AMERICAN GODS
AMERICAN GODS Neil Gaiman
Título original: American Gods
Año de publicación: 2001
Editorial: Norma Editorial
Colección: Brainstorming
Traducción: Robert Falcó
Edición: 2002
Páginas: 477
ISBN:
Precio: 19,95 EUR
Comentarios de: Manuel Nicolás Cuadrado

Con la mitología nórdica hemos topado, amigo Hobbit. Mientras que los desvelos del ya de por sí mítico J.R.R. Tolkien se centraban en dar un argumento católico a las Eddas y Sagas de los pueblos escandinavos, en este caso el señor Gaiman pretende con esta su última novela llamada AMERICAN GODS, recrear una mezcolanza, típica y tópicamente americana de dioses paganos entre los que predominan los nórdicos, egipcios, hindúes y algún que otro africano despistado.

El resultado es cuanto menos curioso, aunque no enteramente satisfactorio.

Me explico. Sombra, el protagonista principal, sale de la cárcel angustiado por la noticia de que su mujer y su mejor amigo han muerto en un accidente de tráfico.

En el avión que toma para regresar a casa se encuentra con el Señor Wednesday (o más conocido como miércoles para los castellano parlantes) que no es otro que Wotan o Woden u Odín. Este propone a Sombra contratarlo como guardaespaldas, ya que se va a desencadenar una guerra entre los casi olvidados antiguos dioses paganos y los venerados modernos dioses, también paganos (La Informática, los Medios de Comunicación y otros que por cierto Gaiman no se molesta demasiado en describir).

Así pues, Miércoles y Sombra se embarcan en un desenfrenado viaje por Norteamérica, a la búsqueda de reclutas para la causa. Los dioses que se encuentran por el camino, debido a la milenaria falta de adoración y sacrificios, son presentados como borrachos, indigentes, meretrices, chaperos, drogadictos, locos y ancianos decrépitos, más dignos de lástima que de veneración.

Los más presentables son los formados por el trío egipcio Anubis / Thot / Bastet, que regentan una funeraria de capa caída, eso sí, muy limpia, así que ya se imaginarán en que estado lamentable se encuentra el resto.

Mientras tanto, a Sombra se le aparece su mujer muerta, con renovadas ganas de mantener vivo su malogrado matrimonio.

Estimo que lo más interesante del argumento está en su planteamiento del pretérito panteón pagano de Norteamérica. Traídos al continente por daneses, suecos, ingleses, irlandeses, polacos, africanos y un largo etcétera de naciones, pero más como viejo recuerdo supersticioso que como religión practicada, los antiguos dioses se sienten confusos, asustados y extranjeros en tierras extrañas, lo cual les hace caer en la marginalidad. También me parece un acierto no considerarlos maniqueamente como buenos o malos. La mayoría de los dioses antiguos eran crueles al mismo tiempo que benévolos, mucho más parecidos al hombre y a los animales. Sin embargo se echa de menos la participación de los dioses nativos americanos, y también los Aztecas, Mayas e Incas, que apenas menciona secundariamente.

Tampoco creo que la incompleta descripción gaimaniana del moderno panteón pagano Norteamericano sea un acierto. La posibilidad realmente interesante de desarrollar enemigos de la talla de la televisión, los automóviles y la web queda totalmente desdibujada al aparecer unos asesinos fantasmas como piedra y madera, que no sabemos que pintan en este embolado y que desenfocan la atención de la narración. Una verdadera lástima.

Por otra parte al señor Gaiman no le interesan en absoluto las religiones mayoritarias y por lo tanto ni las menta. Esto podría ser un acierto si no fueran (por fortuna o desgracia) parte integrante y muy importante de la cultura norteamericana. Así que el resultado final queda un tanto tramposo e irreal.

Por otro lado, no había caído hasta ahora en que quien no esté bastante puesto en mitología antigua posiblemente se hará un follón tremendo con los personajes.

Y en último lugar, creo que el personaje de Sombra está confusamente enfocado. No tengo muy claro si Gaiman pretende identificarlo con el dios Heimdall (el guardián) o con Balder (el bueno), o con los dos, o con ninguno. El caso es que yo también me he hecho la picha un lío con los protagonistas y esto acrecienta mi desasosiego.

Pero los desaciertos que en mi modesta opinión Gaiman comete, quedan acolchados por una lectura fluida del texto, que a pesar de su extensión se hace llevadera y divertida. El libro está repleto de interludios o historias dentro de la historia. Mientras que esto lo considero un desacierto en la mayoría de los casos, lo curioso de este es que son lo mejor del libro. Lo cual me hace sospechar que Gaiman es mejor escritor de relatos cortos que de novelas.

A pesar o precisamente por lo dicho, considero que AMERICAN GODS es buen libro para pasar un buen rato, sin más complicaciones.

Recomendaciones: Hay descripciones realmente curiosas, como la del Djiin taxista y su relación con el vendedor árabe de baratijas, o la historia de los gemelos africanos separados por los esclavistas.

Me resulta también desaprovechada su descripción del infierno en el libro. Mientras que en este lo describe como una mezcla del griego y el egipcio, repitiendo innecesariamente personajes, aquí tienen la descripción del infierno nórdico y su reina, al cual van a parar todos los que no mueran en combate (estos van al Valhalla, con las Valquirias y todo eso):

Hel: Hermana de Fenrisulven y Midgardsormen. Es la reina del infierno Nielfheim y allí fue arrojada por los dioses. Vive en el palacio Eljudner (palacio de la miseria), cuya puerta principal se llamaba Falanda Forad (el principio) y cuyo vestíbulo se llamaba Bilkanda (maldición). Tenía dos servidores llamados Ganglad y Gangled (retraso y pereza). Su cama tenía el nombre de Keur (enfermedad e insomnio), su mesa Hungur (hambre), y su cuchillo Sultur (la sed).

© Manuel Nicolás Cuadrado, (902 palabras) Créditos