LA ISLA
LA ISLA EE.UU., 2005
Título original: The Island
Dirección: Michael Bay
Guión: Caspian Tredwell, Alex Kurtzman y Roberto Orci
Producción: Walter F. Parkes, Michael Bay e Ian Bryce
Música: Steve Jablonsky
Fotografía: Mauro Fiore
Duración: 136 min.
IMDb:
Reparto: Ewan McGregor (Lincoln Eco-Seis/Tom Lincoln); Scarlett Johansson (Jordan Delta-Dos/Sarah Jordan); Djimon Hounsou (Albert Laurent); Sean Bean (Merrick); Steve Buscemi (McCord); Michael Clarke Duncan (Starkweather); Ethan Phillips (Jones Eco-Tres); Brian Stepanek (Gandu Alfa-Tres); Siobhan Flynn (Lima Alfa-Uno); Max Baker (Carnes)

Sinopsis

A mediados del siglo XXI, una poderosa corporación se dedica a crear clones por encargo, con el fin de utilizarlos como bancos de órganos para trasplantes. Su cuartel general está situado en un antiguo bunker del Ejército. Allí, los clones viven bajo estrecha vigilancia, convencidos de que son los últimos supervivientes de la raza humana, que ha sido aniquilada por una catástrofe ecológica. Se les ha hecho creer que la única porción de tierra libre de esa contaminación mortal es una isla paradisiaca. Periódicamente, algunos de ellos son seleccionados para ser trasladados a esa isla, destino que el resto envidia. Uno de los clones, Lincoln Seis-Eco, cuya inteligencia está más desarrollada que la del resto, descubre lo que realmente ocurre con los elegidos para ir a la isla. Horrorizado, logra huir al exterior en compañía de su amiga Jordan Dos-Delta. El siniestro doctor Merrick, máximo dirigente de la corporación, contrata los servicios del mercenario Albert Laurent, quien al frente de un grupo de soldados asesinos emprenderá la implacable persecución de los clones fugitivos.

LA ISLA adolece del mismo defecto que TIMECOP, POLICÍA EN EL TIEMPO. Parte de una premisa argumental muy interesante, que podría haber dado mucho juego en manos de otro realizador. Pero con Michael Bay detrás de las cámaras, las posibilidades dramáticas y filosóficas que ofrece el argumento acaban diluyéndose en un manido y bastante anodino espectáculo de acción y efectos especiales. Una lástima, porque con un guión bien trabajado y menos pirotecnia, LA ISLA podría haber devenido en una de las cintas de ciencia-ficción más notables de la anterior década.

El comienzo es, con mucho, lo mejor del film. Por desgracia, a partir del momento en que la pareja protagonista se fuga del bunker y los mercenarios se lanzan en su captura, todo lo que parecían prometer esos veinte fabulosos minutos iniciales se desvanece como por ensalmo, dando paso a una trepidante pero monótona sucesión de tiroteos, persecuciones y explosiones sin cuento, todo ello rodado con esa estética de videoclip que tanto parece gustarle a Bay. El resultado es ciertamente atractivo, al menos en lo que al aspecto visual se refiere, pero acaba resultando cansino a fuerza de repetitivo.

El mayor problema de LA ISLA es que no acaba de decantarse por un género en concreto. Pretende ser un híbrido entre la ciencia-ficción y el thriller de acción, pero no funciona bien ni como lo uno ni como lo otro. Ambas partes del film se anulan mutuamente y al final, lo que queda, es sólo un insulso divertimento que se olvida apenas aparece en pantalla el The End. Una verdadera pena, como he dicho antes, porque podría habérsele sacado mucho jugo a tan prometedor argumento.

