUEBA. Prix, todavía no ha salido de la academia, donde supera con algo más que buena nota una prueba especialmente compleja que le convierte en candidato ideal para una misión de suma importancia. Cronológicamente hubiera sido más lógico presentar esta aventura antes que LA PATRULLA y LA ALBATROS, relatos ambos donde Prix ya es un piloto con una cierta experiencia y no un cadete aún a medio formar. Sin embargo, la extensión de REFLEJO CONDICIONADO, hacía más recomendable situarla al final del libro por una simple cuestión de peso La narración transcurre entre la frustración de Prix por, aún estado de misión oficial, no ser reconocido como piloto, la siempre densa relación entre diversas entidades dedicadas a la misma actividad, los consejos no escuchados porque no conviene y la siempre prudente confianza vigilante que se debe poner en la tecnología.

© Francisco José Súñer Iglesias, (985 palabras) Créditos