© Antonio Quintana Carrandi, (452 palabras) Créditos

Los clones, ya lo dije en su momento, se habían paseado por la esfera cinéfila con poca profusión insertados, sobretodo, en productos de género (EL SEXTO DÍA) cuando no como salvaguarda de guionistas obligados a realizar una cuarta parte sobre mimbres anteriormente calcinados... (ALIEN, RESURRECCIÓN) LA ISLA, como también AEON FLUX o —incluso— EL ATAQUE DE LOS CLONES, lleva la temática clónica hasta un extremo puramente vanguardista, eso sí, dentro de los estrictos códigos del cine de acción hiperbólico.

Y es que no empieza mal esta cinta, LA ISLA de Michael Bay, con una historia de clones y multinacionales médicas de última generación subsumidas en un futuro cercano donde aquél de alto poder adquisitivo puede llegar a comprarse una mayor longevidad basada en la antigua técnica de los repuestos.

Es interesante, insisto, su premisa y, más aún, un desarrollo inicial apoyado en la eficacia de un macguffin evocador: una prometida estancia en una isla idílica ofrecida como una prebenda que reciben aquellos que, de entre los supervivientes a una contaminación global (¿retazos de 12 MONOS?) son seleccionados mediante un sorteo por un poder fáctico, aparentemente, dadivoso.

Esta primera parte, la más sugestiva de la película, se fundamenta en conceptos existenciales subliminalmente entroncados con el THX 1138 de George Lucas, obra con la que comparte además una cierta paridad estética (y un par de planos: nada grave en una obra cuyo leitmotiv argumental tiene su origen en los clones...) o el 1984 de Orwell (o incluso al UN MUNDO FELIZ de Huxley) referentes habituales de este tipo de producciones y que, de paso, siguen mostrando la vigencia de la mayoría de las insinuaciones que las hicieron legendarias.

Pero lo bueno pasa y en el cine de Michael Bay suele pasar muy rápido, en este caso, pasa cuando el exhibicionismo incontrolable del cineasta comienza a adueñarse de la película, justo el momento en que la obra de Lucas acababa, es decir, cuando el protagonista asomaba su cabeza por la alcantarilla y se encontraba con una realidad diferente a la que le habían contado.

Y con más de setenta minutos por delante y un altísimo presupuesto que gastar, a Michael Bay y su diseñador de producción no se les ocurre otra cosa que convertir una persecución de raíz apasionante en una orgía de disparos y explosiones, digitalmente coreografiados, que dan paso a una ingente colección de soluciones argumentales y físicas que rebasan, más que generosamente, cualquier límite de verosimilitud.

Quizá, el mayor déficit de esta película es que se niega a sacar partido de la ingente colección de buenas intenciones que apunta su entramado (aun tangencialmente) siendo digno de destacar el poco partido que son capaces de extraer sus responsables de una subtrama tan substanciosa (tan hitchcockniana en realidad, por eso le gustaba tanto a Verhoeven) como es el juego de identidades que, justamente, la define; motivo temático que Bay apenas si llega a utilizar y cuando lo hace, lo hace con fines, digamos, sensacionalistas.

LA ISLA, en fin, se resuelve como un producto entretenido y cimbreante, digerible y olvidable, que recoge lo mejor y lo peor del cine de Michael Bay en poco más de dos horas (un logro dado los precedentes): una cinta de consumo rápido y de más rápida aún resolución, cuestionable en algunos aspectos (todos ellos relacionados con su falta de mesura) y superable en otros, y pesar de ello, de todo, o quizá por todo ello, se presenta, también así yo la considero, como lo mejor que ha realizado su director hasta la fecha.

No hay más pero es suficiente. Michael Bay aprueba: es la primera vez y hay que celebrarlo. Pero, personalmente, sigo sin perdonarle que hiciera ARMAGGEDON.

Lo más destacado: que todavía quede lugar para una tenue reflexión entre tanto artificio y pirotecnia.

Lo menos destacado: la (extraordinaria) rapidez y el (escaso) calado dramático con el que los protagonistas asumen su verdadera condición.

Calificación: 5, 5.

© J. P. Bango, (651 palabras) Créditos
Publicado originalmente el 5 de junio de 2006 en El cronicón cinéfilo